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Martes, 28 de Julio de 2026 Tiempo de lectura:
Detenido el presunto responsable

Un ataque brutal incendia el altar de Medjugorje y profana sus imágenes marianas

Los autores actuaron de madrugada sobre tres enclaves del santuario bosnio, a cuatro días de que decenas de miles de jóvenes peregrinos llenen sus colinas para el Festival de la Juventud

 

[Img #30918]A las cuatro y media de la madrugada, cuando en Medjugorje solo velan los insomnes y los que rezan, sonó el primer aviso en la centralita del Ministerio del Interior del cantón de Herzegovina-Neretva: alguien había atacado la estatua de la Virgen. Media hora después llegó el segundo: ardía el altar exterior de la parroquia de Santiago Apóstol, el corazón litúrgico de uno de los lugares de peregrinación mariana más visitados del planeta. Entre una llamada y otra, la noche había cambiado de naturaleza. Ya no era una noche de verano en Herzegovina; era, como la describiría horas después la prensa italiana, una de las más oscuras de la historia reciente del santuario.

 

Las cámaras de vigilancia lo registraron todo con esa frialdad administrativa que vuelve más inquietantes las imágenes. En el vídeo, difundido primero por el portal mariano La Luce di Maria y convertido en pocas horas en material viral, se ve a una figura moverse entre las sombras del recinto, acercarse al presbiterio al aire libre con un bidón, derramar un líquido inflamable sobre el altar y prenderle fuego. Las llamas devoraron parte de la estructura y dañaron el toldo de cobertura, renovado hacía poco. Nadie resultó herido. Los investigadores, que ya han incautado las grabaciones, no descartan que detrás del ataque actuara más de una persona.

 

Porque el fuego fue solo uno de los frentes. Esa misma madrugada, en la colina del Podbrdo —la Colina de las Apariciones, donde según los seis videntes se manifestó por primera vez la Virgen el 24 de junio de 1981—, la imagen blanca de la Gospa (Virge) amaneció desfigurada: pintura negra sobre el rostro, el busto y buena parte del manto. En el basamento, una inscripción en inglés: «Devil in a skirt», el diablo con falda.

 

A poca distancia, en la Cruz Azul, otro de los enclaves de oración más frecuentados por los peregrinos, las dos imágenes marianas fueron embadurnadas con el mismo fluido oscuro. Sobre una piedra contigua, una sola palabra: «Evil». Y en una pancarta escrita en polaco figuraban los nombres de los seis videntes acompañados de un mensaje que los tachaba de estafadores. No fue, por tanto, el arrebato de un exaltado solitario contra un símbolo cualquiera: fue una operación con guión, dirigida contra los tres lugares que sostienen la geografía espiritual de Medjugorje y contra la credibilidad misma del fenómeno de las apariciones.

 

El calendario no es inocente

 

El momento elegido tampoco parece casual. Del 1 al 6 de agosto, Medjugorje celebra la trigésimo séptima edición de su Festival Internacional de la Juventud, la cita que cada verano transforma este pueblo de Herzegovina en una capital mundial de la fe joven, con decenas de miles de peregrinos llegados de todos los continentes. El lema de este año, «¡A la fuente! ¡A la escuela de la Virgen María!», adquiere ahora una resonancia amarga. Diversos observadores citados por la prensa italiana se preguntan abiertamente si el ataque buscaba precisamente eso: boicotear, intimidar, sembrar inquietud en vísperas del acontecimiento más multitudinario del calendario del santuario.

 

Medjugorje no es un santuario cualquiera. Desde aquel junio de 1981, cuando seis adolescentes de la Yugoslavia comunista aseguraron haber visto a la Virgen en la ladera pedregosa del Podbrdo, más de cincuenta millones de peregrinos han pasado por este rincón de los Balcanes. En septiembre de 2024, el Vaticano concedió el nihil obstat a la devoción vinculada al lugar, un espaldarazo que, sin pronunciarse sobre la sobrenaturalidad de las apariciones, reconocía los frutos espirituales del fenómeno. Atacar Medjugorje hoy es atacar un símbolo en su momento de mayor legitimación eclesial.

 

La respuesta: agua, jabón y una sábana blanca

 

La mañana del martes dejó también otra imagen, la contraria. Mientras la policía bosnia peinaba las grabaciones en busca de rostros, los voluntarios subían al Podbrdo con cubos y cepillos. Una fotografía de la agencia AP, distribuida por medios de todo el mundo, muestra a un grupo de ellos limpiando la estatua profanada, cubierta púdicamente con una sábana blanca, como se vela a un herido.

 

La Oficina Parroquial de Medjugorje reaccionó con un comunicado que es casi un manifiesto de estilo: el santuario permanece abierto, las labores de limpieza y reparación comenzaron de inmediato para que los espacios vuelvan a estar «listos para la oración», y la parroquia pide rezar por la conversión de quienes cometieron el ataque. Ni una palabra de venganza; la consigna explícita es no responder al mal con mal, sino con testimonio de amor, perdón y esperanza. Es la gramática de siempre de Medjugorje aplicada a su noche más difícil.

