La Odisea y los fantasmas woke
![[Img #30990]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/08_2026/8707_img_20260810_233139.jpg)
La Odisea es un poema épico que narra el largo y complicado viaje de Odiseo (Ulises) de regreso a su hogar en la isla de Ítaca tras la Guerra de Troya. El viaje dura diez años, durante los cuales enfrenta numerosos peligros y obstáculos, impuestos principalmente por el dios Poseidón (Neptuno), que busca impedir su regreso a casa en venganza al cruel trato dado por Ulises al cíclope Polifemo.
En su travesía, Odiseo no solo se enfrenta a cíclopes, sino que escapa de la hechicera Circe, resiste el canto de las sirenas, atraviesa los peligros marítimos de Escila y Caribdis y permanece años cautivo (drogado con hojas de flor de loto) en la isla de la ninfa Calipso. Pese al odio de Poseidón, gracias a su inteligencia, valentía y a la ayuda de la diosa Atenea, Odiseo logra superar cada desafío.
Mientras tanto, en Ítaca, su esposa Penélope permanece fiel a su esposo, a la espera de su regreso, aunque numerosos pretendientes desean casarse con ella para apoderarse del reino. A la vez, su joven hijo Telémaco emprende un viaje para obtener noticias suyas y demostrar su madurez.
Finalmente, Odiseo regresa disfrazado de mendigo para comprobar quiénes aún le siguen siendo leales en Ítaca. Con la ayuda de Telémaco y algunos fieles servidores, derrota a los pretendientes y recupera el trono y a su familia.
El origen de los textos actuales de la Ilíada y la Odisea es el resultado de un proceso largo y complejo de transmisión oral, fijación escrita y tradición manuscrita, que abarca más de dos milenios.
No existe un “original” único en sentido moderno. Las epopeyas atribuidas a Homero nacen en una cultura oral de los siglos IX – VIII a.C. durante la edad del hierro. Narran hechos sucedidos casi un milenio antes, en la edad del bronce, en una sociedad que ya no existía. Los textos se componían y transmitían mediante aedos y rapsodas que usaban fórmulas métricas (epítetos como “Aquiles el de los pies ligeros”) para facilitar la memorización.
Cada recitación podía introducir variaciones. Por tanto, no había un texto fijo. Eran obras “fluidas” a voluntad de su intérprete, y no obras “cerradas”.
La primera fijación escrita se cree que se realizó en época de Pisístrato (s. VI a.C.), quizás como recensión ateniense para las fiestas Panateneas.
En este periodo se generalizó la escritura en Grecia, lo que llevó posiblemente a estabilizar un texto unificando las versiones recitadas.
El paso decisivo para crear los textos actuales de La Ilíada y La Odisea lo dieron los filólogos de la Biblioteca de Alejandría ( siglos III–II a.C.): Zenódoto de Éfeso realizó la primera edición crítica y Aristarco de Samotracia estableció un texto más depurado. Los textos “clásicos” que conocemos hoy derivan de esta época.
Con la transmisión a mano medieval (siglos X–XV) se crearon copias de los poemas homéricos en manuscritos bizantinos con escritura minúscula griega. Las primeras ediciones impresas son del siglo XV y las transcriben.
La filología moderna ha reconstruido en lo posible el texto griego de los poemas comparando las versiones transmitidas. Se ha basado en los manuscrito medievales, que derivan de las ediciones helenísticas de poemas originalmente orales varios siglos más antiguos y casi mil años posteriores, como hemos dicho, a los hechos que narran.
Por ello, hay que tener claro que no hay un “texto original” de La Ilíada ni de La Odisea. Además, desde que comenzaron a ser traducidos los dos poemas homéricos a las lenguas modernas, han aparecido en ellas traducciones de La Ilíada y La Odisea que, aun siendo muy conocidas e influyentes, han sido muy criticadas por alejarse del griego original: ya sea por exceso de literalidad “creativa”, forzando la traducción, ya sea por exceso de embellecimiento poético, creando casi un poema diferente, o ya sea por adaptar tanto el texto a la sensibilidad de la época de la traducción, que han "modernizando" los hechos y personajes hasta sacarlos del mundo mental de la edad antigua que los poemas homéricos pretendían reflejar.
