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Ernesto Ladrón de Guevara
Lunes, 12 de febrero de 2018

Toponimia falsificada en la tierra de Sabino Arana

Guardar en Mis Noticias.

[Img #13303]

 

La toponimia, es decir el nombre de los lugares, es el fiel reflejo de la historia de los sitios, y modificarlos por la acción caprichosa de ignorantes o perversos manipuladores con fines políticos de construcción nacionalista debiera ser un delito. Pero este país es el paraíso de los bucaneros. Es una falta de respeto inaudita a nuestros antepasados, que pusieron esa denominación por algo.

 

SENTIDO Y OBJETO DE ESTE TRABAJO
    

Este trabajo pretende participar en una serie de estudios sobre la falsificación de la toponimia en España por las huestes nacionalistas; por tanto no tiene una voluntad de descripción exhaustiva ni de ser un estudio monográfico extenso, sino hacer un repaso  limitado, a modo de muestrario de lo que es una manipulación histórico-geográfica del pasado de esas comunidades  autónomas cuyos habitantes padecen desde hace cuatro decenios de una desinformación que forma parte de una ingeniería social para crear las bases de la construcción nacional nacionalista.

    

En nuestro caso, como es un muestrario a modo de ejemplo de lo que ha ocurrido en el País Vasco, tomamos como referencia principal la modificación de la toponimia en Alava, territorio sometido a una colonización cultural y a una modificación del imaginario colectivo, para atraer a los alaveses a las pretensiones nacionalistas. También, de forma puntual, tomaremos algún ejemplo de Guipúzcoa y Vizcaya.

 

Hemos de añadir que Navarra está siendo desde hace muchos años objeto de modificación cognitiva mediante procesos similares a los que se ha sometido a Alava para arrastrar a estos territorios de origen foral hacia las pretensiones de homogeneización nacionalista, con la lanar contribución de los partidos de ámbito nacional-español, que han sido cómplices de este tipo de fenómenos.

 

Como criterio, a los efectos de aceptar la toponimia, asumimos como buenos los criterios generales que se centran en estos principios:

    

1.- Respetar la toponimia histórica, con la máxima fidelidad, ajustándola al origen etimológico, etnográfico o histórico de la misma.
    

2.- Respetar su grafía y sentido etimológico y cultural, según sea la lengua en la que se ha generado.
    

3.- Aceptar su traducción a la otra lengua cooficial si no supone una modificación de su sentido etimológico o a las fuentes de su origen.
    

4.- Considerar que la toponimia es el testimonio vivo de una trayectoria histórica del lugar o enclave al que se refiere, y por tanto es un elemento fundamental de conservación de la historia del lugar e inalterable como lo es la propia historia de los antecesores de los actuales habitantes. Un respeto de ese hecho es fundamental para poder hacer justicia a nuestros ancestros.


ORÍGENES Y EVOLUCIÓN DE LAS PROVINCIAS VASCONGADAS
PUEBLOS Y TRIBUS EXISTENTES EN LA VASCONIA CON ANTERIORIDAD A LA ROMANIZACIÓN DE LAS ACTUALES PROVINCIAS VASCONGADAS

    

Para elaborar este epígrafe vamos a adoptar los criterios del eminente historiador medieval Claudio Sánchez Albornoz y del etnógrafo Julio Caro Baroja, aunque ni mucho menos son los únicos que abonan este ámbito del conocimiento, podríamos también hacer una fundamentación de autoridad en la prolífica y referencial obra de Menéndez Pidal, Valdearellano, y muchos otros que convergen con la obra de Sánchez Albornoz y Caro Baroja.


Es fundamental remontarnos a la época prerrománica para entender los orígenes y evolución de las lenguas en España. Es decir, al nacimiento de los topónimos y naturaleza de los pueblos que en aquellos remotos orígenes dieron lugar a los cimientos filológicos y antropológicos que posibilitaron la toponimia que hemos heredado, para comprenderla; y así ver su evolución. Y, de la misma manera, entender los actuales territorios vasconizados y su naturaleza.


Sin entrar en demasiados detalles para evitar la extensión excesiva de este trabajo, Sánchez Albornoz sitúa en las actuales provincias vascongadas y Navarra a estas tribus prerrománicas: Vascones, al sur de los Pirineos, en el norte de la actual Navarra; Várdulos, en la zona oriental del actual País Vasco; Caristios, en la franja intermedia del País Vasco, desde la costa hasta los límites de la actual Alava, y Autrigones en los confines de Alava al occidente.


Se atribuye que Várdulos, Caristios y Autrigones, habitantes en lo que hoy es la Comunidad Autónoma del País Vasco, eran tribus celtas. Los vascones tenían un origen íbero, y Várdulos, Caristios y Autrigones estaban en el ámbito de los pueblos cántabros, como bien atestigua el propio nombre de la Sierra de Cantabria.

 

Este cordal de montañas separa las tierras del Condado de Treviño y de Alava de las de la Comunidad de la Rioja. Los nacionalistas han tratado de modificar el topónimo con la denominación de Sierra de Toloño, topónimo éste que es de origen latino y procede de Tullonium que era el nombre del enclave donde hoy se sitúa el pueblo y ayuntamiento de Alegría; que, a su vez, ha sido contaminado con el término de Dulantzi, sin precedentes en la paleografía histórica ni en la archivística que fundamenta los usos terminológicos de ese lugar.  


Sánchez Albornoz dice al respecto que “Tuve a várdulos, caristios y autrigones, es decir, a los vascos de hoy, por miembros de la gran familia cántabra al estudiar las tribus que habitaron el solar geográfico del reino de Asturias en la época romana. Los diferencian de los vascones: los geógrafos, la arqueología y la historia.”  “Los romanos distinguieron con nitidez a los vascones de los várdulos y los caristios; incluyeron a los primeros con los otros pueblos del Ebro, en los Conventus jurídicus caesaragustanus, cuya capital era Zaragoza, y a los segundos, con los cántabros, en el Conventus cluniensis”. 

 

Caro Baroja defendió con argumentos de peso que cántabros, autrigones, caristios y várdulos hablaban una misma lengua y que era segura su unidad cultural y vital. Y dice que “no hace mucho, al historiar la lengua vasca en relación con la latina, ha reconocido aún que ninguno de los pueblos que Ptolomeo incluye dentro del territorio várdulo o caristio tiene nombre de claro tipo vasco-aquitano. Y los textos históricos reunidos por Schulten hace muchos años aseguran la perduración de las diferencias históricas entre los vascones de hoy hasta el año 808. Por tanto, no sólo es lícito si no obligado establecer en las sierras de Urbasa, Andía y Aralar la frontera perdurable que ha separado dos comunidades históricas dispares. La Euzcadi de hoy de la Navarra milenaria.  Los navarros o eran iberos puros o hermanos de los puros íberos o estaban profundamente iberizados; y los habitantes de la depresión vasca si no eran cántabros estaban muy emparentados con ellos.”


Dice Sánchez Albornoz que “Esa penetración vascona en tierras de várdulos y caristios que nadie tiene por íberos, explicaría, además la adopción de ellas de instrumentos y prácticas también usadas en Vasconia y de origen ibérico, por ejemplo, la adopción de la rueda maciza empleada hoy (cuando el historiador escribió el libro “Vascos y Navarros en su primera historia”) […]”.


Caro Baroja reconoce que “Probablemente el origen de los pueblos con nombres terminados en -ain de Guipúzcoa y este de Alava está estrechamente vinculado a un periodo en que los navarros colonizaron parte de las tierras abandonadas, o poco pobladas de aquellas regiones y que tales nombres no sean producto de una evolución fonética característica de alaveses o guipuzcoanos”.

 

Y afirma que es el resultado de la romanización de Vasconia, contrariamente a lo que afirman los nacionalistas respecto a la naturaleza euskérica de este sufijo. Lo mismo ocurre respecto a los terminados en -ano, como Miñano, de claro origen latino pese a lo que han insistido los intérpretes nacionalistas sin ningún fundamento. O los terminados en -iz, como Albéniz. Por ejemplo el topónimo “Munain” en el municipio de San Millán. Lo que prueba la vasquización progresiva de esos territorios, ya que no existe este fenómeno en el oeste de Alava en los siglos V y VI. 

 

Y dice Sánchez Albornoz que “La entrada de navarros en ellos -territorios de Vardulia y Caristia- no pudo tener lugar durante los siglos VIII y IX, pues el país vasco actual se hallaba entonces unido al reino de Oviedo y Navarra giraba en la órbita de la España musulmana, incluso después del año 800, en que los Arista se alzaron en Pamplona; lo he demostrado […].  Esta vasquización fue tardía, pues caristios y várdulos recibieron el latín de los conquistadores romanos. No podía ser de otra manera como lo prueba la existencia de la vía desde Astorga hasta Burdeos que pasaba por el corazón de la Llanada alavesa por donde ahora cruza la Nacional nº 1. Antes de vasconizar las actuales provincias vascongadas lo hicieron colonizando Aquitania -la actual zona vasco-francesa- empujados, probablemente por las invasiones godas que presionaban sobre la Vasconia de entonces.”

 

Caro Baroja cita que “Ninguno de los pueblos que Ptolomeo incluye dentro del territorio várdulo tiene nombre de claro tipo vasco-aquitano, los nombres que da parecen celtas o ligures” y “análogas dificultades ofrecen los nombres de la tribu de caristios y sus ciudades”.


 

Tras la romanización de la península, en la que los vascones colaboraron con los romanos al proceso de colonización de las tribus prerrománicas, con las guerras cántabras como contexto, llegaron los pueblos bárbaros germánicos, y la modificación de la Hispania romana a la visigótica. El islam llegó a la península en el año 711 y en el siglo IX y X se produjeron los inicios de reconquista y repoblación que posibilitó el nacimiento de Castilla, a la que Sánchez Albornoz atribuyó a los vascones su germen y por ello llamó a Vasconia la abuela de Castilla.

 

En el corredor entre Santoña y el oeste de Alava por el valle de Mena se gestaron los procesos de repoblación y presura, la constitución de monasterios y tierras repobladas, y el fenómeno sin parangón del nacimiento del castellano, cuyo lugar más destacado por tener los primeros testimonios escritos de lengua romance fue la colegiata de Valpuesta, cabeza de la diócesis del occidente que compartía cabecera eclesial en Alava con Armentia, a pocos media docena de kilómetros de una Vitoria fundada por Leovigildo.

 

Es, por tanto, Alava, en tierras de autrigones, cuna del castellano, anterior a Berceo. Por eso Sánchez Albornoz afirma que “Poseen los vascos una contextura temperamental propia, como poseen otras distintas cada una de las agrupaciones regionales hispanas; pero su estructura funcional no los distingue radicalmente de los demás grupos humanos de España. Las características, ditirámbicas o peyorativas, que se les atribuyen coinciden en su esencia con las que constituyen la esencia de lo hispánico. Es sugestivo el paralelo entre la manera de estar en la vida que suele definirse como típica de los españoles y la contextura vital de los éuscaros o vascos; ese paralelo descubre el estrecho parentesco que las une. Tal coincidencia se explica sin esfuerzo, pues ha sido en Castilla donde se ha forjado el arquetipo de lo hispánico y lo castellano es en buena parte prolongación histórica de lo vasco. Son mayores las diferencias que van apartando a lo éuscaro de los estilos de vida de las otras comunidades humanas de Hispania. Desde el sencillo y rígido pivote de Vasconia, las varillas del abanico español avanzan lentamente hacia el barroquismo portugués, el barroquismo andaluz y el barroquismo levantino. Lo vasco sería la raíz cúbica de lo hispano; y lo portugués, lo andaluz y lo levantino, lo español elevado al cubo[…] El que hoy llamamos español es tan legítimo patrimonio de los habitantes de Euscadi como de los hijos de Castilla. Muchos vascos comenzaron a hablarlo tan temprano como los primitivos castellanos, mucho antes que los castellanos del Duero hacia el Sur. Y es notorio que en él se escribieron las más viejas leyes constitucionales de los vascos: sus fueros. Mas, aunque así no fuese, nunca el éuscaro separaría a los vascos de los españoles. Porque no es una lengua más en la Península. Es una lengua hablada en la remotísima España neolítica […] y está íntimamente emparentada con la que empleaban los íberos levantinos antes de su romanización o está inundada y saturada de Iberismos […] Es por tanto el habla de una gran parte de los españoles primitivos y no puede por ello constituir base segura de una segura distinción nacional frente a España.”


LAS TRAMPAS TOPONÍMICAS PARA OCULTAR LA REALIDAD HISTÓRICA DE NUESTROS PUEBLOS


Hay diferentes maneras de “trucar” lo que es la toponimia.


1.- Modificar la grafía del topónimo introduciendo caracteres que corresponden al “batua”, o euskera oficial que aglutina a los diferentes dialectos del vasco. Con lo cual se vulnera el principio del respeto al origen del topónimo y a su tradicional escritura.


2.- Compatibilizar en doble denominación un topónimo con un asentamiento anterior a la fundación de la villa o puebla de origen medieval, remontándose a los antecedentes al hecho fundacional de esa población. De tal manera que también se modifica “ex novo” la forma tradicional de denominar el enclave o la villa o población fundada por un rey sea navarro o castellano.


3.- Traducir al euskera el término castellano, modificando el origen del topónimo y su uso tradicional a lo largo de siglos, mientras que, paradójicamente, no se hace lo propio con los topónimos de origen eúscaro.


4.- Eliminar uno de los dos términos del sintagma nominal con el que se nombra el topónimo, de tal manera que se desfigura su origen medieval y su fundación real.


5.- Inventarse, sin más otra denominación que no tiene ninguna raigambre ni uso en los tiempos pretéritos hasta hoy, entendiendo por hoy los últimos 40 años.


En consecuencia, pasamos a hacer una valoración de un repertorio de topónimos a los que se ha mutilado su sentido original, su contenido semántico, o su léxico primario o grafía. No tenemos ánimo de hacer una descripción pormenorizada o exclusiva, sino simplemente ejemplificar con casos muy llamativos esa modificación artificial para mutilar su sentido histórico y la tradición en su uso, con fines exclusivamente de construcción nacionalista.


Muestra de topónimos que sirven de ejemplo de la manipulación, falsificación o rediseño de los topónimos


Siguiendo la clasificación anterior sobre las trampas para ocultar la veracidad histórica de los topónimos tradicionales vamos a agrupar ejemplos que certifican que se ha estado configurando un mapa de toponimia que refleja una realidad inexistente.
 

Es cierto que hay muchos topónimos de origen euskérico. Esos topónimos que vienen del proceso de vasconización de los actuales territorios vascongados, tal como hemos referido en los apuntes introductorios a esta descripción, tienen la misma legitimidad histórica para pervivir que los que no lo son. No vamos a referirnos a ellos pues en ese caso no se ha producido ninguna transgresión. Vamos a dar cuenta de algunos de los que sí han sufrido una modificación no justificada desde el plano histórico o etnográfico. Solamente vamos a referirnos a algunos ejemplos, ya que una relación exhaustiva haría excesivamente extenso este trabajo descriptivo. Y vamos a referirnos fundamentalmente a Alava, territorio que se toma como ejemplo, aunque también extenderemos la referencia a algunos casos de Guipúzcoa o Vizcaya.


GRUPO 1º: (Modificar la grafía del topónimo introduciendo caracteres que corresponden al “batua”, o euskera oficial que aglutina a los diferentes dialectos del vasco. Con lo cual se vulnera el principio del respeto al origen del topónimo y a su tradicional escritura).


Ejemplos:
    

Aramaio.  Otxandio. Miñao.  Aprikano, etc. Su denominación original es Aramayona, Ochandiano,  Miñano, Apricano  etc.  Estos topónimos tienen un origen latino, tal como manifiesta Caro Baroja. En Vizcaya existen varios, cuya paleografía muestra que no hay testimonios de origen euskerico, y sí celta o romano.  Tal como refiere Salaberri:

 

“Así pues, del análisis de las fuentes de los autores antiguos debemos constatar una vez más su pobreza, muy notable en el caso de Gipuzkoa y completa, o poco menos, en el caso de Bizkaia. En lo que concierne a la epigrafía y toponimia romanas del territorio de Gipuzkoa, los datos son igualmente muy escasos, ya que apenas dos inscripciones (Ciprés, 2006: 85-128) y una docena de topónimos nos señalan la presencia romana (Yarza, 2014). Sin embargo, en Bizkaia el panorama en estos ámbitos cambia radicalmente, habiendo constancia de dieciséis testimonios epigráficos (Ciprés, 2006: 85-128) de época romana, en catorce casos estelas funerarias y en los otros dos sendos miliarios, considerados estos últimos falsos por algunos autores (Fernández Palacios, 2004: 479, n. 1), sin entrar a citar piezas de otros campos como la arqueología, la numismática, etc. (Ybarra, 1955: 11-43), así como de decenas de topónimos, de onomástica mayoritariamente de procedencia romana en nuestra opinión, presentes en el nombre de localidades y barrios del territorio, hecho el más revelador del contacto del mundo romano con esa zona del Cantábrico. En varias de las estelas se lee su texto, siempre en latín y conteniendo apelativos de herencia romana, sin señales de antroponimia indígena, fuera esta la que fuere.”   En este caso podemos recoger los topónimos Lemona (Lemoa), Galdácano (Galdakao), etc.  

    

Los terminados en –iz, Como Lemoniz, Albéniz, Trocóniz, etc. Cuyo significado etimológico tiene un sentido de pertenencia a…   Por ejemplo, Albéniz, lugar que se encontraba en Alba (poblado romano situado en la vía romana de Astorga a Burdeos en uno de sus millares) Testimonio paleográfico de la existencia de ese asentamiento son los sillares con restos de grafía latina en la Iglesia de San Román de San Millán a escasos dos kilómetros, que muestran la reutilización de fábrica arquitectónica romana. Es uno de los casos más sangrantes de manipulación pues no puede ser Albeiz para dar sensación euskerica, ya que su procedencia es nítidamente romana. Lo mismo cabe para Estíbaliz, etc. Lo refiere Salaberri, pero sobre todo Caro Baroja.

