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Ernesto Ladrón de Guevara
Sábado, 12 de mayo de 2018

¿Quién nos está gobernando a los españoles?

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Los últimos datos de las investigaciones sociológicas y tendencias de voto hechas por el CIS muestran un escepticismo del electorado respecto a la partitocracia gobernante y al sistema de turnismo político vigente; desplazando el foco de atención de los actuales dos principales partidos que se alternaban en el poder hacia terceros intervinientes, como Ciudadanos y Podemos que auguran nuevos escenarios de reparto del poder.

 

Es significativo también que el ya tradicional posicionamiento de los españoles en el espacio del centro izquierda se desplace al centro derecha. Esta tendencia de los españoles nos revela la decepción existente en las capas sociales por las veleidades desvertebradoras y diluyentes de las organizaciones de izquierda, que no tienen un proyecto para España y se alían con los que quieren destruirla. Y también nos proporciona una foto de la decepción que va cundiendo de manera bastante generalizada respecto a un Gobierno de España que rehúye atajar problemas estructurales y sistémicos; que nos engaña una y otra vez con falsas promesas y actitudes traicioneras; que muestra una incapacidad pasmosa; que no acomete con la proporcionalidad y contundencia debidas los retos que tenemos para mantener el legado común de todos los españoles y tolera inexplicablemente conductas absolutamente inasumibles en un Estado de Derecho.

 

Si una estructura de partidos políticos no afronta los retos principales que tienen los españoles en materia de seguridad, en los aspectos territoriales, en la lucha contra la criminalidad, en la sostenibilidad y organización el propio Estado, en la propia viabilidad económica de España para asegurar su futuro, en la lucha contra la corrupción, en la ejemplaridad que se supone deben proyectar los actores políticos para regenerar moralmente a la sociedad española en su conjunto, es que algo profundo atañe a la vigencia futura de España y a su progreso y desarrollo para bien de nuestras próximas generaciones; y que se hace urgente cambiar los instrumentos políticos y el marco jurídico que garantiza la viabilidad del propio Estado.

 

Están sucediéndose hechos inauditos en Cataluña y País Vasco que lo demuestran. El Gobierno, pese a que tomó las riendas de la Generalitat con el artículo 155, es como si fuera connivente con realidades muy alarmantes que se están generando en esa Comunidad.

 

La situación de Tv3 requeriría una intervención expeditiva. No se puede permitir que una entrevistadora actúe como colaboradora activa de un terrorista que se jacta de sus acciones criminales, con risitas cómplices. No es de recibo que se pasee a Otegui como si fuera un héroe por la televisión pública catalana sin que aquí se mueva un solo dedo para corregir la situación. No se puede admitir que la policía autonómica catalana se dedique de forma contumaz a espiar a todo aquel que se mueve en contra del independentismo, interviniendo teléfonos, metiendo troyanos en los ordenadores, vigilando movimientos de la gente reacia a las pretensiones secesionistas, actuando de correa de transmisión de los sediciosos, etc, como denuncia el presidente de Somatemps, el señor Barraycoa: “Un día pregunté a una persona de confianza, de la que no puedo dar datos evidentemente, si me podía confirmar qué nivel de preocupación estábamos despertando en los Mossos. La respuesta fue escueta: <<estáis monitorizados desde el primer día>>.  ‘Monitorizado’ significa no sólo tener el teléfono pinchado, sino también el ordenador controlado, el GPS, etcétera. Uno de nuestros colaboradores encontró un dispositivo de seguimiento en su coche. Estaba tan mal puesto que se salió del plástico del volante donde lo habían introducido. En medio de la vorágine de reuniones preparatorias de lo que iba a ser la respuesta masiva de la ciudadanía contra el separatismo a partir del 30 de septiembre de 2017, acudí más que estresado a una reunión. Aparqué la moto. Al salir, había desaparecido. Con una media de varias reuniones al día, sin medio de locomoción quedaba anulado. Maldije mi suerte. Luego ya no he sabido qué pensar, en la medida que cascadas de informaciones van dejando un ambiente hediondo y de sospecha continuada. Toda hipótesis empieza a ser como mínimo plausible”.