El problema de fondo es estructural: el griego homérico de ambos poemas está lleno de fórmulas, es repetitivo, oral, rítmico y está escrito en hexámetros dactílicos.
Por ello, toda traducción de Homero debe elegir bien entre la fidelidad formal (repeticiones, epítetos, ritmo), o bien facilitar la legibilidad moderna, o bien anteponer la creación de un valor literario autónomo de la traducción (como sucede con la famosa traducción al inglés de Pope, que tiene más de este escritor del siglo XVIII, que de Homero y cuyo éxito en su tiempo fue enorme).
Las tres cosas se excluyen entre ellas. Las traducciones polémicas suelen inclinarse fuertemente hacia uno de estos polos, generando tensión con los otros dos.
Lo mismo sucede con las versiones fílmicas de los dos poemas, pues beben de las mismas fuentes y crean versiones visuales de los poemas.
La reciente versión para cine de “La Odisea” de Christopher Nolan ha sido acusada de convertir la historia en una película woke, por lo que ha sufrido feroces críticas al reparto por su origen étnico o cultural.
Una campaña mediática ha convertido el estreno de la superproducción en una nueva batalla dentro de la guerra cultural actual.
La polémica surgió por decisiones de reparto: la bellísima actriz negra Lupita Nyong’o dando vida a Elena de Troya y a su hermana Clitemnestra; Zendaya interpretando a la diosa Atenea de ojos glaucos y a una joven sacerdotisa troyana asesinada al caer la ciudad; la actriz transexual Elliot Page en el papel de Sinón, el soldado griego engañado que guarda el caballo de madera creyéndolo solo una ofrenda a Atenea, haciendo sin saberlo el papel de cebo, cuya ignorancia convence a los troyanos de introducir el caballo de madera en la ciudad. Sinón ni siquiera es un personaje de la Odisea de Homero, sino de la Eneida de Virgilio, lo que confirma que Nolan nunca ha pretendido hacer una traducción literal del poema homérico sino una adaptación libre que mezcla fuentes.
En mi opinión el casting elegido no afecta a la calidad de las interpretaciones ni al fondo de la historia. En la película los temas principales siguen siendo los mismos que en el texto homérico: la perseverancia y la superación de las dificultades; la importancia de la inteligencia y la astucia; la fidelidad y el amor familiar; la relación entre los seres humanos y los dioses; el deseo de regresar al hogar y recuperar la propia identidad.
El filme podrá gustar más o menos, pero no deja de ser una buena y espectacular versión de La Odisea.
Además, lo mismo que el texto escrito hace dos milenios y medio muestra cómo la constancia, el ingenio y la lealtad de los hombres permiten vencer incluso los obstáculos más difíciles que pongan los dioses.
Si la película de Nolan no amenaza ni perjudica el interés de la Odisea homérica, ¿por qué el escándalo actual?
Porque para algunos su idea preconcebida sobre Troya y la edad del bronce griega es intocable, y ven fantasmas en cualquier novedad, sin entender que la imagen que tenemos a través de los poemas homéricos sobre la guerra de Troya y las aventuras de Ulises es una selección de aportaciones de aedos, rapsodas homéricos y filólogos helenísticos creada a lo largo de siglos. No una obra sagrada dictada por un poeta cuasi divino que llamamos Homero.
Como dijo Renan, hablando precisamente sobre la valoración de Homero en sus días: “es en las religiones literarias donde uno encuentra a los verdaderos fanáticos”.