 

Lo que queda por saber

 

A esta hora, las incógnitas superan a las certezas. No hay detenidos ni reivindicación conocida. No se sabe si los autores actuaron por odio antirreligioso, por hostilidad específica hacia el fenómeno de las apariciones —la pancarta en polaco apunta en esa dirección— o por un cóctel de ambas cosas. Tampoco se conoce el alcance económico de los daños, aunque el altar exterior, escenario de las misas vespertinas que congregan a diario a miles de fieles, es la pérdida más sensible con el festival a las puertas.

 

Lo que sí se sabe es lo que Medjugorje ha decidido hacer mientras tanto: seguir abierto. El primero de agosto, si nada lo impide, decenas de miles de jóvenes subirán al Podbrdo y encontrarán una estatua recién lavada. Quizá esa sea, al final, la crónica verdadera de esta historia: la de una pintura negra que no llegó a durar ni un día entero.

 

El presunto culpable: De peregrino a sospechoso. Los 1.300 kilómetros de Bartek

 

El hombre señalado por el ataque a Medjugorje llegó por primera vez al santuario a pie desde Varsovia, escribió un libro sobre su conversión y predicó su testimonio en parroquias, colegios y cárceles. Nueve años después, la policía bosnia lo detuvo en un descampado por atacar al santuario

 

[Img #30925]

 

Hay historias que solo el periodismo de sucesos se atreve a contar porque ninguna ficción las aceptaría como verosímiles. Esta empieza en 2017, en Varsovia, con un joven que atraviesa el peor momento de su vida. Según relató entonces él mismo al portal católico polaco Opoka, acababa de recibir un diagnóstico de depresión; los medios que difundieron su testimonio hablaban de una familia rota, de soledad, incluso de la tentación del suicidio. En lugar de irse al mar o a la montaña, contó, abrió un mapa y decidió caminar. Mil trescientos kilómetros, de Varsovia a Medjugorje, a pie, documentando la travesía en un blog y en Facebook bajo el título *Z buta do Maryi*: a pie hasta María.

 

Aquella peregrinación lo convirtió en un pequeño fenómeno del catolicismo polaco. Publicó un libro con el mismo título, firmado como Bartek Krakowiak, y durante años ofreció su testimonio de conversión allí donde lo invitaban: parroquias, colegios, cárceles, centros de rehabilitación. En marzo de 2024 su historia llegó al cine: apareció en la película polaca Powołany 2 («Llamado 2»), donde relataba cómo la fe lo había rescatado de una crisis profunda. En una de aquellas entrevistas afirmó sin ambages: «Creo que María se aparece a los videntes».

 

Nueve años después de aquella caminata, en la madrugada del 28 de julio de 2026, las cámaras de seguridad de Medjugorje grabaron a un hombre barbado moviéndose entre las sombras del santuario con recipientes de combustible. Horas más tarde, la policía bosnia detenía en Cerno, un paraje cercano a Ljubuški, a un ciudadano polaco de unos 31 años como sospechoso de haber incendiado el altar exterior de la iglesia de Santiago Apóstol y de haber cubierto de pintura negra las imágenes de la Virgen del Podbrdo y de la Cruz Azul. En su búsqueda participaron bomberos, equipos de rescate de montaña y vecinos de la zona.

 

Las autoridades no han confirmado oficialmente su identidad: el Ministerio del Interior del cantón de Herzegovina-Neretva se ha limitado a precisar que se trata de un extranjero, y fuentes policiales del cantón vecino, que es un polaco de 31 años. Pero los medios bosnios y polacos que han cruzado la edad, la nacionalidad y las imágenes coinciden en un mismo nombre: Bartłomiej Włodzimierz Krakowiak, el peregrino de 2017. El detalle más elocuente estaba en el propio escenario del ataque: junto a los mensajes en inglés pintados sobre las imágenes, apareció una pancarta escrita en polaco que nombraba uno a uno a los seis videntes de Medjugorje —Ivanka, Mirjana, Milka, Vicka, Ivan y Jakov— para tacharlos de estafadores y asegurar tener pruebas de ello.

 

Del creyente que caminó mil trescientos kilómetros hacia la Virgen al hombre que, presuntamente, roció de gasolina su altar median nueve años de los que, por ahora, se sabe muy poco. Los investigadores tratan de reconstruir ese trayecto interior, mucho más difícil de cartografiar que el que va de Varsovia a Herzegovina: cuándo y por qué la devoción se volvió contra su objeto, si hubo un desengaño concreto, si actuó solo, qué peso tuvo en todo ello la fragilidad que él mismo hizo pública en su día. La Fiscalía bosnia ha solicitado prisión preventiva, y el delito que se le imputa podría acarrear hasta cinco años de cárcel.

 

Conviene decirlo con todas las letras: mientras la justicia no se pronuncie, Krakowiak es un sospechoso amparado por la presunción de inocencia, y su identificación procede de la prensa, no de una confirmación oficial. Pero si la investigación acaba confirmando lo que hoy apuntan los indicios, Medjugorje habrá sido escenario de una de esas parábolas invertidas que estremecen precisamente porque desmienten el guion: la del converso que regresó al lugar de su conversión para desdecirla con fuego y pintura negra. En el santuario, fiel a su gramática, la parroquia ha pedido para él exactamente lo mismo que él fue a buscar allí en 2017: una conversión.

 

 

 

 

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