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Martes, 11 de Agosto de 2026 Tiempo de lectura:
Entrega el patrimonio genealógico español

El Gobierno de Pedro Sánchez abre los archivos históricos españoles a FamilySearch, la gran plataforma genealógica financiada por la Iglesia mormona

El Ministerio de Cultura permitirá a la organización estadounidense digitalizar fondos genealógicos de titularidad estatal y le concede una licencia mundial y sin límite temporal para utilizar las imágenes. FamilySearch asumirá todos los gastos. Detrás del gigantesco proyecto genealógico existe además una particular concepción religiosa: para los Santos de los Últimos Días, localizar a los antepasados permite realizar en los templos determinadas ceremonias por los fallecidos, entre ellas el conocido «bautismo por los muertos»

 

[Img #30978]En apenas siete páginas del Boletín Oficial del Estado aparece uno de esos convenios administrativos cuya trascendencia resulta difícil apreciar a primera vista. La resolución de la Dirección General de Patrimonio Cultural y Bellas Artes publica el acuerdo alcanzado entre el Ministerio de Cultura español y FamilySearch International para digitalizar y difundir documentación histórica española de carácter genealógico. El convenio fue firmado el 27 de enero de 2026 y publicado en el BOE del 12 de febrero. 

 

Sobre el papel es, esencialmente, un gran proyecto de conservación documental. FamilySearch proporciona la tecnología, el personal y el dinero; España pone a disposición del proyecto determinados fondos de sus archivos históricos. Las imágenes resultantes quedarán disponibles tanto a través del Portal de Archivos Españoles, PARES, como en la propia plataforma estadounidense. Pero detrás del nombre aparentemente neutro de FamilySearch existe una historia singular. La organización está estrechamente vinculada a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, conocida popularmente como Iglesia mormona, que financia FamilySearch y ofrece gratuitamente su servicio a cualquier persona, con independencia de sus creencias.

 

Y esa relación importa porque para los Santos de los Últimos Días la genealogía no es únicamente una afición histórica o una herramienta para reconstruir el árbol familiar. Forma parte de una práctica religiosa profundamente arraigada y directamente relacionada con las ceremonias que realizan por sus antepasados fallecidos. La propia documentación oficial de la Iglesia explica que FamilySearch facilita a sus miembros la identificación de antepasados, permite conocer qué ordenanzas religiosas han sido realizadas por ellos y ayuda a preparar sus nombres para las ceremonias de los templos.

 

Millones de documentos españoles

 

El convenio autoriza la digitalización de «fondos documentales de titularidad estatal de carácter genealógico» conservados en los archivos estatales y también en archivos cuya titularidad corresponde al Estado, pero cuya gestión está transferida a comunidades autónomas, como ocurre con numerosos Archivos Históricos Provinciales. No significa, por tanto, que FamilySearch obtenga acceso indiscriminado a todo el patrimonio documental español. Una comisión conjunta deberá determinar qué fondos concretos serán objeto de digitalización. 

 

La documentación potencialmente relevante es inmensa. Registros históricos, protocolos notariales, documentación familiar y otras fuentes permiten reconstruir matrimonios, descendencias, parentescos, lugares de residencia, propiedades y sucesiones. El propio convenio recuerda que los protocolos notariales de más de cien años de antigüedad forman parte fundamental de los archivos históricos provinciales y señala expresamente el «máximo interés» de estos fondos para los estudios relacionados con la genealogía y la ascendencia familiar.

 

FamilySearch desplazará personal contratado por la propia entidad hasta los archivos españoles. El Estado facilitará gratuitamente el acceso a los documentos, así como espacio, electricidad, conexión a Internet y las condiciones necesarias para instalar los equipos de digitalización. FamilySearch, a cambio, se hará cargo del personal, la tecnología y todos los costes del proyecto. Las reproducciones deberán realizarse como mínimo en color RGB de 24 bits, formato TIFF y una resolución de 300 puntos por pulgada.

 

Para el Ministerio de Cultura existe, por tanto, una ventaja evidente: una parte potencialmente enorme del patrimonio documental español será digitalizada sin coste presupuestario directo para el Estado. El convenio establece expresamente que FamilySearch asumirá todos los gastos derivados de su ejecución. Además, el Estado conservará el máster digital de las reproducciones.

