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Lunes, 11 de Mayo de 2026 Tiempo de lectura:
Autor de "El primer híbrido"

Raúl González Zorrilla: "La buena ciencia-ficción siempre ha hablado del alma"

[Img #30463]La primera novela del periodista Raúl González Zorrilla, El primer híbrido, acaba de ponerse a la venta  de la mano de Libros del Alcaudón. En esta conversación, el autor, director de La Tribuna del País Vasco y de la revista cultural Naves en Llamas, reflexiona sobre el origen de la obra, la relación entre tecnología y alma humana y el extraño vacío espiritual de nuestra época.

 

—¿Cómo nace El primer híbrido?

 

De una historia muy pequeña. En 1999 escribí un cuento titulado ¿Qué haces después del caos?, que ganó el Premio Miraguano de Relato. Era una historia noir, bastante oscura, sobre un detective que investigaba a un hombre extraño. Lo curioso es que aquel cuento tuvo una vida larguísima en Internet, sobre todo en Hispanoamérica y especialmente en México, donde algunos lectores comenzaron a llamarlo “el relato del detective sin nombre”.

 

Durante años recibí mensajes preguntándome qué había pasado después. Y supongo que, de alguna manera, yo también quería saberlo.

 

—Pero El primer híbrido ya no es solo un relato noir.

 

[Img #30462]No. El relato original era casi una historia policial metafísica. La novela terminó convirtiéndose en otra cosa: ciencia ficción existencial, aunque manteniendo la estructura emocional del noir clásico.

 

Me interesaba explorar qué ocurre cuando lo humano deja de ocupar el centro de la realidad. Y, sobre todo, qué significa seguir siendo humano en una época que parece obsesionada con sustituirlo todo: la memoria, las relaciones, el cuerpo, la identidad e incluso la conciencia.

 

—La novela tiene una atmósfera muy melancólica.

 

Porque creo que vivimos en una época profundamente melancólica, aunque no siempre lo admitamos. Hemos construido una civilización tecnológicamente deslumbrante, pero espiritualmente agotada. Sabemos hacer casi cualquier cosa… salvo responder a las preguntas importantes.

 

Y esa idea aparece constantemente en la novela.

 

Los personajes buscan respuestas tecnológicas a problemas que, en el fondo, son espirituales.

 

—Sin embargo, la novela evita un discurso religioso explícito.

 

Sí, deliberadamente. No quería escribir una novela doctrinal ni alegórica. Pero sí creo que la ciencia ficción es uno de los pocos géneros que todavía permite formular preguntas metafísicas sin pedir disculpas por ello. La buena ciencia ficción siempre ha hablado del alma, aunque a veces la llamara memoria, conciencia o identidad.

 

—Los Proxima, la inteligencia no humana que aparece en la novela, resultan inquietantes precisamente porque no parecen malvados.

 

Eso era importante para mí. El mal absoluto suele ser menos perturbador que la inteligencia fría. Los Proxima no odian a la humanidad. Simplemente la observan desde una lógica completamente distinta. Y quizá ahí reside el verdadero miedo contemporáneo: descubrir que el universo no necesita odiarnos para volverse incompatible con nosotros.

 

—Hay una frase que parece atravesar toda la novela: “seguir siendo diferentes”.

 

Sí. Probablemente esa sea la idea central del libro. Vivimos en una época obsesionada con la integración total, la alineación permanente y la eliminación de cualquier anomalía. Todo debe ser corregido, optimizado, armonizado. Y yo sospecho que la humanidad existe precisamente gracias a sus imperfecciones, sus contradicciones y su capacidad de desviarse de lo previsto.

 

En el fondo, El primer híbrido habla de eso.

 

—¿Hasta qué punto la inteligencia artificial actual influyó en la novela?

 

Muchísimo. No tanto desde el punto de vista técnico como filosófico. La IA ha vuelto a poner sobre la mesa preguntas que parecían olvidadas: qué es la conciencia, qué significa pensar, qué diferencia existe entre inteligencia y humanidad. Creo que estamos entrando en una época en la que muchas certezas antropológicas van a resquebrajarse. Y eso produce fascinación… y vértigo.

 

—La novela también tiene algo de crítica cultural.

 

Quizá inevitablemente. Toda novela refleja el mundo en el que nace. Creo que Occidente atraviesa una crisis muy profunda de identidad y de sentido. Y cuando una civilización deja de saber qué es el ser humano, acaba intentando redefinirlo constantemente. La tecnología acelera ese proceso. La pregunta es: ¿qué ocurrirá cuando esa redefinición ya no dependa completamente de nosotros?

 

—¿Qué encontrará el lector en El primer híbrido?

 

Espero que una buena historia, ante todo. Intriga, atmósfera, personajes y preguntas incómodas. Pero también espero que encuentre algo cada vez más raro: silencio. Espacios para pensar. Lugares donde el misterio no desaparezca del todo. Creo, sinceramente, que el ser humano necesita volver a convivir con aquello que no comprende completamente.

 

—¿Y qué le diría a alguien que todavía duda si leer la novela?

 

Que quizá la verdadera pregunta no sea si debe leerla… sino por qué ciertas historias aparecen precisamente en determinados momentos históricos. Y sospecho que esta novela no podría haber sido escrita hace veinte años.

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