    

He puesto solamente dos ejemplos de sufijos latinos. Caben otros, referidos en la múltiple documentación medieval. Por ejemplo: Eguílaz (Egilaz) Antezana (Antetza) Castillo (Kastelu) Crispijana (Krispijana), etc. Cuya mención en la documentación histórica desde los orígenes del medioevo los contempla en su versión tradicional, no en la modificada por el capricho de algunos que no se sabe de dónde se sacan esos topónimos.

    

El ejemplo para mí más evidente es el de mi pueblo: San Román de San Millán, al lado de Albéniz, ya mencionado. Un día miré en las páginas blancas del telefónico para llamar a mis tíos y cuál fue mi sorpresa que no estaba mi pueblo incluido. Tras revisarlo varias veces me encontré con el término Durruma (Contracción de Done erroma) sin precedentes ni próximos ni lejanos pues yo he nacido allí y de allí es mi familia materna. Nadie sabe en el pueblo de donde viene el término. Pregunté a un especialista y me indicó que había un mortuorio (población desaparecida) sin que me especificase época ni siglo. En todo caso, aunque lo hubiera eso no justifica el cambio de denominación, pues es la que siempre ha tenido el pueblo.

 

Otro ejemplo más que evidente es el enclave donde existe un yacimiento arqueológico romano, y por tanto de tal origen, Arcaya.  Quien dirigió esa excavación me explicó los detalles de la misma y no hay lugar a duda. Es de origen latino. Le han puesto el topónimo alternativo Arkaia, cambiando su grafía.

 

Es muy interesante lo que nos dice el profesor Ciérbide respecto a los nombres de origen latino, que da autoridad a las afirmaciones aquí contenidas. Puede leerse aquí.

 

Entre las fuentes de autoridad para reafirmar este criterio expuesto está el “Diccionario geográfico-estadístico de España y sus posesiones de ultramar” de Pascual Madoz (1842-1850) publicado en edición facsímil por las Juntas Generales de Alava. En ese Diccionario todos los topónimos de Alava están en su versión original que es la que viene en toda la paleografía y archivística al efecto. Esta archivística ha sido constatada por el que escribe este trabajo con ocasión de la investigación de su tesis doctoral, titulada “La conformación del sistema educativo en Alava (1856-1930). Centralización y Foralismo”, pero también se puede contrastar en la denominación de los topónimos en la magna obra de catalogación del Patrimonio artístico de Alava realizada por la fallecida investigadora Micaela Portilla, maestra en el estudio del legado transmitido por generaciones.

 

No ofreceremos estas fuentes de autoridad, y otras muchas que podríamos citar, para no aburrir al lector en la fundamentación de los siguientes grupos de falsificación, pero es aplicable en toda la extensión de este trabajo.

    

Parece lamentable que una neolengua como es el batúa condicione la grafía de todo un compendio de restos históricos transmitidos durante siglos a las generaciones presentes.

    
Pasamos, por tanto, al GRUPO 2º (Compatibilizar en doble denominación un topónimo con un asentamiento anterior a la fundación de la villa o puebla de origen medieval, remontándose a los antecedentes al hecho fundacional de esa población. De tal manera que también se modifica “ex novo” la forma tradicional de denominar el enclave o la villa o población fundada por un rey sea navarro o castellano)
    

 

Posiblemente el País Vasco es el lugar de España con más fundaciones reales tanto navarras como castellanas, precisamente por ser Vasconia la abuela de Castilla como bien aplica su metáfora Claudio Sánchez Albornoz en su obra “Vascos y Navarros en su primera historia”, o en “España, un enigma histórico.

    

Dice el profesor Ciérbide:  
    

 

“En tercer lugar, es digno de mencionar a la hora de considerar esta relación toponímica alavesa, aquellas voces que contienen el elemento villa como primer o segundo término o acompañado de un adjetivo. J. Caro Baroja, señala al respecto que todo el occidente de Europa abunda en nombres de lugar en los que el elemento villa forma parte de los mismos, unas veces en primer término, seguida de un nombre de persona, o en segundo lugar, precedido de un antropónimo, y no faltan casos en los cuales va asociado a un calificativo. Hay quienes piensan que los pertenecientes al primer grupo son más antiguos que los del segundo. Así tenemos: Villamaderne, Villambrosa, Villoria, Villodas y probablemente Viñaspre (Villa Aspera) Berantevilla, etc. En el tercer grupo tendríamos Villabuena- Villaescuerna, Vzllafianca de Estíbaliz, Villalegre de Andollu, Villaluenga, Villafría, Villarreal, Villaverde, etc., frecuentes sobre todo en la zona occidental y meridional.”

    

Se me haría imposible citar todas las fuentes secundarias que hablan de la fundación de villas y privilegios de villazgo en el País Vasco.  Por eso, a manera de contextualización voy a referirme a Caro Baroja, cuando dice en su libro “Vasconiana”  que “el país vasco-navarro por el Sur, está defendido por unas líneas de castillos y pueblos fortificados, queda luego flanqueado también por unas vías de comunicación o circulación general, en las que de trecho en trecho, se alza una ciudad-puente, y estas ciudades puentes se construyen con arreglo a principios de planificación bastante homogéneos, que luego se aplican, en parte, a otras urbanizaciones concebidas en función de otras razones e intereses, de suerte que van surgiendo  cada vez más al interior del país o se van desarrollando a lo largo de la red principal establecida tiempos atrás.  
La importancia de los reyes de Navarra en las empresas urbanísticas es muy grande
[…]”

    

“La creación, junto a la vieja ciudad de Pamplona [Pompaelo en tiempos de los romanos y que ahora la llaman Iruña, no sabemos por qué] -una de las pocas del Norte que tiene continuidad en su existencia desde la época romana-, de unos “burgos” de francos, del elemento racial distinto al indígena[…]

    

Pero entre la fundación de las poblaciones que se colocan a lo largo del camino de Santiago y aquella guerra horrible, se dan otras fundaciones que provocan, también, apetitos y luchas, que parecen, y hasta cierto punto son, producto de una concepción cultural, pero que en torno tienen algo más que puras intenciones culturales.

    

A este respecto, son significativas las fundaciones que hace Sancho el Sabio de Navarra, dentro del antiguo condado de Alava, en Guipúzcoa y en las zonas fronterizas de su propio reino. Todavía hay gente chapada a la antigua que a Laguardia la denominan Laguardia de Navarra, y en verdad que fue una fundación de aquel monarca para “guardar” su tierra en un punto decisivo. […]   Crea en Guipúzcoa, tierra problemática, una ciudad marítima y comercia, [San Sebastián], y en el condado de Alava, dos grandes núcleos desde donde ejercer su influencia, frente a una nobleza rural poco segura. El esquema cultural es robusto. El esquema político refleja inseguridad cuando menos.  Resulta, así, que no mucho tiempo después de muerto el fundador, Laguardia queda como baluarte navarro en situación cada vez más comprometida y que Vitoria y Salvatierra pasan a poder de los reyes de Castilla, en una lucha unida a una maniobra también oscura, pero en la que se puede ver el efecto de la interna división en bandos.[…]”

    

“Hay un aspecto de las fundaciones que es muy significativo, el de los nombres nuevos que se les dan. Son nombres con aspecto castellano; pero tras esta castellanía aparente y visible, hay también un “estilo” romance, europeo, occidental. Villarreales, Villafrancas, Villanuevas, Salvatierras, Monreales, Mondragones, Mirandas, Laguardias, etc., son nombres que se imponen en el fuero fundacional, como por voluntad regia, y nombres paralelos hay en Francia, Italia, Portugal, en otros reinos peninsulares e incluso, con arreglo al grupo idiomático distinto, en Inglaterra y aun Alemania. Por encima, pues del concepto castellano o castellanizado, hay un concepto europeo que se impone en varios estados […]  [Bastides] La palabra ha servido, desde el siglo XIII, en todo el mediodía de Francia, para designar núcleos urbanos edificados o planificados de un golpe, según plan preconcebido y en forma contractual. La razón del nombre   se busca en “fortificación” Hay, así, “bastides” o ciudades nuevas fundadas, en su mayor parte, de 1230 a 1350.”   Por ejemplo, la villa de La Bastida, a la que el conglomerado nacionalista le ha cambiado graciosamente el nombre para llamarla “Bastida”, desconociendo la razón por la que le quitan el artículo.

    

En referencia a Mondragón dice que la carta fundacional alude al escudo   que muestra a un dragón, símbolo de la vigilancia en heráldica, […] “En realidad, el nombre se encuentra fuera, en el área francesa. Mondragón se explica en función de que es la entrada a Guipúzcoa por el sudoeste, en la linde con el Señorío de Vizcaya y el antiguo condado de Alava. La fecha de carta puebla 1268) es un poco posterior a la de la fundación de Segura (1256), que hay que explicar en función de que es la entrada a Guipúzcoa por el Sudoeste, del reino de Navarra. […] En cambio, no les ocurre lo mismo a otras pueblas más modernas del curso del Oria, como Villafranca y Tolosa.”

