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(...) El Papa denuncia las narrativas divisivas. Invita a superar las simplificaciones y llama a construir una cultura del encuentro. Es difícil no compartir esos objetivos. Nadie sensato desea una sociedad fracturada. Nadie desea el enfrentamiento permanente. Nadie puede alegrarse de la creciente crispación política que atraviesa Europa. Pero precisamente por eso resulta imprescindible formular una pregunta incómoda. ¿De dónde surge esa polarización? Porque las sociedades no se dividen espontáneamente. Las fracturas políticas profundas suelen aparecer cuando una parte significativa de la población percibe que las instituciones ya no la representan, que sus preocupaciones son ignoradas o que determinadas decisiones se adoptan sin tener en cuenta sus consecuencias reales. Y aquí aparece uno de los principales puntos ciegos del discurso del pontífice. El Papa denuncia la polarización, pero apenas se detiene en analizar las políticas concretas que han contribuido a generarla... Un ensayo de Raúl González Zorrilla
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