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Javier Salaberria
Jueves, 20 de julio de 2017
El pecado de querer a nuestros hijos a… nuestra manera

Manual preventivo para madres y padres criminales

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Este artículo está basado en hechos reales y no es un sarcasmo ni una chanza ocurrente. Se han omitido ciertos detalles para proteger a los presuntos delincuentes y preservar su derecho a la presunción de inocencia.

 

Aunque no lo sepan, muchos padres y madres españoles son delincuentes o potenciales criminales. Prácticamente el 90%, y me quedo corto. Lo que decidirá si lo son o llegan a serlo, no serán sus propias acciones sino las de terceras personas que no les conocen de nada ni saben nada de sus vidas y que, probablemente, tampoco sepan lo que es un niño o un adolescente porque nunca han tenido que criar alguno.

 

Tampoco es un manual exhaustivo porque la variedad y complejidad de delitos es tan amplia que no es posible abarcarlos todos con ejemplos conocidos. Así que ruego a los lectores que si tienen conocimiento de algún comportamiento o tipo no reflejado aquí, nos ilustren y enriquezcan. Cuanto más amplio sea este manual, mayor eficacia preventiva obtendremos de él.

 

Para ser más fácil de memorizar lo organizaremos en grupos delictivos:

 

-Delitos contra la integridad física del menor.
 

-Delitos contra la integridad síquica del menor.
 

-Delitos contra las obligaciones básicas de custodia.
 

-Delitos exclusivamente cometidos por hombres heterosexuales padres de familia.
 

-Delitos educativos.
 

-Delitos contra el patrimonio de los menores.
 

-Delitos contra la imaginación de los menores.
 

-Delitos impensables pero que, oiga, son delitos.
 

-Delitos mágicos (magia negra, mal de ojo, brujería etc.)

 

Aunque la inmensa mayoría de estos delitos no son tipificados por el Código Penal (algunos sí) no dejan de ser delitos en cuanto a las penas impuestas. Es decir, no siendo delito –delito, delito, lo que digamos delito no son-, pagas la pena como si lo fueran. ¿Queda claro, no? Vamos, las gallinas que entran por las que salen. Tampoco los juzga un juez, como en todos los demás casos, sino que los juzga un funcionario de la administración en el mejor de los casos. En otros casos un subcontratado de ese funcionario y a veces, la subcontrata de la subcontrata.

 

Para poner en marcha el procedimiento penal basta con la denuncia de una vecina, de uno que pasaba por allí o de tu madre que quiere quitarte a tus hijos, sus nietos, porque eres un hippie, un harekrishna y un okupa de mierda. Tiene bemoles la cosa: ¿No te supo criar a ti y va a saber criar a sus nietos cuando está más vieja y chocha que nunca?

 

Pero vayamos a la tipología. Sólo citaré unos pocos ejemplos de cada delito.

 

Delitos contra la integridad física del menor

 

Si uno de sus hijos, de 6 años, que es un pelín hiperactivo, se pone a discutir con su hermano a 20cm de las vías del metro y además le espeta “hijo puta, cabrón, chúpame la polla” mientras le propina un empujón –esta es una escena real- y en ese momento se acerca a toda velocidad el metro hacia el andén, y va usted y le pega un grito acompañado de una colleja o una azotaina -a elegir del menú de escarmientos merecidísimos- prepárese para lo siguiente. Un viandante, en silla de ruedas para más señas, le dirá que va a llamar a la policía y denunciarle por malos tratos. Obviamente, su inmediata reacción sería empujarle con silla y todo a las vías, pero no es buena idea, se lo aseguro, porque además le acusarán de dar un pésimo ejemplo a sus hijos.

 

Aunque este nivel de violencia física sea de torpe aficionado comparado con los profesionales que teníamos hace sólo 40 años, -capaces de atizar golpes con bates del béisbol, cantos de reglas de madera, tizas voladoras, cinturones, cocas aderezadas con sellos de muchos quilates, estiramientos faciales por las orejas, patadas de karate en el culo y directos de boxeo a las mejillas-, no dude de que una denuncia por una simple y educativa palmada en el trasero bien dada puede suponer que le quiten los hijos de por vida. Me pregunto si los curas siguen dando la confirmación con un tortazo en la cara. Supongo que lo habrán sustituido por unas palmadas en el aire acompañadas de agua bendita, porque beso en la mejilla no se yo… a lo mejor se considera pederastia.

