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Martes, 1 de septiembre de 2015 | Leída 2483 veces
Autor de "El Desembarco"

Jean Raspail: “Francia está desapareciendo”

[Img #6906]En una entrevista publicada hace algunos meses en la revista francesa “Valeurs Actuelles”, el escritor y pensador francés Jean Raspail, autor de “El desembarco”, también conocida como “El campamento de los Santos”, reflexiona sobre la sociedad europea actual y sus perspectivas de futuro. Publicamos algunos extractos de la misma.

 

¿Qué le inspira la situación actual?

 

No siento ningún deseo de unirme al inmenso grupo de intelectuales que pierden el tiempo debatiendo sobre la inmigración… Tengo la impresión de que esas discusiones no sirven a ningún propósito. La gente ya lo sabe todo, intuitivamente: que Francia, tal y como nuestros antepasados la diseñaron hace siglos, está desapareciendo. Y que mantenemos al público entretenido al hablar incesantemente de la inmigración sin decir jamás la verdad definitiva. Una verdad que, además, es indecible, como mi amigo Jean Cau advirtió, porque quien la diga es inmediatamente acosado, condenado y luego rechazado.

 

¿Se está ocultando al pueblo francés la gravedad del problema?

 

Sí, sobre todo por los políticos que están mandando. Públicamente dicen que “todo va bien”, que no hay de qué preocuparse, pero tras las puertas cerradas, reconocen que “sí, estás en lo cierto, hay un auténtico problema”. Tengo varias cartas educativas sobre este asunto que me han enviado prominentes políticos de izquierdas, y también de derechas, a quienes en su momento les envié “El campamento de los cantos” (“El desembarco”, en España). “Pero, entiéndelo: no podemos decirlo”, me decían. Esta gente tiene un doble lenguaje, una doble consciencia. ¡Yo no sé cómo lo consiguen!. Creo que la alarma procede de esto: la gente sabe que se le están ocultando las cosas. Hoy, decenas de millones de personas no se tragan el discurso oficial sobre la inmigración. Ni una sola de ellas se cree que sea una oportunidad para Francia, “une chance pour la France. Porque la realidad se impone todos los días.

 

¿No crees que sea posible asimilar a los extranjeros recibidos en Francia?

 

No. El modelo de integración no está funcionando. Incluso si unos pocos ilegales más fueran escoltados hasta la frontera y tuviéramos éxito en integrar a los extranjeros un poco más que ahora, sus números no dejarían de crecer y por eso no cambiaría nada el problema fundamental: la invasión continua de Francia y de Europa por un tercer mundo incontable. No soy un profeta, pero puedes ver claramente la fragilidad de esos países, en los que una pobreza inaguantable está asentada, y crece incesantemente al lado de una riqueza indecente. Esas gentes no se vuelven hacia sus gobiernos para protestar. No esperan nada de ellos.

 

Se vuelven hacia nosotros y llegan a Europa en barcos, cada vez más numerosos, hoy en Lampedusa, mañana en todos lados. Nada los desanima. Y gracias al juego demográfico, hacia la década de 2050, habrá tantos franceses indígenas como extranjeros jóvenes en Francia.

 

Muchos serán nacionalizados.

 

Lo cual no quiere decir que se habrán vuelto franceses. Yo no digo que sean gente mala, pero la “nacionalización de papel” no es una nacionalización de corazón. No puedo considerarlos mis compatriotas. Necesitamos endurecer drásticamente la ley, como medida de urgencia.

 

¿Cómo puede tratar Europa con estas migraciones?

 

Hay dos soluciones. O bien los acomodamos y Francia -su cultura, su civilización.- es borrada sin siquiera un funeral. Desde mi punto de vista, eso es lo que va a ocurrir. O bien no les acomodamos de ninguna manera, sabiendo que eso significa dejar de sacralizar al otro y redescubrir a tu prójimo, es decir a aquel cercano a uno mismo. El mestizaje, el multiculturalismo, jamás es pacífico. Es una peligrosa utopía.

 

En el punto en el que nos encontramos ahora, las medidas que tendríamos que tomar serían necesariamente muy coercitivas. No creo que ocurran y no veo que nadie tenga el coraje de hacerlo. Necesitarían poner su alma en la balanza, pero, ¿quién está preparado para eso? Dicho esto, no creo ni por un momento que los proinmigracionistas sean más caritativos que yo: probablemente no hay ni uno solo de ellos que pretenda acoger a ninguno de esos desgraciados en su casa... Todo esto no es más que una ficción emocional, una tempestad irresponsable que nos arrastrará.

 

¿No crees en un repentino nuevo comienzo, como ha ocurrido muchas veces en la historia de Francia?.

 

No. Eso requeriría de un espíritu épico, de la apreciación por un destino elevado para que fuera posible un súbito nuevo comienzo en Francia. Requeriría que la gente aún creyera en su país. No veo que quede nada de eso. Como mínimo una reforma desde arriba a abajo del sistema educativo y de los medios audiovisuales, que se llevara el estrado desde el cual los periodistas y profesores diseminan la desinformación… Hemos desacralizado la idea de la nación, del ejercicio del poder, del pasado del país. Hemos puesto grietas en la estatua de Francia. La hemos desfigurado, ¡especialmente desde la izquierda!, hasta el punto en el que nada inspira ya ningún respeto. El poder de las falsas ideas difundidas por el sistema de educación nacional y por los medios es ilimitado. Pero, por lo que a mí respecta, he vivido en Francia durante los últimos 1500 años, y me siento a gusto con lo que es mío, y no tengo ningún deseo de que cambie…

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