    

“Así como se constituyen familias de fueros, se pueden constituir “familias” de pueblos; de suerte que Laguardia, Vitoria y Salvatierra, podrían servir para fijar los rasgos de una; Mondragón y otras fundaciones más septentrionales, en las fronteras de Guipúzcoa, Alava y Vizcaya actual, nos darían los de otra. Bilbao y las otras villas vizcaínas citadas, los de un tercer grupo más moderno, pero del que ignoramos, pese a ello, los rasgos originales en su alzado”

    

Respecto a Vitoria dice: “Allá por el año 1181 la llanada de Alava estaba, en gran parte al menos, dominada por el rey de Navarra. Y éste, que era por entonces D. Sancho el Sabio, fundó en un punto donde antes ya había un poblado (el de Gazteiz, que cita la llamada “reja de San Millán” en (1025), una villa nueva a la que llamó Victoria o Vitoria, no se sabe bien por qué motivo” Otros autores atribuyen la fundación de Vitoria a Leovigildo.

    

No es objeto de este trabajo un estudio pormenorizado y exhaustivo, pero los casos mencionados pueden ser ejemplo de la intencional modificación de topónimos que tienen un origen claro de fundación o privilegio real, bien modificando su nombre, mutilando parte del mismo, o yendo a un topónimo anterior a la fundación real, el caso es evitar a toda costa el peso de la historia para dar una imagen de que el euskera lo ha impregnado todo, cuando no es cierto si atendemos a las fuentes primarias.

  

 Veamos… ¿Por qué a Vitoria se le añade el topónimo Gasteiz cuando fue un poblado previo? ¿Y si hubiera otros asentamientos anteriores, tendríamos que poner encadenadas todas las denominaciones? ¿No es más lógico respetar la denominación de la fundación que ha dado píe a la ciudad en la que vivimos en su fórmula más acorde a la realidad urbana? Lo mismo ocurre con Salvatierra (Agurain), Alegría (Dulantzi), Laguardia (Biasterin), Villarreal de Alava (Legutiano o Legutio), Villafranca de Ordicia (Ordizia), Bilbao (Bilbo), Fuenterrabia (Ondarribia), San Sebastián (Donosti), Mondragón (Arrasate), y un largo etc, que no vamos a mencionar para no extendernos.

    

El GRUPO 3ª (Traducir al euskera el término castellano, modificando el origen del topónimo y su uso tradicional a lo largo de siglos, mientras que, paradójicamente, no se hace lo propio con los topónimos de origen eúscaro) es más que evidente, y no voy a justificarlo, pues después de lo dicho no hay lugar para ello)

    

El criterio que debería haberse utilizado es el de respetar la grafía original, la documentada. Sería una larga retaila de términos modificados caprichosamente.

    

Ejemplos;  solamente de Alava:

    

    Chinchetru…………….. Txintxetru
    Zuazo…………. ……….  Zuhatxu
    Antezana……………....    Antetza
    Ascarza…………….…..   Azkartza
    Castillo………………..    Kastelu
    Gamarra Mayor…….  Gamarra Nagusia
    Hueto abajo………...    Oto Goian
    Crispijana………..….    Krispinjana
    Miñano…………..….      Miñao
    Yurre……………..…      Hiurre
    Cerio………………..       Zerio
    Yécira………………        Iekora
    Zalduendo……….       Zalduondo
    Apodaca…………..      Apodaka
    Gorbea…………….       Gorbeia
    Mendijur…………..     Mendixur
    Oquina…………….       Okina
    El Villar…………….      Villar (villa de realengo)
    Cuartango…….......      Kuartango (nombre romano, descrito por Caro Baroja y otros)
    Apricano…………         Aprikano
    Salinillas de Buradón….  Galtzaga ¿.?
    Lanciego…………..        Lantziego
    Oquendo…………         Okendo
    San Millán……….           Donemiliaga
    Yurre……………..            Hiurre
    Yécora…………….           Iekora
    Apodaca…………..           Apodaka

    

Etc.

 

¿Y por qué a Alava hay que denominarla Araba si no hay precedentes paleográficos ni Archivísticos?  ¿Y a Vizcaya, Bizkaia?  ¿Y a Guipúzcoa, Gipuzkoa?  ¿Por qué tanta arbitrariedad?

    

GRUPO 4º. No es el único caso, pero sí uno muy significativo.

