Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Equipo de Investigación La Tribuna del País Vasco
Miércoles, 11 de abril de 2018
Condenado por vender información a Rusia, habría informado en su momento a Moscú de que Skripal era un agente doble que vendía información secreta al M16 y a los servicios secretos españoles

Un ex-agente del CNI clave en la lucha contra ETA, acusado de ser el causante del envenenamiento en Gran Bretaña del espía Serguei Skripal

Guardar en Mis Noticias.
Noticia clasificada en: CNI Gran Bretaña Rusia servicios secretos

El espía Roberto Flórez García, camuflado como periodista, mantuvo a comienzos de los años noventa del pasado siglo numerosos contactos con Jonan Fernández, actual secretario general de Derechos Humanos, Convivencia y Cooperación del Gobierno Vasco (PNV-PSOE)

[Img #13689]

 

Hace algo más de un mes, un hombre de 66 años y su hija de 33 aparecían mareados y totalmente desorientados en el banco de un parque de Salisbury, una pequeña localidad de 45.000 habitantes situada al sur de Inglaterra. Se trataba del ex-espía ruso y agente doble del M16 (Servicio de Inteligencia Exterior de Gran Bretaña) Sergei Skripal y de su hija, Yulia, que según se sabría más tarde, podrían haber sido envenenados por agentes al servicio del Gobierno de Vladimir Putin en venganza por las numerosas traciones cometidas por Skripal, que durante varios años habría vendido al M16 y al entonces CESID español (actual CNI) listados de centenares de miembros del KGB que trabajaban en diferentes lugares de Europa. Hoy, tanto Sergei como Yulia se encuentran ya fuera de peligro, y el Gobierno de Estados Unidos les ha ofrecido una nueva identidad y una "nueva vida" en ese país.

 

Ahora, en una espectacular parábola histórica digna de los mejores relatos de espionaje internacional, se ha sabido que el caso del envenenamiento del exespía ruso Sergei Skripal en suelo británico tiene una conexión directa con España, y más concretamente con el País Vasco. Según ha revelado el periódico “The Times”, el hombre que informó a las autoridades rusas de que Sergei trabajaba como agente doble para el MI6 y el CESID fue un exagente del CNI, Roberto Flórez García, de 52 años, condenado en 2010 a 12 años de cárcel (reducidos posteriormente a nueve) por un delito de traición al haber proporcionado información clasificada y de alto secreto a Rusia. Entre esos datos, se encontraba el nombre de un espía ruso que trabajaba como agente doble para el espionaje británico: Sergei Skripal. Esta información serviría posteriormente a la inteligencia rusa para detenerle y condenarle, de la misma forma que hizo la justicia española con Flórez, por alta traición. Años después, en 2010, Moscú dejaría libre a su traidor en un intercambio de espías con Estados Unidos que tuvo lugar en el aeropuerto de Viena.

 

Según “The Times”, Skripal fue reclutado a mediados de los años noventa del pasado siglo por el MI6 cuando se encontraba destinado en Madrid como oficial de inteligencia militar del GRU (el servicio secreto ruso). Le dieron el nombre clave “Forthwith” (“inmediatamente”), la inteligencia británica le compró una casa en Málaga como tapadera y Sergei siguió enviando información a los ingleses hasta que fue apresado por Moscú en 2004. Según “The Times”, Roberto Flórez García, entonces miembro del CESID que desde 2001 pasaba información a los servicios secretos rusos, habría dado su nombre. El entonces espía español se habría ofrecido en 2001 mediante una carta a Petr Yakovlevich Melnikov, que trabajó en la embajada rusa en Madrid entre 2000 y 2003, identificándose como funcionario en el CESID y asegurando que “estaba preparado” para “colaborar” con Rusia identificando “quién es quién en el organigrama de los servicios secretos españoles del CNI”, a cambio de 200.000 dólares.

 

El informe entregado a Moscú contenía un listado de espías españoles destinados por todo el mundo, fuentes del CESID, claves internas para comunicarse con Gobiernos extranjeros e informes clasificados como de “máximo secreto”.
 

Pero antes de llegar a ese momento en el que Roberto Flórez, según sentencia judicial, se convirtió en un traidor al servicio de Rusia, el ex-espía tenía ya un largo pasado que enlaza directamente con el periodo más negro y aciago de la actividad terrorista ETA y que conecta con destacados miembros del actual Gobierno Vasco.


Un viaje al pasado
 

Roberto Flórez García se incorporó en 1991 a la Guardia Civil. Destinado en el Cuartel de Inchaurrondo de San Sebastián, donde estuvo a los órdenes del comandante Enrique Rodríguez Galindo, pronto entró a formar parte del CESID (actual CNI) donde, a partir de 1992, comenzó a desarrollar un papel fundamental como infiltrado en dos organizaciones sociales claves que estaban despegando en aquel entonces: Elkarri y Gernika Gogoratuz.


Según documentos de la banda terrorista ETA intervenidos por las Fuerzas de Seguridad a lo largo de los últimos años, Jonan Fernández, entonces un desconocido concejal de Herri Batasuna en la localidad guipuzcoana de Tolosa y actual secretario general de Derechos Humanos, Convivencia y Cooperación del Gobierno Vasco (PNV-PSOE), presentó a finales de la década de los ochenta del pasado siglo ante ETA-Herri Batasuna el diseño primal de Elkarri como una organización que habría de ser la aportación del nacionalismo radical a los movimientos sociales que estaban surgiendo en Euskadi en aquel momento y que habría de trabajar para contrapesar los planteamientos ideológicos que estaban esbozando ya organizaciones como Gesto por la Paz o Denon Artean (“Paz y Reconciliación”). Los criminales de ETA-Batasuna dieron su visto bueno a la aparición de Elkarri, principalmente porque entendieron que el principal objetivo que se había planteado esta organización era “contribuir a que las opiniones sociales mayoritarias y partidarias de una solución dialogada constituyesen una fuerza determinante para lograr la paz”.


Para el diseño, el desarrollo, la puesta en marcha y la progresiva implantación pública de Elkarri, que oficialmente nació a comienzos de 1992, Jonan Fernández contó con la ayuda, entre otros, de Juan Gutiérrez, entonces máximo responsable de la asociación Gernika Gogoratuz (inaugurada el 6 de noviembre de 1987), que era ya por aquel entonces una persona que contaba con una larga agenda de contactos políticos, sociales y culturales, tanto en el País Vasco como en el resto de España.

 

Quien se presenta como Juan Gutiérrez, aunque éste no sea su verdadero nombre, era (hoy está ya jubilado) un personaje peculiar en la vida político-social del País Vasco.

 

Ingeniero de profesión, procedente de una familia cántabra de cierto abolengo, y convertido en la oveja negra ideológica de la misma, emigró a Alemania, donde trabajó y se casó con una joven germana, con quien algunos años después habría de regresar a San Sebastián. Poseedor de una estética algo estrafalaria y desaliñada, Gutiérrez, en la capital guipuzcoana, comenzó a trabajar en la Autoridad Portuaria de Pasajes hasta que convenció a su viejo amigo Joseba Arregui, nacionalista del PNV y entonces consejero de Cultura del Gobierno Vasco de José Antonio Ardanza, para que éste, desde el Ejecutivo de Vitoria, financiara y obtuviera los necesarios apoyos políticos para la creación de un “Centro de Resolución de Conflictos” que habría de llamarse “Gernika Gogoratuz” (“Recordando Gernika”) y que, lógicamente, iba a dirigir él mismo.

 

“Gernika Gogoratuz”, gracias a los desvelos de Joseba Arregi, nació con el apoyo en pleno del Parlamento vasco, y, de hecho, muy ligado también al Gobierno central. Tanto es así que, por aquel entonces, Juan Gutiérrez, gracias a la amplitud de su agenda, mantenía una estrecha relación personal y un contacto permanente con Rafael Vera, entonces secretario de Estado de Seguridad del Gobierno de Felipe González y una de las personas con más poder en el Ministerio del Interior entre los últimos años ochenta y primeros años noventa del pasado siglo. Por este motivo, en los primeros pasos de “Gernika Gogoratuz”, Juan Gutiérrez no dudó en aceptar la ayuda de una persona de confianza de Rafael Vera: Roberto Flórez García, que prestó su colaboración camuflado como periodista.

 

Junto con Roberto Flórez, que rápidamente se convirtió en su mano derecha, Juan Gutiérrez, a través de “Gernika Gogoratuz”, organizó la Segunda Conferencia Europea de Construcción de Paz y Resolución de Conflictos, que tuvo lugar en el Palacio de Miramar de San Sebastián en 1994. A la misma invitó a Jonan Fernández, que daba sus primeros pasos con Elkarri, a pesar de que Gutiérrez ya comenzaba a desconfiar de una organización que no trataba solamente de “mediar” en un irreal conflicto sino que, sobre todo, buscaba “imponerse” como mediador.

 

La teoría dice que la mediación, en caso de producirse, solamente puede hacerse con el concurso y confianza de las partes enfrentadas y Elkarri, desde el momento inicial de su nacimiento, pretendía aplicarse como intermediaria ante un presunto conflicto que, previamente, ella misma se encargaba de definir e identificar. Esto no acaba de convencer a Juan Gutiérrez, pero, de cualquier modo, éste, que sentía que debía mantener canales abiertos con la autodenominada izquierda abertzale, continuó apoyando a Elkarri a través de Roberto Flórez García que, a su vez, y siempre en su papel de “periodista” ya había labrado cierta amistad con Fernández y que se mantenía a caballo entre “Gernika Gogoratuz” y “Elkarri”, obteniendo para las Fuerzas de Seguridad una visión privilegiada de cómo se estaba diseñando la “mediación” vasca. Y así fue hasta 1998, cuando Roberto Flórez García tuvo que abandonar rápidamente el País Vasco tras sospecharse que ETA le había identificado como miembro del CESID.

 

Tras su precipitada salida de Euskadi, Flórez trabajó para el CESID-CNI en Perú y Paraguay, así como en la sede de los servicios secretos españoles en Madrid.

 

En 2004 abandonó el centro y viajó a Tenerife para poner en marcha su propia consultoría de inteligencia. Una operación de contrainteligencia del CNI llevó a su arresto en 2007. En aquel momento, se le intervinieron en un local de su propiedad en el Puerto de la Cruz cientos de documentos secretos, entre las que figuraban dos cartas que llamaron la atención de los investigadores por estar dirigidas al servicio de inteligencia ruso. En ellas ofrecía toda la información sensible que poseía a cambio de 200.000 dólares. En esa información estaba el nombre de Sergei Skripal.

 

Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
La Tribuna • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress