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Enikő Győri. Embajadora de Hungría en España
Viernes, 9 de febrero de 2018
El artículo de la embajadora de Hungría que El País se negó a publicar

Construyamos Europa en lugar de destruirla

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La Embajadora de Hungría en España pidió recientemente al diario El País la publicación de este artículo en respuesta a dos artículos publicados en el periódico que ofendían a Hungría, así como al pueblo húngaro. La petición de la embajadora quedó sin respuesta.

[Img #13288]Las criticas fundamentadas y tener una línea editorial políticamente marcada, entran en el marco de la libertad de opinión y del periodismo moderno. Etiquetar e insultar a un gobierno, y más aún a un pueblo, sin embargo, está fuera de este margen. En los últimos días se han publicado dos artículos en El País, uno de Xavier Vidal-Folch y otro de Juan F. López Aguilar. El primer artículo denomina como representantes del nacionalismo más racista a los gobiernos de Hungría y Polonia, y el segundo hace una comparación entre la toma del poder de los Nazis en Alemania en los años 30 y la elección democrática por tercera vez del gobierno húngaro dirigido por Viktor Orbán.

 

Estas ya son acusaciones tan sumamente graves, que sencillamente no las puedo pasar por alto. Mencionar el racismo y la Alemania de Hitler en Europa Central es algo muy serio. Aquel entonces se estableció un sistema totalitario que provocó una conflagración universal, causando la muerte de seis millones de judíos, además de los cientos de miles de víctimas de guerra. Por tanto, estas palabras no se pueden lanzar al aire y no se pueden utilizar tan a la ligera. Los mencionados señores desgraciadamente tampoco justifican estos argumentos en absoluto, los tratan como si fueran axiomas, evidencias más que obvias, lo cual considero totalmente inaceptable. El Sr. Vidal-Folch es un periodista cuyas convicciones políticas se reflejan de forma evidente en sus artículos. El Sr. Aguilar es un eurodiputado socialista que tuve el honor de conocer bien en el Parlamento Europeo, en su calidad de antiguo Presidente de la Comisión LIBE, y como tal fue testigo cercano durante largos años de varios asuntos en los que el Gobierno Húngaro fue puesto en entredicho. Precisamente él debe saber que el Gobierno húngaro siempre demostró un comportamiento constructivo a lo largo de los procedimientos de infracción iniciados por la Comisión Europea, mostrando su disponibilidad para responder a las críticas y por consiguiente, logrando que la mayoría de estos debates llegaran finalmente a un punto de inflexión.

 

No hay otro país miembro de la Unión Europea cuyas normas sobre las instituciones democráticas, la prensa y el sistema judicial, hayan sido examinadas, tan hasta el último detalle por tantas instancias europeas, como Hungría. Y nuestro planteamiento no va a cambiar, ni siquiera en caso de los expedientes recientemente abiertos, a pesar de ser conscientes de que la mayoría de estos nacieron por motivos más bien políticos que jurídicos. Estamos abiertos a cualquier diálogo o debate razonable, si se trata de ONGs, universidades o el tema que sea. Es decir, quien cuestiona la calidad democrática de Hungría, lo hace porque no conoce la realidad, o porque miente intencionadamente, o por simples motivos políticos. En el caso de los dos artículos mencionados, la intención política es más que clara. Pero ni esto legitima los insultos dirigidos a un país, ni mucho menos a su pueblo.

 

Hungría fue invadido por los nazis y luego por los soviéticos. Ambos causaron tremendos sufrimientos. Por tanto, hacer cualquier tipo de comparación en esta dirección en el Centro de Europa y calificar a cualquiera como racista, sin evocar ejemplos concretos, es más que intolerable.

 

Y ahora permítame preguntar a los autores: ¿Dónde están las víctimas, los presos políticos, la quema de libros, la estigmatización y criminalización de otros pueblos en la Hungría actual? ¿Se puede lanzar acusaciones infundadas de este modo, solo porque no nos gustan ciertas decisiones, el sistema de valores, o incluso la forma de comunicar de un gobierno? ¿Hasta qué nivel es europeo pensar que solo existe una única verdad o una única interpretación de los hechos? y ¿por qué solo se puede dar una única respuesta salvadora a los problemas más graves de nuestra realidad de hoy (la inmigración, el terrorismo, el futuro de la UE, la gestión de la crisis)? ¿Por qué se cree que acallar los problemas es la solución, en vez de decir la verdad y llevar a cabo un diálogo sincero?

 

Lo que los autores de los artículos escriben es ofensivo para Hungría y también para toda Europa Central, pero a la vez es despreciar a todos los ciudadanos europeos. ¿Por qué no consideran que ellos también merecen un debate razonable donde sea necesario usar la cabeza en lugar de decir a todo el mundo de antemano lo que deben pensar y creer sobre el mundo? Estos señores con sus artículos no hacen más que ampliar más la distancia entre la parte oriental y occidental del continente, lo que es todo, menos un planteamiento europeo. Con su actitud, precisamente ellos mismos están cavando la tumba de la Unión Europa.

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