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Martes, 15 de mayo de 2018
Las mujeres francesas desisten de ir a la calle solas en esta “zona de exclusión”

El terrorista islamista checheno que asesinó a un joven de 29 años vivía en una “no-go zone” situada a 15 minutos del centro de París

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Kahamzat Azivov, el islamista nacido en Chechenia que el pasado sábado asesinó a un joven de 29 años e hirió a varias personas más con un arma blanca al grito de “¡Alá es grande!”, vivía a quince minutos escasos de la Asamblea Nacional de París (corazón de la política francesa), en una “no-go zone”. Se denominan “no-go zones” o "zonas de exclusión" a territorios existentes en algunas de las principales ciudades occidentales que están regidos por las leyes islámicas, controlados por bandas de delincuentes y en los que apenas nadie entra sin protección policial.


De hecho, La Chapelle-Pajol, la “no-go zone” situada al este de París en la que había crecido y estudiado Azivov, ya había sido denunciada por los vecinos como una zona de exclusión domeñada por miles de inmigrantes musulmanes y traficantes de drogas que copan las calles, y acosan a las mujeres por llevar lo que muchos de estos migrantes consideran "vestimenta inmodesta".


El diario Le Parisien denunciaba hace algunos meses que en esta “no-go zone”, “las mujeres se quejan de que no pueden moverse sin sufrir los comentarios e insultos de los hombres. [...] Hay varios cientos de metros cuadrados de calzada que se han dejado exclusivamente a los hombres; se considera que las mujeres ya no tienen derecho a estar allí. Cafés, bares y restaurantes les están vedados, al igual que las aceras, la estación de metro y las plazas públicas. Durante más de un año, el distrito de Chapelle-Pajol ha cambiado totalmente su aspecto: grupos de decenas de hombres solitarios, vendedores ambulantes, extranjeros, migrantes y rateros acosan a las mujeres y toman las calles”.


“Natalie, una vecina de 50 años de la zona, explica: “'El ambiente es angustioso, hasta el punto de cambiar nuestras rutinas y nuestra vestimenta. Algunas hasta desisten de salir a la calle’”.


En otro testimonio recogido por el periódico, Aurélie, de 38 años, que vive en la zona desde hace quince años, dijo que el bar-cafetería que hay debajo de su apartamento había sido un lugar agradable, pero que ahora se había convertido en un establecimiento exclusivamente masculino. "He tenido que escuchar un montón de cosas al pasar por ahí, sobre todo porque beben mucho". Al parecer, una vecina de 80 años ha tenido que salir completamente de su apartamento tras haber sido agredida sexualmente un día al regresar a su casa. Se dice que otra mujer sufre un aluvión de insultos simplemente por asomarse a la ventana".


Tal y como recuerda el analista Ives Mamou, hablar de zonas de exclusión en Francia era, hasta hace poco, tabú. “Se consideraba ‘racista’ o ‘islamófobo’ —casi siempre ambas cosas— hablar de ello. Pero en mayo de 2016, Patrick Kanner, ministro francés de Áreas Urbanas, acosado por los periodistas, reconoció por fin la verdad: ‘Nos consta que hoy existe un centenar de barrios en Francia que presentan posibles similitudes con lo que ha ocurrido en Molenbeek’. Se estaba refiriendo al tristemente conocido barrio de Bruselas, controlado por el salafismo, que se ha convertido en el epicentro de la yihad en Europa”.


“Las zonas de exclusión, mediante la inmigración masiva, han surgido ahora en el corazón de París, Burdeos, Toulouse, Marsella, Grenoble y Aviñón; distritos "privatizados" por doquier por una mezcla de traficantes de drogas, fanáticos salafistas y bandas juveniles islámicas. Las principales víctimas son las mujeres. Ellas —tanto las musulmanas como las no musulmanas— son acosadas, y algunas agredidas sexualmente”, explica Mamou.


Ahora, tal y como ha demostrado el caso del checheno  Kahamzat Azivov, las “zonas de exclusión” galas también producen terroristas islamistas. Y, en el metro, apenas están a 15 minutos de la Torre Eiffel, de los Campos Elíseos o del Arco de Triunfo.

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