Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
www.latribunadelpaisvasco.com
Domingo, 22 de octubre de 2017
Autor de “Historia de los Reyes de León. De Pelayo (718) a Juan (1300)”

Ricardo Chao: “En España nunca hemos aprendido de nuestra propia historia, sencillamente, porque la ignoramos”

Guardar en Mis Noticias.

“En España nunca hemos aprendido de nuestra propia historia, sencillamente, porque la ignoramos”.

[Img #12486]Los más singulares episodios en la historia de nuestro país –entre los siglos VIII y XIII– fueron protagonizados por una ‘entidad política’ conocida como Reino de León. Las vacilantes inercias sociales y, cómo no, el desdén institucional, han convertido este reino en un perfecto desconocido; y a los monarcas que ciñeron su corona, en un recuerdo vago e intranscendente.  Sin embargo, sus titulares llegaron a administrar un territorio que incluía las actuales comunidades de Galicia, Asturias, Cantabria, La Rioja, Castilla y León, Madrid, buena parte del País Vasco, casi toda Extremadura, algo de Castilla la Mancha y Portugal hasta la altura de Lisboa.  Su último, o mejor, su penúltimo rey, Alfonso IX, convocó en 1188 una curia regia que, al acoger a representantes del pueblo llano, se convertiría –como reconoce la UNESCO– en el germen del parlamentarismo europeo.


Consciente de esta situación de desconocimiento, el historiador Ricardo Chao Prieto (León, 1975), autor de las monografías “Alfonso VI de León y su reino (2010)” y “El Encargo del Rey: la crónica perdida del reino de León (2012)”, publica ahora “Historia de los Reyes de León. De Pelayo (718) a Juan (1300)”, una obra que pretende recuperar un pedazo de nuestro pasado desenterrado. Tal y como se señala desde la Editorial Rimpego, responsable de la publicación de este intenso y emocionante trabajo, se trata de “desenterrar un reino olvidado y desaparecido en los libros de Historia”. Y, para ello, para no caer en las trampas de la mitificación y la leyenda, “el libro se centra en las figuras que gobernaron este reino, porque la documentación que generan las cancillerías es muy superior a la de cualquier otro ámbito”.


En esta “Historia de los Reyes de León”, Ricardo Chao crea un retrato nuevo de la época a partir de las fuentes originales. A la luz de la historiografía moderna, vuelve a estudiar con ojos críticos las crónicas, los diplomas, las cartas, los fueros... Esto incluye, naturalmente, la visión de los cronistas musulmanes, sobre cuyos textos tenemos la fortuna de disponer de nuevas y precisas traducciones. Y pone especial celo en recuperar todas las visiones extranjeras –portuguesas, francesas, inglesas, escandinavas– que están accesibles. Como cabía sospechar, allí se escondían valiosos y originales datos, inéditos hasta la fecha. Todo ello ha permitido hacer el retrato más fidedigno posible de unas figuras perdidas en el pasado. Algunas de ellas completaron ese reto mítico y mistificado que conocemos como Reconquista, para ver, al final de sus días, cómo una nueva oleada de integristas musulmanes –almorávides y almohades– desbarataban todo ese esfuerzo”.


La biografía sobre los reyes, en general, es amplia; ¿por qué un nuevo libro? ¿Y por qué ahora?


No he pretendido quedarme solo en los reyes, sino usarlos como pretexto para ir más allá y hablar de conceptos más amplios, como la visión sobre el propio reino, las relaciones con el exterior, etc. En cualquier caso, creo que ya es novedoso el marco cronológico. De hecho, se arranca con un capítulo centrado en los ástures, el pueblo prerromano que, en cierta medida, arma ‘el contexto’ histórico. Después se atiende a lo que conocemos hoy por ‘reyes asturianos’, a los que se da continuidad –sin rotura alguna– con la corte ya trasladada a León. Más allá del icónico 1230 (unión definitiva de León y Castilla), se revisan los reinados de Fernando III, Alfonso X el Sabio, Sancho IV y Fernando IV, porque durante ellos, las instituciones leonesas siguieron jugando un importantísimo papel. Y era obligada la inclusión de Juan I, hijo de Alfonso X y controvertida figura que se intitula rey independiente de León (1296-1300), y que como tal acuña moneda y rubrica documentos.
Por otra parte, nunca es mal momento para ocuparnos de nuestro pasado.

 

Parece desprenderse de sus palabras introductorias que hemos perdido la memoria de nuestra propia historia...
 

Nuestro país nunca ha destacado por su amor a la cultura, pero es muy llamativo el desdén que manifiesta hacia su propia historia. En España –en líneas generales–, no solo ignoramos nuestro pasado, sino que lo reinventamos continuamente aplicando el “presentismo”; es decir: proyectamos los marcos administrativos actuales hacia el pasado para reinterpretar, remodelar y reinventar la historia en el presente. Un disparate. Es muy difícil que quien ignora el pasado pueda interpretar el presente y caminar, con sentido, hacia el futuro.


¿Qué se va a encontrar el lector, entonces, en las páginas de este libro?
 

Un acercamiento a la historia del reino de León y a la de sus monarcas desde un punto de vista divulgativo, pero a la vez riguroso. Y prescindiendo de los marcos cronológicos y dinásticos que a menudo ha encorsetado nuestra historia.
 

¿De qué le sirve al ciudadano actual rememorar episodios acaecidos en plena Edad Media?


El conocimiento siempre es inspirador. El pasado está lleno de soluciones a problemas complejos que, con distintos actores, se plantean de nuevo en nuestros días. Por ejemplo, este año se celebra el milenario del llamado Fuero de León, que concedía importantes ventajas a las personas que vinieran a repoblar la ciudad después de las devastaciones de Almanzor. En un territorio en despoblación creciente, hay buenas enseñanzas que atender en aquellas viejas normas. Descubrirá también, el lector, uno de los principales y más extensos reinos de la Edad Media, que ha ido desapareciendo hasta de los manuales educativos.
 

[Img #12485]Ya sabemos que no es tarea de una obra de divulgación; pero ¿aporta este libro algún dato nuevo, algún episodio desconocido?

Algunos. Hay un esfuerzo en trazar las relaciones exteriores del reino desde la época asturiana, incluyendo los intercambios de embajadores con el imperio carolingio y los enfrentamientos con los vikingos. Se contextualiza un interesante romance portugués –Miragaia–, recogido por Almeida Garret en el siglo XIX, y cuyo protagonista no es otro que el rey Ramiro II. Esencial creo que es la refutación de algunos aspectos de la historia de Hispania que siguen apareciendo en los libros de texto: la independencia de Castilla en tiempos de Fernán González, la propia existencia de los Jueces de Castilla, la traición de Bellido Dolfos, etc. Se documenta el notable flujo de nobles catalanes y trovadores provenzales que pasaron por la corte leonesa. Poco conocida es la tutela que ejerció Fernando II de León sobre Alfonso II de Aragón. Se recupera y traduce un tratado de alianza entre el rey inglés Juan sin Tierra y el leonés Alfonso IX; tal vez la aportación más significativa. Por cierto, que Alfonso IX, pudo ser un rey trovador. O que León fuera una de las principales bases de operaciones de los cátaros en la época entre Alfonso IX y Fernando III, es dato poco conocido.


¿Cuáles han sido sus principales fuentes de información?
 

He ido a las fuentes, consultando siempre la crónica más cercana a cada época, incluso en la versión latina original cuando detectaba problemas de traducción. Se han incluido en una sucinta relación anexa a la bibliografía. También me he esforzado en encontrar y rastrear crónicas europeas y musulmanas. De entre las primeras destacaría los Anales de la abadía suiza de San Gall, la Antapódosis de Liutprando de Cremona, las crónicas de Roger de Howden, las Ymagines Historiarum de Radulfo de Diceto, etc.


¿Fueron los reyes leoneses especiales? ¿Sus acciones les distinguían de otros monarcas peninsulares?
 