 

Una licencia para todo el mundo y sin límite temporal

 

Hay, sin embargo, algunos aspectos jurídicos del acuerdo que merecen atención. Aunque los documentos originales continúan perteneciendo al Estado y el Ministerio conservará los másteres digitalizados, Cultura concede a FamilySearch una licencia no exclusiva, mundial, ilimitada temporalmente y libre de royalties que le permitirá utilizar, reproducir, distribuir, transmitir y mostrar las imágenes digitales mediante cualquier tecnología o medio, siempre sin ánimo de lucro.

 

FamilySearch podrá además elaborar a partir de esas imágenes sus propios «materiales de investigación», entre ellos índices que permitan localizar personas y relacionar documentos. El convenio establece que la propiedad de esos materiales de investigación corresponderá a FamilySearch. Cultura recibirá una copia gratuita, pero exclusivamente para usos no comerciales.

 

El detalle no es menor. La verdadera potencia contemporánea de un archivo digital no reside solamente en disponer de millones de fotografías de documentos antiguos, sino en convertir esas fotografías en una base de datos indexada donde puedan cruzarse nombres, fechas, matrimonios, padres, hijos y lugares. FamilySearch lleva años desarrollando precisamente esa tecnología. Sus sistemas ofrecen automáticamente «pistas» basadas en los documentos históricos incorporados a sus bases de datos y permiten vincular esos registros a las personas incluidas en su gigantesco árbol genealógico colectivo. 

 

El alcance de la plataforma ayuda a comprender la dimensión del convenio. Al terminar 2025, FamilySearch afirmaba disponer de más de 22.700 millones de nombres e imágenes procedentes de documentos históricos de más de 170 países y territorios. Su árbol genealógico contenía alrededor de 1.800 millones de personas identificables mediante búsquedas. Solo durante 2025 añadió más de 2.200 millones de nuevos registros e imágenes. 

 

España tampoco constituye territorio desconocido para la organización. FamilySearch mantiene ya colecciones españolas con registros civiles y, especialmente, millones de imágenes procedentes de archivos parroquiales católicos. Una de sus colecciones generales contiene documentación eclesiástica española fechada entre 1307 y 2005, incluidos bautismos, confirmaciones, matrimonios y defunciones. 

 

¿Por qué los mormones están tan interesados en la genealogía?

 

Aquí comienza la parte menos conocida del asunto. La pasión de los Santos de los Últimos Días por reconstruir genealogías tiene una explicación doctrinal. Para esta Iglesia, la muerte no impide que una persona pueda recibir determinadas ordenanzas religiosas necesarias para su salvación y exaltación. Por ello, una persona viva puede actuar como representante —proxy, en la terminología utilizada por la Iglesia— de alguien que ha fallecido.

 

Entre estas ceremonias se encuentran el bautismo, la confirmación, la investidura y los llamados «sellamientos» familiares, mediante los cuales esposos, padres e hijos pueden quedar unidos religiosamente para la eternidad. El manual general vigente de la Iglesia establece expresamente que estas ordenanzas pueden realizarse por representación en los templos a favor de personas fallecidas. 

 

La ceremonia más conocida es probablemente el bautismo por los muertos. Un miembro vivo de la Iglesia entra en una pila bautismal situada dentro del templo y es bautizado por inmersión en representación de una persona fallecida. Según la doctrina de los Santos de los Últimos Días, el fallecido conserva en el mundo espiritual plena libertad para aceptar o rechazar el bautismo realizado en su nombre. La propia Iglesia aclara además que la realización de la ceremonia no incorpora al fallecido al registro oficial de miembros. 

 

Ahí aparece la importancia extraordinaria de la genealogía. Para realizar estas ceremonias hay que saber quiénes fueron los antepasados, cuándo nacieron, quiénes eran sus padres, con quién se casaron, cuándo fallecieron y cómo se conectan las distintas generaciones. Por eso la Iglesia ha dedicado desde finales del siglo XIX enormes recursos humanos, económicos y tecnológicos a reunir documentación genealógica en todo el planeta. La antigua Genealogical Society of Utah, creada en 1894, acabaría desembocando en el actual sistema FamilySearch. 

 

Una publicación doctrinal oficial lo expresa con especial claridad: la investigación de historia familiar permite obtener los nombres y datos de los antepasados para que puedan efectuarse posteriormente las ceremonias del templo. FamilySearch es precisamente la herramienta informática mediante la cual los miembros pueden identificar a esos antepasados, comprobar las ordenanzas pendientes y preparar los nombres que se utilizarán en los templos. 

