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Una entrevista de Josele Sánchez
Miércoles, 17 de junio de 2015 | Leída 451 veces
Director de la cátedra de Economía de la Energía y del Medio Ambiente en la Universidad de Sevilla

José Manuel Cansino: “La felicidad no está en la opulencia pagada a crédito”

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José Manuel Cansino es, sin duda, uno de los economistas más brillantes de tan desolada ciencia en España. Hemos quedado en su Sevilla del alma: acude a nuestra cita en moto y, antes despojarse de los guantes y del casco, ya advierto una refinada mezcla entre el gentleman británico y el señorito andaluz. Su elegancia no sólo se limita a la vestimenta: sus formas, el tono de su voz, la manera en que mueve las manos y hasta la intensidad de la mirada de sus ojos claros son, sin duda, una lección práctica de distinción.

 

Cansino es director de la cátedra de Economía de la Energía y del Medio Ambiente y profesor titular de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla, profesor de la Universidad Autónoma de Chile y profesor invitado de la Universidad de Lund (Suecia). Es, también, autor de numerosas publicaciones: “La Economía fingida”, “Cómo hemos llegado a esta crisis y pistas para salir de ella”, “Evaluar al Sector Público Español”, “La Eficiencia del Sector Público: Métodos de Evaluación y Organismos Responsables”.

 

Profesor Cansino, usted es un hombre comprometido con los valores sociales y la justicia social, ¿cómo se lleva eso con enseñar economía en la universidad? ¿qué hace un hombre como usted en un lugar como este?

 

Afortunadamente, son valores “elásticos” que comprometen a muchos. También en la Universidad, aunque a veces también me pregunto: qué hago yo aquí.

 

Esta pregunta es mera curiosidad: en casa de un profesor de economía aplicada, ¿quién lleva las cuentas, quién se responsabiliza de la economía doméstica?

 

Precisamente la administración del hogar es el origen etimológico de esta ciencia a la que muchos consideran “forense” porque sólo predice lo pasado. Estaría bien que el criterio de muchas familias en su administración, se trasladase a la Administración y a no pocas empresas.

 

Rato, Bárcenas, Granados, Urdangarín, el ministro Montoro, la Agencia Tributaria… si no fuera porque ya lo hizo usted hace tres años, yo los llamaría “patriotas en el paraíso”

 

¡Sabía que tenía un lector pero aún no lo había localizado. Ahora sé que es usted! Las grandes fortunas y empresas casi no tributan por sus ingresos o beneficios, ni en España ni en ningún sitio. Tributan por Seguridad Social y consumo. Nuestro sistema fiscal recae sobre las nóminas y el consumo. La progresividad impositiva cada vez es más limitada.

 

Decía José Luis Sampedro: “Hay dos tipos de economistas, aquellos que trabajan para hacer más ricos a los ricos y aquellos otros que trabajan menos pobres a los pobres”

 

Vivimos en la paradoja de un mundo donde las diferencias de renta se reducen globalmente pero se agudizan en los países hasta ahora ricos. De todas formas faltan estadísticas para comparar este sistema de economía mixta (mercado y Estado) con otros sistemas de organización económica, como el esclavista o el feudal. Creo que el sistema actual, con sus graves desequilibrios, resistiría la comparación.

 

¿A qué le suena el término “indignados?

 

A una sociedad “presentista” (lo que queremos lo queremos en el momento presente, sin esperar), en la que anidan muchos a los que les extraña el esfuerzo y el sacrificio pero en la que también son mayoría aquellos que se niegan a que su sacrificio vaya al bolsillo de quienes nos metieron en esta crisis. Hay indignados con razón y los hay también que hace poco se dedicaban a especular con viviendas. La codicia suele pesar más que la memoria.

 

¿Cómo es posible que las cifras del gobierno hablen de que está repuntado la creación de empleo, cuando millones de españoles están viviendo por debajo del umbral de la pobreza?

 

Primero porque, como sabe, el “umbral de la pobreza” es un término estadístico que se refiere a la renta per capita de cada país. Nuestro umbral y el de Bali, tienen muy poco que ver. Segundo p orque el ritmo de creación de empleo neto es muy pequeño para volver a los 20,6 millones de empleos de 2007 y porque ahora un mileurista es un potentado y antes era un “pringao”.

 

Cuando se está rodeado de políticos que nos llevan a la miseria, ¿es la revolución -tal como sostenía  Stéphane Hessel- el único diálogo posible?

 

La revolución es acabar con un estado de cosas mediatizado por la política. La nuestra es una sociedad ocupada por la política en la que, hasta los derechos consustanciales a la persona (la libertad, la dignidad, la integridad o el derecho a la felicidad), parecen estar otorgados por los políticos. El poder público debe desarrollar una acción compensatoria que impida los abusos y garantice los derechos esenciales; más allá es asfixiante.

 

Parece que los economistas son los nuevos “gurús” del siglo XXI, están presentes en todas las tertulias, nos explican qué ha ocurrido y las causas y se aventuran a pronosticar qué es lo próximo que va a suceder? Usted es profesor de Economía Aplicada. ¿No sirve la economía para resolver situaciones en lugar de para explicarlas?

 

Los problemas están para resolverlos, no para explicarlos. Cuestión diferente es que el aparataje matemático que utiliza la Economía Aplicada se usa para analizar el comportamiento de seres humanos, no de máquinas. Los economistas no podemos repetir un experimento tantas veces como sea necesario para extraer resultados robustos. La Física o la Química, sí. No les doy la razón a quienes sostienen que la Economía es demasiado compleja para ser un Arte y demasiado imprecisa para ser una Ciencia, pero a los economistas se nos ha otorgado un estatus sobredimensionado de “gurús”.

 

¿Nunca volveremos a vivir como antes? ¿Deberíamos cambiar nuestros valores de vida?

 

Tampoco en la duración de los ciclos económicos nos hemos puesto de acuerdo los economistas. Siguen existiendo desequilibrios financieros muy grandes entre los países exportadores emergentes y las viejas potencias económicas. Los emergentes tienen que darle salida a sus excedentes de divisas y no es descartable otra expansión brutal del crédito que genere una nueva burbuja. Parte del éxito en evitar una nueva crisis financiera será la mejor regulación del sistema financiero, la otra parte será entender que la felicidad no está en la opulencia pagada a crédito.

 

El responsable del milagro español está a punto de ingresar en prisión, ¿existió, de verdad, ese milagro español o ha sido todo una farsa que nos ha colado?

 

Existió una economía fingida (perdón por la autocita) que llevó al sector de la construcción al 10 % de nuestro PIB, y que se hizo a lomos del crédito. En mitad de la borrachera de dinero nadie, empezando por los propios impositores o accionistas, se ocuparon de vigilar los sueldos y las prebendas de quienes gobernaban bancos y cajas; estos últimos procedentes principalmente de la política, de los sindicatos y de las organizaciones empresariales. Tuvimos un modelo de “especulación popularizada”. Somos corresponsables en no poca medida.

 

Se nos vende que este es el único sistema posible, que fracasado el comunismo sólo en una reforma de las viejas fórmulas del liberalismo económico hay vida. Yo le pregunto, profesor, ¿existe vida más allá del capitalismo? ¿Es posible otro modelo económico?

 

Con frecuencia se asimila el capitalismo a una economía de mercado pura, y este sistema económico no existe. En los países ricos la presencia del sector público oscila entre el 33 % y cerca del 60 % del PIB. En los países en desarrollo, el sector público tiene una presencia menor, pero los mercados distan de funcionar bien. Esta situación se agrava en los “estados fallidos”. Tanto los mercados como los estados (economías planificadas) son sistemas imperfectos condenados a convivir. El sector público asume un papel de lubricante de los fallos del mercado; atribuirle un carácter omniscente cuando su base es de tipo corporativa es un error.  “Estado y mercado” es un camino siempre abierto que debe incorporar herramientas más eficaces para mejorar la eficiencia y equidad con la que actúa uno y otro. Otro modelo económico no sólo es posible; es la única solución.

 

¿Qué es para usted la democracia real?

