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Pablo Mosquera
Domingo, 15 de abril de 2018

¿A quién sirven?

Guardar en Mis Noticias.

Dedicado a los votantes de hoy y de mañana a C's



Los de la cátedra. Aquellos que pretenden seguir viviendo como en el siglo XX. Los que se arriman al viejo, cutre y asustado poder. Los que no tiene reparos en hacer uso de la influencia, aunque cada vez menor, del diario correo para mantener el feudo. Los que aprendieron a sobrevivir en medio de un país que era cabecera en las páginas miserables de la violencia. Aquellos que descubrieron, con sorpresa, cómo hasta los mediocres, si eran bien mandados para los mandamases, podían ocupar sillas gestatorias. Los que siempre se venden por un plato de lentejas servido en los mejores cenáculos...


Esos malandrines que no sienten nada cuando leen El Quijote. Que habrían vuelto a traicionar a Viriato. Que formarían parte del grupo que blandió la daga en el cuerpo de Cesar. Que se oponen a cualquier cambio que no les siga pagando diezmos y primicias. Esos incapaces de tener algo de aquella imaginación del 68 para encontrar arena de playa debajo de los adoquines... Hoy están haciendo el trabajo sucio a los viejos partidos, y así evitar la llegada del renacimiento que debe expulsar a los mercaderes del templo para la democracia.   


Un día se propusieron laminar a Unidad Alavesa. Ahora se proponen impedirle la llegada, con esperanzas necesarias, a Ciudadanos. El titular  lo dice bien claro. "Un bluf llamado Ciudadanos". Son los mismos que le hicieron coro al hombre del bigotín cuando llamaba desesperado y amenazante para señalar a ETA como autora de los atentados en la estación del Pozo del Tío Raimundo, un 11-M. Desde entonces hasta ahora les ha crecido la papada propia del buen comer en la mesa del casino provinciano y comensal con aquel hombre de la cepa hispana, reaccionario.  


No soy votante de Cs. Soy demasiado libertario. Pero tengo fe en que este país sea capaz de sacudirse la caspa. Y con tal exfoliación, caigan al suelo los viejos partidos que han convertido democracia en partitocracia, gracias en parte a la gestión del miedo. A tal perverso máster, contribuyen determinados escribas. No se dan cuenta que no hay nada más hermoso que cambiar el mundo. Es cierto que, cuando algunos arriesgábamos la vida, por la dignidad y la libertad, ellos seguían presumiendo de equidistancia o meros notarios de aquella épica, en la que nunca arriesgaron nada, o tuvieron la habilidad para recoger los frutos de la paz sobre el sacrificio.


Pero cuidado. Cuando llegue el cambio, estarán los primeros en la fila de los aduladores. Invitarán a los líderes de C's a comer en sus instalaciones, como hicieron con UA. Incluso se permitirán examinar a los comensales. Para luego escribir alguna columna en su viejo periódico de papel, que apenas resiste más allá de la publicidad institucional.


Al autor del citado artículo, apenas lo pude ver en alguna tertulia mañanera de la televisión pública. Y resultaba tan patético, que poco aguantó el tirón de los que venían a las mesas del debate con la cultura de la universalidad, alejada de las calles provincianas de viejas ciudades dónde apenas quedan espacios para los rentistas o los que esperan el reparto del dividendo en Telefónica o Tubacex. Son aquellos muchachos alegres y dinámicos de Dato o de la sociedad El Sitio.  

   
Deberían dedicarle más tiempo a la historia. Esa que se escribe en las universidades. Todavía cautivas como tantas otras tribunas de la sociedad civil por el poder político. El que ha impregnado todos los espacios de la espontaneidad. El que gentes como usía, mantienen con sus soflamas en contra del cambio, haciendo virguerías entre derecha e izquierda, pero favoreciendo al PNV, simplemente por razones de peso. El país de los vasquitos y nesquitas, es la tierra del nacionalismo fundado entre Deusto y Loyola, entre Guernica y la Fundación S.A. Incluso, ahora más que nunca. ¿Cómo se les ha ocurrido a estos maquetos poner en tela de juicio los derechos históricos del Concierto Económico?. ¡Cuidado!. Eso es tan importante como el viejo roble. 

 
Puestos a decir simplezas mal intencionadas, un vitorianico de toda la vida, ahora en Madrid con asiento en Las Cortes, se quejaba sobre la "manía" de C's por querer saber científicamente lo que opinan los ciudadanos. Le entiendo. En su partido basta con saber lo que opina la curia. Al pueblo sólo se le saluda en tiempos de campaña. Por cierto, se rumorea sus prisas por cambiar el historial que figuraba a disposición de la "plebe". Y es que con lo del máster de Cifuentes, algunos  han perdido la memoria, los certificados, los trabajos y algún que otro título.


Mientras los escribas de pueblo con aires de capital pasean palmito, en Cataluña, los CDR se dedican a jugar a la 'kale borroka' ('terrorismo callejero'). Espero que sólo sea un inocente juego de apoyo a sus presos. Lo digo por esos estudios sociológicos que señalan cómo hay siempre un 5% de exaltados que se atreven a incumplir lo de "no matarás". Y es que a mi héroe del cuento, se le olvida que para poder vivir bien, cobrar a fin de mes y seguir sintiéndose importante, hace falta que gentes como Inés Arrimadas o Albert Rivera den la cara, a riesgo de que se la partan, o a sus padres les quemen el negocio con el que dieron estudios a sus hijos, por cierto en ESADE, dónde hace falta muy buen expediente académico para lograr entrar. Esto viene a cuento de esa tribuna en la que se pontifica que "acusar de terrorismo a los activistas de los CDR dudo que ayude". ¡De aurora boreal!.


Y es que la crisis de estética, no tiene límites. No sólo afecta a la clase política. La pregunta hay que hacerla del revés. ¿Hay alguien libre de pecado?. Y, ¿qué decir de la ética?. Por eso los hay interesados en suprimir la filosofía del bachillerato. ¡No hace falta ordenar el pensamiento!. Ya lo ordenan los de siempre al servicio de los de siempre...   


Y sigo no siendo votante de C's. Pero con aquel espíritu de 1968 que me dio la Complutense de Madrid, deseo que la generación representada por Albert Rivera tengan la oportunidad de gobernar a este viejo país. Y conste que sigo leyendo a Platón. Para muchos políticos hay que aplicar el "mito de la caverna". Para muchos escribas hay que recordarles lo que dijo el maestro. Necesitamos dirigentes, al menos, cultos y decentes.  
 

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