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Raúl González Zorrilla. Director de La Tribuna del País Vasco
Viernes, 24 de junio de 2016 | Leída 483 veces
Entrevista con Jesús Colomina 'Colo', autor de la monumental “Hoy es un buen día para morir”

'Colo': “Lo mejor de mí, son mis historias. Así que sí. Sé que estoy donde debo estar”

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Jesús Colominas Orgaz (alias Colo), nacido en Madrid el 25 de diciembre de 1968, es Ilustrador publicitario desde hace más de 20 años y aficionado a los cómics desde niño. En su haber profesional tiene la planificación de más de 1.500 películas publicitarias, su presencia en todo tipo de campañas nacionales e internacionales y la autoría, con guión de Javier Pilar, de las historias de Bob, un personaje de cómic que aún colea y que próximamente podría convertirse en largometraje. Pero, sobre todo, en el mundo de la novela gráfica, Colo es conocido por “De perros y huesos”, obra con la que obtuvo el Premio Planeta de Cómic en 2010.

 

Ahora, Colo presenta la descomunal “Hoy es un buen día para morir” (Editorial Dibbuks), una impresionante y fascinante novela gráfica en la que actúa como dibujante, guionista y músico (la obra se acompaña de un cedé a modo de banda sonora) y en cuya construcción ha tardado algo más de seis años. “Cuando empecé el proyecto calculé que iban a ser tres años y medio, pero la cosa resultó mucho más compleja de lo que esperaba y se alargó bastante. Me parece muy bien que haya sido así, la verdad”.

 

“Hoy es un buen día para morir” es una obra que desborda al lector por la abundancia de referencias y guiños a algunas de las corrientes más potentes de la cultura popular. ¿Cómo surge un trabajo de esta complejidad y envergadura?

 

Bueno. No soy un autor al que se le presente una idea con nitidez, de forma repentina. Es, más bien, una suma de pequeñas ideas que se acumulan y que, en algún momento, encajan en un patrón más grande y que brilla lo suficiente como para que me resulte irresistible empezar a tirar del hilo y ver hasta dónde me lleva esa idea. Nunca suelo saber hacia dónde camino cuando empiezo una historia. Me limito a ir haciendo páginas y a tratar de desvelar el misterio de la historia que estoy contando. Tengo la necesidad de entender, de saber qué historia es la que ha ido ocupando espacio en mi cabeza y horas en mi vida. Supongo que hago lo que hago y de la manera que lo hago porque tengo la necesidad de existir. De dar un sentido a mi vida, de estar en el mundo. Creo que es mi respuesta a un sistema que no deja demasiado espacio al individuo y a sus sueños.

 

En el caso de “Hoy es un buen día para morir” hubo varios factores que dieron forma a la historia. Por un lado, tenía muchas ganas de hacer un proyecto musical al cual dedicar bastante energía. Los grupos en los que he estado suelen trabajar con demasiada prisa, buscando resultados de forma muy inmediata, y yo creo mucho en el trabajo constante, sin prisa. Creo en el trabajo de piel para adentro, vamos. Si uno dedica varios años de su vida a un mismo proyecto, su sensibilidad se expande y ve cosas que antes permanecían invisibles, empieza a abrir puertas, a interiorizar las cosas y a encontrar paisajes que de no haberlo hecho así no se habrían manifestado. Por otro lado, la sensación de descomposición que flotaba en el aire durante la época oscura de esta crisis también fue un motor importante. La aparición de nuevas fuerzas políticas ha cambiado, afortunadamente, esa sensación, pero cuando esto empezó la percepción que había era que todo se iba a la mierda. Fueron unos años sin esperanza y con la sombra de un futuro amenazador por delante. Una sensación horrible. A eso podemos sumar mi deseo de un mundo diferente, un cierto ansia de mandar todo a la mierda y construir desde otro sitio. Supongo que sigo siendo un niño que sueña, pero también me he hecho responsable del mundo y creo que es desde lo mejor que hay en cada uno desde donde se construye el futuro y, lo mejor de mí, son mis historias. Así que sí. Sé que estoy donde debo estar.

 

¿Cuánto tiempo lleva finalizar un trabajo de la monumentalidad de “Hoy es un buen día para morir?

 

Finalizarlo ha costado unos seis años y pico, aproximadamente. Cuando empecé el proyecto calculé que iban a ser tres años y medio, pero la cosa resultó mucho más compleja de lo que esperaba y se alargó bastante. Me parece muy bien que haya sido así, la verdad.

 

¿Qué es lo más complicado del mismo?

 

Complicaciones ha habido de todos los colores. En el cómic la cosa fluyó bastante bien y, quizás, la mayor complicación fue integrar en la historia algunas visiones que me vinieron a la cabeza y que no había forma de silenciar. Es algo que me sucede mucho. Durante los años que dedico a un proyecto aparecen algunas visiones que por alguna razón permanecen ahí. Suelen ser imágenes que un día me vienen a la cabeza y que suelo descartar porque me parecen absurdas. Sin embargo algunas de esas imágenes regresan sistemáticamente a mi cabeza y no hay manera de apartarlas, así que termino rindiéndome y veo la manera de colocarlas en la historia. Supongo que tengo la sensación de tener que meterlas para que la historia me encaje internamente y opto por ser honesto y no hacerme trampas.

 

Lo más complicado fue, sin duda, la música. Como trabajo sin guión, me resultaba muy difícil explicar al resto del grupo lo que había que componer. Tengo sensaciones de hacia dónde parece que va la historia, pero hasta que no lo dibujo no puedo concretarlas, así que transmitir el clima que debía tener un tema musical al grupo ha sido muy difícil, porque no había nada más que esa sensación. Los músicos han tenido una inmensa paciencia y mucha fe en mí durante todo este tiempo. Han hecho un trabajo increíble. Ese es el motor de esta historia, la fe. Conectar con lo que uno hace es un chaleco salvavidas en una época tan desastrosa como esta y los músicos lo hicieron durante años. Creo que he sido un pésimo director, pero también que he sabido empapar del deseo de participar en una experiencia vital muy intensa a mis compañeros.

 

Al final, se trata de eso, de vivir una experiencia limítrofe. Algunas personas hacen submarinismo o tienen el fútbol, hacen ‘puenting’ o tienen hijos. Yo, los abismos más profundos y las cimas más altas, las encuentro en mi tablero de dibujo.

 

En “Hoy es un buen día para morir”, un virus que afecta al sistema límbico ataca al sistema nervioso de las personas y desata cuadros depresivos que terminan con la muerte del individuo. Más allá de las depresiones que causa, el virus no muestra síntoma alguno hasta minutos antes de la muerte, donde se manifiesta haciendo sangrar los lagrimales. Una muerte teatral para el llamado “Mal de la Tristeza”. ¿Y si el mundo se acaba? ¿Y si el tiempo se ha terminado y nos enfrentamos a un Apocalipsis vírico?...

 

… ¿Qué influencias reconoce como más importantes en su trabajo? ¿Sin qué obras literarias, gráficas o visuales no existiría “Hoy es un buen día para morir”?, ¿Hasta qué punto es importante la influencia del cine –y más concretamente del cine de ciencia-ficción- en la obra?

 

¡Puf! ¡Innumerables! Hay influencias en distintas capas del proceso creativo.

 

[Img #9133]En el terreno formal, el maestro Horacio Altuna es una de las grandes referencias, claro. Esas sociedades opresivas que dibuja han sido una guía para mí. Incluso hay un personaje que termina en calzoncillos que está sacado directamente de una de sus historias. Es enorme, Horacio Altuna. También planea Bill Sienkiewicz por allí, en las historias que José Lucía, el padre de Luz, nunca llega a escribir. Pink Floyd o King Crimson han pululado por mi cabeza este tiempo. Y Blade Runner, posiblemente, también, con esa presencia de negocios chinos por todas partes.

 

Internamente, de piel para adentro, la mayor influencia ha sido seguramente Carlos Giménez. Siempre tengo la sensación de que Carlos es completamente honesto en sus obras. Creo que mete en sus historias solamente aquello en lo que cree de verdad. Que se la juega y se desnuda en sus obras. Es uno de los autores más valientes que he visto en mi vida. El tío se la juega constantemente y me parece que es muy difícil salir al ruedo en pelotas, plantarse ahí y mostrarse uno como es. Con virtudes y defectos. Sin máscaras. Ha sido un referente a la hora de plantear algunas situaciones muy complicadas en las que, soy muy consciente, podía cagarla.

 

De Neil Gaiman me gusta que sus personajes no son lineales. Que sienten de verdad y tienen sus contradicciones y sus miedos. Si un personaje nunca duda de nada no me parece humano, sino un robot. Las personas reales dudamos y nunca tenemos del todo claro si las cosas que nos pasan son, en realidad, como decimos que nos han pasado o solo es nuestra lectura de lo sucedido. Gaiman es, a mi juicio, el autor que mejor entiende esto. Somos muy frágiles. Muy potentes en algunos aspectos, pero muy, muy frágiles.

 

Del cine no sabría decirte, la verdad. Tarantino no está, eso seguro.

 

“Hoy es un buen día para morir”, ¿es su respuesta personal, creadora, artística y literaria, a los desafíos y a las convulsiones políticas, sociales, económicas y científicas del presente?

 

Sin duda alguna. Y la pregunta es peliaguda.

 

Tengo la creencia que el artista es el primero que echa la caña de pescar para ver qué pilla. Me parece que hay sensibilidades capaces de detectar cómo están las cosas y plasmarlas en una obra que hace que el lector vea con claridad el punto en el que estamos. Sin embargo, creo que, a día de hoy, no basta con eso. Uno no debe solamente hacer una crónica del presente en un ejercicio de periodismo. Eso sería intrusismo profesional. Uno tiene la obligación, me parece a mí, de ser imaginativo y tratar de buscar una respuesta adecuada a su época. La imaginación, la capacidad de buscar alternativas, la comparten artistas y científicos. Y si el científico trabaja usando como base la realidad y es su imaginación la que le inspira, el artista hace lo contrario. Usa como base su imaginación y es la realidad la que le inspira. Somos hermanos y cada uno tiene sus ventajas. La del artista es que no necesita saber cómo se lleva a término lo que le dicten sus visiones. Su obligación es plantear modelos nuevos sin lastre. Subir bien arriba. Dejando que su imaginación busque otras vías de existencia. Si su visión encaja en un contexto social determinado, ya vendrá quien tenga los conocimientos técnicos para realizarla.

 

En “Hoy es un buen día para morir” el personaje que creo encarna mejor la figura del artista es José Lucía. El viejo escritor. Tal vez los comunicados de “El Susurro” sean los que le dan esa visión del estado actual del mundo, pero el tío busca su hipótesis, su posible nuevo modelo en su último libro. Crea el mundo y lo comparte. Tal vez su visión sea ingenua, pero él hace su trabajo hasta el final y lanza una nueva idea que plantea otra opción, otra posibilidad.

 

Esta relación entre científicos y artistas la he visto muy clara en las innumerables charlas que mantuve con Jorge Jiménez, el batería de Hielo Rojo, durante estos años en los que hemos trabajado. Jorge es ingeniero. Tiene una vena artística muy fuerte, pero es un científico de los pies a la cabeza. La complicidad con él ha sido tremenda y ha sido mi mano derecha en todo este proceso. Sin Jorge, posiblemente, no habría disco y el cómic hubiera sido muy diferente. En esas charlas vi nítidamente que tanto los científicos como los artistas trabajan con intangibles. Sensaciones que flotan en una sociedad, pero que no son concretas, que no se manifiestan abiertamente. Los dos gremios tratan de agarrar esa sensación y bajarla al mundo, de dar respuesta a lo que una sociedad necesita.

 

Así que… sí. Esta historia es mi forma de colaborar con el mundo y apostar por la vida.

 

La banda sonora que acompaña a la novela gráfica resulta muy estimulante para el lector. ¿Hasta qué punto fue la música, en general, importante para el creador a la hora de realizar su trabajo? Leyendo el libro, parece existir como una banda sonora imaginaria que une toda la historia…

 

Gracias. Es un halago que lo veas así.

 

El reto inicial era hacer una obra en la que música y cómic formaran un todo. No queríamos hacer un cómic acompañado de un cedé. Queríamos que los dos formatos nos dieran una visión completa de la obra. Para entender bien todos los rincones del cómic, es imprescindible escuchar bien el cedé. y viceversa. El uno sin el otro está incompleto. Yo recomiendo no escuchar la música mientras que se lee. O lees o escuchas, pero no creo que se deba hacer simultáneamente.

 

Ha sido importante desde el principio en el sentido de tener que trabajar sabiendo que habría un cedé en el que sonarían algunas de las cosas que suceden en el cómic. Eso te obliga a trabajar con las puertas abiertas, sabiendo que en el otro lado hay otro formato que te permite completar cierta información. Hay que despegar la nariz del papel y tener claro que el trabajo continúa en el local de ensayo. Como si dejaras páginas sin dibujar.

 

Ha sido muy interesante ver como en cada momento uno de los dos medios cogía las riendas de la historia y la dirigía a un punto concreto. Al principio era el cómic el que marcaba las pautas a seguir y la música iba detrás, ilustrando sonoramente lo que el cómic dictaba, pero luego los roles cambiaron. “Tumba Luminosa”, el tema solista de Florencia Alen, guitarra de Hielo Rojo, surgió mucho antes de que yo supiera cómo iba a concretarse en el cómic esa tumba que arde. Ese tema definió el final de un personaje años antes de dibujarlo. Con “Hoy es un buen día para morir”, el tema solista de Ifna, nuestro cantante, sucedió lo mismo. Ifna planteó un tema sacado de un comunicado de “El Susurro”. Ese tema terminó dando título al cómic y se convirtió, a mi juicio, en el himno de la historia.

 

Y luego está Iván Cebrián, nuestro productor, que es el pegamento entre los dos formatos. El tío es una de las sensibilidades más altas que he conocido en mi vida. Él es el responsable de que el disco no sea un disco, sino un documento sonoro de lo que sucede en la historia. Su trabajo ha hecho que no exista distancia entre el cómic y la música, que se toquen constantemente. Ha hecho que la obra sea orgánica.

 

¿Cambió el “Premio Planeta” del cómic su forma de acercarse el mundo de la novela gráfica? ¿La hizo más ‘profesional’?

 

No. El “Premio Planeta” hizo que me volviera aún más loco de lo que estaba.

 

“De Perros y de Huesos” nunca fue un trabajo profesional. Fue una experiencia narrativa en la que improvisé desde la primera viñeta hasta la última. Si uno no sabe lo que va a contar, no tiene un guión, no hace ni un solo boceto de los personajes antes de dibujarlos en la primera viñeta en la que aparecen, ni sabe nada de nada de la historia que está contando, no se puede decir que sea un trabajo profesional. Es otra cosa. Un juego, tal vez, pero no algo profesional.

 

Lo que sucedió es que me presenté y algo en mi forma de hacer cómics debió llamar la atención del jurado y decidieron jugársela conmigo y otorgarme el premio. Creo que fueron muy valientes al apostar por alguien que nunca había publicado nada y que era un perfecto desconocido en el mundillo de los cómics.

 

Lo que me sucedió a mí, fue que vi que esa forma tan rara de trabajar había funcionado y me metí en “Hoy es un buen día para morir” con la misma inconsciencia que en “De Perros y de Huesos”, pero con una historia muchísimo más compleja y con el añadido de querer hacer simultáneamente la música. ¡Una locura apasionante!

 

Tengo un buen amigo, Douglas Machado, que es como mi hermano y uno de los tipos con más talento que se han cruzado en mi camino, con el que hablo mucho por Skype ya que vive en Brasil. Cuando salió “Hoy es un buen día para morir” estuvimos un buen rato hablando y me recordó que hacía unos siete años, en una de nuestras conversaciones, le comenté que estaba pensando hacer una historia de un virus, con un cedé musical y tal. Douglas me preguntó si ya tenía un guión y le respondí que no. Me preguntó si sabía qué personajes iba a tener y le respondí que no. Me preguntó si tenía alguna idea sobre la historia y le respondí que no. Me preguntó si tenía un grupo que quisiera hacer la música y le respondí que no. ¡Estás enfermo, hombre! ¡Necesitas ayuda profesional! ¡Medicación!

 

Con Ricardo Esteban, mi editor, sucedió algo parecido. Cuando tenía unas 20 páginas le conté lo que pretendía hacer y me dijo que le interesaba. Nos dimos la mano y yo seguí trabajando. Le iba enviando cada nueva escena que terminaba para que viera cómo iba la cosa ya que le iba a tocar esperar bastante hasta que el trabajo estuviera terminado. Ya debía tener unas 150 páginas cuando en uno de los mails que le envié le comenté que ya sabía de qué iba esta historia. Su respuesta fue que estaba como un cencerro, (risas).

 

Así que… eso fue lo que pasó. Que enloquecí totalmente. La suerte que he tenido es que esa locura no me aplastó. Hizo que me encontrara a mí mismo y me dijera quién soy, en alguna medida. 

 

¿Su próximo trabajo seguirá en la línea de “Hoy es un buen día para morir”?

 

Sí y no.

 

Estoy trabajando en tres proyectos a la vez. Uno de ellos, con guión de Douglas Machado, mi hermano brasileño. Es un proyecto escrito en el que hay una fecha límite para finalizarlo. Van a ser unas 180 páginas de las cuales ya tengo unas 90 terminadas. No tiene nada que ver con las historias que suelo hacer ni con mi sistema de trabajo. Se publicará en Brasil y luego vamos a hacer una película con la misma historia. De momento estoy volcado por entero en este proyecto y el resto lo tengo parado, pero es que el tiempo no me da para más.

 

Luego estoy trabajando en una historia que pretendo colgar en Internet. Una gamberrada monumental planteada como una serie de televisión, por episodios y temporadas. Se llama “Condenados” y sí tengo una idea aproximada de lo que va a ir sucediendo aunque sigo improvisando cada viñeta. Llevo unas 340 páginas y me lo estoy pasando teta con ella.

 

Y luego tengo un tercer proyecto, “Animal”, del que llevo unas 67 páginas y que calculo que va a tener unas 120. Esta es una historia muy potente. Creo que es lo más maduro que he hecho hasta ahora. En esta historia sí he tenido claro el argumento desde el principio. Sé cómo empieza, lo que pasa y cómo termina. No tengo un guión y sigo improvisando cada escena, pero la dirección a seguir la tengo muy clara. Es la primera vez que me pasa esto.

 

¿Quiénes son, en general, sus autores de cómic preferidos?

 

Me entusiasma el trabajo que hace Neil Gaiman junto Dave Mckean. Horacio Altuna. Sienkiewicz. Kent Williams me parece espectacular. Liberatore. Albero Breccia me parece de lo mejorcito que le ha pasado al cómic. Toppi como dibujante. Muchos, la verdad.

 

¿Cómo definiría “Hoy es un buen día para morir” a alguien que no tiene ninguna referencia de la obra?

 

Es un viaje de ida y vuelta. Mientras la sociedad se descompone, algunas personas se encuentran consigo mismas.

 

Hay una ley física que dice que cuando una resistencia cede, se libera energía. Yo creo que en los procesos humanos pasa lo mismo. Si la estructura de una sociedad se rompe o se descompone, la energía que la gente tenía antes para ganarse la vida, para trabajar o para pagar sus facturas, queda liberada. Esta energía no desaparece sino que se queda sin objetivo así que… se usa para otras cosas. Puede ser para destruir algo o para construirlo, caótica u ordenadamente, pero no desaparece.

 

Si miramos, por ejemplo, a los chavales del 15-M, veremos que eran jóvenes acostumbrados a meter mucha energía en sus estudios. Chicos que se sacaron dos o tres carreras, que aprendieron idiomas. La generación mejor preparada de la historia de este país. Mucho esfuerzo. Mucho trabajo. Mucha energía, vamos. Bien. Todos esos muchachos tenían en mente usar esa energía que tenían en encontrar buenos trabajos y construir sus vidas, pero resulta que ese objetivo había desaparecido. Ya no hay curro. No existe el futuro en que iban a canalizar toda esa fuerza. ¿Qué sucedió? No se quedaron en casa, viendo la tele con la mirada perdida. Tenían su sueño de futuro y energía libre. Y ahí lo tienes. La usaron. Claro.

 

De eso va la historia, me parece. De qué hace cada uno con la energía que tiene. De cómo la utiliza y de lo que quiere hacer con el mundo.

 

Esa es mi lectura, al menos.

 

 


 

 
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