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Por Andrea Barthélémy (dpa)
Miércoles, 18 de enero de 2017 | Leída 67 veces
Una plaga desconocida

Atrapados en una nube de opioides: la adicción silenciosa de EEUU

Noticia clasificada en: Estados Unidos

Hace mucho tiempo que Estados Unidos sufre una silenciosa adicción prácticamente ignorada, pero con consecuencias fatales. Quienes la padecen se sienten atrapados por una espesa nube de bienestar sintético de la que resulta difícil salir.

 

La muerte por sobredosis de Prince el año pasado sirvió para poner el foco en esta epidemia que destroza la vida de millones de estadounidenses y cuyos tentáculos se expanden cada vez más: la adicción a los opioides y analgésicos.

 

"Todos los años decimos que no puede ir a peor. Pero hasta que logremos que haya un cambio de tendencia, esto seguirá así mucho tiempo", afirma a dpa Caleb Alexander, codirector del centro Johns Hopkins para la seguridad de los medicamentos.

 

Según cifras oficiales, en 2014 unos dos millones de estadounidenses eran adictos a los opioides, un analgésico que sólo debería tomarse en caso de dolores extremadamente fuertes. Por su composición química, estos medicamentos están estrechamente ligados a la heroína, funcionan de manera similar y generan una rapidísima adicción.

 

Ese mismo año, alrededor de 600.000 personas habían caído en las redes de la heroína. Además, según un estudio de 2012, otros 2,5 millones consumían analgésicos a largo plazo que les habían sido recetados. Y en este caso, la frontera entre la dependencia y las malas prácticas es muy difusa.

 

[Img #10583]Las consecuencias de este panorama son terribles: casi 19.000 personas fallecieron en 2014 debido a una sobredosis de este tipo de analgésicos, según los centros para el control y la prevención de enfermedades (CDC). La mayoría de casos tuvieron lugar en las zonas rurales y blancas de Estados Unidos. Y a ellos se suman otras 10.000 muertes por heroína.

 

En muchos casos, el comienzo de esa adicción está provocado por un analgésico prescrito sin causas demasiado graves, por ejemplo por una operación para quitar las muelas del juicio. Una vez consumidos, algunas personas no son capaces de prescindir de esa nube de bienestar y la sensación de "todo me da igual" que generan estos medicamentos.

 

En los años 90 se recetaban con extrema generosidad analgésicos bastante fuertes, lo que acabó provocando un efecto bola de nieve: cada vez más personas, a menudo con vidas inestables, buscaban ese "chute" de bienestar. Tuvieron que pasar años para que los médicos se dieran cuenta de la caja de Pandora que habían abierto.

 

Para una parte de los afectados, tras los opioides llega la heroína, pues esta droga ilegal es con frecuencia más barata que los medicamentos, que además están sujetos a receta médica.

 

Pero además, están los opoiodes sintéticos como el fentanilo, 50 veces más potente que la heroína y que acabó con la vida de Prince. A menudo, se fabrica en México o China y llega a Estados Unidos de contrabando o se compra vía Internet.

 

Algunos adictos llegan incluso a tomarse medicamentos que normalmente se utilizan para anestesiar elefantes. Así, el carfentanil, 100 veces más potente que el fentanilo, está causando un dramático ascenso de las tasas de sobredosis en Ohio.

 

"En lugar de cuatro o cinco sobredosis diarias tenemos 20, 30 ó 40, a veces incluso 50 sobredosis", cuenta el policía Tom Synan desde el distrito más afectado de Ohio. Además, también en el estado de Virginia se ha decretado emergencia sanitaria por el mismo motivo.

 

Otros adictos intentan conseguir recetas y pastillas como sea, en caso necesario incluso a través de familiares. En un anuncio publicitario, un señor ya mayor aparece junto al armario del baño buscando analgésicos. De pronto, el espejo muestra en su lugar el rostro de su nieto adolescente, que es quien consume las pastillas. "¿Sabe quien se toma sus analgésicos?", pregunta una voz.

 

Más información para los pacientes, más formación para los médicos, más programas de control con los que los estados puedan controlar electrónicamente la historia clínica de los enfermos y sus recetas son algunas de las medidas que se pusieron en marcha en 2016 para combatir la epidemia.

 

Además, los CDC publicaron directivas más estrictas a la hora de recetar estos medicamentos. Así, los opioides fueron calificados como "peligrosos" y desaconsejados para el tratamiento de las dolencias crónicas, excepto en el caso de los pacientes de cáncer.

 

"También fue un alivio que más allá de las diferencias entre partidos se aprobara una ley que contempla la adicción a los opioides como enfermedad y no la criminaliza automáticamente", subraya Caleb Alexander, del centro Johns Hopkins para la seguridad de los medicamentos.

 

El gobierno del presidente Barack Obama tenía previsto insuflar unos 1.000 millones de dólares a combatir esta adicción, pero el Congreso sólo aprobó unos 181 millones y aplazó la decisión sobre 500 millones más hasta los próximos presupuestos.

 

A esto se suma que la industria farmacéutica invierte mucho dinero en un fuerte lobby en Washington que promueve los analgésicos. A través un estudio patrocinado, los fabricantes sostienen que el 40 por ciento de los estadounidenses sufren dolores crónicos que necesitan tratamiento.

 

También se acusa de negligencia a las autoridades de salud pública (FDA), de control de drogas (DEA) y al Departamento de Justicia. Según reveló una investigación de "The Washington Post", agentes de la DEA habían bloqueado estudios críticos con las farmacéuticas con la mirada en las grandes superficies de venta.

 

Algunas de estas gigantescas droguerías y supermercados con farmacias integradas venden medicamentos bajo unos estándares cuestionables. "Una nueva desregularización de estas grandes superficies sería negativa", apunta Alexander en relación a los inciertos tiempos que llegan con el futuro Gobierno.

 

El director de los servicios sanitarios públicos del país, Vivek Murthy, criticó en su último informe que actualmente sólo uno de cada diez adictos recibe ayuda. "Hemos hecho avances pero, ¿cómo seguimos? Una de las claves es garantizar que las personas tengan un seguro sanitario".

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