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Jon Casais
Martes, 17 de octubre de 2017
“La democracia ha legalizado a ETA vistiéndola de paisano y con el mismo proyecto político que antes conducía con el terrorismo”

Mikel Azurmendi: “La ideología de ETA, en lo esencial, es la del PNV”

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“El PNV ha hecho posible que los etarras y sus colaboradores se sientan legitimados: antes, cuando mataban y, ahora, que lo han dejado. El PNV siempre sostuvo que había razones políticas tras los asesinatos terroristas. El PNV no dejó jamás de hacer política mientras era aniquilada la política constitucionalista. Jamás se rebeló contra ETA arropando a los políticos de los partidos perseguidos”

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Escritor en castellano y euskera, filósofo y antropólogo, Mikel Azurmendi (San Sebastián, 1942) se licenció en Filosofía por la Universidad de La Sorbona (Francia), y posteriormente se doctoró en la del País Vasco, donde ejerció como profesor de Antropología Social.


Primer portavoz del Foro Ermua y miembro fundador de ¡Basta Ya!, Azurmendi ha sido Premio Hellman/Hammet en 2000, nominado por Human Rights Watch, y también IV Premio a la Convivencia en 2001, nominado por la Fundación Miguel Ángel Blanco.


Azurmendi posee una amplia obra literaria, donde destacan obras “Euskal hilobia” (poesía), Kontu kontari Grezian barrena (relatos) y las novelas “Tango de muerte”, “Melodías vascas”, “El hijo del pelotari ha salido de la cárcel” y “Las maléficas”. Experto en el estudio de la multiculturalidad y en el análisis de los movimientos migratorios, es también autor de ensayos de etnología y antropología cultural como “Euskal nortasunaren animaliak”, “El fuego de los símbolos” y “Estampas de El Ejido”. Acaba de publicar “El relato vasco”.


“El relato vasco”. ¿Cree que este tema preocupa a la ciudadanía vasca una vez finalizado el terrorismo de ETA?
 

Claro que nos preocupa a muchísima gente vasca que la ciudadanía opte por “Pelillos a la mar, eso ya pasó, fue cosa del pasado. Echémoslo al olvido”. Comprender la crueldad del nacionalismo de casa y nuestra cobardía, la de la ciudadanía, es condición necesaria para comprender cualquier situación humana de opresión en el mundo. ¿A qué viene acordarnos ahora del Holocausto y hermanar Gernika con Auschwitz sino a tapar con ello lo que aquí acaba de ocurrir casi todavía ayer?

 

¿Se está perdiendo la batalla del relato?
 

No. Ni ganándola tampoco. La cosa está en ‘stand by’ porque las víctimas no se pliegan a ser equiparadas a los asesinos. El relato será institucional o no habrá relato y, de momento, hay variadas escaramuzas institucionales, muy malvadas todas y en la dirección de que aquí todos tuvimos un poco de culpa y ETA tuvo también un poco de razón. Mi libro denuncia varias de ellas.

 

¿Qué le han parecido los últimos actos de “desarme”?
 

Eso ha sido un paripé de las instituciones vascas jaleando vergonzosamente a ETA. Pero ésta no ha desarmado su mente, la mente de sus militantes, conmilitones, ex, y funcionarios de paisano en las instituciones vascas. Todos ellos siguen pensando que aquello que hicieron estuvo bien, que fue necesario, que “sirvió para construir pueblo”.

 

¿Hay en la sociedad vasca heridas sin curar?
 

¿Qué heridas? Una sociedad escindida no son heridas. Una parte de la ciudadanía que no puede llamarse española o vasca y española, y elegir sólo español e inglés para sus hijos no son heridas. Eso es una violación de la libertad. Y de los derechos de la persona. El nacionalismo en su conjunto no lo ha visto todavía. La sociedad vasca ha sido partida en dos, como tras la guerra civil o las guerras carlistas. Y hay que restañarla. No se necesitan hospitales para esas heridas sino escuelas de otro tipo de educación, universidades con libertad que no existe hoy, televisión que fomente el encuentro entre los vascos y no el encuentro entre nacionalistas y tras el “label vasco”.

 

¿Apoya el acercamiento de  los presos de ETA al País Vasco?
 

