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Faustino Merchán Gabaldón. Ingeniero y escritor
Jueves, 19 de octubre de 2017
Faustino Merchán Gabaldón

La todopoderosa industria farmacéutica

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Si en los años 70 del pasado siglo, en la industria farmacéutica se creaban medicamentos para curar enfermedades, actualmente en los últimos años, de principios del siglo XXI, la situación se ha invertido; se crean nuevas enfermedades para luego vender medicamentos, por ejemplo, el colesterol, la menopausia y la osteoporosis; entre ellas, son enfermedades creadas. Se le convence al paciente que la enfermedad existe para venderle una cura, es decir se vende humo.  Las farmacéuticas tienen muchísimo poder por las inmensas cantidades de dinero que mueven en el mundo, pueden poner gobiernos y quitarlos, marcan las políticas a seguir, constituyéndose, a veces, como gobiernos en la sombra.


En muchas ocasiones, la trampa, no está en considerar enfermedades inexistentes: eso es difícil de mantener por parte de la industria. La hipercolesteronemia implica verdaderamente un riesgo, como la osteoporosis. En cuanto a la menopausia, en principio, es una etapa biológica normal en la mujer; solo en algunos casos se desvía de lo normal y puede o debe ser tratada.
 

La trampa suele ser más sutíl, porque no es cualitativa, inventarse una enfermedad, sino cuantitativa, considerando patológicas situaciones que todavía no lo son. Los umbrales máximos de colesterol empezaron siendo de 250 mg%, luego se rebajaron a 220 y después a 200, con lo que el porcentaje de población tratable se hace mayor. Se supone que esos valores están definidos por estudios solventes y contrastados, lo que no siempre es cierto. Esto, exactamente igual, lo comentaba con mi médico de cabecera hace unos meses, justo antes del verano, cuando me dijo que no me preocupe si mi colesterol sube a más de 200. Antiguamente el límite era 250 y no pasaba nada. Ahora ha de ser 200, porque si no, los productos farmacéuticos no se venden. Con la menopausia, ¿Qué pretenden? ¿Qué no haya menopausia acaso? Placebos con algún efecto secundario causado adrede para así derivar de una enfermedad a otra. Sanos que van al médico, o al farmacéutico, y tras una enfermedad que no es tal, ya no se sale del círculo vicioso. Tomas un medicamento que te cura una enfermedad, pero te causa otra enfermedad. Y así continuamente para vender. Eso también, en cierto modo, es crear una enfermedad.
 

El consumo de medicamentos con receta es la tercera causa de muerte tras las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, según el médico e investigador danés Peter C. Gøtzsche, que durante 30 años ha trabajado en ensayos clínicos y regulación de medicamentos para varias farmacéuticas y ha publicado más de setenta artículos científicos en lasBig Five, las cinco principales revistas científicas, y se ha convertido en el azote de esta poderosa industria. Se estima, en Francia un gasto en medicamentos de 530 euros al año por cada ciudadano francés, y 30 millones de euros el consumo total anual en dicho país, una cifra que aumenta más rápido que el PIB, Producto Interior Bruto de Francia, mientras que en Alemania y Reino Unido se consume la mitad. La industria farmacéutica mueve 634.000 millones de euros al año. En Francia, se estima en 20.000 las muertes anuales en accidentes relacionados con los medicamentos y 100.000 hospitalizaciones en 2012.
La mente humana es tan frágil y necesitada de magia como garantía de vida, que cualquier pseudointeligente, pero convincente teoría atrae conversos, adictos a dichos supuestos medicamentos. Se estima que un 60% de los medicamentos son inocuos, es decir, inútiles, únicamente poseen el efecto placebo, por ello, se produce el sueño del director de los laboratorios Merck, que en 1976 anunció su objetivo de “crear medicamentos para personas sanas”; de acuerdo con dicho objetivo, se sigue el plan estratégico al efecto, mediante una fuerte campaña de marketing, ya que venden directamente los medicamentos. Para vender la nueva enfermedad, se invita a Congresos médicos en bonitas ciudades turísticas a médicos e investigadores, para su sensibilización, y que estos receten generosamente los medicamentos oportunos, con lo cual se utiliza como cómplices y cooperadores necesarios a médicos y autoridades sanitarias, es decir puro marketing, y mediante visitadores médicos, adiestrados como charlatanes de feria para vender humo. Las empresas farmacéuticas son especialmente dadivosas de forma sistemática con los médicos para animarlos a que receten los correspondientes medicamentos de forma generosa.

 

Además los efectos secundarios para la salud son evidentes. Cuando para un dolor del hombro en vez de decirte frótese con linimento varios días seguidos, cuyo único defecto, es el olor que despides a tu alrededor, te recetan unas cajas de antiinflamatorios que te perjudican el estomago y encima luego resulta que son cancerígenos o cualquier otra cosa tan grave.
 

Esta industria definida como salvaje por algunos especialistas que tratan de desmontarla, produce enfermedades en venta, mediante medicamentos Bluckbaster, es decir, medicamentos éxito de ventas, como así se califica por la industria farmacéutica. Este abuso por esta industria, que constituye uno de los sectores más pujantes y lucrativos, por la que se transforma en enfermos imaginarios a gran parte de la población, nos recuerda al Enfermo Imaginario, de la obra literaria de Molière, es decir, en “consumidores de nada”.
 

El escándalo Mediator , que se produjo a principios de 2012, es un ejemplo todavía vivo, con un fármaco para diabéticos, por el que fallecieron 1.300 personas, debido a los efectos secundarios de su consumo, y todavía en la actualidad se espera una respuesta de la justicia; volvió a poner contra las cuerdas a las agencias de evaluación de medicamentos.
 

El interés de la industria del medicamento, y que repercutirá negativamente en las economías nacionales, es el envejecimiento de la población. Esta circunstancia está influenciando en el consumo farmacéutico como consecuencia del incremento en la edad de la población y también repercute porque incrementa los gastos relacionados con los métodos de diagnóstico de enfermedades, hoy más costosos que antaño, escáner, resonancia, etc., y también porque existe un incremento en el número de intervenciones quirúrgicas que son consecuencia de la edad, principalmente las enfermedades óseas degenerativas. Las degeneraciones cerebrales y las enfermedades vasculares son otro lastre relacionado con la edad.
 

Pero, aunque hay que estar alerta para sospechar, detectar y denunciar fraudes, no podemos perder de vista un dato absolutamente contundente: la esperanza de vida se duplicó en el siglo XX. Nunca antes se había producido un avance comparable. El mayor mérito corresponde a la mejora de las condiciones sociales e higiénicas, alimentación, e ingeniería sanitaria, es decir, mejoras en los abastecimientos de agua corriente y saneamientos en la práctica totalidad de las viviendas, seguido de la vacunación infantil, a veces puesta en cuestión por integrismos sectarios, y de los antibióticos. La sociedad se ha hecho más crítica y exigente, pero, a veces, no contempla las contrapartidas favorables que tenemos asumidas sin ser conscientes de ellas.

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