Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Raúl González Zorrilla. Director de La Tribuna del País Vasco
Viernes, 6 de noviembre de 2015 | Leída 984 veces
“El final del terrorismo no está siendo perfecto, ni mucho menos”

Rogelio Alonso: “A quienes han perpetrado y apoyado el terrorismo se les ha eximido de la necesaria rendición de cuentas”

[Img #7348]Profesor Titular de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, coordinador del programa de Doctorado y del Master Oficial en Análisis y Prevención del Terrorismo de esta Universidad y miembro del Grupo de Expertos sobre Radicalización Violenta de la Comisión Europea, Rogelio Alonso, que en estos momentos es uno de los más brillantes y activos analistas políticos españoles, es autor o coautor de libros indispensables como “Matar por Irlanda”, “Vidas rotas”, “Las víctimas del terrorismo en el discurso político” o  “The IRA and Armed Struggle”.

 

Miembro del consejo editorial de prestigiosas revistas académicas internacionales como “Terrorism and Political Violence” o “Studies in Conflict and Terrorism”, Rogelio Alonso ha recibido diversos premios nacionales e internacionales por sus publicaciones sobre terrorismo, así como la Cruz al Mérito Militar con distintivo Blanco.

 

En esta entrevista exclusiva con La Tribuna del País Vasco, Rogelio Alonso, que es también autor de algunos de los ensayos más brillantes que se han escrito alrededor del terrorismo en Euskadi, reflexiona sobre las actuales tensiones institucionales que se viven en España, sobre el pujante ascenso de los independentismos y la extrema-izquierda, y sobre el tipo de relato que se está imponiendo en la sociedad vasca tras el final de la violencia de ETA.

 

¿Cómo definiría la actual situación política y social en España?

 

- Es una situación anómala en el sentido de que un país como España atraviesa momentos de inestabilidad considerable motivados por un sorprendente problema. Me refiero al cuestionamiento de la legalidad y del marco jurídico político por parte de formaciones políticas nacionalistas y de una parte del electorado minoritaria en el conjunto del país, pero significativa en ciertas comunidades autónomas.

 

En un país con una democracia consolidada es una anomalía ese cuestionamiento de la legalidad y de la legitimidad democrática, de las instituciones desde las que ejercen su poder quienes tanto se benefician de la propia democracia que desafían y atacan.

 

Existen en España problemas políticos, sociales y económicos que requieren la atención y la acción de la elite política, si bien en la actualidad el debate político y mediático está dominado por ese desafío independentista bajo el que subyacen muy preocupantes actitudes: hay actores políticos dispuestos a chantajear al Estado en su afán de destruir los cimientos del mismo. Y también hay quienes minimizan la seriedad de un ataque a la legitimidad y a la legalidad democrática y las consecuencias que ello tiene tanto para la convivencia como para el desarrollo político, social y económico del país.

 

Es normal la existencia de conflictos en un sistema democrático, y constantemente los ha habido en el nuestro y los habrá. Pero es lamentable la pérdida de energía y de tiempo que se derivan de conflictos generados por agravios inventados y por la falta de lealtad a la comunidad política.

 

¿Cómo cree que acabaremos los españoles este año, después de las elecciones generales que tendrán lugar en diciembre?... En su opinión, ¿cuáles son los principales peligros que nos acechan colectivamente?

 

- Las predicciones sobre el futuro son complicadas, si bien parece razonable pensar que una cuestión va a dominar el debate político en los próximos meses. Las aspiraciones del nacionalismo catalán son claramente ilegales, pero hay una parte de la ciudadanía que no cree que así sea y otra que, aun creyéndolo, no considera oportuno confrontar esa ilegalidad. La falta de presencia del Estado en una comunidad autónoma como Cataluña ha ido acompañada de una interesada radicalización del nacionalismo con las consecuencias políticas y sociales que estamos viendo.

 

Bajo los titulares de prensa que tanto debate generan hay una sociedad en la que el nacionalismo ha impuesto un modelo político que no garantiza igualdad para todos sus ciudadanos. Y se ha aceptado esa injusticia deteriorándose unas condiciones que cuanto más tiempo se dejen de lado, más difícil serán de resolver. Esa “desconexión” que los nacionalistas catalanes han anunciado se está produciendo de facto y de manera gradual. Cultural, política y socialmente es evidente, pero las respuestas que recibe evidencian que no se considera lo suficientemente grave, pues no reflejan una estrategia coherente en el medio y largo plazo para resolver un problema con numerosas facetas.

 

Al mismo tiempo, en otra comunidad autónoma como el País Vasco, donde se ha perpetrado una violencia inspirada y motivada por una ideología nacionalista, se está pasando página sin valorar ni confrontar las consecuencias verdaderas del terrorismo.