Yo los acercaba mañana mismo, no solo a los vascos, sino a los gallegos, a los extremeños, etc. y les ponía al lado de sus familias y les daba las llaves de la prisión y les ponía a trabajar en torno a la prisión limpiando montes y ríos. La única condición que les pondría es que expresasen que aquello que hicieron estuvo mal y que no lo volverán a hacer. Les haría cumplir la pena y rehumanizarse, cambiar, hasta volverse hombres y mujeres cambiados. Las A.P.A.C. de Brasil funcionan así y regeneran el 100% de los presos, incluso con tremendos delitos de sangre. Si el Gobierno vasco quiere saber algo de esto no tiene más que informarse. O llamarme, pues me brindo personalmente a hacer una experiencia mañana mismo con los presos. Pero eso no es lo que quiere el Gobierno vasco, ¿verdad que no? ¿Verdad que quiere otra cosa a propósito de los presos vascos?

 

Usted formó parte de ETA en los años 60. ¿Qué le queda de aquello?
 

Queda la responsabilidad de haber oxigenado a lo que luego iba a ser un monstruo. Mi monstruosidad es haber participado en 1967 en una reunión de célula en los bajos de la iglesia de El Antiguo donde Julen Madariaga (sí, ese mismo) nos proponía asesinar aquella misma noche a Pachi Iturrioz, jefe de ETA, por españolista. No le salieron las cuentas al Julen, pero esa reunión me ha perseguido siempre. En junio de 1968, exiliado ya en París, dos amigos tomamos la decisión de romper por dentro ETA. Y tras ello laboramos cierto tiempo. Ese amigo era Fernando López de Bicuña, profesor de matemáticas de Deusto, y desgraciadamente murió. Vive su ex esposa y sabe que esto era así. Y vive la mía y lo puede confirmar.

 

¿Qué futuro tiene la autodenominada ‘izquierda abertzale’?
 

Un futuro humanista sería que se regenerase reconsiderando las razones por las que apoyó el terrorismo. Hoy mantiene aquellas mismas que le condujeron a asesinar, luego habrá de ver que no son buenas y que debe desecharlas. Mientras no lo haga, no le auguro ningún futuro humanista ni pacificador. Actualmente sigue siendo una organización de escisión de la sociedad vasca por medios institucionales a base de sembrar el odio y la mentira.

 

¿Ve autocrítica en la autodenominada ‘izquierda abertzale’?
Nada, nada en absoluto. Los que más lejos han ido han dicho: “hicimos mucho daño”, así sin más, sin especificar el daño al conjunto de la sociedad democrática. Otros pocos han pedido perdón “por el daño” que han hecho. Algunos jefecillos  han dicho que “acaso no estuvo bien matar”, y otros como Otegui dicen que “nunca dijeron que estaba bien matar”. Pero están en las instituciones, chupan del bote y de todo el desperfecto social y personal que hicieron, “pelillos a la mar”. Los ex etarras y el conjunto de su apoyo civil prosiguen en la misma creencia que tuvieron cuando asesinaban o colaboraban con los asesinos; prosiguen en los mismos sentimientos que creaban odio y borraban nuestros rostros hasta vernos como enemigos y perros. Además, no solo logran hacer pasar su punto de vista narrativo. Ya han logrado que las instituciones vascas tiendan a la equidistancia entre los asesinos y las víctimas, han logrado hacer creer a la ciudadanía que “los abusos policiales” son parangonables a sus asesinatos o que el proseguir en cárceles alejadas de sus familiares sea una afrenta a los derechos humanos

 

Un reciente estudio afirma que la mitad de la sociedad vasca apuesta por pasar página…
 

Es algo muy preocupante. Ha pasado eso en la ex URSS y así les va, como demuestra la historiadora Appelbaum en sus inapelables libros sobre los países del Este y el Gulag. Costó mucho trabajo que no pasasen página los alemanes en la Alemania después de 1945. Y costará trabajo que eso no pase aquí. El nacionalismo apuesta fuerte por olvidar pero le costará muy caro el olvido; tan caro como al franquismo, porque nuestros nietos necesitarán saber la verdad. Únicamente la búsqueda de la verdad es el factor de supervivencia de un matrimonio, una familia y un país. Si el nacionalismo se esforzase en hacer el relato de lo que aquí pasó, habría de abandonar la mayor parte de sus ideales nacionalistas. Porque el relato va de “cómo se quiso construir la nación vasca”. Cuantos ya creen que existe la nación vasca quieren pasar página de lo que aquí pasó.

