La Marina de EE.UU. patentó una nave que desafía la física… y asegura que funciona
Documentos oficiales revelan tecnologías capaces de deformar el espacio-tiempo, manipular la gravedad y explicar el comportamiento de los ovnis observados por pilotos militares.
En 2019, mientras el mundo miraba a otro lado, la Marina de los Estados Unidos registró discretamente una serie de patentes que, leídas hoy, parecen más propias de la ciencia ficción que de un boletín oficial. No hablaban de mejoras incrementales ni de nuevos materiales, sino de algo mucho más radical: reducción de masa inercial, fusión por compresión de plasma y una inquietante nave híbrida aeroespacial submarina, capaz de operar indistintamente en el aire, bajo el agua e incluso en el vacío del espacio.
El nombre que figura en todas ellas, acompañando al Gobierno de EE.UU, es el mismo: Salvatore Cezar Pais, un ingeniero prácticamente desconocido para el gran público, pero lo suficientemente influyente como para que la Marina defendiera sus ideas frente a la propia Oficina de Patentes de Estados Unidos, que inicialmente consideró las solicitudes “demasiado especulativas”.
Nota: Los suscriptores de La Tribuna del País Vasco pueden solicitar una copia de las patentes por los canales habituales: [email protected] o en el teléfono 650114502
No es un detalle menor. El sistema de patentes estadounidense rechaza de forma sistemática cualquier propuesta que viole las leyes conocidas de la física. Motores de movimiento perpetuo, viajes en el tiempo o propulsión “warp” no pasan el filtro. Sin embargo, estas patentes no solo avanzaron: fueron aprobadas. Y lo hicieron porque no provenían de un inventor excéntrico, sino del Centro de Guerra Aérea Naval, una institución que no acostumbra a respaldar fantasías.
La clave: deformar la realidad
Según los documentos a los que ha tenido acceso este periódico, las tecnologías de Pais se basan en la generación de campos electromagnéticos de altísima energía capaces de crear un “vacío energético local”. El resultado sería una distorsión controlada del espacio-tiempo alrededor de un objeto, lo que permitiría aislarlo de la gravedad, la inercia y la fricción.
En términos sencillos: no se empuja una nave a través del espacio; se modifica el espacio para que la nave se deslice dentro de él.
Esta idea —crear una burbuja de realidad alrededor del vehículo— encaja de forma inquietante con las maniobras imposibles descritas por pilotos de la Marina en encuentros documentados en 2004 y 2015: aceleraciones instantáneas, giros cerrados sin pérdida de velocidad, ausencia de firma térmica y comportamientos erráticos en radar e infrarrojos.
No es casual. Los propios textos de las patentes describen efectos prácticamente idénticos.
“Es operativa y viable”
Cuando periodistas preguntaron si aquellas patentes eran simples maniobras burocráticas para bloquear a potencias rivales, la respuesta oficial de la Marina fue tan escueta como perturbadora: “El inventor está trabajando actualmente en estos proyectos.”
No en teoría. No como una posibilidad futura. Ahora mismo.
De hecho, cuando la Oficina de Patentes expresó sus dudas formales, la Marina envió una carta adicional insistiendo en que la tecnología descrita era “operativa y viable”. No explicó dónde se probó, ni en qué condiciones, ni con qué resultados concretos. Solo dejó constancia de que había sido vista funcionar.
¿Inspiración… o confesión?
Existen dos interpretaciones inevitables.
La primera: que la Marina intenta replicar una tecnología observada en objetos no identificados que ya operan en nuestro espacio aéreo.
La segunda: que estas patentes son una forma de admitir indirectamente que algo parecido ya existe, aunque no se reconozca públicamente su origen.
En ambos casos, la conclusión es incómoda. Si el llamado efecto Pais es real, entonces el concepto mismo de “propulsión” queda obsoleto. No estaríamos hablando de motores más potentes, sino de reescribir las reglas fundamentales de la realidad física.
La pregunta final no es si estas patentes son ciencia ficción. La pregunta es otra, mucho más inquietante: Si esto es lo que se puede patentar, ¿qué sigue siendo secreto?
Documentos oficiales revelan tecnologías capaces de deformar el espacio-tiempo, manipular la gravedad y explicar el comportamiento de los ovnis observados por pilotos militares.
En 2019, mientras el mundo miraba a otro lado, la Marina de los Estados Unidos registró discretamente una serie de patentes que, leídas hoy, parecen más propias de la ciencia ficción que de un boletín oficial. No hablaban de mejoras incrementales ni de nuevos materiales, sino de algo mucho más radical: reducción de masa inercial, fusión por compresión de plasma y una inquietante nave híbrida aeroespacial submarina, capaz de operar indistintamente en el aire, bajo el agua e incluso en el vacío del espacio.
El nombre que figura en todas ellas, acompañando al Gobierno de EE.UU, es el mismo: Salvatore Cezar Pais, un ingeniero prácticamente desconocido para el gran público, pero lo suficientemente influyente como para que la Marina defendiera sus ideas frente a la propia Oficina de Patentes de Estados Unidos, que inicialmente consideró las solicitudes “demasiado especulativas”.
Nota: Los suscriptores de La Tribuna del País Vasco pueden solicitar una copia de las patentes por los canales habituales: [email protected] o en el teléfono 650114502
No es un detalle menor. El sistema de patentes estadounidense rechaza de forma sistemática cualquier propuesta que viole las leyes conocidas de la física. Motores de movimiento perpetuo, viajes en el tiempo o propulsión “warp” no pasan el filtro. Sin embargo, estas patentes no solo avanzaron: fueron aprobadas. Y lo hicieron porque no provenían de un inventor excéntrico, sino del Centro de Guerra Aérea Naval, una institución que no acostumbra a respaldar fantasías.
La clave: deformar la realidad
Según los documentos a los que ha tenido acceso este periódico, las tecnologías de Pais se basan en la generación de campos electromagnéticos de altísima energía capaces de crear un “vacío energético local”. El resultado sería una distorsión controlada del espacio-tiempo alrededor de un objeto, lo que permitiría aislarlo de la gravedad, la inercia y la fricción.
En términos sencillos: no se empuja una nave a través del espacio; se modifica el espacio para que la nave se deslice dentro de él.
Esta idea —crear una burbuja de realidad alrededor del vehículo— encaja de forma inquietante con las maniobras imposibles descritas por pilotos de la Marina en encuentros documentados en 2004 y 2015: aceleraciones instantáneas, giros cerrados sin pérdida de velocidad, ausencia de firma térmica y comportamientos erráticos en radar e infrarrojos.
No es casual. Los propios textos de las patentes describen efectos prácticamente idénticos.
“Es operativa y viable”
Cuando periodistas preguntaron si aquellas patentes eran simples maniobras burocráticas para bloquear a potencias rivales, la respuesta oficial de la Marina fue tan escueta como perturbadora: “El inventor está trabajando actualmente en estos proyectos.”
No en teoría. No como una posibilidad futura. Ahora mismo.
De hecho, cuando la Oficina de Patentes expresó sus dudas formales, la Marina envió una carta adicional insistiendo en que la tecnología descrita era “operativa y viable”. No explicó dónde se probó, ni en qué condiciones, ni con qué resultados concretos. Solo dejó constancia de que había sido vista funcionar.
¿Inspiración… o confesión?
Existen dos interpretaciones inevitables.
La primera: que la Marina intenta replicar una tecnología observada en objetos no identificados que ya operan en nuestro espacio aéreo.
La segunda: que estas patentes son una forma de admitir indirectamente que algo parecido ya existe, aunque no se reconozca públicamente su origen.
En ambos casos, la conclusión es incómoda. Si el llamado efecto Pais es real, entonces el concepto mismo de “propulsión” queda obsoleto. No estaríamos hablando de motores más potentes, sino de reescribir las reglas fundamentales de la realidad física.
La pregunta final no es si estas patentes son ciencia ficción. La pregunta es otra, mucho más inquietante: Si esto es lo que se puede patentar, ¿qué sigue siendo secreto?