 

Así que desistan de tortazos, pellizcos, collejas, zapatillazos o estirones de orejas, por muy naíf que les parezca. Todos ellos están tipificados como maltrato físico al menor. Y cuidadín con las típicas felicitaciones de cumpleaños, abracen a sus hijos, pero no les tiren de las orejas, no sea que alguien que lo vea o el mismo hijo se mosquee y denuncie.

 

Delitos contra la integridad síquica del menor

 

¿Quién no ha dicho al menos una vez en su vida: ¿“Tu eres tonto chaval…. muy tonto”? Pues bien, que sepa que está maltratando sicológicamente al menor de edad. No sólo no le incentiva positivamente y celebra sus éxitos, sino que incide en su desprecio y valoración negativa, no responde a sus expectativas de reconocimiento social, especialmente el de sus progenitores, y puede provocarle un trauma de por vida. Malo, malísimo. Si su hijo viene a usted con cualquier ocurrencia, esperpento o mentecatería, no importa, sonríale de manera sobrenatural y déle un abrazo. Lo que usted cree imbecilidad de su vástago no es más que la búsqueda de su propia atención y afecto. No sea obtuso y mediocre.

 

Hay que tomar decisiones valientes con sus hijos. Aunque a veces no sepa cuáles. Si trabaja les dedica poco tiempo y si no lo hace les dedica pocos recursos. Así que el consejo de las autoridades es: trabaje a medias. Eso sí, no le dirán cómo ni cuánto. Y por supuesto, no le facilitarán un trabajo. Si hay trabajo, mejor que se lo queden los funcionarios. Y las subcontratas, y las subcontratas de las subcontratas. ¿Para eso cobran impuestos no? El que reparte se lleva la mejor parte.

 

Delitos contra las obligaciones básicas de custodia

 

“Joshua, anda, sal a jugar al balón y deja de pelear con tu hermana, que no puedo dormir al bebé, porfaaaa”. “ Jooooo, es que me toca a mí el ordenador”. “Mira idos a jugar y a desfogar ahí abajo un ratito mientras preparo la cena. No me cabréis, que estáis insoportables”.

 

Error de los gordos. Es una expulsión del hogar como un templo. Causa tipificada como abandono. Puede costarle la pérdida de custodia permanente de sus hijos. Por suerte para la inmensa mayoría de los padres, salvo que su hijo o hija sea un gafe, lo más probable es que los niños desfoguen, cenen mejor y duerman como angelitos. No pasa nada. Pero sepan ustedes que se están jugando la custodia en la ruleta rusa.

 

Delitos exclusivamente cometidos por hombres heterosexuales padres de familia


Todos los delitos imaginables, imaginarios e inimaginables contemplan como agravante ser hombre heterosexual y padre de familia. Pero, además, hay algunos que exclusivamente son cometidos por estos raros especimenes. Por ejemplo, la alienación parental. Si una madre pone a parir al padre delante de sus hijos o en conversación directa con ellos, sin filtro alguno, está educando a sus hijos y previniéndoles contra la opresión patriarcal machista dominante.

 

Ahora bien, si eso mismo lo hace un hombre heterosexual padre de familia, la cosa es muy distinta: alienación parental machista del uno, que otorga ‘ipso facto’ la custodia a la madre. Y a partir de ahí, el padre pasa de ser humano a tener la categoría de máquina expendedora o cajero automático.

 

Delitos educativos

 

Un padre/madre es responsable de todo lo malo que aprendan sus hijos sea donde sea y a través del medio que sea. Los educadores y las autoridades sólo son responsables de todas las cosas buenas que aprenden los menores gracias a su esfuerzo y profesionalidad.

 

La sociedad, por ser una categoría abstracta, no es responsable de nada.

 

Los colegas, medios de comunicación, videojuegos, productos audiovisuales, redes sociales, móviles y demás deberían estar vigilados por los padres de los niños las 24 horas del día siempre que respeten su derecho a la intimidad y el desarrollo de una personalidad empoderada. Algo, por supuesto, al alcance de cualquier progenitor español. Nos gustaría saber si Leticia y Felipe lo hacen con sus princesas. Probablemente, ayudados por el CNI.

 

Delitos contra el patrimonio de los menores

 

“Mi madrastra me roba el champú y por eso iba hecha una guarra al colegio”. Niña, dos cositas: un champú familiar cuesta 1 euro. Tu madrastra, por muy bruja que sea, no necesita robarte el champú, con no darte la paga tiene para varios litros. Además, el champú de la República Independiente de Nuestra Casa no es propiedad tuya. Aclarado esto, esta ocurrencia figura como un delito en un informe de los Servicios Sociales. No es necesario probarlo, se entiende que ningún niño sería capaz de inventarse semejante relato.

 

Mucho cuidadito con pillar prestados los euros que guarda tu hijo o hija en una caja de bombones con la excusa de que no tienes cambios para comprar el pan. Es un hurto. Da igual que en realidad se los hayas dado tú hace dos días. Aunque la cuantía no sea importante, sí en el daño emocional que puedes causar al menor.

 

Delitos contra la imaginación de los menores

 

Si algo tienen los niños es imaginación, para lo bueno y para lo malo. Muchos delitos se crean a partir de relatos imaginarios del tipo: mi padre pasa poco tiempo conmigo, no comparte su ocio conmigo, no me motiva, no se preocupa por mis problemas e inquietudes, etc. Los taquígrafos de los servicios sociales apuntarán estas sensaciones imaginarias de los niños como verdades, elevándolas a la categoría de falta grave. El concepto “tiempo” igual que los de “preocupación” y “atención” son extraídos de la Teoría de la Relatividad para transformarse en absolutos flexibles. Flexibles sólo en dirección de la sospecha. “Si un padre puede escaquearse, se escaqueará”, dice la reformulada Ley de Murphy.

 

Delitos impensables pero que, oiga, son delitos.

 

Piense usted en una absurda situación familiar. Por ejemplo, que su hijo mayor, aprovechando su ausencia o despiste, extrae de su casa unas joyas que usted guardaba como garantía de pago de un pufo que le dejó su exmujer –madre del niño- muy superior al valor de esas joyas. El hijo, abducido por la irresistible atracción maternal, le entrega las joyas a su legítima propietaria que además es una estafadora capaz de las más retorcidas acciones con tal de perjudicar al padre. El padre se siente traicionado por su hijo mayor. Piensa que éste jamás haría eso por él en casa de la madre. No se le ocurre peor idea que llamarle “traidor”.

 

Bueno, que se vaya preparando para el escarnio por semejante atrocidad. Está sometiendo al menor a un nefasto conflicto de lealtades. ¿Quién provoca ese conflicto: el padre exigiendo lealtad, o la madre que le manda sustraer las joyas a escondidas?

 

El padre, por supuesto, porque aunque estaba en su derecho de preservar los objetos de su domicilio, fueran o no en su origen de su propiedad, y aunque estaba tratando de garantizarse el pago de una deuda muy superior al valor de esas joyas, eso no le da derecho a interferir en la manipulación que una madre ejerce sobre sus hijos, porque las madres no manipulan nunca, las madres son sólo matrices de amor incondicional.

 

Delitos mágicos (magia negra, mal de ojo, brujería etc.)

 

Este último apartado es el más científico de todos. Porque requiere de una cualidad que es la observación meticulosa y sistemática de la realidad y el trabajo de campo. Sobre todo el trabajo experimental.

 

Por ejemplo: si usted escucha a alguien decir un imperativo como “cállate”, depende del nivel de decibelios con el que se pronuncie dicho imperativo para que pueda ser considerado consejo, maltrato o mal de ojo.

 

En el último caso puede significar que la víctima se trague su propia lengua.

 

Para eso los servicios sociales dotan a sus asalariados de un sonotone o pinganillo capaz de distinguir matices en cualquier aseveración que escuchen. Tal es la inteligencia artificial de estos dispositivos que escuchan conversaciones antes de que siquiera sean verbalizadas y hacen también funciones de detección de “precrímenes”, es decir los crímenes que aún no han sido cometidos pero que con toda probabilidad se van a cometer.

 

Todo tipo de energía negativa, uso de vudú, conjuro, maleficio o sortilegio puede ser captado de inmediato tan sólo al analizar sintáctica o semánticamente una frase. Son conocedores a través de esta nanotecnología de cualquier significado oculto encriptado en las palabras corrientes. Ejemplo de ello puede ser la detección de amenazas. Una crítica, un gesto o un simple “pienso recurrir”, tienen siempre un significado cabalístico. “¿Recurrir a qué…al veneno, a mis serpientes, al Daesh?” A lo mejor se podía pensar que se estaba recurriendo una orden administrativa. Eso es lo que el vulgo interpretaría, pero no estos fenómenos de la investigación paranormal, especializados en las conspiraciones ocultas.

 

En definitiva, hay 1.000 formas de ser un progenitor criminal y no darse cuenta hasta que es demasiado tarde. Quizás este manual nos ayude a hacer un examen de conciencia, tener ánimo de contrición y evitar el pecado de lo que creíamos la cosa más natural del mundo: querer a nuestros hijos… a nuestra manera.

 

 

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