 

Usted lideró un movimiento de rechazo al terrorismo, ¿cómo emprendió aquel proceso?
 

Yo no lideré nada. Yo di tardíamente un paso en la oposición al nacionalismo obligatorio. Yo se lo debo todo a otros más lúcidos que yo y más valientes que yo. Sin esos compañeros yo hubiese sido otro más de los consentidores con el terrorismo. Yo no necesito más reconocimiento que el de quienes me conocen y saben que soy un compañero leal, un hombre de palabra y un pensador que busca la verdad y la justicia, aunque me equivoque. Por eso estoy con las víctimas desde aquellos tiempos de Denon Artean. Esto me satisface plenamente.

 

¿Qué opina del papel que está jugando hoy el Gobierno vasco, en general, y Jonan Fernández, en particular, en lo que hace referencia a la deslegitimación de la violencia terrorista de ETA?
 

Ni el Gobierno ni ese personaje han hecho otra cosa que salvar los muebles en cada ocasión. Muebles que consideran suyos, claro. Los otros muebles, les da igual que se desechen al fuego. Todos ellos van directos a salvarse ellos salvando su relato.

 

¿Por qué afirma usted que la banda terrorista ETA no ha sido derrotada todavía?
 

ETA dejó de matar porque ya no podía seguir haciéndolo y, en los estertores organizativos, tuvo que renunciar al terrorismo. Ahora bien, se le permitió entrar con todo su armamento ideológico en nuestro sistema democrático. El error de la democracia es haber propiciado que un terrorista y asesino sea miembro del Parlamento e incluso se siente en una Comisión de Derechos humanos sin haber renunciado a ninguna de las creencias y motivaciones que le llevaron a matar. Y sin deslegitimar el destrozo cívico causado por el terrorismo. Miembros conspicuos de ETA han manifestado hasta en los periódicos que gracias a la violencia “se ha construido más Pueblo vasco” y, por doquier, prosiguen manteniendo que lo que hicieron fue necesario.


La democracia ha legalizado a ETA vestida de paisano y con el mismo proyecto político que antes conducía el terrorismo. No ha existido una condena explícita de cuanto hicieron contra la democracia y la ciudadanía. No han colaborado con la justicia en esclarecer más de doscientos casos Lasa-Zabala que quedan por esclarecer. No han dicho que, de nacer de nuevo, no volverían a hacer lo que hicieron. La democracia ha errado mucho.

 

El virus del odio y totalitarismo nacionalista que la banda terrorista ETA insertó en la sociedad vasca, ¿persiste todavía?
 

El nacionalismo étnico se basa en incentivar estados anímicos de diferencia xenófoba y fuertes propensiones a la contra basados en la falsedad narcisista de los hechos del pasado. Si ese nacionalismo pudo volverse terrorista es porque en algunos jóvenes el odio al otro, al español, era el condensado emocional de su motivación. Odio significa que ya no se ve a la otra persona como humana sino como un perro asqueroso. Y se la elimina del campo de visión. Unos y otros la eliminan ahora institucionalmente.
 

ETA no se ha desprendido de ningún aspecto de su creencia sobre lo que es Euskadi ni de sus propensiones y motivaciones hacia la exclusión de la ciudadanía no adepta. O sea, no ha desactivado la fuente generadora de odio étnico. Un tercio de la población vasca menor de 30 años sigue siendo partidaria de ETA, y casi la otra mitad de lo que queda no se ha expresado jamás contra ETA. Además buena parte de los neocomunistas y populistas españoles apoya a esta ETA sin desarme ideológico. Fíjese usted el potencial de odio que hay acumulado en nuestra tierra.

 

¿Cómo ve el papel desarrollado por el PNV que, según explica usted en “El reato vasco”, jugó con la ventaja que otorga la ambigüedad en torno a los crímenes de ETA y a su «ansia soberanista?
 