 

Se insiste en la derrota de ETA ignorándose las consecuencias políticas del terrorismo y, por tanto, se legitima a menudo la violencia de quienes han sido integrados en el sistema sin la necesaria rendición de cuentas. A quienes han perpetrado y apoyado el terrorismo se les ha eximido de la necesaria rendición de cuentas. Se sustituye las necesidades políticas y morales que las víctimas y la sociedad tienen tras sufrir el terrorismo por bálsamos como esas promesas sobre la construcción del relato. El relato ya se está construyendo, no es una tarea de futuro, sino del presente. ¿Qué memoria y qué relato se construye sobre el terrorismo cuando destacados representantes políticos homenajean a las víctimas a la vez que faltan a la verdad sobre la excarcelación de un terrorista como Josu Uribetxebarria Bolinaga, responsable de la tortura de José Antonio Ortega Lara y del asesinato de los Guardias Civiles Mario Leal Vaquero, Pedro Galnares Barrera y Antonio López Colmenero? La narrativa y la memoria de las víctimas que ya se está construyendo, ¿busca solo conmover vaciando de contenido el significado político de estas y el verdadero alcance del terrorismo? ¿Qué actitudes y qué comportamientos más allá de la mera retórica deberían mostrar los partidos democráticos frente a formaciones que se niegan a condenar la historia de terror de ETA y a deslegitimar su violencia, minimizando así el significado político de las víctimas? ¿Qué consecuencias tiene para las víctimas la rehabilitación social y política de quienes han justificado los crímenes de ETA sin que se produzca la necesaria rendición de cuentas requerida en una democracia?

 

Hay otros problemas y desafíos en nuestra sociedad, pero los derivados de estas situaciones son, en mi opinión, muy relevantes.

 

A su juicio, ¿de dónde surge, ideológica e intelectualmente, la extrema-izquierda, abiertamente populista, que se localiza alrededor de las diferentes marcas de “Podemos” y de otras formaciones?

 

- Ha habido una determinada coyuntura política, económica y social en la que han confluido diferentes factores que han favorecido dicha emergencia. Ha habido una confluencia de factores que la han favorecido, entre ellos, la crisis económica, la pérdida de credibilidad de partidos políticos mayoritarios, y su desgaste por motivos diversos, la corrupción no solo política, y un reforzamiento de una determinada forma de hacer y comentar la política con un sistema de medios que, a mi modo de ver, ha debilitado el periodismo convirtiéndolo en un instrumento más vulnerable a la instrumentalización por parte de algunas formaciones políticas.

 

¿Qué responsabilidad tienen los grandes partidos tradicionales (PP y PSOE) en la actual situación política?

 

- Los partidos políticos tienen, lógicamente, una gran responsabilidad, pero no solo ellos. La dejadez de los grandes partidos políticos en el tema territorial es innegable. También la dejadez en esa etapa final del terrorismo de ETA. Los principales partidos políticos han renunciado a confrontar las mentiras que con frecuencia se reproducen sobre esta etapa final de ETA. Pienso, por ejemplo, en esa “derrota” de ETA que tanto se ensalza. Que ETA no ha conseguido sus objetivos máximos es obvio. Pero también lo es que ha logrado importantes logros políticos y de otro tipo.

 

Sin embargo, para muchos políticos –y también bastantes periodistas- es más sencillo asumir ese discurso cómodo y simplista que omite dar respuesta a interrogantes tan importantes sobre cómo se está cerrando esta etapa de nuestra historia y los costes que ha teniendo al optarse por una considerable dejadez.

 

Una de las dolorosas consecuencias del terrorismo es que incluso ha conseguido dañar relaciones personales. Recuerdo que, en Irlanda del Norte, el IRA decretó el alto el fuego con la intención, entre otras, de dividir a quienes habían permanecido unidos frente al terrorismo. “Cuando cese la violencia, les dividiremos y se dividirán porque unos se conformarán con un determinado final y surgirán divergencias sobre cómo responder ante el nuevo escenario”, planteaban los representantes políticos del IRA. Aquí ha ocurrido algo similar. Se ha intentado marginar a quienes han cuestionado ese final perfecto que solo habla de la derrota de ETA y que elude un análisis más riguroso y completo de la realidad. En mi opinión, poco o nada se hace por comprender por qué una parte de la sociedad siente algo diferente cuando existen razones fundadas para que se sientan así. Alegrarse y felicitarse por el final del terrorismo no es incompatible con cuestionar algunos de los métodos empleados para ello y su alto coste. El final del terrorismo no está siendo perfecto, ni mucho menos, y creo que se debería permitir que se debatiera sobre una cuestión que es muy relevante para el presente y el futuro. 

