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El Dr. Fauci, el Covid-19 y su egolatría

[Img #30934]El doctor Anthony Fauci fue director del Instituto Nacional de Salud de EE.UU. desde 1984 hasta 2022, un año después de la era del Covid-19. Pero también mantuvo una estrecha relación con una empresa de investigación llamada EcoHealth Alliance y con su director, Peter Daszak, dedicada al estudio de las enfermedades contagiosas y zoonóticas. El Instituto Nacional otorgaba contratos a esta empresa y esta, a su vez, delegó algunos estudios en el Instituto de Virología de Wuhan, en China. Es más, el doctor Daszak también trabajó en dicho instituto chino. Después de años de investigación, el Congreso retiró todos los contratos y licencias tanto al doctor Daszak como a EcoHealth Alliance por haber trabajado en laboratorios con un bajo nivel de seguridad sanitaria y en investigaciones de ganancia de función. Ante todo esto, algunos políticos se han preguntado cuál era el objetivo de estos trabajos y por qué se gastaban fondos en crear enfermedades que no existían.

 

La Administración Trump confió la dirección del Departamento de Salud y Servicios Humanos a Robert Kennedy Jr., hijo del senador asesinado y sobrino del presidente del mismo apellido. Kennedy Jr. ha sido muy controvertido y crítico con la Big Pharma y, sobre todo, con la cantidad de vacunas que se administran actualmente.

 

Mientras que en la década de 1950 se administraban media docena, ahora se administran el triple, y Kennedy se encuentra en el proceso de determinar hasta qué punto todas ellas son necesarias para los niños: rotavirus, hepatitis A y B, influenza, Covid-19, virus respiratorio sincitial y ciertas vacunas contra la meningitis. Mientras estudiaba estos casos, buscó en los archivos del Gobierno y encontró las notas del doctor Fauci, que decidió entregar al Senado hace unos seis meses. Robert Kennedy asegura que el doctor Fauci mintió sobre las mascarillas, el distanciamiento social, la transmisión y la inmunidad, entre otras cuestiones, y deja caer que la investigación del Senado esclarecerá muchas cosas.

 

Uno de los senadores implicados es el doctor Rand Paul, médico oftalmólogo que, desde el inicio, fue muy crítico con el doctor Fauci y con algunas de las medidas adoptadas durante el Covid. Sobre todo, ha criticado que el doctor Fauci no haya pedido perdón por haber iniciado los estudios de «ganancia de función» y haberlos trasladado al laboratorio de China, causando una pandemia que ha matado a millones de personas y ha provocado daños permanentes a otros tantos millones. También fue grave que, una vez que la población de Wuhan estuvo contagiada, el Gobierno permitiera a sus habitantes viajar, provocando así una epidemia global.

 

Hay que recalcar que el doctor Fauci sostuvo públicamente que el virus se había originado en un mercado chino de animales. Sin embargo, un estudio reciente del virus realizado por el FBI mostró que este no existe de esa forma en la naturaleza y que el laboratorio de Wuhan, en China, había trabajado en numerosas ocasiones en investigaciones relacionadas con el virus, siendo sus científicos los primeros en caer. Este fue el caso del doctor Li, de Wuhan, el primero en morir y en advertirnos sobre la enfermedad.

 

Que el doctor Fauci difundiera la teoría de que el virus había aparecido en un mercado de animales resulta ridículo, teniendo en cuenta los numerosos estudios que realizaron muchos médicos sobre el Covid-19.

 

Es en estos días cuando el senador Rand Paul y el Senado, en general, han interrogado públicamente al doctor. Era de esperar que el doctor Fauci optara por acogerse a su derecho a guardar silencio, aunque el senador le ha advertido de que su silencio tendrá repercusiones.

 

La situación del doctor Fauci resulta curiosa por el mero hecho de que el presidente saliente, Joe Biden, le concedió un indulto, al igual que hizo con su hijo y con muchas otras personas. ¿Por qué razón Biden indultó preventivamente al doctor Fauci cuando todavía no se le acusaba de nada? ¿Se lo habría pedido el propio doctor? Sin duda, es algo que da que pensar, sabiendo lo que ahora se sabe. El Gobierno chino, por su parte, decidió destruir todas las pruebas y estudios realizados al respecto. ¡Por algo sería!

