De epicentro de la cultura woke y el ateísmo militante a semillero del cristianismo contemporáneo: una nueva élite tecnológica lidera un inesperado renacimiento espiritual en la cuna de la inteligencia artificial
Silicon Valley encuentra a Dios: el nuevo credo de los señores de la tecnología
![[Img #28259]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/06_2025/6744_gaf.jpg)
Silicon Valley, durante décadas símbolo del progresismo radical, la deconstrucción moral y el transhumanismo sin freno, está viviendo un giro inesperado: la fe cristiana está ganando terreno entre los fundadores de startups, inversores de capital riesgo y jóvenes ingenieros. Lo que hasta hace poco era casi un tabú social —asistir a la iglesia o hablar de Dios en una reunión de trabajo— se está convirtiendo en una nueva seña de identidad entre quienes moldean el futuro digital de la humanidad.
“Durante años, ser cristiano aquí era poco menos que ilegal”, confiesa Garry Tan, CEO de Y Combinator, la aceleradora de startups más influyente del planeta. Hoy, Tan encabeza una corriente que no solo legitima la espiritualidad en el entorno tecnológico, sino que la presenta como necesaria para reparar el daño causado por un mundo deshumanizado por los algoritmos.
San Francisco, otrora bastión de la contracultura psicodélica y del activismo LGBTQ+, alberga hoy templos llenos de jóvenes desarrolladores que escuchan sermones sobre la humildad, la responsabilidad y el sentido último de la vida. Epic Church, en pleno corazón de la ciudad, ha duplicado su asistencia en apenas dos años.
“No puedes construir una inteligencia artificial ética si no sabes lo que es el bien y el mal. Y eso no te lo enseña el MIT, te lo enseña el Evangelio”, explica Trae Stephens, cofundador de la tecnológica de defensa Anduril y socio en el influyente fondo Founders Fund, liderado por el iconoclasta Peter Thiel.
La nueva cruzada digital tiene su propio manifiesto. Se llama ACTS 17 Collective, una organización creada por la inversora cristiana Michelle Stephens que articula la idea de un Silicon Valley con propósito moral. Su visión: “Conquistar el espacio, curar enfermedades, construir inteligencias artificiales... pero con una brújula espiritual que oriente el poder hacia el bien”.
“Hola Jesús, adiós woke”
El fenómeno no es solo religioso, sino también ideológico. Muchos de estos nuevos conversos rechazan abiertamente la ortodoxia progresista que dominó el Valle durante años. La llaman la “religión del yo”, basada en el narcisismo identitario, la corrección política y la ingeniería social sin alma.
“Es un nuevo gran despertar”, afirma un ingeniero de OpenAI, creadora del celebérrimo ChatGPT, que prefiere mantener el anonimato. “Después del vacío que dejó la cultura woke, necesitábamos algo más grande que nosotros mismos”.
En reuniones privadas —como las organizadas por Code & Cosmos, donde se juntan tecnólogos y teólogos para hablar de fe y física cuántica— se habla de crear una nueva civilización tecnológica basada en principios cristianos: familia, verdad, límites y trascendencia.
¿Un nuevo Vaticano en Palo Alto?
Los paralelismos históricos son inevitables. Así como Roma se convirtió en el centro espiritual del Imperio tras siglos de persecuciones, Silicon Valley podría estar mutando de laboratorio de utopías digitales a seminario informal de un nuevo cristianismo postmoderno.
Y no se trata solo de palabras. Algunas de las startups nacidas bajo este nuevo paradigma se niegan a trabajar con gobiernos autoritarios, promueven jornadas laborales con descanso dominical, financian iglesias y ofrecen retiros espirituales en lugar de "bootcamps" de productividad.
¿Qué hay detrás de este fenómeno? ¿Una moda elitista, un rebranding moral del capitalismo, o el indicio de una sed más profunda en la generación que ha creado todo menos el sentido de la vida?
“El gran error fue creer que podíamos reemplazar a Dios con la tecnología”, concluye un joven CEO al salir de misa. “Ahora sabemos que no basta con crear. También hay que creer.”
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Silicon Valley, durante décadas símbolo del progresismo radical, la deconstrucción moral y el transhumanismo sin freno, está viviendo un giro inesperado: la fe cristiana está ganando terreno entre los fundadores de startups, inversores de capital riesgo y jóvenes ingenieros. Lo que hasta hace poco era casi un tabú social —asistir a la iglesia o hablar de Dios en una reunión de trabajo— se está convirtiendo en una nueva seña de identidad entre quienes moldean el futuro digital de la humanidad.
“Durante años, ser cristiano aquí era poco menos que ilegal”, confiesa Garry Tan, CEO de Y Combinator, la aceleradora de startups más influyente del planeta. Hoy, Tan encabeza una corriente que no solo legitima la espiritualidad en el entorno tecnológico, sino que la presenta como necesaria para reparar el daño causado por un mundo deshumanizado por los algoritmos.
San Francisco, otrora bastión de la contracultura psicodélica y del activismo LGBTQ+, alberga hoy templos llenos de jóvenes desarrolladores que escuchan sermones sobre la humildad, la responsabilidad y el sentido último de la vida. Epic Church, en pleno corazón de la ciudad, ha duplicado su asistencia en apenas dos años.
“No puedes construir una inteligencia artificial ética si no sabes lo que es el bien y el mal. Y eso no te lo enseña el MIT, te lo enseña el Evangelio”, explica Trae Stephens, cofundador de la tecnológica de defensa Anduril y socio en el influyente fondo Founders Fund, liderado por el iconoclasta Peter Thiel.
La nueva cruzada digital tiene su propio manifiesto. Se llama ACTS 17 Collective, una organización creada por la inversora cristiana Michelle Stephens que articula la idea de un Silicon Valley con propósito moral. Su visión: “Conquistar el espacio, curar enfermedades, construir inteligencias artificiales... pero con una brújula espiritual que oriente el poder hacia el bien”.
“Hola Jesús, adiós woke”
El fenómeno no es solo religioso, sino también ideológico. Muchos de estos nuevos conversos rechazan abiertamente la ortodoxia progresista que dominó el Valle durante años. La llaman la “religión del yo”, basada en el narcisismo identitario, la corrección política y la ingeniería social sin alma.
“Es un nuevo gran despertar”, afirma un ingeniero de OpenAI, creadora del celebérrimo ChatGPT, que prefiere mantener el anonimato. “Después del vacío que dejó la cultura woke, necesitábamos algo más grande que nosotros mismos”.
En reuniones privadas —como las organizadas por Code & Cosmos, donde se juntan tecnólogos y teólogos para hablar de fe y física cuántica— se habla de crear una nueva civilización tecnológica basada en principios cristianos: familia, verdad, límites y trascendencia.
¿Un nuevo Vaticano en Palo Alto?
Los paralelismos históricos son inevitables. Así como Roma se convirtió en el centro espiritual del Imperio tras siglos de persecuciones, Silicon Valley podría estar mutando de laboratorio de utopías digitales a seminario informal de un nuevo cristianismo postmoderno.
Y no se trata solo de palabras. Algunas de las startups nacidas bajo este nuevo paradigma se niegan a trabajar con gobiernos autoritarios, promueven jornadas laborales con descanso dominical, financian iglesias y ofrecen retiros espirituales en lugar de "bootcamps" de productividad.
¿Qué hay detrás de este fenómeno? ¿Una moda elitista, un rebranding moral del capitalismo, o el indicio de una sed más profunda en la generación que ha creado todo menos el sentido de la vida?
“El gran error fue creer que podíamos reemplazar a Dios con la tecnología”, concluye un joven CEO al salir de misa. “Ahora sabemos que no basta con crear. También hay que creer.”



















