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Pablo Mosquera
Lunes, 9 de enero de 2017 | Leída 33 veces

Si hay debate, decimos que hay crisis

[Img #10501]¿Qué pasa en el espacio de la política? ¿Cómo lo percibe la sociedad civil?. Evidentemente, a los políticos no parece -más allá de los periodos electorales- importarles la opinión que suscitan en la sociedad civil. La sociedad, por pluma y voz de sus más cualificados pensadores, señalan tres relaciones entre políticos y ciudadanos: ruptura, desafección, desprecio. Y dos gritos: reformas y regeneración...


Se termina el bipartidismo. La vieja política controlada por organizaciones centenarias, ha fracasado en su deber de aportar soluciones, para convertirse en parte del problema. Todo ello, amén de los cambios en el siglo de las tecnologías, información sin límites, espacios infinitos para la comunicación entre los seres humanos, nos lleva al debate permanente en busca de la verdad.    
 

Pasemos a lo concreto. Socialistas. Una gestora que se toma el tiempo necesario para: ponerle la alfombra mullida a la presidenta de Andalucía, y al mismo tiempo quitarle gas a los seguidores de Sánchez. A tal extraña situación le denominan espacio de reflexión para las ideas. ¿Qué ideas y de dónde? Mientras, los socialistas que mejor conozco, vascos y gallegos, unos se hacen socios baratos del poder, los otros ni están ni se les espera, salvo el alcalde-Pericles de Vigo, que ha convertido a su ciudad, en la quinta provincia de la Comunidad gallega.
Pasemos a lo concreto. Podemos. Una batalla en toda regla. Dos bandos a mandobles públicos y notorios. Los que pierdan, y a pesar de los abrazos propios de la foto -¡sí se puede!-, serán ejecutados por su propio bien, como se ejecutaba durante la revolución de 1917, tanto a los seguidores del Zar, como a los perdedores bolcheviques o mencheviques.

 

Pasemos a lo concreto. Ciudadanos. Cada día se diluyen más en beneficio del PP. ¿Son ellos, los causantes, o lo son, quienes les dieron razón y medios para ser, y ahora han decidido que ya no los necesitan?. La ausencia de Rivera nos ha dejado huérfanos. Es como si estuviera de vacaciones. Parece no importarles el ninguneo del PP a la hora de consensuar normas parlamentarias. A lo mejor es que los dos portavoces en las Cortes -PP y PSOE- comparten el apellido Hernández, y han descubierto que son familia...
 

Pasemos a lo concreto. Populares. Lo más importante es que no incordien a Rajoy en su derecho irrenunciable a pasear por tierras de Pontevedra. Mientras, los chicos peras mandan a Cospedal en misión de paz con las fuerzas armadas desplegadas por los conflictos entre Oriente y Occidente. Eso sí, el "campeón de la subsistencia”, Arenas, sigue incombustiblemente sentado en el machito, incluso, cuando el presidente, con los mejores abdominales de la política europea, ha dado un portazo y castiga con su ausencia al congreso de febrero.
Y todo esto, en qué beneficia a la sociedad civil. Por ejemplo. ¿Qué pasa con el futuro de las pensiones?. ¿Qué hay de investigar la financiación ilegal del PP?. ¿Qué se cuece en ese despacho en la Delegación del Gobierno en Barcelona, puesto a gusto de la Vice Soraya?. ¿Pueden los españoles residentes en Cataluña despertarse cada día con la tranquilidad de seguir viviendo en suelo español?. ¿Qué esperanzas pueden albergar los nuevos y viejos pobres, sobre su derecho a recuperar la dignidad ciudadana, sin tener que depender de los comedores de Caritas?.

 

¿Y la prensa de papel?. ¿Dónde están aquellos implacables corregidores que señalaban -por poner un ejemplo- desde su columna en el primer diario vasco, cómo la crisis en Unidad Alavesa, iba a ser la causa de la descomposición del partido alavesista?. Alguno, que hizo el periplo desde aquel DEIA pagado por el EBB hasta llegar - grupo Vocento- a buen despacho en Bilbao, se ha olvidado de señalar o dar dicterios a la sociedad vasca, en materia de crisis políticas. Y es que hay pecados de juventud -en la romántica Euskadiko Ezkerra- que se pasan con el tiempo, y entre cenáculos de lo que un día fue la aristocracia de Neguri.   
Y es que en el meollo de la política, tirios y troyanos no son capaces de establecer los límites entre debate y crisis. A lo peor es que los partidos emergentes, han descubierto que los viejos tenían razón. Lo importante no son las ideas. El papel lo aguanta todo. Si los programas electorales no se cumplen, tampoco las ponencias congresuales. Lo importante es mandar. Lo que vale es el poder. En definitiva, aquello que señalaba Don Gregorio Marañón en su obra "El Conde Duque de Olivares, o la pasión de mandar".       

 

Lo peor que le puede pasar a la clase política es quedarse en tierra de nadie. Un Patxi López, que ha sido el Presidente del Parlamento más efímero de la historia. Un Rodolfo Ares, que sólo le cabe la esperanza de que su amigo -el que antecede- ocupe un lugar en algún sitio, y se acuerde de reclamarlo. Un Alfonso Alonso al que ya nadie señala como la esperanza blanca del nuevo PP. Y es que su gran mullidor, el senador-fontanero en Génova, Oyarzábal, está más por colocar a Maroto, que por mirar hacia la vitoriana calle Dato, auténtica semilla de dirigentes políticos a la alavesa.
 

Como todos los años, con las Navidades, me llegaron esos maravillosos polvorones FELIPE II, auténtica delicadeza culinaria, muy superiores a las trufas de Goya. Y es que mi inolvidable Añua, me hace recordar que mi historia son recuerdos de una Álava, a la que un grupo de románticos, convertimos en la frontera al nacionalismo.
 

Les deseo que pongan proa al 2017. Se encontrarán con el centenario de Don Camilo, mientras despedimos con el 2016, el recuerdo a Blas de Otero, un vasco que dejó escrito un hermoso poema. "Me queda la palabra".    

 


 

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