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Viernes, 02 de Enero de 2026 Tiempo de lectura:

La conciencia podría tener un origen cuántico: un nuevo estudio apunta a que el cerebro “sintoniza” el vacío del universo

Un trabajo publicado en la revista científica Frontiers in Human Neuroscience propone que la conciencia emerge cuando el cerebro entra en resonancia con el campo electromagnético del vacío, un fenómeno fundamental de la física cuántica.


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La conciencia humana —esa experiencia íntima y esquiva que define nuestra existencia— podría no ser solo el resultado de impulsos eléctricos y reacciones químicas. Según un nuevo estudio teórico publicado en Frontiers in Human Neuroscience, los estados conscientes surgirían cuando el cerebro entra en resonancia con el campo electromagnético de punto cero, una fluctuación omnipresente del vacío cuántico que subyace a toda la realidad física.

 

El trabajo, firmado por el investigador alemán Joachim Keppler, plantea que la conciencia aparece cuando determinadas estructuras microscópicas del cerebro —las llamadas microcolumnas corticales— alcanzan un estado crítico de sincronización gracias a efectos cuánticos macroscópicos. En ese punto, el cerebro dejaría de comportarse como un simple sistema bioquímico para convertirse en un sistema capaz de amplificar selectivamente modos del campo cuántico del vacío.

 

Nota: Los suscriptores de La Tribuna del País Vasco pueden solicitar una copia del estudio por los canales habituales: [email protected] o en el teléfono 650114502

 

El cerebro en el límite del caos

 

Durante décadas, la neurociencia ha observado que los estados conscientes se asocian a patrones de actividad cerebral altamente sincronizados, especialmente en las bandas beta y gamma. Estos patrones no son aleatorios: aparecen cuando el cerebro opera cerca de un punto crítico, un delicado equilibrio entre orden y caos conocido como criticidad autoorganizada.

 

El nuevo estudio va un paso más allá y propone un mecanismo físico concreto para explicar ese fenómeno. Según Keppler, cuando la concentración de glutamato —el principal neurotransmisor excitador— supera un umbral crítico, se desencadena una transición de fase que permite la aparición de dominios coherentes cuánticos en el interior de las microcolumnas corticales.

 

Microondas, coherencia y conciencia

 

Uno de los aspectos más sorprendentes del modelo es que estas transiciones de fase generarían campos electromagnéticos internos en el rango de las microondas, capaces de modular la actividad de los canales iónicos neuronales. Este mecanismo regularía la tasa de disparo de las neuronas y mantendría el equilibrio excitación-inhibición, condición indispensable para que el cerebro permanezca en el régimen crítico asociado a la conciencia.

 

Cuando ese acoplamiento se rompe —por ejemplo, bajo anestesia— el cerebro abandona la criticidad y la conciencia desaparece. Para el autor, esto explicaría por qué la pérdida de conciencia no es gradual, sino abrupta.

 

¿Conciencia como fenómeno fundamental?

 

El estudio no afirma que la conciencia sea el campo cuántico del vacío, pero sí sugiere que sin la resonancia con ese campo, la conciencia no puede emerger. En palabras del propio trabajo, la condición necesaria para un estado consciente sería la “excitación selectiva de modos del campo de punto cero”.

 

Si esta hipótesis se confirma experimentalmente, las implicaciones serían profundas: la conciencia dejaría de entenderse como un simple subproducto de la computación neuronal y pasaría a formar parte de los procesos fundamentales de la naturaleza, conectando neurociencia, física cuántica y cosmología.

 

Un camino abierto —y polémico—

 

El propio autor subraya que se trata de un marco teórico que deberá ser contrastado con nuevos experimentos, algunos de ellos tan audaces como intentar bloquear localmente la interacción del cerebro con el campo cuántico del vacío para observar si desaparecen los patrones asociados a la conciencia.

 

Aun así, el estudio ya ha reavivado uno de los debates más antiguos de la ciencia: qué es realmente la conciencia y de dónde surge. Si Keppler está en lo cierto, la respuesta podría no encontrarse solo dentro del cerebro, sino en la estructura misma del universo.

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