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Susana Antolín y Ascensión Corcuera
Viernes, 24 de noviembre de 2017
El pienso doblega a la bellota en una montanera dominada por los híbridos

La victoria de los cerdos ibéricos transgénicos

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Es tiempo de montanera, ese mágico período (abarca desde octubre hasta febrero) en el que las encinas y los alcornoques de los pastizales adehesados, que se extienden a millones por el cuadrante sur-occidental de la península ibérica, descargan el preciado fruto de las bellotas. De su abundancia y óptima calidad dependerá el engorde del cerdo de raza ibérica y con ello los refinados matices organolépticos de los ensalzados productos que se obtienen del despiece de su canal, especialmente los que tienen que ver con las partes más nobles de su anatomía: jamones, paletas y cañas de lomo.


A lo largo y ancho de las kilométricas alfombras de verde hierba, deambula en completa libertad el verdadero rey de la dehesa en su incesante búsqueda de las bellotas, el caviar más arrebatador para el cerdo ibérico.


Su voracidad no conoce límites y para saciarla –en un verdadero homenaje a la glotonería– cada ejemplar ingiere cerca de 10 kilogramos diarios de bellotas, –que descorteza con increíble maestría para aprovechar solamente su pulpa interior–, más otros tres kilogramos de refrescante e hidratante pasto natural, por lo que al final de su estancia en montanera (cerca de 90 días) habrá consumido en torno a 1.000 kilogramos de bellotas para conseguir ganar unos 50 kilogramos de peso.
 

Este centenario animal, cuyo pelaje por lo general suele ser escaso y su pezuña oscura, de tamaño medio, apariencia primitiva y con una marcada musculatura, símbolo representativo de un patrimonio genético irremplazable y verdadera joya de la gastronomía española, corre serios riesgos de pasar a formar parte de la leyenda, ya que está siendo suplantado por otras desreguladas variedades porcinas que aportan la misma coloración de pezuña, mayor número de ejemplares por parto y un acentuado desarrollo, amén de una menor merma cárnica durante el corto proceso de maduración de sus jamones.


La que debería ser una de las razas más defendida, protegida y estable del mundo, –como lo es el afamado buey de Kobe–, lleva década y media sufriendo las implacables embestidas de los gobiernos del Partido Popular, que además de estar liquidando aceleradamente su cabaña, están patrocinando y respaldando un descomunal fraude a los consumidores.

 

El 90% de los jamones etiquetados como ibéricos, son engañosas imitaciones legalizadas por Agricultura

 

Según los datos del ejercicio 2016, –últimos facilitados hasta la fecha por el Ministerio de Agricultura–, solamente el 10% de los cerdos sacrificados durante dicho periodo eran de la raza ibérica pura. El 90% restante recayó en una “indefinida raza sintética”, (a la que Agricultura permite calificar oficial e ilegítimamente como raza ibérica) fruto de un selectivo y programado cruce reproductivo entre hembras de la autóctona raza ibérica y sementales de la norteamericana raza Duroc. Por inverosímil que parezca, estos porcentajes se vienen repitiendo invariablemente desde hace más de una década.

 

[Img #12750]Del análisis de la información publicada, se pone de manifiesto que la totalidad de animales sacrificados durante 2016 fue de 3.131.879.  De éstos, únicamente 309.001 cochinos (10%) fueron catalogados como “ibéricos en grado puro”, y de ellos, una cantidad ligeramente superior a los 228.000 individuos eran 100% ibéricos (brida negra) alimentados con bellotas durante la montanera, o sea los auténticos “pata negra”. La astronómica cantidad restante de 2.822.878 animales sacrificados recayó en ejemplares híbridos/cruzados denominados falsamente como ibéricos.

 

De esta última cifra, más de 1.874.000 cochinos (67%) eran de la variante comercial tipificada como “cebo ibérico”, es decir ejemplares cruzados y estabulados a lo largo de su corta vida, que no ven nunca la luz del sol y que son engordados a base de pienso en colosales factorías industriales, pero que multiplican el valor de sus productos al abrigo de una normativa –convenientemente enmarañada por el Ministerio de Tejerina– que autoriza el uso del consagrado nombre comercial unido a su exclusivo porcentaje genético (50% raza ibérica y brida blanca). Manipulación que le ha valido a Agricultura una denuncia administrativa actualmente en fase de resolución por los órganos competentes de la Unión Europea.   
 

Castilla y León, la comunidad más beneficiada por la fraudulenta normativa del ibérico
 

En este sentido, el tablero de correlación de fuerzas difundido por Agricultura muestra que el epicentro de los cerdos cruzados de granja y pienso –variante dominante en el sector y a su vez la de menor calidad según las categorías comerciales que introduce la norma del ibérico– se concentra en Castilla y León. Así, del total nacional de 1.874.487 animales presentados durante 2016 en los mataderos, Castilla y León monopolizó la categoría con 767.658 ejemplares sacrificados con la brida blanca.
 