Si ETA no ha desarmado su ideología es porque, en lo esencial, es la del PNV. Lo esencial del nacionalismo no es matar/no matar, sino falsear la historia, odiar al otro por ser diferente e intentar escindir la sociedad en dos. Claro, un joven odia con más virulencia y tiene la fuerza que no tiene un mayor; tampoco tiene su pragmatismo. Y puede llegar muy rápido al terrorismo. Pero el PNV ha hecho posible que los etarras y sus colaboradores se sientan legitimados: antes, cuando mataban y, ahora, que lo han dejado. El PNV siempre sostuvo que había razones políticas tras los asesinatos terroristas. El PNV no dejó jamás de hacer política mientras era aniquilada la política constitucionalista. Jamás se rebeló contra ETA arropando a los políticos de los partidos perseguidos. El PNV sabe muy bien que su éxito se lo facilitó ETA y le muerden los diablos remembranzas tan actuales como la de Miguel Ángel Blanco. Y otras a las que se tendrá que enfrentar irremediablemente si queremos verdad y justicia.

 

¿Qué opina del PSE-PSOE actual?
 

El PSOE ha roto su tradición intelectual, que era oponer argumentos contrapuestos en el seno del partido, cuando cualquier acontecimiento suscitaba el pasmo suficiente para plantear interrogantes y provocar respuestas rivales. Esa investigación, debate y conflicto entre argumentos contrapuestos fue en muchas épocas el rasgo prominente de las relaciones sociales entre militantes, simpatizantes y votantes socialistas. Eso ha desaparecido completamente. Ahora solamente se dan acontecimientos, que crean oportunidades personales de trepar y acusar al otro. Ocurrencias y oportunismo para medrar personalmente. Y cada vez más, desde el 11M acá sobre todo, la argamasa que más va uniendo esas relaciones sociales entre militantes socialistas es el rencor y hasta ciertos matices de odio.
 

Yo le puedo entender a Egiguren cuando dice que debajo de ETA existe un problema político. Y podríamos hablar juntos de ello. Y, hasta acaso, acordar ambos algo. Pero cuando Sánchez dice las cosas que dice por tierra, mar y aire sobre España, sobre la nación, sobre la derecha y demás; y cuando los socialistas de Lasarte o de donde fuere se colocan tan al bies de los hechos y tan oblicuamente a lo que ellos fueron antes, pienso que el socialismo ya no tiene remedio y se está suicidando.

 

¿Corre peligro el verdadero relato de lo que ha sucedido en el País Vasco a lo largo de los últimos cincuenta años?
 

No hay un relato verdadero ni lo habrá en muchísimo tiempo. Claro que existen hechos y sucesos incontrovertibles en estos 50 años de terrorismo vasco que nadie puede obviar. También existen relatos de vida, artículos, filmes, documentales, documentos gráficos y reportajes de muchos de esos hechos. Y también hay análisis de ellos y sistematización de sus causas y resultados.
 

Y ahora que a ETA la han “desaparecido” policial y judicialmente, se está jugando el acta notarial que servirá para hacer Historia de todo ello. Esta acta siempre se hace con-figurando lo que pasó, o sea, dándole figura desde nuestros intereses de ahora. Es decir, cobran un tono u otro desde el sentido de final que hayamos aceptado. La aceptación siempre es institucional pues desde ellas se conmemorarán ciertos hechos del pasado. A fin de enardecer a la ciudadanía, claro. En este sentido ¿no se ha visto ya muy clara la intención nacionalista-socialista-populista cuando tuvo lugar el aniversario de Miguel Angel Blanco?, ¿o ante la resolución parlamentaria cuando la pantomima de entrega de armas en Bayona?
 

Lo que ahora está tratando desesperadamente el nacionalismo es hacer medianamente aceptable que todos tuvimos algo de culpa, que las dos partes deben abrazarse (así mismo, las dos partes, como si las víctimas fuesen una parte contra alguna otra parte), que las víctimas deben estar a más altura moral, que el Estado español también tuvo deslices policiales graves y mucha culpa en el terrorismo. En fin, que mejor cerrar ese capítulo y comenzar una nueva andadura hacia el futuro. La Historia comenzaría, pues, a partir de ahora, todos olvidados del pasado.
Para desgracia del nacionalismo esta fuga narrativa será revisada por nuestros nietos o bisnietos y exigirán entonces comenzar a transaccionar el relato verdadero. Pero ¿qué les importa ese futuro a los que tienen ahora el cesto bien lleno de nueces?

 

 

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1 Comentario
Fecha: Martes, 31 de octubre de 2017 a las 23:02
Luis
Estábamos al corriente, pero gracias.

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