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Editorial La Tribuna
Sábado, 12 de mayo de 2018
Editorial La Tribuna del País Vasco

Es de miserables hablar mal de los muertos

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Iñaki Anasagasti, ex-senador y uno de los políticos más carismáticos, lenguaraces y dicharacheros del PNV,  ha despreciado al recientemente fallecido periodista y presentador José María Íñigo asegurando que “los panegíricos que se le han hecho me parecen están sobredimensionados” y afirmando que “como ciudadano fue cero patatero”.


“Me parece que fue un buen profesional, aunque últimamente se le veía como fastidiado y aburrido de todo”, ha manifestado antes de criticar que “nunca le vio el menor compromiso” con Bilbao, con Euskadi, con lo vasco y con lo social”. Y ha añadido: “Jamás en ninguna manifestación, en ningún escrito, en nada solidario. Por eso todo los panegíricos que se le han hecho me parecen están sobredimensionados pues habrá sido un magnífico profesional, no lo pongo en duda, pero como ciudadano, cero patatero”.


Quienes llevamos viviendo en el País Vasco más años de los que podemos recordar sabemos que el ex-senador del PNV Iñaki Anasagasti siempre se ha caracterizado por tener la lengua larga y las ideas muy cortas. Tanto es así que este hombre que parece tan hábil a la hora de calificar de “vagos” e “impresentables” a la familia real, él, que toda su vida ha estado a sueldo público, y que tan presto parece estar para humillar a los muertos, tardó nada más y nada menos que casi 25 años, un cuarto de siglo, en descubrir que en el País Vasco existía la “kale borroka” (violencia callejera). De hecho, no la descubrió hasta el verano del año 2000, fecha en la que una pandilla de alimañas terroristas de Jarrai (antiguas juventudes de Herri Batasuna) quemó el autobús de línea en el que viajaba la madre del senador, provocando a la pobre mujer un susto de muerte. Lógicamente, su hijo se enfadó y fue entonces, no antes, cuando éste comenzó a entender que la violencia terrorista es sinónimo de totalitarismo y que los responsable de ésta son solamente “gentuza”.


Sí, qué gran ciudadano es Iñaki Anasagasti. Él sí que ha participado en múltiples iniciativas, especialmente para defender a etarras como Iñaki de Juana Chaos o para tapar las miserias de su partido y de sus dirigentes, hasta el punto de que por balar a las órdenes de un fanático como el ex-lehendakari Juan José Ibarretxe, Anasagasti, el comprometido, el aguerrido, el gran activo social, fue condenado por los tribunales de justicia a pagar un millón de las antiguas pesetas (6.000 euros) a las víctimas del terrorismo por humillar y atacar a éstas y a colectivos como Basta Ya! o el Foro de Ermua, al acusarlas gratuitamente, en un programa televisivo emitido en una televisión mexicana, de estar a “financiadas con fondos reservados para atacar al nacionalismo vasco”. Menos mal, que la Justicia española, ese país encabezado por esos Borbones tan odiados por Anasagasti, le absolvió del pago porque los suyo es “libertad de expresión”. Sí, qué ciudadano ejemplar es Iñiaki Anasagasti.
 

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