 

Pero esto no es lo más significativo con ser grave. Lo peor sigue en el relato del representante de movimientos cívicos cuando dice lo siguiente: “Por primera vez en la historia se han creado unas cloacas de Estado antes de construir el Estado. Y claro, las cloacas apestan y más si no se tapan. Pero lo más demoledor ha sido comprobar en estos meses que las cloacas del Estado español, que también existen y esas sí que están bregadas, también han intentado todo tipo de acciones contra nuestro asociacionismo. Se han comprado voluntades para enfrentar grupos y así debilitar a unos y fortalecer a los que sirvieran a las tesis del Gobierno; han intentado acercarse a nosotros <<amigos>> del Estado con la única finalidad de saber qué se movía en nuestras asociaciones; y –hablo en primera persona por Somatemps--, se han dado instrucciones para que no seamos  un agente importante en el proceso de lucha contra el soberanismo; con toda seguridad me atrevo a afirmar que se han dado órdenes explícitas para anular a Somatemps. Hemos visto actuar a los <<agentes>> de los partidos políticos envenenando el asociacionismo y dirigiendo ataques directos contra nosotros. A cambio, hemos puesto muchos dedos en muchas llagas y hemos denunciado servilismos imperdonables a los partidos políticos (quizá un día habrá que hablar de por qué asociaciones que dicen luchar contra el independentismo avalan las políticas de inmersión lingüística)”.

 

Efectivamente. Hace ya un tiempo narré en un artículo algunas experiencias al frente del Foro Ermua y los complots que sufrí, llegando a tirar la toalla ante las presiones recibidas, y la reducción significativa de la protección que entonces tenía mientras se la mantenían a otros con bastante menos exposición pública que yo, en un momento en que ETA estaba amenazando a los agentes sociales que nos movíamos contra el terrorismo y contra el nacionalismo secesionista en su máxima expresión de ruptura. Simplemente por no someterme a disciplinas ajenas a mi voluntad y conciencia.

 

Si los partidos políticos juegan a estrategias de potenciación de los movimientos segregacionistas poniendo en riesgo al Estado al que se supone sirven, es que algo muy grave está pasando.

 

Me refiero, por ejemplo, a los pactos presupuestarios con el PNV, cuya letra pequeña han ocultado para que no se vea lo que hay tras esos acuerdos que fortalecen el independentismo y construyen un nuevo espacio territorial hegemonista, anticonstitucional y de vulneración sistemática a la letra y el espíritu de las leyes.  Para empezar, esos acuerdos vulneran gravemente el pacto de estabilidad presupuestario y los compromisos de contención de la deuda pública y el déficit.

    

Me refiero a la financiación a través del FLA, con dinero de todos los españoles del “procès” independentista catalán.

    

Me refiero a los compromisos para “tapar” el chivatazo a ETA, que permitió evadir dinero del llamado “impuesto revolucionario”, cuyos responsables principales siguen sin ser procesados y condenados. O a la ocultación de lo que realmente ocurrió el famoso 11M, más allá de sentencias “ad hoc”.

    

Me refiero al entramado de adoctrinamiento en la enseñanza catalana y vasca, a las coacciones a niños por ser hijos de servidores del Estado, como es la Guardia Civil, a la vulneración de los derechos del niño subsiguientes, al incumplimiento de las sentencias judiciales en materia de derecho a elegir la lengua materna como vehículo de aprendizaje, vulneradas por el actual gobierno en funciones en la Generalitat que es el Gobierno del Estado, con la desvergonzada justificación de que el 155 no ampara estas actuaciones, etc.  Podría estar escribiendo durante horas sobre esto, pero mis informados lectores saben a todo lo que me refiero. No es cuestión de extenderse.

    

Romanones, entre otros, como Joaquín Costa, en su libro “Biología de los partidos políticos” identificaba a los partidos políticos como problema porque no servían -ni sirven- al interés general sino que se dedican a cultivar su exclusiva utilidad y son fuente de vicios y perversiones políticas, por eso afirmaba que <<vienen a ser la mayoría de las veces la usurpación que se hace, en nombre de una falsa representación de la voluntad nacional>>, tal como también afirmaba el insigne Gonzalo Fernández de la Mora cuando anunciaba  las desviaciones de constitucionalismo que pronosticó con acierto. Costa hacía suya la afirmación de un diputado:  <<Cuatro rateros con sombrero de copa y cuatro matones: esta suele ser la plana mayor de un partido. No hay en España, concepto que de ellos da la ciencia.>>

    

En fin… hago mía una frase que se ha convertido en viral en las redes sociales: <<Yo quiero votar personas, no partidos. Mi distrito, mi diputado>> O la razón pública es razón de Estado o pronto los buitres que ya empiezan a asomarse por nuestras costas se repartirán los despojos de España. Igual es eso lo que se está cociendo en todo este berenjenal y no lo acabamos de ver porque no es nada explícito.
   

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