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Ascensión Corcuera Ruiz
Martes, 14 de noviembre de 2017
Graves problemas de higiene y seguridad en la zona

El Ayuntamiento de San Sebastián permite desde hace diez años un campamento de inmigrantes rumanos instalado cerca del centro de la ciudad

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Noticia clasificada en: Ayuntamiento Inmigrantes San Sebastián

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Todos los días, a las ocho de la mañana, numerosos inmigrantes rumanos que pasan la noche bajo el vial de Morlans de San Sebastián se desperezan, hacen sus necesidades junto a las aceras por las que a esas horas pasan decenas de niños camino de las escuelas próximas y echan a andar sucios y cansados para dirigirse a los puntos de mendicidad que mantienen estratégicamente repartidos a lo largo y ancho de la capital guipuzcoana.

 

La rutina, que según denuncian los vecinos se repite desde hace no menos de diez años, ha convertido la calle Catalina Eleicegui donostiarra, situada a escasos metros del centro de San Sebastián, en un auténtico estercolero donde las heces y los orines se combinan con las botellas de alcohol barato, las jeringuillas, los esparadrapos y los algodones ensangrentados que algunos drogadictos abandonan también a pocos metros de la acampada que mantienen abierta hombres y mujeres procedentes de las zonas más depauperadas de Rumanía.

 

[Img #12663]A lo largo del tiempo, la Policía Municipal ha desalojado y desmontado en varias ocasiones el campamento, pero la negligencia reiterada del Ayuntamiento donostiarra, que en una década ha sido incapaz de poner en marcha medidas coercitivas para evitar este tipo de asentamientos, convierten la tarea policial en algo realmente imposible. De hecho, La Tribuna del País Vasco ha comprobado que los agentes locales ya no acuden a las reiteradas llamadas que los vecinos de la zona realizan para denunciar una situación extremadamente alarmante por los riesgos que conlleva para la seguridad de los ciudadanos.

 

Luisa Montero, que vive en la cercana zona de Puyo y que diariamente recorre la calle Catalina Eleicegui y pasa bajo el vial que une los barrios de Amara y el Antiguo, no puede contener su indignación. “Llevo siete años viviendo aquí, y desde el día en que llegué al barrio, he visto esta calle ocupada por esta gente. Mi hijo ha tenido que ver cómo algunas de las mujeres aquí acampadas defecaban en los jardines y salían de entre los arbustos con el papel higiénico en la mano. Esto es una auténtica vergüenza. ¿Quién se va a creer que La Concha está a menos de un kilómetro de aquí?”.

 

Mientras dice esto, Luisa señala las mochilas, las palanganas y los colchones indecentes que pueden verse en el improvisado, aunque duradero en el tiempo, campamento. “En invierno, cuando oscurece muy pronto, no dejo que mis hijos adolescentes suban por esta calle por la noche. Me da pánico”.

 

[Img #12661]Jon Elósegui me cuenta que él ha visto de todo en esta zona. “Les he visto lavándose por las mañanas con unos pequeños cubos, sé detrás de qué matorrales guardan sus cosas de valor cuando van a pedir a las puertas de los supermercados y conozco a muchos de quienes duermen todos los días en este lodazal. No quieren ir a los refugios, porque prefieren estar al aire libre, pero es incomprensible e intolerable que el Ayuntamiento permita esto”.

 

Y no te olvides de los borrachos”, tercia en la conversación una mujer que pasa deprisa por una acera negra como el carbón y maloliente como un estercolero. “Una noche, justo aquí, estaba uno de los rumanos, ya mayor, tendido en el suelo”, explica la vecina, mientras señala una zona intermedia entre el asfalto y la zona verde en la que se cobijan los inmigrantes. “No sabía si le había pasado algo o si estaba borracho, así que, en mala hora, llamé a la Policía Municipal. ¿Sabe lo que me dijeron? Que si la persona en cuestión estaba bebida no podían enviar una ambulancia. ‘¿Y cómo sé yo si está ebrio o si está muerto?’, les pregunté. ‘¿Tengo que ser médico y hacer un diagnóstico antes de llamarles a ustedes?’. No me respondieron. Pero el hombre se quedó ahí horas tendido, mientras decenas de chavales pasaban a su alrededor”.

 

Los vecinos de la zona ya no saben lo que hacer, pero sí saben que son, sin duda, los donostiarras más abandonados por el Ayuntamiento. “Tenemos la calle más sucia de la capital, los jardines que van salpicando el camino hasta la entrada del Parque de Ayete están indecentes, (mire ahí, ese pañal sucio lleva meses rodando por la hierba) y es imposible encontrar un rincón que no huela como una cloaca. Eso sí, los impuestos que pagamos están entre los más altos de la ciudad. ¿Para esto?”... Y señala deseperada cómo los inmigrantes ilegales han colocado ordenadamente un secador de pelo junto al colchón en el que duermen. En otro rincón, varias toallas, camisetas y camisas desvencijadas y descoloridas se secan al tenue sol de otoño. Rozándolas, un grupo de niños, con las mochilas repletas de libros, regresan de las escuelas cercanas.

 

Ya se han acostumbrado a pasar corriendo “por donde viven los rumanos”.
 

 

 

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2 Comentarios
Fecha: Martes, 14 de noviembre de 2017 a las 18:50
Julen
Es una vergüenza. Katalina Eleicegui y Etxadi son las zonas más sucias de la ciudad. Hay que recordar al Ayuntamiento que también existimos. Aunque rodeados de basura.
Fecha: Martes, 14 de noviembre de 2017 a las 18:43
ATANASIO
Tenemos una banda de gestores papanatas acojonados y otra pléyade de ONGtas que han creado un medio de vida instando la invasión de nuestro territorio y cobrando por ese servicio que hacen a los invasores.
Y los niños, mayores y madres viudas o solteras, olvidados. INTOLERABLE.

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