 

Volviendo a la idea central de la pregunta, los ciudadanos, la sociedad, también tienen una responsabilidad en una democracia. Por un lado, es engañoso volcar toda la responsabilidad única y exclusivamente en los partidos, pero también es tramposo, como se hace en ocasiones, utilizar la responsabilidad que los ciudadanos evidentemente tenemos con objeto de eximir a las elites políticas de sus responsabilidades por los errores cometidos, por incumplimientos de programas, o por gestiones negligentes, por su dejadez en ciertas cuestiones. Hay que ser justos también en la asignación y distribución de responsabilidades y no confundirlas. Me viene a la cabeza ese cliché distorsionador del nacionalismo, compartido a menudo por el PSOE, que injustamente acusa a un partido como el PP de ser una “fábrica de hacer nacionalistas”. Y lo tremendo es que hay gente dentro del PP que llega a asumir que hay verdad en semejante falacia y se esfuerza por acomodar agravios injustificables, por apaciguar reivindicaciones intransigentes.

 

Antioccidentales, antiliberales, anticapitalistas, antiglobalizadores, filoterroristas… ¿cómo explica usted la aparición, la expansión y el ascenso electoral de personajes como Monedero, Colau, Guillermo Zapata y tantos otros como en estos momentos se encuentran en múltiple instituciones locales españolas?

 

- Una hipótesis es que nuestro sistema educativo, nuestro sistema de medios y nuestro sistema político se están deteriorando. Hoy en día, la formación de ciudadanos críticos padece déficits importantes que favorecen la manipulación, la demagogia y el populismo.  La confluencia de factores a los que aludía anteriormente también ha podido propiciar y favorecer la emergencia de liderazgos con esas características.

 

En su opinión, ¿cuál es la responsabilidad de los medios de comunicación españoles en la actual situación política?

 

- Grande, sin duda. Me temo que hoy muchos medios se han convertido en medios de partido. Lógico es que tengan una ideología que propugnen con argumentos racionales, pero no lo es tanto que se conviertan en instrumentos de partido en los que apenas se articula una necesaria crítica razonada y coherente a formaciones afines. La crisis económica les ha colocado en una situación más vulnerable, pero el panorama mediático es muy preocupante. Hay demasiado periodismo servil y menos periodismo verdaderamente crítico y analítico. Hay periodistas, líderes de opinión, que han renunciado a una independencia imprescindible que en algunos casos no es sencilla de mantener. Pero el ejemplo de otros periodistas incorruptibles, también en situaciones muy adversas, demuestra que es posible y muy necesario para la salud del sistema democrático. Muchos políticos desean controlar a los medios y a los periodistas y, desgraciadamente, hoy no son pocos los casos en los que lo consiguen. Insisto: hay grandes periodistas que demuestran que es posible mantener criterios de profesionalidad y honestidad a pesar de las adversidades.

 

¿Cómo se imagina España a medio plazo?

 

- Quién sabe. Hay indicadores que invitan al pesimismo al sugerir un horizonte de inestabilidad e incluso de deterioro en torno a cuestiones como las que hemos comentado. Si deseamos que no se materialicen los peores augurios, hay que esforzarse por evitarlo. Los ciudadanos también, por supuesto. Nuestra democracia no debe ser débil ante quienes desean erosionarla. Si la democracia se convierte en la mejor defensora de quienes la atacan, se continuarán debilitando las instituciones y una cultura política frágil que creo es la raíz de algunos de nuestros desafíos y problemas como sociedad. A mi modo de ver, falta una cultura de defensa del sistema democrático que permita comprender que la aplicación de la ley es absolutamente necesaria, no un mal menor que se debe posponer para no incomodar a quienes la infringen.

Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
3 Comentarios
Lector
Fecha: Sábado, 7 de noviembre de 2015 a las 11:07
Estimado Rogelio:

Gracias por tus análisis que sigo desde hace muchísimos años. Soy víctimas (material) del terrorismo de ETA. Los asesinos me quemaron mi tienda porque decían que era amigo de policiías. Me fui del País Vasco con miedo y rabia y asco. Y a pesar de que han pasado muchos años sigo pensando que me gabnaron, que no tenía que haberme ido. Pero tengo que vivir con eso. gracias por tus palabras
Mañico
Fecha: Viernes, 6 de noviembre de 2015 a las 22:40
Siempre he seguido con atención las palabras de Rogelio Alonso. Una vez hasta fui a verle en una conferencia que dio en Barcelona con una gripe tremenda (él, no yo). Es un hombre sensato, cabal y que llama a las cosas por su nombre, además de tener una cultura enciclopédica. Un lujo para este país
Patsi
Fecha: Viernes, 6 de noviembre de 2015 a las 20:55
Como siempre, el profesor Alonso es rotundo en lo que dice. Y cuánta razón tiene!

La Tribuna • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress