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Un artículo de Miklós Cseszneky. Experto en Relaciones Internacionales
Lunes, 24 de julio de 2017

Por el bien público

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Una periodista británica aboga por la confiscación de las herencias en "The Guardian"

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En un artículo publicado en The Guardian, Abi Wilkinson aboga por establecer un tipo de gravamen del 100 por ciento para cualquier tipo de herencia. No, no me he equivocado del porcentaje, ya que según la autora el bien público requiere la expropiación completa de todos los legados.

 

Como es natural para el pensamiento de la izquierda, la propuesta parte de una posición doctrinaria, soñando con un falansterio utópico cuya realización recaerá en los hombros de la vanguardia del progreso. Los fallidos experimentos similares, que acabaron en genocidios, son meros episodios baladíes y no merecen mención alguna. La realidad objetiva y las experiencias empíricas nunca deben desconcertar a alguien que se dedica a salvar a la humanidad. Aun así, la señorita Wilkinson dedica un breve párrafo a la posible oposición pública a un confiscatorio impuesto de sucesiones, pero no me cabe la menor duda de que ya tiene planeado el establecimiento de campos de reeducación para erradicar semejante opinión retrógada y patriarcal. Además, la joven publicista está dispuesta a contemplar la posibilidad – siempre y cuando el bien mayor no requiera el contrario -  de que nos quedemos con algunos objetos personales de nuestros difuntos padres. ¡Qué generosidad!

 

Sin embargo, la suerte de cualquier disposición legal depende del grado en que sea compatible con la naturaleza humana. Al igual que un torrente se abre paso entre las rocas, el reprimido amor a la familia saldrá a borbotones para burlar de los autoproclamados salvadores de la humanidad.

 

En España, donde hay diferencias abismales entre las comunidades autónomas en el tema de los impuestos sobre sucesiones, ha surgido el fenómeno del "turismo de herencias”. Dado que a efectos de sucesiones, los herederos tributarán en la comunidad autónoma donde más tiempo hubiera residido el fallecido en los cinco años inmediatos anteriores al deceso, muchos ancianos se empadronan en otra comunidad que tenga un régimen fiscal más ventajoso. Normalmente lo hacen sólo en papel, registrándose en el domicilio de algún familiar o conocido. En Andalucía – donde el gravamen sobre sucesiones puede llegar a ser mil doscientas veces más que en otras comunidades autónomas – se han producido muchas renuncias a las herencias, y lamentablemente también ha habido suicidios a causa de estas imposiciones.

 

Si la situación ya es tan grave en algunas regiones, ¿cuáles serían las consecuencias de un régimen completamente confiscatorio?

 

En primer lugar, la introducción de un tipo general del 100 por ciento requeriría el establecimiento de una dictadura totalitaria, sólo comparable con Corea del Norte o los Jemeres Rojos de Camboya. La familia natural y la propiedad privada son las instituciones en las que se estriban la libertad individual y la dignidad humana. Sin esos pilares fundamentales todos los ciudadanos dejarán de serlo, convirtiéndose en esclavos del estado.

 

La esclavitud, empero, es un sistema de producción poco eficiente. Los esclavos – contumaces e ingratos - no se esfuerzan para acumular un patrimonio o dejar un legado, sino se conforman con evitar el castigo. La abolición de las libertades económicas y la caída en la productividad, por fin, conducirá a la igualdad tan deseada por los intelectuales de la izquierda. Pero será una igualdad en la miseria. Aunque en esta sociedad utópica de iguales, también habrá unos más iguales que otros, ya que un sistema de esclavos iguales no se puede mantener sin cómitres y esclavistas "ilustrados”, entre cuales seguramente encontraremos a Mrs Wilkinson. Claro está, asumirá esa ardua responsabilidad por el bien público.

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