Fueron especiales en el sentido de que tenían unos dominios mucho más amplios que otros reyes cristianos de Hispania. Por otra parte, sus pares les concedieron, a menudo, una cierta preeminencia; incluso reconociéndoles como emperadores, es el caso de Alfonso VI y Alfonso VII. Pero a nivel mental eran iguales a sus coetáneos, y seguían interpretando que sus territorios eran de su propiedad y que podían hacer con ellos lo que les viniese en gana, como por ejemplo dividirlos entre sus hijos varones. Acaso tuvieran un respeto por la figura femenina mayor que en otros lugares. Incluso hay una singular voluntad de ser, también, el rey del pueblo llano; de ahí documentos y acontecimientos tan singulares como el Fuero de 1017 o las Cortes de 1188.


Ahondando en lo que dice: ¿fueron los reyes dueños de su destino o sucumbían también a los intereses y a los poderes fácticos?
 

La Iglesia tenía un poder amplísimo en toda la sociedad y, en muchas ocasiones, marcó el devenir político del reino. Por ejemplo, Alfonso VI tuvo que aceptar el rito romano contra su voluntad, a pesar de que con ello se provocaron desórdenes. Sin embargo, en otras ocasiones la Iglesia intentó influir, pero no lo consiguió, como con las excomuniones y los interdictos de época de Alfonso IX. La nobleza aprovechaba la menor oportunidad para depredar, por ejemplo, durante las guerras civiles, las minorías de edad, etc. Pero por lo general, los reyes leoneses supieron imponerse a la aristocracia; y yo diría que con mejor fortuna que otros coetáneos y sucesores... Un rey tan famoso como Alfonso X –por ejemplo– fue incapaz de controlar a sus nobles en un asunto como el de las pueblas reales, mientras que Alfonso IX las había impuesto sin sufrir una sola revuelta.


Incide en la transcendencia del condado de Portucale (el norte del actual Portugal) para el devenir del reino de León.
 

La independencia de ese condado fue totalmente incidental, impulsada más por motivos dinásticos que “nacionales”; pero muy pronto se reveló como definitiva. Su pérdida sumió al reino de León en una gran debilidad, porque supuso la desaparición de grandes territorios y de efectivos humanos, así como la gestación de un enemigo cristiano al oeste. Y coincidió con un momento tan crítico como la separación de León y de Castilla.


¿Queda algo de entonces?
 

A nivel popular, nos ha dejado una institución tan democrática y participativa como los concejos, aunque hayan sido politizados y, en cierto modo, desvirtuados, empezando por cambiarles el nombre a “juntas vecinales”. Los concejos medievales tuvieron que jugar un gran papel a la hora de que se permitiera al pueblo llano participar en la Curia Plena de 1188 (que así se convirtió en Cortes). De época del reino de León son también los pendones concejiles, antepasados de los actuales pendones leoneses, aunque obviamente eran muy diferentes en apariencia y en intención. Además, el reino de León también tuvo su proyección en América, con territorios y ciudades que llevan su nombre todavía en la actualidad. Solemos olvidar que en realidad son tres las catedrales de León: la de León de España, pero también la de León de México y la de León de Nicaragua.


Si tuviera que elegir una figura de aquellos tiempos, ¿con quién se quedaría?
 

Alfonso VII fue sin duda el rey más poderoso de su época y supuso el culmen de poder del regnum-imperium de León. Pero, tanto para lo bueno, como para lo malo, escogería a Alfonso IX. Porque fue el primer soberano de Europa en convocar Cortes, creó la universidad de Salamanca (en 2018 celebra su octavo centenario), conquistó Extremadura... Aunque no supo resolver su sucesión, lo que al final supuso la progresiva pérdida de importancia de los territorios leoneses.
 

Visto lo que ocurre a nuestro alrededor hoy mismo: ¿hemos aprendido algo de la historia?
 

Lamento decir que en España nunca hemos aprendido de nuestra propia historia, sencillamente, porque la ignoramos. Somos amnésicos caminando a ciegas. Vamos dando tumbos y los errores se repiten uno tras otro. Es muy serio, porque donde no se escucha a los historiadores, se termina jaleando a los augures.
 

Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
La Tribuna • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress