Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies

Ernesto Ladrón de Guevara
Lunes, 8 de enero de 2018

La destrucción programada de la semiótica religiosa

Guardar en Mis Noticias.

[Img #13054]

 

El fenómeno de la desvirtuación de la simbología de los Reyes Magos y de las tradiciones festivas que le vienen ligadas se ha manifestado este año con la polémica sobre la carroza de la "drag queen". A decir verdad, este sintagma nominal a mi me dice muy poco. Paso olímpicamente de las identidades sexuales y esa manía por hacer ostentación y exhibicionismo sobre las diferentes formas de ejercer la sexualidad. Me parece algo tan estúpido e infantil que me produce rubor. Pero me preocupa la insistencia en impregnar cualquier manifestación cultural con esta pose, mezcla de reivindicación frívola e insustancial y de exhibicionismo patológico.

 

Mi preocupación radica en que no es una cosa inocente y festiva. Es un diseño perfectamente gestado para modificar los usos y costumbres sociales transmitidos de generación a generación. Y eso tiene un objeto y un propósito, cual es transformar nuestra civilización occidental, modificar sus raíces, hacer un lavado de cerebro a las masas para que sus esquemas de percepción y conocimiento no tengan sustento en las bases cristianas en las que se fundamenta la cultura transmitida. Y eso sí que es grave, pues no se plantea de forma abierta y transparente, sino se gesta en la oscuridad de sectas secretas.

 

La festividad de los Reyes Magos tiene un carácter eminentemente cristiano y hoy en día se ven cabalgatas con elementos ajenos a su simbología, con una finalidad de transformar la misma en un mero espectáculo donde se pueden pasear carrozas con los "drag queen", o los pitufos, como ha sucedido en mi ciudad, junto a otros personajes de dibujos animados que nada tienen que ver con la sustancia de la festividad. Eso hace modificar de forma profunda la manera de ver las cosas de los niños y su percepción. Es como si en una procesión de Semana Santa una cofradía lleva en hombros un paso con la imagen de Mortadelo y Filemón.  Dirán ustedes que eso es una herejía. Pues todo llegará. Solo es una cuestión de tiempo. Se empieza así y se acaban convirtiendo iglesias en fábricas.

 

Pero esto que estoy diciendo solamente se aplica a los fenómenos culturales de origen cristiano. A nadie se le ocurriría hacer lo propio paseando una imagen de Mahoma tocando la trompeta. Yo mismo siento un escalofrío al poner esta metáfora irreverente hacia la sensibilidad islámica, que no pretendo ofender. Solamente es una metáfora para dar idea de que todos los ataques para acabar con esa simbología se focalizan en la religión católica. Y eso no es una casualidad. Es un hecho programado en forma de proceso. Y mientras tanto, ni feministas, ni progresistas, ni demás ralea izquierdista dicen nada sobre la discriminación de la mujer, la vejación a la misma o la falta de libertad existente en las culturas islámicas fundamentalistas que pululan en nuestro país.

 

Esta idea de transformación cultural para acabar con las bases de la civilización occidental viene al menos  de la filosofía revolucionaria catapultada por Gramsci, comunista italiano que ante la falta de receptividad de la sociedad italiana a las proclamas revolucionarias planteó que había que transformar la cultura dominante, a la que atribuía los intereses hegemónicos de la burguesía, con una idea sustitutoria que fuera algo así como un sincretismo panteísta mezclado con nuevos paradigmas basados en modificar los roles sexuales, la idea de la familia, la complementariedad de hombre y la mujer, etc; de tal manera que creados esos paradigmas culturales ex novo  se preparara el caldo de cultivo propicio para que calaran las consignas comunistas y así se lograr la revolución.

 

No es ajeno a todo ello la manía que se tiene actualmente de potenciar la inmigración islámica, pues saben que esta cultura teocéntrica es más receptiva a admitir las ideas nacionalistas y las socialistas o de izquierda revolucionaria, de tal manera que se modifican las estructuras sociológicas electorales y las cognitivas, sin que seamos conscientes de esa trasformación.

 

Estamos siendo cocidos de manera lenta, como la rana que está en el agua y poco a poco hierve sin que se dé cuenta de que llega un momento en que se le va la vida. Así terminarán con nuestra civilización occidental, a medida que van liquidando sus expresiones culturales y religiosas características.

 

No soy yo un creyente que tenga mucha fe, más bien dudo sobre todo lo que no tiene una evidencia palpable, pero me duele que se estén cargando el legado que nos transmitieron nuestros mayores, simplemente porque no tenemos derecho a hacerlo.

La Tribuna • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress