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Ernesto Ladrón de Guevara
Martes, 10 de abril de 2018

El bucle nacionalista

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El PNV se ha sumado al golpe y a la insurgencia del separatismo catalán.  Es una cuestión recurrente que, de forma cíclica, los nacionalistas vascos saquen a relucir sus tendencias separatistas y su ambición de destrucción de nuestro espacio común de convivencia.  Se ha visto en la posición del PNV ante la aprobación de los presupuestos generales del Estado, en cuya relación con el gobierno ha obtenido una buena rentabilidad en términos de financiación autonómica, vía Cupo, sin nada a cambio. A la primera oportunidad le ha dado la espalda a la otra parte, haciendo honor al característico comportamiento desleal que es propio de quienes aspiran a seguir la máxima de Sabino Arana que dijo lo siguiente, entre otras barbaridades:  «Si a esa nación latina la viésemos despedazada por una conflagración intestina o una guerra internacional, nosotros lo celebraríamos con fruición y verdadero júbilo, así como pesaría sobre nosotros como la mayor de las desdichas, como agobia y aflige al ánimo del náufrago el no divisar en el horizonte ni costa ni embarcación, el que España prosperara y se engrandeciera».


 
En este último Aberri Eguna, o día de la patria vasca, que se celebra el día de la Resurrección, con el ya sabido sincretismo entre catolicismo y exaltación de la boina, el portavoz del Partido  ha manifestado su rechazo al nuevo “nacionalismo español”.  Se ve que está muy preocupado por el crecimiento de la identidad colectiva aunque sea a modo defensivo ante los ataques que estamos sufriendo por quienes quieren hundirnos en la miseria y destruir a la nación más antigua del occidente europeo. Dice Ortuzar que  le «repele» el «nacionalismo español rancio que ha revivido en los últimos meses», y que  no contribuirán a la estabilidad en España mientras siga en vigor la intervención de la autonomía en Cataluña,  cosa que ya sabemos porque siempre lo han hecho así, tanto en su connivencia pasada con ETA como en la mínima ocasión que han tenido, siempre que  España se ha visto aquejada por una crisis política o un proceso de rebelión  interna.  Culminando su cadena de despropósitos con esta barbaridad pronunciada:  «Hay que asumir que Euskadi y Cataluña son realidades nacionales que merecen respeto a su autogobierno» Y a los demás que les den....
 
       

No en vano, el PNV, en 1906, dictaba un manifiesto en los siguientes términos: «[...] Euskadi, la nación vasca consciente misma, por derecho histórico, por derecho de conveniencia suprema y por derecho  de propia voluntad, debe ser dueña absoluta de sus propios destinos para regirse a sí misma en la forma que estime conveniente»  Como ven, una declaración repleta de inexactitudes y falsedades. Ni el nacionalismo tiene derechos históricos pues nació a finales del siglo XIX, ni Euskadi existía antes de Sabino Arana pues fue un neologismo sin raíces históricas; ni sus “estados” componentes tuvieron existencia previa como ente nacional, sino que las provincias o territorios siguieron sus propios devenires y fueron entidades con singularidad propia, tanto cultural como histórica o político-institucional. Por otra parte es patética la afirmación de que tenga voluntad propia, pues la voluntad colectiva es un sumatorio de las voluntades de los ciudadanos, y los entes no tienen voluntad.
 
        

Y para ello, establecía que «[...]el partido  nacionalista vasco atenderá a la necesidad primordial de conservar y robustecer la raza vasca, base esencial de nuestra nacionalidad»  y  «a la conservación, difusión y depuración del idioma vasco -Euskera- signo preeminente de nuestra nacionalidad” (sin comentarios)  y  «Asimismo el Partido Nacionalista Vasco atenderá cuidadosamente a la educación íntegramente nacionalista del pueblo vasco, necesaria para que en el día del reconocimiento de su libertad  pueda asentarla firmísimamente sobre los principios sabinianos siguientes […]  Euzkadi se constituirá políticamente por la Confederación de todos los Estados históricos vascos, reconstituidos, los que entrarán el la Confederación libremente, sin mengua de la particular autonomía de cada uno de ellos.» Lo de entrar libremente es obvio que lo decían de forma retórica, a la luz de los hechos. Y como se puede comprobar se repite siempre el elemento instrumental por antonomasia: la escuela.
       
        

Don Gregorio Balparda, jurista, historiador, que fue alcalde de Bilbao y asesinado durante la Guerra Civil en la zona republicana, hombre pensador y de inspiración unamuniana, decía:  «[...] En toda lucha la victoria no depende sólo de la fortaleza del que ataca, sino a veces también de la flaqueza del que defiende, que en este caso es el constitucionalismo entero, de la izquierda y de la derecha, pero más en especial el partido liberal, a quien, antes que al conservador, corresponde batirse en las avanzadas de toda lucha de ideas y promover con ideales nuevos el progreso nacional. Si a las colectividades humanas, en efecto, que sólo se crean y se mantienen para una obra común, para realizar un fin, se las deja estancarse sin alzar una bandera digna de ser seguida, ¿cómo no han de hacer en ellas gérmenes de disgregación? Terminada la obra pacificadora de la Restauración, hay que reconocer que, salvo el conato del ilustre Canalejas, cercenado en flor con su muerte, la democracia liberal española ha carecido y sigue careciendo de calor ideal, de pasión, de empuje, y que, en vez de imprimir una dirección salvadora a las energías nacionales, está amagada de ser desnacionalizada ella misma por obra de agentes interiores y exteriores» ¡Qué magnífico texto! Esto lo escribió en un importante libro, en 1918. ¿No les parece a ustedes de rabiosa actualidad? Muy aplicable al partido de Rajoy. Porque la izquierda no ha cambiado de ideología, no nos engañemos. Por eso le asesinaron.
 
        

Miren lo que decía el PSOE en 1947 desde Toulouse: «Nuestro Partido Socialista fue comprensivo y previsor al reconocer en el solar hispano la existencia de varios grupos étnicos, con personalidad suficientemente  caracterizada y nutrida de sustancia histórica que trasciende hasta nuestra Era, y adopta cono una de sus aspiraciones, (incluido en su programa político) el punto concerniente a la Confederación de Nacionalidades Ibéricas como estructura deseable para el Estado español, y en un plan más vasto para la península entera» 

 

En definitiva, que Sánchez no se equivoca, recoge el guante de aquellos que buscaban la confederación, la destrucción de la unidad española, de su diversidad con un destino común. Siendo así coherente con los requerimientos del Komitern comunista, que siguiendo la línea doctrinal de Stalin abogaba por la Europa de los pueblos y la autodeterminación de los mismos, Más o menos igual que Hitler. Atomiza el territorio, funda tribus y controlarás a las masas.

 

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