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Raúl González Zorrilla. Director de La Tribuna del País Vasco
Jueves, 22 de marzo de 2018
50 años de Lagun

Lo que escribí entonces: "Vergüenza entre los libros"

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Hoy, cuando se cumplen 50 años de Lagun, el gran referente cultural donostiarra contra el totalitarismo, rescato este texto que publiqué en un periódico local en abril de 2001, en plena vorágine de ataques proetarras contra la librería.

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Entre estos numerosos hombres y mujeres vascos que están impulsando el rearme moral de la ciudadanía, apostando por la defensa sin fisuras de los Derechos Humanos y recordando en todo momento quiénes son los que matan y quienes son los que mueren, no se encuentran los libreros donostiarras quienes, hace algunos días, han vuelto a dar un ejemplo absolutamente patético de raquitismo democrático, de nula sensibilidad colectiva y de una insolidaridad absoluta que sólo puede explicarse por un inconcebible acatamiento global de la ignominia o por el miedo que tienen muchos a convertirse en futuras víctimas del terror.


Ayer lunes, día 23 de abril, los libreros de esta ciudad, liderados por su correspondiente asociación, celebraron el Día del Libro con diversos actos que trataron, fundamentalmente, de sacar las obras literarias a la calle y, por lo tanto, de acercar a los guipuzcoanos todo ese inmenso caudal de conocimientos, de reflexión, de aventuras y de disfrute estético que va asociado tanto al acto de escribir como a la buena costumbre de leer.

 

Pues bien, por desgracia, este ánimo por popularizar la cultura se convirtió, especialmente en San Sebastián, en una cruda afrenta a las víctimas del terrorismo y, especialmente, en una incomprensible muestra de falta de respeto para quienes, desde hace demasiados años, sufren directamente los ataques encarnizados de quienes, sin compasión, asesinan a intelectuales, agreden a profesores o amenazan a periodistas.

 


A largo de los últimos doce meses, uno de los mayores ataques que se ha producido en Europa a la libertad individual en general, y al libro como vehículo casi sagrado de transmisión de valores y conocimientos en particular, es el que se ha perpetrado en San Sebastián contra la librería "Lagun", que durante años ha sido repetidamente atacada, incendiada, mancillada, calumniada y, finalmente, destruida en su propia esencia cuando el pasado día 15 de septiembre la banda terrorista ETA intentó asesinar a José Ramón Recalde, político socialista de brillante trayectoria siempre conciliadora, lúcido pensador y marido de María Teresa Castells, responsable de la librería "Lagun".


Cualquier ciudadano demócrata de este país, que conoce el papel esencial que "Lagun" ha desempeñado en la defensa de las derechos individuales de las personas, en la dinamización de la reflexión intelectual y en la protección a ultranza de los valores de la tolerancia y de la dignidad de pensamiento, hubiera imaginado que, solamente unos meses después de su cierre, el Día del Libro que se celebrara en Donostia estuviera dedicado, qué menos, a recordar, a homenajear, a honrar y a apoyar a un centro de sabiduría, a un templo de la independencia intelectual, que tras su cierre por la presión totalitaria de los criminales nos ha dejado a muchos vascos huérfanos de letras, carentes del oportuno consejo a la hora de enfocar nuestras lecturas y privados de un espacio ideal para hacer una de las cosas que más nos gustan en este mundo: mirar libros con detenimiento, comprar libros con compulsión y hablar de libros sin prisa pero sin pausa.


Cuando se sabe que "Lagun" está apostando por su difícil reconstrucción en la misma ciudad de la que algunos la quieren hacer desaparecer y cuando desde hace muchos años sabemos que cualquier atentado contra las letras es un ataque contra la libertad de expresión, pilar fundamental de nuestras sociedades, lo que ocurrió el pasado lunes en nuestra ciudad se convierte en una auténtica afrenta a todas las personas que en este país han dado su vida por la democracia y contra todos aquellos que hoy en día ponen cotidianamente en juego su existencia para que todos podamos disfrutar de los valores de la tolerancia, la democracia y la libertad.


Décadas de exposición directa al crimen que siempre debía de ser aceptado en silencio, años de convivencia con quienes han justificado y alentado los asesinatos más crueles, y demasiado tiempo de justificar a los verdugos y de despreciar a las víctimas, han provocado que el País Vasco de nuestros días siga estando atemorizado por el terrorismo, pero que, además, carezca de las defensas suficientes y de la habilidad pertinente para protegerse de la constante disolución ética que provoca la invariable comisión de delitos que en demasiadas ocasiones quedan impunes. En esta situación de desmoronamiento general, que quienes se llaman a sí mismos libreros destaquen de un modo sobresaliente por sus silencios cómplices, por sus olvidos voluntarios y por su incapacidad para defender el derecho de todos a promover la cultura, solamente puede llevarnos a la desazón, la indignación o el desaliento.

 

En otros lugares de Europa y en otros tiempos oscuros, no pocos propietarios de librerías franceses o alemanes lucharon con uñas y dientes por defender un puñado de libros cargados de ideas, emociones y sentimientos. Obviamente, no ocurre lo mismo en San Sebastián en particular y en el resto del País Vasco en general, donde la palabra librero a algunos les viene demasiado ancha: son simples mercaderes de libros.

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1 Comentario
Fecha: Sábado, 24 de marzo de 2018 a las 13:18
Ramiro
Ahora mismo tenemos en Barcelona al librero y editor don Pedro VARELA con un pie en la cárcel, por editar un libro de Hitler, MI LUCHA.
Libro que por cierto, puede comprarse en El Corte Inglés o La Casa del Libro, sin problema alguno.
¡Y nadie se preocupa o sorprende, y esto es lo verdaderamente preocupante!
Mientras tanto se sigue vendiendo EL CAPITAL, EL LIBRO ROJO, EL LIBRO VERDE, o cualquier otra bazofia intelectual, sin problema alguno.
Es decir, LA CENSURA ES UNIDIMENSIONAL, y en una sola dirección...

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