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Pablo Mosquera
Sábado, 12 de mayo de 2018

La política de Don Tancredo

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En gallego tiene su propio dicho popular: "Estás a velas vir e deixalas pasar". En castellano, algo así como "aquellos problemas que no se resuelven solos, es que no tiene solución". Ambas filosofías forman parte del núcleo central del comportamiento de Mariano Rajoy. Añado una trayectoria en la que se han dado dos jugadas propias del futbol. Dejarse querer, sin hacer nada, para ser fichado. Intentar el achique de espacios para jugar en un campo lo más pequeño posible.


A lo que antecede se suman dos hechos históricos. No sólo ganó unas elecciones por mayoría absoluta. Es que nunca un Partido Político había alcanzado tanto poder. Pero no sirvió de nada. Los que votaron al PP para responder a la administración ZP-Pepiño Blanco, hartos de estar hartos de tanta mediocridad, zafiedad e inutilidad, se vieron desencantados por un PP dirigido desde la playa del Silgar en Sanxenxo.

 

Entre paseos o caminatas deportivas, y la lectura diaria del "Marca", el ilustre hijo de Compostela, se puso de perfil en medio de la crisis más intensa que ha vivido la democracia española tras el 23-F.


Una situación económica heredada, pero fruto de un sistema productivo basado en turismo, construcción-especulación, tamaño del Estado frente a la sociedad civil. La descubierta del Estado de la corrupción política. La ruptura del consenso constitucional con el órdago secesionista de Cataluña, tradicional granero de votos progresistas, o de alianzas para completar mayorías estables en las Cortes de España.


Pero hay una cuestión más. ¿Con quién se lleva bien Don Mariano?. Y es que hasta los gobernantes más antipáticos en el gesto, como el propio Aznar, se llevaban bien con los dirigentes de otras formaciones políticas. Ni que decir que, el "autoritario e intransigente" Don Manuel, se llevaba bien hasta con Santiago Carrillo. Y Adolfo Suarez llegó a ser calificado por Emilio Romero como "rey del teléfono, emperador del abrazo". Don Mariano, con su sorna galaica, ha provocado un rechazo hacia su persona entre los demás dirigentes de la política española. Pero es un misterio por escribir. Aparentemente, no es belicoso. Tiene la ironía propia del pueblo gallego. Su aspecto es de hombre provinciano, casi diría que de los descritos por Don Antonio Machado. Entonces. ¿Qué le sucede?.

 
Con el líder del PSOE llegó a cotas de intolerancia personal como nunca se vieron en un debate televisivo. Con Albert Rivera, la situación se ha vuelto irrespirable. Más por los silencios que por los ruidos. Más por gandulería que por equivocaciones en el mandar. En este último episodio, se ven las costuras del traje para hombre de Estado. Las del compostelano, son aquellas que practicaban los sastres antiguos, que ponían en aprietos determinados movimientos del caballero con su traje gris, muy propicio a descoserse en el momento más inoportuno.


Pero vamos al grano. Las diez de últimas en el casino provinciano se han dado con motivo de la crisis Cifuentes. Una vez más, Don Mariano empezó por no estar, ni saber, para luego apoyar y por fin dejar caer. Su socio Cs le advirtió por activa y pasiva. Además tengo sospechas que las zancadillas a la ex presidenta de Madrid, las pusieron desde algún despacho de la calle Génova, dónde están los fontaneros de Don Mariano. Al final, todos tuvieron razón. Aquello fue impresentable. Y como no se arregló de primeras, como se permitieron toda suerte de vendettas entre antiguos hombres y mujeres de la inefable Aguirre, hubo que recurrir al ridículo, o más bien al esperpento de Valle Inclán, en una sala para registrar a raterillos, quien sabe si más que por necesidad, por padecer cleptomanía. ¡Qué bochorno papi!.


Pero vamos a un asunto sin resolver. Cataluña y la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española. Vigente. De obligado cumplimento. Pues ahora resulta que la guardia pretoriana de Don Mariano o no se enteró o se dejó engañar. Lo digo por la desviación de fondos públicos que financiaron el proceso. Llegando a promover cierto enfrentamiento entre el poder judicial y el poder ejecutivo. Todavía no me explico cómo su señoría, que se la juega todos los días, no los ha mandado al carajo.


Y es que Albert Ribera está demostrando, no sólo talla de estadista, es que hace esfuerzos infinitos para aguantar acuerdos que sostengan al señor Tancredo-Rajoy, que además se ha puesto nervioso con las encuestas para intención de voto. ¿De verdad que puede sorprender la huida de votantes desde el PP a Cs?. ¿De verdad que puede sorprender que miembros de cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado hayan pedido marcharse trasladados desde Cataluña a cualquier otro destino de España?. ¿De verdad  que el Gobierno Rajoy no sabía la que se estaba liando en Cataluña desde hace años para alcanzar la meta de una declaración parlamentaria de República Independiente?.


Y, una vez que se aplica por vez primera el 155, que está ahí para aplicarse, se hace tarde, mal y cargado de complejos, entre culpabilidad, que dirán, o corremos el riesgo de pasarnos de frenada... Por lo de pronto seguimos instalados en la incertidumbre. Una vez le escuché a un paisano. "Si las circunstancias te obligan a dar una torta, que sea fuerte, que tire al contrario, que sirva de ejemplo a todos los efectos para evitar males mayores". Ahora resulta que los del proceso han logrado internacionalizar el conflicto. Ahora resulta que Don Mariano y su Gobierno, no sé si por indicación interesada del PNV, están dispuestos a mirar para otra parte y permitir votar a los ausentes, para que los presentes hagan otra vez un Ejecutivo Catalán propio de una República con mando a distancia. Y, ¿les extraña que un hombre serio como Rivera no lo tolere?.


No sé si a estas alturas queda alguien de valor entre los hombres del sanedrín. Pero a Don Mariano deberían jubilarlo lo antes posible. Además será mucho más feliz. Y desde luego, evitemos sufrir el último de los esperpentos. La designación dedal para el sucesor. Aunque a lo peor, ni merece la pena. Puede que para entonces hayan abandonado el barco la inmensa mayoría de la tripulación.                

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