 

La democracia real es un sistema de decisión que permita al ciudadano-votante acceder a la mejor información para elegir gobierno, que no limite la participación política a través de partidos políticos convertidos en estructuras cerradas y que limite eficazmente las redes clientelares.

 

¿Puede ser que estemos confundiendo progreso técnico, científico con bienestar?

 

El pensamiento progresista considera que todo avance es “per se” bueno. La invención de la bomba atómica, de otras armas de destrucción masiva y de la ciber guerra, demuestran que no. La capacidad creativa de los seres humanos debe orientarse a la cultura de la vida y no a la de la muerte.

 

El fracaso del régimen del bipartidismo parece ya un hecho. El pueblo español está al límite de su paciencia. Surgen nuevas opciones políticas… Contra gobernantes de incompetencia absoluta, ¿qué se puede hacer?

 

Que el ciudadano-votante se vea a sí mismo también como ciudadano-contribuyente. Cuando se es consciente de que un coche oficial sale del esfuerzo de cada uno se está más dispuesto a pedir al político que tome el autobús, el metro o la bici. La corrupción es consustancial al género humano, pero su vigilancia, también. Los españoles debemos aprender que “no hay almuerzos gratis” ni manás que lluevan para financiar los servicios públicos; ni siquiera los esenciales.

 

Miles de españoles viven gracias a ayudas familiares o a los comedores de Cáritas, la gente no aguanta más, ¿puede dar paso a indignación a la esperanza?

 

Permítame discrepar; la capacidad de aguantar (resistencia) de las personas es más alta de lo que pueda pensarse. Hay demasiado espacio ocupado por la indolencia.

 

Profesor Cansino, si usted tiene que elegir entre dar de comer a sus hijos o pagar los recibos de la comunidad de vecinos, ¿qué haría?

 

Primero dejaría de pagar los recibos de la comunidad pero antes y después hubiera buscado a dónde marcharme con las maletas para encontrar empleo. Hay oportunidades de trabajo, probablemente fuera de España, pero las hay. La convicción de que uno tiene que encontrar empleo en su mismo barrio o ciudad hay que quitársela de la cabeza.

 

¿Existe una “deuda legítima” y “deuda ilegítima”?, ¿debería España pagar su deuda?, ¿qué va a ocurrir con Grecia?

 

La deuda hay que pagarla; dejar de hacerlo supone automáticamente cerrarte las puertas de acceso al crédito en el futuro. Lo que sí hay es deuda generada por financiar operaciones vinculadas a corruptelas; en esos casos los ciudadanos deben remover a los responsables que las contrajeron pero la deuda tiene garantía pública, en muchos casos del Estado, y ahí estamos no sólo los que ahora vivimos sino las generaciones venideras. El discurso del impago de la deuda es letal por muchos aplausos que arrastre. En lo que a Grecia se refiere, desde hace años está en quiebra técnica. Sus posibilidades de devolver la deuda son casi nulas pero sabe que saliéndose del euro y devaluando el nuevo dracma, su deuda aumentará en el mismo porcentaje de la devaluación.

 

Por favor, miéntame si hiciera falta pero, para terminar, dígame algo que dibuje un horizonte de esperanza para el pueblo español

 

No le miento; hay salida. A corto plazo pasa por buscar empleo fuera, particularmente los jóvenes mejor preparados (los “skilled”, en lenguaje sajón). Esos compatriotas generarán un pequeño retorno de divisas (menos que la generación que emigró en los años 50 del siglo XX porque ahorran menos) pero un gran retorno de formación y de relaciones profesionales internacionales (“networking”) de las que España se está beneficiando. La proyección internacional de empresas españolas es muy buena en campos como la ingeniería civil, la alimentación o las energías renovables, pero hay que ir abandonando los mercados maduros como el europeo y posicionarse en los emergentes.

 

En el interior hay que resolver la ecuación Universidad-Tecnología-Empresa; hay que dejar la ficción de computar como gasto en I+D lo que no lo es; por ejemplo, financiar el yacimiento de Atapuerca es una gran contribución científica, pero no lo veo como I+D. El futuro de la economía española pasa por una reindustrialización de base tecnológica.

 

Fuente: Alerta Digital

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