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Pablo Mosquera
Viernes, 02 de Enero de 2026 Tiempo de lectura:

¿Cómo y para qué?

Un pesimista suele ser un optimista bien informado. Por lo que antecede la esperanza es territorio de los ingenuos que además creen que les va a tocar la lotería. Con tales reflexiones me voy a referir al cambio. Eso que los mandarines le han prometido a la sociedad también denominada pueblo soberano.

 

Los muy nacionalistas siempre aspiran a que les den la autodeterminación de ser para decidir. Pero también los españolitos a los que dedicó sus poemas Don Antonio Machado, queremos ser para decidir. Que nos devuelvan la excelencia del sistema democrático que componen voto y capacidad para ejecutar la alternancia en el poder institucional.

 

Tanto Figaro (personaje) como Quevedo (autor) criticaron el poder, pero desde perspectivas diferentes: Quevedo lo atacó a través de la sátira política y moral, personificándolo en la figura del dinero y la tiranía, mientras que Figaro (del 'Barbero de Sevilla' y 'Fígaro') lo satiriza desde la astucia popular y el engaño, demostrando que la inteligencia y la picardía pueden burlar a la autoridad y al poder, especialmente al dinero y la nobleza. 

 

Sin embargo nos habían contado en 1978 que el poder estaba prestado desde las circunscripciones electorales a Las Cortes de España que además han legislado Estatutos de Autonomía creando el moderno Estado de las 17 o 18 autonomías. En estas últimas todo indica que los ciudadanos van a estar entretenidos con citas electorales, mientras que los sociólogos auguran la casi desintegración del partido sanchista en cada trozo de España que se acerque a las urnas. Puede ser el primer instrumento al servicio del cambio...o del temor a la derechona...

 

Pero el poder que disfruta y controla un tal Pedro Sánchez... eso es harina de otro costal. El poder del ejecutivo que controla y mantiene se me antoja justificado por: bunker para evitar el peso de la justica contra truhanes y malandrines. Ínsula Baratería que podemos situarla en La Moncloa y notarla en esa satisfacción que sienten los ministros y ministras cada vez que se reúnen y le escuchan a la autoridad sanchista lo mismo que le prometía Don Quijote a Sancho. Un discípulo del Conde Duque de Olivares, al menos en lo que el Dr. Marañón describió como la pasión de mandar.

 

Las buenas gentes están muy preocupadas y cada día más alejadas del sistema. Algo que me temo se contabilizará en abstención. Pero eso no quita para que busquen autoridad y responsabilidad en medio del denominado fango de los insultos y conductas impresentables entre quienes ostentan cargos públicos. Y lo malo es que en las calles y tabernas el pueblo teme que tal perversión no se arregle con el cambio pues se desconfía de las alternativas que brinda la partitocracia y la falta de cantera con hombres y mujeres de Estado.

 

Ya casi nadie recuerda cuáles son sus derechos y deberes que implica el ejercicio real de la ciudadanía. Han olvidado a los clásicos. O aquel gran discursos de JFK: "No pregunten qué puede hacer su país por ustedes, sino qué pueden hacer ustedes por su país" Y así resulta muy fácil estimular el miedo, la clientela y el conformismo basado en "estos que están...atienden a mi demanda...que consiste en ¿qué hay de lo mío?.

 

Los menos que exigen el cambio, resumen con tal frase desde el tejido social. "Poner a cada cual en su lugar". Que la justicia sea independiente y ejemplarizante. Que los dirigentes sean al menos cultos y decentes. Que no mientan. Que no roben. Que se acerquen los mejores. Que las ventanas las vuelva abrir el partido socialista como en aquel anuncio televisivo de la campaña electoral en 1982.

 

Volviendo a los clásicos. La frase más célebre de Martin Luther King Jr. es parte de su icónico discurso "Tengo un sueño" ("I Have a Dream"). "La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad: sólo la luz puede hacerlo "."Nuestras vidas comienzan a terminar el día que nos volvemos silenciosos sobre las cosas que importan". 

 

Y es aquí dónde apuesto que será el socialismo quien termine con el sanchismo. Que serán los socialistas de verdad los que expulsen de la política a Pedro Sánchez. Que el final del mandarín endomingado está próximo con riesgo de que si tarda pueda sucederle al partido de Pablo Iglesias lo que le aconteció a la UCD de Adolfo Suarez.

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