300 redactores despedidos
El hundimiento de la "Biblia progresista": "The Washinton Post" despide a centenares de redactores entre estertores de muerte
Una videoconferencia de apenas 12 minutos bastó para escribir uno de los capítulos más oscuros en la historia de The Washington Post. El pasado 4 de febrero, el editor ejecutivo Matt Murray confirmó lo que la redacción temía desde hacía semanas: el periódico que derribó a Nixon con Watergate despedía a 300 de sus 800 periodistas, un tercio de la plantilla, en lo que constituye la mayor sangría de redactores en sus casi 150 años de historia.
El bisturí cortó sin piedad las arterias del rotativo. Desapareció la sección de Deportes completa, se cerró la de Libros, se canceló el podcast diario "Post Reports" y la cobertura local —otrora corazón del periódico— quedó reducida a un cascarón. Pero el golpe más brutal fue para la corresponsalía internacional: todo el equipo de Oriente Medio fue despedido, incluida Claire Parker, jefa de la oficina en El Cairo. El corresponsal en Kiev también cayó. Los enviados especiales a los Juegos Olímpicos de Invierno en Italia fueron cancelados antes de partir.
Jeff Bezos, propietario de Amazon y del Post desde 2013, no ha pronunciado palabra pública sobre la masacre. Su silencio ensordece mientras el periódico sangra 100 millones de dólares en pérdidas durante 2024 y 250.000 suscriptores tras la controvertida decisión de no respaldar a Kamala Harris en las elecciones presidenciales. "Bezos no intenta salvar a The Washington Post. Intenta sobrevivir a Donald Trump", sentenció Glenn Kessler, exverificador de datos del rotativo, en una columna devastadora esta semana.
El jueves, centenares de personas protestaron bajo el frío cortante frente al edificio One Franklin Square, sede del periódico en Washington. Camisetas rojas, pancartas y un lema que invertía cruelmente el mantra impreso cada día en la portada del Post: "La democracia muere en la oscuridad, y tú, Jeff Bezos, has apagado las luces". Marty Baron, director del periódico hasta 2021, no ocultó su dolor: "Este es uno de los días más oscuros en la historia de una de las organizaciones de noticias más importantes del mundo".
La dimisión de Will Lewis, director ejecutivo contratado por Bezos en 2024 para sanear las finanzas del medio, llegó el sábado como epílogo de la catástrofe. En una escueta nota al personal, agradeció a Bezos su "apoyo y liderazgo" y destacó que el periódico "no podría tener un mejor propietario". Las palabras sonaron a epitafio. Jeff D'Onofrio, actual director financiero y ex CEO de Tumblr, asumió el cargo de manera interina en un rotativo que se desangra.
La pregunta flota en el aire gélido de Washington como un presagio: ¿puede sobrevivir el periodismo progresista si continúa sin ser capaz de leer la realidad de cómo las élites se están alejando del pueblo?. El Post, que alcanzó su cénit durante el primer mandato de Donald Trump con suscripciones récord apoyadas sobre un extremismo izquierdista que hoy le devora, ahora naufraga en un mar de pérdidas e incertidumbre. El sindicato del periódico, el Washington Post Guild, lo dijo sin rodeos: "Si Jeff Bezos ya no está dispuesto a invertir en la misión que ha definido a este periódico durante generaciones, entonces el Post merece un administrador que sí lo esté".
Una videoconferencia de apenas 12 minutos bastó para escribir uno de los capítulos más oscuros en la historia de The Washington Post. El pasado 4 de febrero, el editor ejecutivo Matt Murray confirmó lo que la redacción temía desde hacía semanas: el periódico que derribó a Nixon con Watergate despedía a 300 de sus 800 periodistas, un tercio de la plantilla, en lo que constituye la mayor sangría de redactores en sus casi 150 años de historia.
El bisturí cortó sin piedad las arterias del rotativo. Desapareció la sección de Deportes completa, se cerró la de Libros, se canceló el podcast diario "Post Reports" y la cobertura local —otrora corazón del periódico— quedó reducida a un cascarón. Pero el golpe más brutal fue para la corresponsalía internacional: todo el equipo de Oriente Medio fue despedido, incluida Claire Parker, jefa de la oficina en El Cairo. El corresponsal en Kiev también cayó. Los enviados especiales a los Juegos Olímpicos de Invierno en Italia fueron cancelados antes de partir.
Jeff Bezos, propietario de Amazon y del Post desde 2013, no ha pronunciado palabra pública sobre la masacre. Su silencio ensordece mientras el periódico sangra 100 millones de dólares en pérdidas durante 2024 y 250.000 suscriptores tras la controvertida decisión de no respaldar a Kamala Harris en las elecciones presidenciales. "Bezos no intenta salvar a The Washington Post. Intenta sobrevivir a Donald Trump", sentenció Glenn Kessler, exverificador de datos del rotativo, en una columna devastadora esta semana.
El jueves, centenares de personas protestaron bajo el frío cortante frente al edificio One Franklin Square, sede del periódico en Washington. Camisetas rojas, pancartas y un lema que invertía cruelmente el mantra impreso cada día en la portada del Post: "La democracia muere en la oscuridad, y tú, Jeff Bezos, has apagado las luces". Marty Baron, director del periódico hasta 2021, no ocultó su dolor: "Este es uno de los días más oscuros en la historia de una de las organizaciones de noticias más importantes del mundo".
La dimisión de Will Lewis, director ejecutivo contratado por Bezos en 2024 para sanear las finanzas del medio, llegó el sábado como epílogo de la catástrofe. En una escueta nota al personal, agradeció a Bezos su "apoyo y liderazgo" y destacó que el periódico "no podría tener un mejor propietario". Las palabras sonaron a epitafio. Jeff D'Onofrio, actual director financiero y ex CEO de Tumblr, asumió el cargo de manera interina en un rotativo que se desangra.
La pregunta flota en el aire gélido de Washington como un presagio: ¿puede sobrevivir el periodismo progresista si continúa sin ser capaz de leer la realidad de cómo las élites se están alejando del pueblo?. El Post, que alcanzó su cénit durante el primer mandato de Donald Trump con suscripciones récord apoyadas sobre un extremismo izquierdista que hoy le devora, ahora naufraga en un mar de pérdidas e incertidumbre. El sindicato del periódico, el Washington Post Guild, lo dijo sin rodeos: "Si Jeff Bezos ya no está dispuesto a invertir en la misión que ha definido a este periódico durante generaciones, entonces el Post merece un administrador que sí lo esté".