 

Como indicio de cómo se está desarrollando el asunto, uno de los altos cargos del Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas, David Morens, ya ha sido imputado por haber ocultado documentos federales relacionados con el Covid-19 durante la pandemia. Está por ver lo que revelarán las 1.100 páginas del diario del doctor.

 

A todas las preguntas que se le han formulado, el doctor Fauci ha respondido:

 

«Invoco la Quinta Enmienda de la Constitución, que me concede el derecho a no incriminarme».

 

De esta forma, ha evitado responder a una infinidad de preguntas planteadas por diversos senadores. Finalmente, el senador Rand Paul le ha advertido de que estaba trabajando en un plan para imputarle por desacato al Congreso y trasladar todas las pruebas y la investigación al Departamento de Justicia, con el objetivo de que se prosiguiera con la presentación de cargos criminales.

 

El doctor tendrá ahora su enorme ego bastante desinflado, ya que las notas encontradas en su diario muestran una egolatría y una obsesión por la fama inimaginables. En ellas se leen frases como las siguientes:

 

«Mi situación con la fama nacional e internacional es explosiva e inimaginable».

 

«Es fácil que sea la persona más reconocible, más famosa y más mencionada de todo el país».

 

«La prensa no deja de mencionarme. Hay múltiples artículos publicados que me incluyen directa o indirectamente».

 

«Me han invitado al programa de televisión Bailando con las estrellas, pero ¡no, gracias!».

 

También escribió que se habían fabricado sacacorchos, tazas, imanes para el frigorífico y velas de oración con su nombre, «San Fauci». «Es increíble», anotó.

 

Que un médico con semejante responsabilidad sobre la situación, mientras millones de personas morían y muchas más enfermaban debido a sus experimentos, reaccionara de esta manera no puede ser propio sino de un desalmado.

 

Pero eso no es todo. Al comienzo de la pandemia no se conocía ningún medicamento adecuado y algunos médicos sugirieron utilizar ivermectina. Es más, se realizaron ciertos estudios con este medicamento antiparasitario y se obtuvo un éxito parcial en cuanto a la duración de la enfermedad, el tiempo de permanencia en el respirador y la gravedad de sus efectos. Por este motivo, el senador Johnson muestra una extensa documentación al doctor interrogado sobre los casos en los que el tratamiento tuvo resultados positivos, a pesar de que el propio doctor Fauci lo había despreciado calificándolo como un medicamento para caballos.

 

La razón, según se sabe ahora, es que el doctor Fauci recibió un millón de dólares de las compañías farmacéuticas como bonificación por su política medicinal. Una de las beneficiadas fue la farmacéutica Gilead, que fabricó el medicamento antiviral remdesivir —Veklury—, probado inicialmente contra el ébola en 2015 y posteriormente aprobado para su uso contra el Covd-19. Su coste en el mercado era de unos 500 dólares por un tratamiento de cinco días. La compañía ganó cientos de millones en muy poco tiempo.

 

Después llegaron las vacunas, que plantearon otro enorme dilema. Muchos las rechazaron, pero la gran mayoría nos vimos obligados a vacunarnos por motivos profesionales. Yo, por ejemplo, tenía que viajar al exterior. Todos sabemos que muchas personas sufrieron graves efectos secundarios.

 

Precisamente, el propio Fauci admite en su diario que se vacunó con Moderna «para mostrar al pueblo que era segura». Sin embargo, sufrió uno de los efectos adversos más comunes: un coágulo pulmonar potencialmente mortal. Lo mantuvo en secreto hasta que la información apareció en su diario. Para su fortuna, fue atendido en el famoso hospital Walter Reed, al que acuden los presidentes.

 

Esta novela todavía no ha terminado. Está por ver si el Congreso declara al doctor Fauci en desacato y cuáles serán las consecuencias que ello pueda acarrear. Este caso va mucho más allá de los errores cometidos por un médico. Se trata de una negligencia nacional que afectó a millones de enfermos, cuando se podrían haber escuchado voces alternativas a la suya en cuestiones como los tratamientos, el cierre de empresas y escuelas o la vacunación de los niños, a quienes la enfermedad afectaba mucho menos. Pero a esos médicos se les hizo callar.

 

Será interesante saber en qué punto se encuentra ahora la autoestima del doctor Fauci.

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