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Raúl González Zorrilla. Director de La Tribuna del País Vasco
Lunes, 9 de marzo de 2015 | Leída 1459 veces
“Los artistas de ‘izquierdas’ están forrados y son unos farsantes”

Luis Racionero: “Es patético, pero el único objetivo del arte contemporáneo es ganar ingentes cantidades de dinero”

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Un escualo en formol vendido por 12 millones de euros. Una calavera de diamantes cuya puja fue artificialmente inflada por el propio artista. Un urinario convertido en objeto de exposición en las más famosas galerías del mundo. Un vaso de agua medio lleno que protagoniza la última edición de Arco, la feria de arte contemporáneo más importante de España. Ya no hay modo de saber si algo es bueno o mediocre: ni siquiera sabemos si algo es arte o no lo es. De todo esto, y de cómo la creación artística actual ha perdido cualquier tipo de pretensión cultural, estética o formativa para dejarse arrastrar únicamente por el mundo del dinero, habla “Los tiburones del arte”, el último libro del escritor Luis Racionero (Seo de Urgel, 1940) que acaba de publicar la editorial Stella Maris.

 

Racionero, que estudió Ingeniería y Ciencias Económicas en la Universidad de Barcelona y obtuvo la beca Fullbright para doctorarse en Urbanismo en Berkeley, ejerció durante unos años como profesor de Microeconomía y Urbanismo, pero, en 1978, decidió establecerse en el Ampurdán gerundense y dedicarse exclusivamente a la literatura.

 

Como escritor ha cultivado tanto la narrativa de ficción como la no ficción, obteniendo, entre otros, los premios Azorín y Fernando Lara de novela, y el Anagrama de Ensayo. Entre sus obras narrativas destaca “Cercamón” (1982), “La forja del exilio” (1985), “Raymon o la alquimia de la locura” (1985), “La cárcel de amor” (1996) y “La sonrisa de la Gioconda” (1999). Entre sus estudios ensayísticos más destacados sobresale “Filosofías del underground” (1977), “Del paro al ocio” (1983), “El Mediterráneo y los bárbaros del norte” (1996) y “Los complejos de la derecha”.

 

¿Ha muerto el arte?

 

No, el arte contemporáneo no está muerto. Van muriendo los diferentes propósitos artísticos que se han ido produciendo a lo largo de la historia. Como muy bien explicó Ernst Gombrich, en el arte no hay progreso, hay propósitos. Cada época utiliza el arte con una determinada intención. El último propósito que murió fue el de los románticos, a finales del siglo XIX. Tras ellos, llegaron las vanguardias, que no se sabía muy bien qué propósito tenían, aunque ahora sí lo sabemos: ganar dinero.

 

En vez de elevar el nivel moral de la sociedad o de refinar la sensibilidad o crear emociones,  el objetivo de las vanguardias artísticas es obtener ingentes cantidades de dinero. Así fue cómo murió la concepción del arte que se había mantenido durante siglos y comenzó esta nueva época, alrededor de 1900, a partir de la cual la obra artística tiene como único fin dejar muchos beneficios económicos a unos cuantos. Y esto es patético y pernicioso.

 

¿Cómo se convierte un tiburón en formol en una obra de arte?

 

Es una maniobra publicitaria. El “artista” Damien Hirst, que es quien ha hecho los tiburones en formol, está financiado por la multinacional Saatchi & Saatchi, creada por dos hermanos, magnates de las agencias de publicidad y de las relaciones públicas. Saatchi & Saatchi financia a este supuesto creador, con lo que está clarísimo que lo que trata de hacerse es una gran maniobra mercantil. Se monta una enorme campaña publicitaria diciendo que este señor es un interesantísimo artista, y luego se diseñan unas subastas y unas pujas a las que se lleva a unos señores que pagan mucho dinero por sus obras. Y si las obras, a pesar de todo, no son compradas por el público, pues aparece otra vez Saatchi and Saatchi para comprarlas y mantener y aumentar los precios de venta.

 

[Img #5818]En las primeras páginas de su libro, Racionero explica este proceso con rotunda claridad:

 

“Cuando ya no hay criterios es imposible decidir qué es y qué no es arte, basándose en la obra de arte en sí. Por eso son los ‘marchands’ y los propios artísticas quienes confieren valor a las obras por medio de campañas publicitarias o técnicas de relaciones públicas: si se expone en la galería X, el crítico Y dice que aquello es arte, y el millonario Z lo compra a un alto precio, lo presentado es arte, aunque sea un urinario vuelto del revés2.

 

“Los tres criterios que acabo de enunciar para convertir cualquier cosa en obra de arte: galería, crítico y dinero, no tienen nada que ver con el objeto en sí, sino con hábiles movimientos de relaciones públicas. El taimado Damien Hirst reconoce con toda candidez que su maestro no es el macabro Dr. Moreau que intenta hacer arte con los cromosomas, sino el mago de las relaciones públicas Mr. Saatchi. En vez de criterios estéticos, lo que hay es un entramado de galeristas, exposiciones y museos por medio del cual se otorgan prestigios, se sostienen famas, se fomentan carreras y se alzan precios, sea cual sea lo que se vende: tanto da un urinario al revés como una tela en blanco, como una vaca en formol”.

 

¿Nadie pone algo de orden estético o intelectual en este panorama? ¿Qué papel desempeñan los museos públicos?

 

Han de ser los críticos de arte quienes comiencen a poner orden en este caos. Pero no lo hacen porque no se atreven o porque están también comprados por este sistema. En cuando a los museos, la situación compromete a los directores de los grandes museos de arte moderno en Nueva York o Londres. Son ellos los que tienen que encargarse de poner las cosas en su sitio.

 

En los ámbitos culturales, ¿hay miedo a decir este tipo de cosas?

 

Sí, porque se ha hecho una campaña que dura ya más de cien años mediante la que constantemente se ha afirmado que en el mundo del arte actual “todo vale” o que “puede hacerse todo”. Desde que Marcel Duchamp, que era el peor de todos, pero que era un tipo muy inteligente, decidió poner un urinario al revés y decir que aquello era arte, mientras los demás le reían la gracia, todo está permitido. Así es como se llega al vaso medio lleno presentado en la última edición de Arco y por el que se piden miles de euros para ver si algún idiota pica y lo compra. Contra esta situación, solamente puede lucharse con el sentido común, la sensibilidad estética y la exigencia artística.

 

¿Qué autores contemporáneos le interesan?

 

El pintor expresionista abstracto Mark Rotkko. Y Miquel Barceló en sus obras expresionistas. Poco más. De la música me interesa solo el jazz, Bill Evans y Miles Davis, entre otros. Y también me interesan mucho los Beatles, por supuesto. Yo creo que el arte del siglo XX fue el cine que, por cierto, ha llegado ya a su época manierista. Antes teníamos a Orson Welles, Alfred Hitchcock o Luchino Visconti, pero ahora tenemos ya a los grandes manieristas como Steven Spielberg, con trabajos muy bien hechos, pero con poco contenido a transmitir.

 

[Img #5817]La pérdida de referentes que se vive en el mundo del arte contemporáneo, ¿se reproduce también en otros campos de la creación?

 

En la literatura ocurrió lo mismo. Hubo un momento en el que la gente empezó a escribir sin  puntos ni comas y a hacer cosas raras. Lo que pasa es que esto no prosperó porque la industria editorial se dio cuenta enseguida de que para vender libros hay que coger a Dan Brown para que cuente historias. Si tomas a James Joyce o a Robert Musil, o a tipos similares que culturalmente son muy impresionantes, a la gente no le sirven para nada, ya que aburren sobremanera. Cosas como “Rayuela”, de Julio Cortázar, que es un “coñazo” inconmensurable, ya no cuelan…

 

Una pregunta algo malvada: ¿El arte contemporáneo es de derechas o de izquierdas?

 

El arte contemporáneo pretende ser de izquierdas, pero solamente es una falsedad más. Tenemos, por ejemplo, a Antoni Tapies, Antonio Saura y Pablo Picasso, símbolos de la izquierda, pero todos multimillonarios. Yo no entiendo a estos señores que se hacen de izquierdas para acabar siendo ricos. Son unos farsantes, porque lo que quieren es dinero, dinero y dinero. Y a mí me parece estupendo que quieran dinero, pero entonces no se les puede catalogar de izquierdas. Los artistas de “izquierdas” siempre aparecen quejándose y con rostros muy enfadados por las contradicciones del sistema, pero están forrados de millones. Son unos cuentistas. Todos son de derechas, a pesar de lo que digan. En el mundo del arte, decir que eres comunista resulta muy rentable, porque enseguida vienen muchos críticos y escritores que te hacen alabanzas y muy buenos comentarios. Así que esta gente tiene lo mejor de los dos mundos: la crítica favorable y el hacerse millonario.

 

¿Cuál es el futuro del arte?

 

Debe haber un octavo, un noveno y un décimo arte. El arte consiste en tomar un elemento material y sensual sobre el cual se trabaja para expresar unas emociones, unas intuiciones y unos sentimientos. Hay que encontrar nuevos medios sensoriales a través de los cuales puedan expresarse los nuevos artistas. La ingeniería genética, por ejemplo, podría permitir generar bellas estatuas de carne y hueso, aunque esto podría resultar muy peligroso; otras técnicas, como el láser o el holograma también se han utilizado, pero no han dado buenos resultados, como tampoco lo ha hecho la utilización de ordenadores. El futuro pasa por emplear las nuevas tecnologías, lo novedoso que ofrece la ciencia, como un medio artístico nuevo y diferente.

 

¿Qué mensaje transmitiría a esas personas que han visitado una exposición de arte contemporáneo y tienen la sensación de no entender nada?

 

Que no se dejen engañar. Que vayan al Museo del Prado y vean lo que es la pintura de verdad.

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1 Comentario
Steve Giasson
Fecha: Domingo, 27 de marzo de 2016 a las 22:03
Sin comentarios.

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