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Iñigo Caballero
Lunes, 13 de noviembre de 2017

Burbujas o champagne

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A la vista de los increíbles precios de los activos cotizados los economistas y analistas comienzan a hablar de burbuja. No caben muchas dudas cuando las bolsas americanas llevan una decena de años subiendo y subiendo sin que, por el momento, parezca que vaya a venir un parón. Todos los índices son favorables.


Por eso, aunque es fashion hablar de burbuja, nosotros preferimos las burbujas de champán ahora que se acerca la Navidad, y para las otras, las de los bonos de deuda pública ya habrá tiempo.


¿Es necesario recordar que los monstruosos déficits públicos de Japón, Italia y España los presentan los políticos como unos cuentos de hadas? No consideramos la posición de Grecia por razones obvias.


La deuda pública se escribe con la palabra bono y es un valor artificial sostenido por el deseo, la voluntad de la FED americana o el BC europeo y la capacidad de imprimir de esos organismos. ¿Cuánto vale un bono español a 2044 cuando las instituciones obligadas a comprarlos dejen de hacerlo? NADA.


La burbuja del mercado de obligaciones públicas está ya servida y hay que ser muy tonto para no verla.
 

Desde el prisma de los Gobiernos, ¿qué posibilidades tienen de pagarla a su vencimiento? Ninguna, es decir, los bonos públicos del 90% de países tienen un valor cero.
 

La pregunta que nadie quiere formular es qué pasará en un futuro inmediato cuando esa liquidez inmensa proporcionada por los tres actores del desaguisado, Banco de Japón, BCE y FED retiren sus estímulos….
 

No sabemos si la pregunta nadie la plantea porque no quiere o porque conoce la respuesta y esta no es agradable ni, sobre todo, digerible.


La catástrofe del mercado de renta fija o renta nula está anunciada desde hace tiempo sin que nadie sepa qué hacer, pero sí qué puede pasar.
Descontado el hundimiento del mercado de renta nula la siguiente cuestión a plantear es qué pasará en los mercados de acciones al día siguiente del pinchazo de la burbuja. Seguirá tal como está o recibirá un aldabonazo como advertencia o, como los bonos sufrirá un hundimiento similar.


En principio, y sin que nos quepa una mínima duda por pequeña que sea, el porrazo que se meterán las sociedades cotizadas será de órdago a la grande. Así, sin más.


Los enormes gestores de fondos de renta fija que habrán visto desaparecer sus activos de un plumazo, se afrontarán a descomunales peticiones de reembolso que tendrán que cumplir vendiendo toneladas de acciones que derrumbarán las bolsas en unos pocos días.


La tempestad pasará una vez transcurridos unas cuantas jornadas y los gestores no se vean presionados por la necesidad de realizar activos.
 

Las bolsas se estabilizarán a unos niveles como un treinta por ciento por debajo de los niveles actuales ya que no se justifican con los resultados actuales de beneficios, cotizaciones inferiores.


A partir de esos precios, no parece probable que el mercado retome la senda alcista hasta después de transcurridos algunos meses y la comprobación al final de un par de trimestres que las ganancias de las cotizadas no sufren descenso o algo mínimo.


Con el estallido de la burbuja de renta fija saldrán perdiendo sus tenedores, un 50% inversores particulares y la otra mitad los bancos centrales reguladores, a los que les importa un pimiento que en sus balances tengo que computar unos activos en un valor cero. Crean y destruyen dinero como si se bebieran una botella de cava…


Que los poseedores de bonos del tesoro se arruinen, les queda al pairo… En cierto modo hasta es posible que lo hayan previsto y se prepararán para comprarlos a precio cero. Y es la única forma que tienen los países endeudadísimos de salir adelante: comprar su deuda por NADA.


El que los propietarios de bonos sean particulares o fondos pierdan su dinero, en un principio próximo NO afecta a la economía productiva.
Otro gallo les cantará a esos Fondos Soberanos que invierten para sus pensionistas. Que Dios les coja confesados… A medio plazo esas pensiones se verán comprometidas en porcentajes que variarán en función de si tienen sus activos invertidos en obligaciones, fondos u otros como valores inmobiliarios.


En este supuesto, los pensionistas al recibir menos dinero su gasto disminuirá y tendrá alguna consecuencia en la economía de consumo.
El lector se preguntará – por una vez – cuándo ocurrirá lo que este señor nos cuenta…

 

Con precisión, solo lo sabe Dios, los hombres podemos suponer y acercarnos a una fecha. Si me la piden, no creo que esté muy lejos porque la fiestuki de liquidez se va a terminar en unos pocos meses y luego… todo será llanto y crujir de dientes. Pero, pero, piensen que los mercados se anticipan a los acontecimientos, luego ocurrirá seis meses antes de que termina la fiesta…
 

Mientras tanto pasarán las Navidades con cava o champan viendo las burbujas sin sufrir por ellas. Llegará la Semana Santa y podrán comerse los buñuelos con tranquilidad…. Luego Dios dirá.

 

 

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