    

En Guipúzcoa existe una localidad que siempre se ha llamado Villafranca de Ordicia. Era una localidad que tenía privilegio real por causa de ser una ciudad-puente según la clasificación de Caro Baroja; es decir, una población que sirve de vía de paso entre zonas geográficas y, por tanto, en la Edad Media de suma importancia. En ese mismo caso está Tolosa.  Si lleva el nombre castellano Villafranca es porque tenía exenciones y franquicias, es decir privilegios de realengo. ¿Qué propósito tiene quitarle el nombre Villafranca dejando solamente Ordizia(sic) como nombre del pueblo? Sin duda hacer tabla rasa de la historia del pueblo y mutilarla para que no exista en el acerbo colectivo de su población su origen real, es decir su vinculación con los reyes de Navarra y después de Castilla.

    

A juicio del que escribe esto es un delito, pues se hurta a las gentes el conocimiento de su historia.

    

No voy a extenderme más, pero es significativo.

    

GRUPO 5º. (Inventarse, sin más otra denominación que no tiene ninguna raigambre ni uso en los tiempos pretéritos hasta hoy, entendiendo por hoy los últimos 40 años)

    

Ejemplos:  Valdegovía… Gaubea. ¿De dónde ha salido eso?  Según el descubridor de los cartularios de Valpuesta, primeros textos en lengua romance, este topónimo deriva de “valle” con el semantema “gova” (cueva), es decir valle de cuevas.

    

Es significativo lo que pone Wikipedia en torno al cambio del topónimo Villabueva, en el La Rioja. Es la viva muestra de la realidad:
 

“Antiguamente era una aldea de Laguardia llamada Villaescuerna. En 1661 obtuvo el título de villa, momento que aprovechó además para cambiar su nombre, que resultaba al parecer malsonante, por el de Villabuena de Álava.
 

Cuando el ayuntamiento quiso adoptar una denominación bilingüe para el municipio se produjo cierta controversia, ya que no existía una forma tradicional del nombre en euskera. Se barajó la posibilidad de llamar a la población Uriona, que es la traducción literal de Villabuena al dialecto occidental del euskera. Otros propusieron utilizar el nombre antiguo de la población, Villaescuerna, que fue adaptado de una forma vasquizada dando origen a Eskuernaga, nombre que finalmente aprobó el ayuntamiento. Su denominación oficial actual bilingüe fue adoptada por resolución del 20-11-1996 (Boletín Oficial del País Vasco 04-12-1996 y Boletín Oficial del Estado 12-02-1997). Sin embargo, la Real Academia de la Lengua Vasca no reconoce este nombre como correcto.”

 

Nanclares de Oca... Langraiz. ¿Por qué Langraiz si siempre se ha llamado Nanclares de Oca y no hay antecedentes de otro término y mucho menos Langraiz?
        

Maestu…………………..Arraia. ¿Por qué?
        

Baños de Ebro……….   Maiueta  ¿Por qué?

 

Etc.

 

El paleógrafo Saturnino Ruiz de Loizaga se suele doler con amargo lamento de los caprichos del poder dominante de signo nacionalista con la ovejuna complacencia de los no nacionalistas al cambiar los nombres de los pueblos.  

 

En su caso es un profundo conocedor del occidente de Alava, de la toponimia y de su origen clarísimamente latino o romance. En su libro “Lengua y cultura en Alava  (siglos IX al XII)” hace un repaso concienzudo a los topónimos del Valle de Valdegovía y adyacentes, cuna de la lengua romance, es decir del castellano.

    

Un caso sangrante que borda el ridículo más absoluto es el de Salinas de Añana, población importantísima desde época de los romanos por sus salinas, y citada reiteradamente en la Reja de San Millán por su valor económico y estratégico en la Edad Media, debido a sus sales de magnífica calidad que brotan del subsuelo en forma de diapiro.

    

Otros ejemplos:  Cárcamo no es karkamu como viene en el nomenclátor de Alava porque el sabio franciscano dice que “Existe en el diccionario de la Academia la palabra “cárcamo” o hueco en el que juega el rodezno de los molinos, que se emplearía también en el sentido de “carroña”, viejo achacoso y de aquí el derivado de “carcamal”, cosa destrozada.

 

Ribavellosa no es Ribabellosa porque viene de riba vellosa, es decir ribazo lleno de musgo, ya que el término “vellosa” viene del latín y significa “velloso o peludo”.


Con este relato, parco en extensión por necesidad, culmino una aproximación a la manipulación de los topónimos por nuestra clase política que no respeta ni las tradiciones ni los orígenes de nuestros pueblos y ciudades.

    

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