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La Verdad Ofende
Lunes, 31 de julio de 2017

El 'caso Tertsch' o la persecución comunista de la verdad

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El aserto “los fascistas del futuro se harán pasar por antifascistas” es tan cierto como corromper unas elecciones y llamar a eso legitimidad democrática.

 

Retorcer la historia para decir lo que no ocurrió fue una de las advertencias del legado de Orwell aprendido bajo el horror comunista del Frente Popular, mentira que se reproduce ahora y aquí.

 

La legitimidad o no de un gobierno la determina los votos tanto como la legitimidad del 18 de julio de 1936 la determinó la inexistente legitimidad electoral del golpista Frente Popular tras su asalto a la ley en febrero de 1936.

 

El magnicidio del 12 de julio de 1936, perpetrado en el líder de la oposición (asesinado por miembros del PSOE) señalado en Cortes por la comunista Ibarruri “La Pasionaria”, culminó aquel asalto a la inexistente legalidad.

 

A esos hechos, la izquierda los llama legitimidad democrática, y poneros en cuestión es, según esta misma izquierda, “fascismo golpista”, una de las razones por las que otros y yo somos señalados y censurados.

 

Como broche sepan ustedes que la víctima elegida aquel 12 de julio, Calvo Sotelo, además del líder de la oposición en Cortes fue el primer legislador del sufragio femenino en España.

 

Margarita Nelken, aquella que negaba el voto femenino que defendió Clara Campoamor, tuvo entre sus asesinos milicianos a Manuel Iglesias, abuelo de Pablo Iglesias (Podemos), según lo narra el historiador Francisco Espinosa en su obra “La represión franquista en Villafranca de los Barros (1936-1945).”

 

En los setenta, su hijo se dedicaba al terror comunista en la banda asesina FRAP y su nieto a tergiversar la historia criminal de sus ancestros (condenados) y denunciar a quienes la cuenten, para de nuevo darnos la misma liebre que en la Republica vendían por conejo, “la dictadura del proletariado como la máxima expresión de democracia” (Pablo Iglesias. "Organizando la resistencia”. Marzo 2013).

 

Recuerden, la II Republica, hija del pucherazo del 12 de abril de 1931, vino vestida de ese “hábito“ de democracia que tan útil sigue siendo a la izquierda para engañar al pueblo y someterlo a su proclamada y pretendida “dictadura del proletariado” (01-11-1933, Largo Caballero, secretario general PSOE, discurso a los trabajadores, Barcelona).

 

En aquellos tiempos, esos marxistas no hacían bravatas gratuitas: “tendremos que ir a la Guerra Civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros lo realizamos”. (Largo Caballero 19-01-1936 acto electoral en Alicante, recogido en El Liberal, de Bilbao, 20-01-1936). Los dos tiros en la nuca de Calvo Sotelo fue el acabose.

 

Esto que cuento (silenciar al discrepante – vender democracia por dictadura) se llama comunismo, no fascismo y llamarlo “comunista” es lo correcto. No fue casual que Mussolini, número 3 del partido socialista italiano, tuviese el aplauso y soporte de Lenin.
 

Y aunque el fascismo no duró ni 15 años, los creadores del “agit-prop” y 100 millones de víctimas lo convirtieron en “leit motiv” para el señalamiento político, ocultar sus crímenes y llamarlos fascismo. Aun perdura esta orwelliana verdad retorcida.

 

Entre los asesinos de retaguardia estaban los milicianos de Margarita Nelken "El Chaparro", "el Hornachego", "el Vinagre" y "el Cojo de los molletes" que aplicaban las ideas de “la Pasionaria”, “Más vale condenar a cien inocentes a que se absuelva a un solo culpable”.
 

 

Una de esas víctimas fue María Ceballos Zuñiga y Solís, de Villafranca de los Barros (Badajoz) sí, el pueblo de Manuel Iglesias, abuelo de Pablo Iglesias.  Declaró la buena señora en la causa general que Manuel Iglesias estaba en la partida de milicianos de retaguardia que el 7 de noviembre de 1936 detuvo a su marido, Joaquín Dorado y Rodríguez de Campomanes, y a su hermano, Pedro Ceballos. Estos fueron entregados en Madrid a la checa de milicias de la calle Serrano 43, y fusilados en la Pradera de San Isidro.

 

Este crimen que narró la viuda no fue la razón de la condena a muerte del criminal Manuel Iglesias, y el juez que vio la denuncia de Pablo Iglesias contra Hermann Tertsch se la coge con papel de fumar y condena al periodista. Para su señoría contar esta historia “excede de la crítica política desde el momento en que se basan en información que no resulta veraz, resultando vejatorias y con ánimo de injuriar, desacreditar y perjudicar”.

 

El abuelo de Iglesias, tras cinco meses condenado a muerte, vio reducida su pena a 30 años gracias a las declaraciones de sus amigos falangistas, y tras cinco años de prisión salió libre. Fue tan dura su represión que le castigaron con uno de aquellos jugosos empleos de funcionario reservados para los privilegiados de aquel "cruel régimen franquista”.

 

Con aquel empleo de casta falangista que le consiguieron sus "amistades fascistas" crió a su prole marxista-leninista; el hijo le salió terrorista del FRAP y el nieto, Pablo, asesor de Chávez para reprimir a la oposición en Venezuela. Como ven, todo tan injurioso que perjudicara y desacreditara su pedigrí de luchador antifascista.

 

Estoy estudiando con mis abogados enviar al señor juez dos artículos publicados donde se acusa a mi antepasado de criminal sin haber una sola condena contra él. Presumo que si demando, la sentencia sería absolutoria para quienes de modo tan vil le acusan impunemente. Y es que tuvo la ocurrencia con el general Franco de ser los últimos en alzarse contra el golpista Frente Popular en la Republica.

 

Lo del golpismo solo puede hacerlo la izquierda. Ya saben, lo llaman “revolución” y queda de cine para vacilar de demócratas de toda la vida, mientras insisten con la "dictadura del proletariado" de Nicolas Maduro, aplauden a Lenin, Stalin, Fidel o el Che.

 

A mí me seguirán llamando fascista por pensar que mi abuelo fue un héroe y no un criminal por defendernos del marxismo criminal. Con Dios, camaradas.

 

"En tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario". (George Orwell)

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