Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies

Francisco López
Jueves, 16 de marzo de 2017 | Leída 478 veces

Fernando Altuna: otra víctima de la impunidad

Noticia clasificada en: Víctimas del terrorismo ´Terrorismo ETA

[Img #11000]

 

Desde COVITE me avisaron de que a Fer le gustaría quedar un día para charlar. Supongo porque le causaría curiosidad la figura de un "friki" que sin tener ninguna relación directa con “el conflicto”, llevaba desde los 18 años estudiando y analizando lo relativo al terrorismo de ETA. Un día, por fin, nuestras agendas permitieron reunirnos para tomar un café.


Mi idea original era hablar sobre la situación pasada y actual del País Vasco. Al fin y al cabo, Fernando Altuna era uno de los referentes de la resistencia al olvido y una persona que demostraba en sus artículos de prensa y en las redes sociales un conocimiento poco habitual de los entresijos del mundo que apoya y/o tolera la violencia terrorista. Pero a la hora de la verdad, la conversación se centró en su drama personal, donde con sinceridad y con crudeza, sin poner paños calientes, me narró cómo su vida había quedado trágicamente marcada aquel 6 de septiembre de 1980, en el que su padre fue asesinado.


Tenía 10 años y después del primer impacto, siguió haciendo una vida normal. Fue al colegio, donde debido a su interés por la política acudía con el diario El Correo bajo el brazo, lo cual en aquellos primeros años ochenta, incluso en la tranquila Vitoria, tenía su punto de rebeldía. Pasó por la Universidad, consiguió un buen trabajo convirtiéndose un referente en el mundo de la publicidad, creó una familia…


Pero la bomba de relojería que el cruel asesinato había depositado en su mente, finalmente estalló: el trastorno de estrés postraumático (TEP). Este no actúa de la misma forma en todo el mundo. Me explicó cómo a unas personas les da por el juego, a otros por el alcohol, las drogas o el sexo, en las mujeres suele ir ligado a la anorexia. De una forma u otra, por cualquiera de las adicciones en las que puede caer el ser humano. Y Fer de pronto se vio atrapado por una. Da igual cuál. Junto a ella, el resto de males que lleva aparejado el TEP: angustia, depresión, sentimientos de culpa, pérdida de la socialización.


Todo su mundo se hundió. Perdió trabajo, familia, amigos. Sólo empezó a superarlo cuando ya no podía caer más abajo. Buscó romper con el muro de silencio y olvido que el “proceso de Paz” estaba creando. Entró en trance y de un modo obsesivo, frenético realizó el Mapa del Olvido, en el que sistematizó y puso imágenes a los crímenes de ETA. Reconocía que no se explicaba cómo consiguió completar esta tarea descomunal en un estado físico que ya estaba al límite.


Tras aquella catarsis, el nuevo Fernando Altuna volvió a la vida. Se convirtió en un puntal de COVITE. Sus lúcidos artículos en los medios del grupo Vocento eran imprescindibles y su activismo en las redes llevó a que hasta los más acérrimos enemigos le respetaran. Pero el mal seguía allí, acechante. De vez en cuando, la tristeza y los fantasmas volvían.


La conversación hubo que interrumpirla abruptamente porque tenía que ir al médico. No me dijo a qué médico, pero por el tono con que lo dijo, estaba claro que no era por un dolor de pie. Quedamos en que le mandaría un enlace para vez qué se podía hacer en relación a una de tantas tragedias que había quedado en el olvido. Lo envié… y no respondió: eso quería decir que había entrado en otro bache.


No todo el mundo responde y reacciona igual ante una tragedia así. El TEP puede ser especialmente agresivo por muchas causas y motivos, la mayoría incontrolables por quienes lo padecen. Lo que es indudable es que hay factores que multiplican su agravamiento. Y para Fernando Altuna fue letal que las víctimas de ETA Político-Militar fueran las más parias entre los parias. Ningún grupo de asesinos, de cualquier tinte, color o sensibilidad nacionalpatriótica, ha contado con el increíble nivel de impunidad con el que contó esta banda, responsable de terribles asesinatos e incluso de atroces casos de tortura como el de Javier Ybarra. Impunidad penal, impunidad política e impunidad social.
 

Y eso es lo que finalmente ha acabado con él.
 

Quiero cerrar con las palabras que abren su gran obra, “El Mapa del Olvido”:
 

ACORDAOS DE NOSOTROS / ARHOITZ GUTAZ

 

Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
1 Comentario
Ramiro
Fecha: Viernes, 17 de marzo de 2017 a las 19:37
Descanse en paz, junto a su querido padre, y demás familiares que ya se han ido.
Su artículo me ha conmovido.
¡Que pequeño es el País Vasco, pero cuántos hijos de puta tienen ustedes allí por metro cuadrado!
Y pensar que encima quieren ser reconocidos socialmente..., a pesar de ser mierda, y nada más que excrementos...

La Tribuna • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress