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Pablo Mosquera
Domingo, 1 de julio de 2018

Repasemos algunas competencias

Guardar en Mis Noticias.

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Tenemos historial suficiente para analizar y señalar como ha funcionado el Estado de las autonomías. Por mi parte me permito comentar algunos espacios para tal reflexión.


¿De la aplicación íntegra de los Estatutos de Autonomía se deduce la igualdad de oportunidades para el ejercicio real de la ciudadanía como fuente de derechos?


¿Ha sido el Estado Autonómico un modelo más eficiente que el anterior modelo centralizado?


¿Es la descentralización, a través de los fragmentos de Estado que son las Comunidades Autónomas, leal con el espíritu y la letra de la Constitución?.
 

Creo que por poco ilustrado que sea el pensador, tal análisis lleva por lo menos a las siguientes conclusiones:
 

Se ha incrementado el gasto de forma insostenible, sin que se haya incrementado la calidad de vida para los ciudadanos así administrados.


Nada tiene que ver, estar bajo "el manto protector" del Estatuto vasco o catalán que los Estatutos del resto de las Comunidades del Estado.
 

La permisividad interesada por mera matemática al servicio de mayoría políticas en Instituciones, nos ha llevado al mando con dinero y deslealtad que han ejercicio algunas Autonomías marchando descaradamente hacia la autodeterminación.
 

Pero voy a darle una vuelta más a la tuerca del agujero.
 

¿Los nacionalistas se han conformado con el trato, herramientas competenciales y privilegios disfrutados para frenar su fiebre independentista?
 

¿Lo que antecede, como ha operado en las poblaciones, ha evitado que crezcan los satisfechos o los insatisfechos, y que tiene de consecuencias a la hora de aumentar o disminuir el volumen de gentes que han perdido su identidad española?
 

¿Podemos fiarnos de las policías autonómicas, sistemas educativos, espacio informativo audio visual, como instrumentos para mantener y defender el derecho a ser español en todo el territorio nacional?
 

¿Son más honestos los dirigentes que han ocupado, administrado, politizado a la sociedad civil desde el desarrollo del Estado Constitucional de las Autonomías, o por el contrario al estar más cerca de la mamandurria les ha convertido en elementos hábiles del abyecto estado de la corrupción?


Una vez más, las conclusiones son terribles, capaces de sumirnos en un pesimismo superior al que embargaba al Reino de España en 1898 cuando se perdieron las colonias y descubrimos que aquella España, núcleo del imperio y del castellano, era una quimera, una antigualla, un frenesí. De ahí la frase de Ortega. "Dios mío, ¿ qué es España?"


Sigo con las dudas existenciales sobre el proceso de implantación y desarrollo del Estado español, controlado por la partitocracia, o por fuerzas fácticas que ya no son ni la Iglesia, ni el ejército. Pero que tienen mucho poder para que los dirigentes del sistema democrático sean los primeros pervertidores de tal.


¿Alguien ha puesto empeño en terminar con el estado de la corrupción, o se ha extendido como una subcultura generalizada entre los que administran caudales públicos, con las excepciones de toda regla?


¿Todos aquellos que actúan como miembros del Santo Oficio, al más puro estilo del "gran Torquemada", están libres de caer en las tentaciones, o simplemente gritan para seguir cabalgando hacia el enriquecimiento, mientras no les pillan?


¿La política y decir la verdad al pueblo soberano, es una quimera, una ingenuidad o tan sólo un anuncio de publicidad con fines para vender esperanzas que se traduzcan en votos y así seguir manteniendo cautiva a la propia democracia?


Y digo lo que antecede por dos hechos. Lo primero que han hecho los nuevos mandarines, una vez alcanzado el poder, es mentir sobre la convocatoria de elecciones. Lo segundo, lograr una vez más que nadie espere: modifiquen, reformen , adecuen, la ley electoral garantizando una representación proporcional al número de ciudadanos y con listas abiertas.


Con lo dicho no pretendo señalar disconformidad alguna con la expulsión de Don Mariano. Era justo, higiénico y necesario. Pero volvemos a estar ante la incertidumbre del bipartidismo, es decir, a uno le sustituye el otro, con algunos cambios para que todo siga igual.


Se ha puesto más énfasis en agradar con gestos, mensajes y reuniones a los enemigos de la unidad solidaria de tierras y gentes de España, que en dar fe, esperanza y solidaridad a los que han sido castigados por la crisis. Incluso resulta aleccionador como de aquellos primeros gritos contra leyes mordaza, mercado laboral, fiscalidad con amnistía para clases pudientes, o garantías de recuperación del estado del bienestar social, se ha pasado a poner sordina, aplicaciones de prudentes horizontes en el tiempo, o paralizaciones sine día para el Pacto de Toledo.


Es más. Lo mejor del nuevo miembro de la cúpula europea ha sido su sonrisa y su manejo del inglés. Por lo demás, tranquilidad para los mercados, mercaderes, mandarines del euro, prestamistas con mando a distancia sobre nuestras cuentas públicas. Y si alguien interpreta que no se está haciendo nada, le digo que se equivoca. Hemos logrado discutir sobre si el general golpista y pelín asesino debe seguir enterrado en el mausoleo del Valle. Así y con la selección española de Futbol haciendo el ridículo pero con una flor en sálvese la parte, tenemos materia para entretenernos hasta el 11-S que volverá la Diada y me temo que otra declaración unilateral de la República Catalana, mientras determinados agentes de la policía autonómica al servicio de la Generalidad, se dedican a ejercer como listeros y espías marcando la desafección a los presos, a las estirpes como los Pujol, o a los escapados con casa, sueldo y coche oficial, dando motivos para que España y su Estado de Derecho se hayan convertido en un circo.      
 

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