La avalancha del 15 de Agosto
Puede que no se produzca, pero esta vez todo el mundo está avisado mediante las redes sociales. Así que no cabe la disculpa de Grande-Marlaska cuando la anterior avalancha sobre Ceuta de que no había habido ninguna advertencia de lo que se esperaba. Al menos esta vez el Gobierno está prevenido y no tiene justificación alguna de que se repita lo ocurrido. Y eso que el Ejecutivo es propenso a minimizar cualquier error, como la manifestación de que quedan residuos de invasores magrebíes y subsaharianos cuando la realidad es que permanecen deambulando sin propósito entre 8.000 y 11.000 asaltantes en la ciudad de Ceuta.
Decíamos que, de producirse, ésta puede ser una buena ocasión de comprobar la fortaleza del Estado español frente a agresiones exteriores y averiguar si funciona o no el espigón flotante puesto en el puerto como elemento disuasorio. También podrá verificarse si nuestras fuerzas armadas y de seguridad están preparadas para una segunda jornada de asalto. De momento, más que de un mínimo aumento de efectivos, se trata con guante de seda de eliminar los permisos y descansos del personal para hacer frente a la que se avecina.
Eso, en cuando al Gobierno de nuestra nación, pusilánime frente a las acciones de nuestro vecino. En cuanto a Marruecos se verá sus auténticas intenciones, si son las de ponerse de perfil, como en la ocasión anterior, facilitando la entrada ilegal o hará uso de sus prerrogativas como Estado de derecho e impedirá la vulneración de nuestras fronteras.
De momento, lo que ha dicho, modificando su estrategia anterior, es que quiere recuperar a todos los menores que vagan por la ciudad española, para agruparlos familiarmente, y que si no lo hace es por las limitaciones administrativas y legales de la administración española, cuando son precisamente dichas limitaciones las que protegen al menor de posibles abusos sobre él.
Estamos, pues, ante una coyuntura en la que, una vez más, la iniciativa corre a cargo del país alahuí, que si quiere puede evitar la avalancha de indocumentados, así como de la respuesta española, si está o no a la altura de las circunstancias y está dispuesto a defender al país que en una primera instancia no lo hizo.
Puede que no se produzca, pero esta vez todo el mundo está avisado mediante las redes sociales. Así que no cabe la disculpa de Grande-Marlaska cuando la anterior avalancha sobre Ceuta de que no había habido ninguna advertencia de lo que se esperaba. Al menos esta vez el Gobierno está prevenido y no tiene justificación alguna de que se repita lo ocurrido. Y eso que el Ejecutivo es propenso a minimizar cualquier error, como la manifestación de que quedan residuos de invasores magrebíes y subsaharianos cuando la realidad es que permanecen deambulando sin propósito entre 8.000 y 11.000 asaltantes en la ciudad de Ceuta.
Decíamos que, de producirse, ésta puede ser una buena ocasión de comprobar la fortaleza del Estado español frente a agresiones exteriores y averiguar si funciona o no el espigón flotante puesto en el puerto como elemento disuasorio. También podrá verificarse si nuestras fuerzas armadas y de seguridad están preparadas para una segunda jornada de asalto. De momento, más que de un mínimo aumento de efectivos, se trata con guante de seda de eliminar los permisos y descansos del personal para hacer frente a la que se avecina.
Eso, en cuando al Gobierno de nuestra nación, pusilánime frente a las acciones de nuestro vecino. En cuanto a Marruecos se verá sus auténticas intenciones, si son las de ponerse de perfil, como en la ocasión anterior, facilitando la entrada ilegal o hará uso de sus prerrogativas como Estado de derecho e impedirá la vulneración de nuestras fronteras.
De momento, lo que ha dicho, modificando su estrategia anterior, es que quiere recuperar a todos los menores que vagan por la ciudad española, para agruparlos familiarmente, y que si no lo hace es por las limitaciones administrativas y legales de la administración española, cuando son precisamente dichas limitaciones las que protegen al menor de posibles abusos sobre él.

















