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Manuel Molares do Val
Lunes, 14 de mayo de 2018

¿Contra el amor romántico?

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“Hay que acabar con el estereotipo del amor romántico, que es machismo encubierto” advierte la exministra de Zapatero y ahora secretaria de Igualdad y número cuatro del PSOE, Carmen Calvo.

 

Las organizaciones feministas más radicales, empeñadas en una lucha contra los sentimientos de ternura entre las parejas heterosexuales, han aplaudido la frase porque consideran que a través del romanticismo el varón siempre impondrá su violenta masculinidad sobre la mujer.

 

Pero el razonamiento de esta profesora de Derecho Constitucional de la Universidad de Córdoba, y feminista de 61 años niega la naturaleza y la evolución humanas: el amor romántico existe desde que el ser humano dejó de ser mono, y se llama romántico desde el siglo XIX por un movimiento literario cuya influencia en otras bellas artes tuvo más fuerza que en siglos anteriores.

 

El deseo de acceso mutuo sentimental, no sólo físico, está en arcillas babilónicas, en textos chinos cuatrimilenarios, en la Biblia o en los poemas medievales.

 

El neofeminismo pretende cambiar la relación afectiva entre los dos sexos, incluyendo el nombre de la igualdad de oportunidades entre ambos. Elimina así el término sexo sustituyéndolo por género para rechazar las diferencias biológicas entre mujeres y hombres.

 

Lo que parece nacer de frustraciones personales masivas del feminismo radical y de quienes apoyan posturas tan extremas, ajenas a la naturaleza humana.

 

Cuando Carmen Calvo se casó por primera vez creía en el amor romántico, y tras su divorcio tuvo un segundo matrimonio con nueva separación; más tarde y siendo ministra anunció su boda con su guardaespaldas.

 

Al observar a numerosas líderes del feminismo radical se descubren historias parecidas, muchas de relaciones frustrantes entre mujeres, lo que les lleva a ese absurdo antropológico de rechazar el amor romántico, instinto perenne desde que somos humanos.

 

Lo anterior no debe divulgarse, como comprobará usted en la ausencia de noticias o análisis sobre este fenómeno en los principales medios informativos, que ya ejercen una asfixiante censura ideológica sobre quien disienta de la doctrina dominante.

 

Hasta Facebook y similares redes sociales están montando sus grandes oficinas censoras para evitar, dicen, las "fake news", las noticias falsas que son las que ellas decidan que van contra la corrección política. Como la dictaduras,, que establecían lo que es verdad y mentira.

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