 

De un archivo histórico a un templo mormón

 

Eso no significa que la firma del convenio con Cultura implique que los millones de nombres encontrados en los archivos españoles vayan automáticamente a convertirse en candidatos para bautismos póstumos. Esa conclusión no aparece en ninguna parte del BOE y sería incorrecto presentarla de ese modo.

 

El mecanismo es mucho más complejo. Un documento histórico digitalizado puede convertirse en un registro indexado de FamilySearch. Ese registro puede ser asociado posteriormente a una persona incluida en Family Tree. Y los miembros de la Iglesia disponen dentro del mismo ecosistema tecnológico de funciones específicas que permiten localizar antepasados susceptibles de recibir ordenanzas en el templo. FamilySearch ofrece incluso una herramienta denominada Ordinances Ready, que busca dentro del árbol familiar nombres disponibles para esas ceremonias. 

 

Por tanto, existe una conexión tecnológica real entre archivo, genealogía, árbol familiar y práctica religiosa, aunque cada uno de esos pasos sea distinto y el convenio español solo regula los primeros: digitalización, descripción y difusión genealógica.

 

También existen límites internos importantes. El manual general de la Iglesia establece actualmente que sus miembros deben presentar normalmente nombres de personas con las que tengan parentesco. Prohíbe específicamente utilizar nombres de personajes famosos, víctimas judías del Holocausto o personas obtenidas mediante proyectos de extracción no autorizados. Además, para una persona fallecida hace relativamente poco tiempo se requiere autorización de un familiar próximo; cuando no existe esa autorización, la regla general establece una espera hasta que hayan transcurrido 110 años desde el nacimiento del fallecido. 

 

Lo que dice el BOE y lo que no dice

 

Resulta llamativo, en cualquier caso, que el convenio describa FamilySearch únicamente como una organización sin ánimo de lucro heredera de la tradición de la Sociedad Genealógica de Utah y dedicada a «la investigación, la digitalización y la preservación de la historia familiar». La resolución no explica su vinculación con la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días ni la relevancia teológica que la investigación genealógica posee dentro de esa confesión. La propia FamilySearch, en cambio, lo expone sin ambigüedades en su página corporativa: la Iglesia financia el servicio. 

 

El convenio tampoco contiene ninguna referencia a bautismos por los muertos, ordenanzas vicarias o utilización religiosa de la información. Su objeto formal está limitado a la investigación genealógica, la preservación documental y la difusión cultural. Las reproducciones deberán respetar además la legislación española y europea sobre patrimonio, propiedad intelectual y protección de datos personales.

 

Hay otro detalle jurídico significativo. Incluso si el convenio llegara a extinguirse, la resolución establece que la terminación será «prospectiva» y no afectará a los derechos que ya hubieran sido concedidos sobre las imágenes digitales antes de su resolución. Es decir, las licencias legítimamente obtenidas por FamilySearch durante la vigencia del convenio no desaparecen automáticamente con su finalización.

 

El acuerdo tendrá inicialmente cuatro años de duración y podrá prorrogarse por otros cuatro. Una comisión formada por representantes de FamilySearch y del Ministerio decidirá exactamente qué fondos se digitalizan y controlará el desarrollo del proyecto.

 

Un convenio con dos lecturas

 

Desde el punto de vista estrictamente archivístico, el acuerdo proporciona al Estado algo difícilmente desdeñable: capacidad tecnológica, personal especializado y digitalización masiva sin coste directo, al tiempo que España mantiene los originales y recibe los másteres digitales. Además, historiadores, investigadores y ciudadanos podrán acceder con mucha mayor facilidad a documentos que hasta ahora requieren en muchos casos consultas presenciales.

 

Pero entender plenamente quién es el socio elegido por Cultura exige mirar más allá de esas siete páginas del BOE. FamilySearch no es simplemente otra empresa tecnológica dedicada a elaborar árboles genealógicos. Es una organización sin ánimo de lucro financiada por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y forma parte de un proyecto genealógico desarrollado durante más de 130 años. Para cualquier usuario puede ser simplemente una extraordinaria biblioteca gratuita de la memoria familiar; para los miembros de la Iglesia que la sostiene constituye además una herramienta ligada al trabajo religioso de los templos. 

 

Esa doble naturaleza es probablemente la clave para interpretar la resolución. El Gobierno español ha firmado un convenio cultural y archivístico, no un acuerdo religioso. Pero lo ha firmado con una organización cuya extraordinaria inversión mundial en genealogía resulta inseparable, históricamente, de una doctrina religiosa que atribuye a la identificación de los antepasados un significado que va mucho más allá de saber quiénes fueron nuestros bisabuelos.

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