Arturo Aldecoa Ruiz. Apoderado en las Juntas Generales de Bizkaia 1999 - 2019
![[Img #30990]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/08_2026/8707_img_20260810_233139.jpg)
La Odisea es un poema épico que narra el largo y complicado viaje de Odiseo (Ulises) de regreso a su hogar en la isla de Ítaca tras la Guerra de Troya. El viaje dura diez años, durante los cuales enfrenta numerosos peligros y obstáculos, impuestos principalmente por el dios Poseidón (Neptuno), que busca impedir su regreso a casa en venganza al cruel trato dado por Ulises al cíclope Polifemo.
En su travesía, Odiseo no solo se enfrenta a cíclopes, sino que escapa de la hechicera Circe, resiste el canto de las sirenas, atraviesa los peligros marítimos de Escila y Caribdis y permanece años cautivo (drogado con hojas de flor de loto) en la isla de la ninfa Calipso. Pese al odio de Poseidón, gracias a su inteligencia, valentía y a la ayuda de la diosa Atenea, Odiseo logra superar cada desafío.
Mientras tanto, en Ítaca, su esposa Penélope permanece fiel a su esposo, a la espera de su regreso, aunque numerosos pretendientes desean casarse con ella para apoderarse del reino. A la vez, su joven hijo Telémaco emprende un viaje para obtener noticias suyas y demostrar su madurez.
Finalmente, Odiseo regresa disfrazado de mendigo para comprobar quiénes aún le siguen siendo leales en Ítaca. Con la ayuda de Telémaco y algunos fieles servidores, derrota a los pretendientes y recupera el trono y a su familia.
El origen de los textos actuales de la Ilíada y la Odisea es el resultado de un proceso largo y complejo de transmisión oral, fijación escrita y tradición manuscrita, que abarca más de dos milenios.
No existe un “original” único en sentido moderno. Las epopeyas atribuidas a Homero nacen en una cultura oral de los siglos IX – VIII a.C. durante la edad del hierro. Narran hechos sucedidos casi un milenio antes, en la edad del bronce, en una sociedad que ya no existía. Los textos se componían y transmitían mediante aedos y rapsodas que usaban fórmulas métricas (epítetos como “Aquiles el de los pies ligeros”) para facilitar la memorización.
Cada recitación podía introducir variaciones. Por tanto, no había un texto fijo. Eran obras “fluidas” a voluntad de su intérprete, y no obras “cerradas”.
La primera fijación escrita se cree que se realizó en época de Pisístrato (s. VI a.C.), quizás como recensión ateniense para las fiestas Panateneas.
En este periodo se generalizó la escritura en Grecia, lo que llevó posiblemente a estabilizar un texto unificando las versiones recitadas.
El paso decisivo para crear los textos actuales de La Ilíada y La Odisea lo dieron los filólogos de la Biblioteca de Alejandría ( siglos III–II a.C.): Zenódoto de Éfeso realizó la primera edición crítica y Aristarco de Samotracia estableció un texto más depurado. Los textos “clásicos” que conocemos hoy derivan de esta época.
Con la transmisión a mano medieval (siglos X–XV) se crearon copias de los poemas homéricos en manuscritos bizantinos con escritura minúscula griega. Las primeras ediciones impresas son del siglo XV y las transcriben.
La filología moderna ha reconstruido en lo posible el texto griego de los poemas comparando las versiones transmitidas. Se ha basado en los manuscrito medievales, que derivan de las ediciones helenísticas de poemas originalmente orales varios siglos más antiguos y casi mil años posteriores, como hemos dicho, a los hechos que narran.
Por ello, hay que tener claro que no hay un “texto original” de La Ilíada ni de La Odisea. Además, desde que comenzaron a ser traducidos los dos poemas homéricos a las lenguas modernas, han aparecido en ellas traducciones de La Ilíada y La Odisea que, aun siendo muy conocidas e influyentes, han sido muy criticadas por alejarse del griego original: ya sea por exceso de literalidad “creativa”, forzando la traducción, ya sea por exceso de embellecimiento poético, creando casi un poema diferente, o ya sea por adaptar tanto el texto a la sensibilidad de la época de la traducción, que han "modernizando" los hechos y personajes hasta sacarlos del mundo mental de la edad antigua que los poemas homéricos pretendían reflejar.
El problema de fondo es estructural: el griego homérico de ambos poemas está lleno de fórmulas, es repetitivo, oral, rítmico y está escrito en hexámetros dactílicos.
Por ello, toda traducción de Homero debe elegir bien entre la fidelidad formal (repeticiones, epítetos, ritmo), o bien facilitar la legibilidad moderna, o bien anteponer la creación de un valor literario autónomo de la traducción (como sucede con la famosa traducción al inglés de Pope, que tiene más de este escritor del siglo XVIII, que de Homero y cuyo éxito en su tiempo fue enorme).
Las tres cosas se excluyen entre ellas. Las traducciones polémicas suelen inclinarse fuertemente hacia uno de estos polos, generando tensión con los otros dos.
Lo mismo sucede con las versiones fílmicas de los dos poemas, pues beben de las mismas fuentes y crean versiones visuales de los poemas.
La reciente versión para cine de “La Odisea” de Christopher Nolan ha sido acusada de convertir la historia en una película woke, por lo que ha sufrido feroces críticas al reparto por su origen étnico o cultural.
Una campaña mediática ha convertido el estreno de la superproducción en una nueva batalla dentro de la guerra cultural actual.
La polémica surgió por decisiones de reparto: la bellísima actriz negra Lupita Nyong’o dando vida a Elena de Troya y a su hermana Clitemnestra; Zendaya interpretando a la diosa Atenea de ojos glaucos y a una joven sacerdotisa troyana asesinada al caer la ciudad; la actriz transexual Elliot Page en el papel de Sinón, el soldado griego engañado que guarda el caballo de madera creyéndolo solo una ofrenda a Atenea, haciendo sin saberlo el papel de cebo, cuya ignorancia convence a los troyanos de introducir el caballo de madera en la ciudad. Sinón ni siquiera es un personaje de la Odisea de Homero, sino de la Eneida de Virgilio, lo que confirma que Nolan nunca ha pretendido hacer una traducción literal del poema homérico sino una adaptación libre que mezcla fuentes.
En mi opinión el casting elegido no afecta a la calidad de las interpretaciones ni al fondo de la historia. En la película los temas principales siguen siendo los mismos que en el texto homérico: la perseverancia y la superación de las dificultades; la importancia de la inteligencia y la astucia; la fidelidad y el amor familiar; la relación entre los seres humanos y los dioses; el deseo de regresar al hogar y recuperar la propia identidad.
El filme podrá gustar más o menos, pero no deja de ser una buena y espectacular versión de La Odisea.
Además, lo mismo que el texto escrito hace dos milenios y medio muestra cómo la constancia, el ingenio y la lealtad de los hombres permiten vencer incluso los obstáculos más difíciles que pongan los dioses.
Si la película de Nolan no amenaza ni perjudica el interés de la Odisea homérica, ¿por qué el escándalo actual?
Porque para algunos su idea preconcebida sobre Troya y la edad del bronce griega es intocable, y ven fantasmas en cualquier novedad, sin entender que la imagen que tenemos a través de los poemas homéricos sobre la guerra de Troya y las aventuras de Ulises es una selección de aportaciones de aedos, rapsodas homéricos y filólogos helenísticos creada a lo largo de siglos. No una obra sagrada dictada por un poeta cuasi divino que llamamos Homero.
Como dijo Renan, hablando precisamente sobre la valoración de Homero en sus días: “es en las religiones literarias donde uno encuentra a los verdaderos fanáticos”.
Arturo Aldecoa Ruiz. Apoderado en las Juntas Generales de Bizkaia 1999 - 2019


