"Estas imitaciones del auténtico jamón de raza ibérica, (tienen que proceder de animales con al menos el 50% de su porcentaje genético correspondiente a la raza ibérica, dice la Ley) son fácilmente confundibles por un consumidor no especializado dada la gran semejanza morfológica que presentan, favorecidas además por la aplicación de un etiquetado que oculta deliberadamente la proporción genética del cerdo de raza duroc, utilizado en el mestizaje”, explican a La Tribuna del País Vasco fuentes conocedoras de la engañosa disposición legislativa. Denuncian tambien, “que la vigente normativa de etiquetado de los productos alimenticios, no contempla la venta de este tipo de jamones pseudoibéricos mediante el empleo de porcentajes genéticos exclusivos de la raza ibérica”. Y ponen un ejemplo clarificador para echar por tierra la delirante fórmula ministerial, “una mujer puede estar embarazada o no, pero resulta imposible que sólo lo esté al 50%. Esta constatación que no admite lugar a la duda, es igualmente aplicable al caso que nos ocupa. Sí los animales no poseen la carga genética del distintivo patrón de la raza, jamás podrán ser catalogados como ibéricos, no cabe la amnistía genética forzada por Agricultura para convertir esta clase de animales híbridos en cerdos de la autóctona y verdadera raza ibérica”.  
 

La negligencia de la ENAC permite a las inspectoras convertir los cochinos de pienso en jamones de bellota
 

La subrepticia conversión de animales híbridos en porcinos de la autóctona raza ibérica, no es el único engaño que tiene que soportar el consumidor. Cada año, cientos de miles de animales cebados con piensos enriquecidos con altas dosis de formulados energéticos (alto oleico) que imitan las características de los ácidos grasos de la bellota, son contabilizados y documentados falsamente como pertenecientes a la categoría comercial de la bellota.
 

Los artificiosos y verificables incrementos de sacrificios de esta clase de animales (en muchas temporadas se llegan a duplicar las cifras de cochinos cebados realmente en la dehesa) tienen su origen en la escandalosa y consciente adulteración de los informes del control de la alimentación, y en ocasiones también los de los índices de pureza racial de los animales inventariados, que realizan algunas de las sociedades de inspección que ejercen en el sector.
 

Estas compañías independientes de control, (que operan como entidades colaboradoras de la Administración y a las que pagan los propios industriales por convertir los cochinos de pienso en animales de bellota a través de un papel timbrado) están acreditadas y reconocidas por la Entidad Nacional de Acreditaciones (ENAC).  Según pone de relieve el sitio web de ENAC, la acreditación “es la herramienta establecida a escala internacional para generar confianza sobre la correcta ejecución de un determinado tipo de actividades, denominadas Actividades de Evaluación de la Conformidad”.

 

La labor de ENAC no se circunscribe exclusivamente a la concesión de la acreditación, puesto que entre sus competencias y responsabilidades directas se localizan igualmente las de supervisar y auditar el trabajo de este colectivo. Pero la inconcebible tolerancia y permisividad desplegada por ENAC con esta camarilla de sociedades de inspección, –sobradamente conocidas en el sector–, pone al descubierto una clamorosa y palmaria dejación de funciones.

 

Tal vez el mejor ejemplo de que se ha sobrepasado largamente el nivel tolerable, son las cifras de sacrificios alcanzadas durante la montanera del año pasado.

 

La edición 2016/17 terminó con más de 720.000 cochinos declarados oficialmente como de bellota, (en años anteriores se han llegado a censar y oficializar hasta el 1.000.000 de ejemplares) a pesar de que la montanera fue tremendamente adversa y cosechó unos bajísimos niveles de producción en todas las fincas. Y paradojas del destino, las previsiones adelantadas para la actual hablan de unas cifras muy similares, aún cuando todo el mundo coincide a la hora de destacar las desfavorables condiciones climatológicas que está soportando la dehesa en este otoño, por la generalizada ausencia de precipitaciones, lo que repercute negativamente en el contenido proteico de este fruto estacional, tan codiciado por los cochinos ibéricos.
 

Visto el asunto desde cualquier ángulo, lo que sí parece claro, “es que las cifras declaradas y publicadas anualmente, evidencian las flagrantes irregularidades que acontecen y la vertiginosa descomposición de un sector que es plenamente consciente de que la capacidad  productiva de las dehesas españolas solo permite engordar 450.000 animales –como cifra muy optimista– con montaneras de excepcional abundancia y calidad de bellotas”, apuntan a La Tribuna del País Vasco un grupo de ganaderos de ibérico puro indignados con “unas políticas sectoriales que premian y benefician a los tramposos y a los falsos cerdos ibéricos”.

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