Unidades de élite
Los fantasmas del Pentágono: la historia secreta de la Fuerza Delta que ha capturado a Nicolás Maduro
La unidad de élite que ha capturado a Nicolás Maduro nació del fracaso más humillante de Estados Unidos. Su historia es la del perfeccionamiento del arte de la guerra invisible.
Desierto One: el origen en la catástrofe
El desierto iraní ardía bajo el sol de abril cuando ocho hombres murieron sin haber disparado una sola bala. Era 1980, y la Operación Eagle Claw —el intento de rescatar a 52 rehenes estadounidenses de la embajada en Teherán— acababa de convertirse en el desastre militar más vergonzoso de la era moderna para Estados Unidos.
Helicópteros estrellados en medio de la nada. Soldados de diferentes unidades que no sabían comunicarse entre sí. Cadenas de mando confusas. Equipamiento incompatible. El presidente Jimmy Carter tuvo que aparecer en televisión nacional para admitir ante el mundo que la mayor potencia militar del planeta no podía rescatar a sus propios ciudadanos.
Pero de las cenizas de aquel fracaso nacería la fuerza de operaciones especiales más letal del mundo: la 1st Special Forces Operational Detachment-Delta. O simplemente, Delta Force.
El visionario: coronel Charlie Beckwith
La historia de Delta comienza realmente dos décadas antes, en las selvas de Malasia. En 1962, un joven capitán del Ejército llamado Charles Beckwith fue asignado como oficial de intercambio con el 22º Regimiento del SAS británico, la legendaria unidad de operaciones especiales del Reino Unido.
Lo que vio allí lo cambió para siempre. Mientras las fuerzas especiales estadounidenses se enfocaban en guerrilla y contrainsurgencia convencional, el SAS operaba con una filosofía radicalmente diferente: equipos pequeños, altamente entrenados, capaces de misiones quirúrgicas imposibles. Selección brutal. Entrenamiento exhaustivo. Autonomía total en combate.
Beckwith regresó a Estados Unidos obsesionado con una idea: su país necesitaba una unidad similar.
Durante 15 años —quince largos años— fue rechazado, ridiculizado, ignorado por la burocracia militar. Sus superiores consideraban la propuesta innecesaria, cara, elitista. Estados Unidos ya tenía los Boinas Verdes, los Rangers, los SEAL. ¿Para qué otra unidad más?
Entonces llegó Irán. Y de repente, Charlie Beckwith ya no parecía un lunático.
Nacimiento en las sombras (1977-1980)
El 19 de noviembre de 1977, mientras el país seguía enfrascado en el trauma de Vietnam, el Pentágono autorizó silenciosamente la creación de la unidad con nombre en clave "Blue Light". Su misión: contraterrorismo. Su modelo: el SAS británico y el GSG-9 alemán.
Beckwith, ahora coronel, tendría carta blanca para actualizarla. Pero con una condición: el secreto más absoluto.
La selección fue despiadada. De los primeros 163 candidatos —todos ya operadores de fuerzas especiales—, solo 13 pasaron. Los entrenamientos duraban meses. Simulaciones de rescate de rehenes una y otra vez. Tiro de precisión hasta la perfección absoluta. Capacidad de tomar decisiones letales en milisegundos.
Para cuando llegó Eagle Claw en 1980, Delta llevaba apenas tres años de existencia. Beckwith advirtió que no estaban listos. Que la misión era demasiado compleja, con demasiadas piezas móviles. Fue ignorado.
El fracaso en el desierto iraní no fue culpa de Delta. Pero la unidad cargó con la humillación. Y prometió que nunca, jamás, volvería a suceder.
La edad de oro (1983-2001)
Granada, 1983. Primera operación de combate real de Delta. Bajo el nombre en clave "Urgent Fury", operadores Delta rescataron al gobernador general y aseguraron el aeropuerto. Fue rápido, preciso, letal. El mundo apenas se enteró de que habían estado allí.
Panamá, 1989. En la Operación Just Cause, Delta capturó la residencia de Manuel Noriega y aseguró el aeropuerto de Paitilla. Noriega escapó inicialmente, pero la operación demostró la capacidad de Delta para proyectar poder en territorio hostil.
Somalia, 1993. La Batalla de Mogadiscio —inmortalizada en Black Hawk Down— fue el bautismo de fuego más brutal de Delta. Durante 18 horas, un puñado de operadores Delta y Rangers resistieron contra miles de milicianos. Dos francotiradores Delta, Gary Gordon y Randy Shughart, murieron defendiendo la tripulación de un helicóptero caído. Ambos recibieron la Medalla de Honor póstumamente. Fue una victoria táctica pero un desastre estratégico que cambió la política exterior estadounidense durante años.
Pero fue tras el 11 de septiembre de 2001 cuando Delta entró en su era más intensa.
La guerra contra el terror (2001-presente)
Afganistán, diciembre de 2001. Tora Bora. Operadores Delta cazaban a Osama bin Laden a través de las montañas heladas de la frontera afgano-paquistaní. Estuvieron a kilómetros de alcanzarlo. Pero la decisión de depender de señores de la guerra locales permitió su escape.
Irak, 2003-2011. Delta operó en las sombras de la guerra de Irak, cazando a líderes insurgentes noche tras noche. La captura de Saddam Hussein en diciembre de 2003 fue presentada como una operación conjunta, pero Delta estuvo en el centro de la misión que encontró al dictador escondido en un agujero cerca de Tikrit.
Durante años, la "máquina de asesinatos" —como la llamó el general Stanley McChrystal— realizaba hasta una docena de redadas por noche. Patadas en puertas. Captura o muerte de objetivos de alto valor. Una guerra industrial de operaciones especiales.
Siria, 2019. La misión que mató a Abu Bakr al-Baghdadi, líder del Estado Islámico, fue una obra maestra de Delta. Ocho helicópteros. Vuelo rasante de 70 minutos sobre territorio hostil. Asalto al complejo fortificado. Baghdadi se hizo explotar cuando se vio acorralado. Toda la operación duró dos horas. Ninguna baja estadounidense.
Fue esa operación la que consolidó a Delta como la fuerza de asalto quirúrgico más efectiva del mundo.
La anatomía del secreto
Hoy, nadie sabe exactamente cuántos operadores tiene Delta. Las estimaciones oscilan entre 250 y 1.000. Su cuartel general está en Fort Bragg (ahora Fort Liberty), Carolina del Norte, camuflado entre instalaciones militares ordinarias.
No existen fotografías oficiales de sus operadores en servicio activo. No hay parches identificativos. No hay uniformes distintivos. En misión, operan con barbas largas, ropa civil, vehículos sin marcas. Parecen cualquier cosa menos soldados estadounidenses.
El proceso de selección —conocido como "Selection"— es legendario por su brutalidad. Marchas forzadas de 65 kilómetros con 30 kilos de equipo. Privación de sueño. Evaluaciones psicológicas exhaustivas. Pruebas de navegación terrestre donde un error de 100 metros significa el fracaso.
Solo entre el 10% y el 20% de los candidatos completa la selección. Y esos son hombres que ya son Rangers, Boinas Verdes o paracaidistas. Los mejores de los mejores.
El entrenamiento posterior dura meses más. Tiro de precisión en 360 grados. Combate cuerpo a cuerpo letal. Manejo de explosivos. Conducción evasiva. Idiomas. Infiltración. Técnicas de interrogatorio.
Un operador Delta puede disparar con precisión milimétrica en total oscuridad. Puede hablar árabe, pastún o español. Puede hacer explotar una puerta sin herir a los rehenes al otro lado. Puede parecer un turista perdido mientras rastrea a un terrorista por las calles de Yakarta.
Venezuela: la evolución continúa
La captura de Nicolás Maduro representa una evolución en el empleo de Delta. No fue contraterrorismo en el sentido tradicional. Fue una operación de decapitación de régimen en territorio soberano de un estado reconocido internacionalmente.
La complejidad táctica es asombrosa: infiltración en una capital de tres millones de habitantes. Coordinación con ataques aéreos simultáneos. Localización y extracción de un objetivo de alto valor protegido por servicios de seguridad hostiles. Exfiltración exitosa sin bajas conocidas.
Es el tipo de misión para la cual Delta fue creada hace casi 50 años. Pero aplicada en un contexto que Charlie Beckwith jamás habría imaginado.
El legado del coronel Beckwith
Charlie Beckwith murió en 1994, a los 65 años, de complicaciones por un trasplante de corazón. Para entonces, Delta había evolucionado mucho más allá de su visión original.
Pero la esencia permanece: una unidad pequeña, silenciosa, letal. Capaz de hacer lo imposible. Diseñada para misiones donde el fracaso no es una opción y el éxito jamás será reconocido públicamente.
Hay un dicho entre los operadores de fuerzas especiales: "Los Rangers lideran el camino. Los SEAL buscan la gloria. Delta simplemente hace el trabajo."
Y en la madrugada del 3 de enero de 2026, en las calles de Caracas, ese trabajo cambió el curso de la historia de un continente.
Sin fanfarrias. Sin testigos. Como fantasmas en la noche.
Exactamente como Beckwith lo había soñado medio siglo atrás.
Nota: Debido a la naturaleza clasificada de la Fuerza Delta, gran parte de su historial operativo permanece secreto. Este reportaje se basa en información gubernamental desclasificada, relatos públicos de veteranos y análisis de fuentes abiertas.
La unidad de élite que ha capturado a Nicolás Maduro nació del fracaso más humillante de Estados Unidos. Su historia es la del perfeccionamiento del arte de la guerra invisible.
Desierto One: el origen en la catástrofe
El desierto iraní ardía bajo el sol de abril cuando ocho hombres murieron sin haber disparado una sola bala. Era 1980, y la Operación Eagle Claw —el intento de rescatar a 52 rehenes estadounidenses de la embajada en Teherán— acababa de convertirse en el desastre militar más vergonzoso de la era moderna para Estados Unidos.
Helicópteros estrellados en medio de la nada. Soldados de diferentes unidades que no sabían comunicarse entre sí. Cadenas de mando confusas. Equipamiento incompatible. El presidente Jimmy Carter tuvo que aparecer en televisión nacional para admitir ante el mundo que la mayor potencia militar del planeta no podía rescatar a sus propios ciudadanos.
Pero de las cenizas de aquel fracaso nacería la fuerza de operaciones especiales más letal del mundo: la 1st Special Forces Operational Detachment-Delta. O simplemente, Delta Force.
El visionario: coronel Charlie Beckwith
La historia de Delta comienza realmente dos décadas antes, en las selvas de Malasia. En 1962, un joven capitán del Ejército llamado Charles Beckwith fue asignado como oficial de intercambio con el 22º Regimiento del SAS británico, la legendaria unidad de operaciones especiales del Reino Unido.
Lo que vio allí lo cambió para siempre. Mientras las fuerzas especiales estadounidenses se enfocaban en guerrilla y contrainsurgencia convencional, el SAS operaba con una filosofía radicalmente diferente: equipos pequeños, altamente entrenados, capaces de misiones quirúrgicas imposibles. Selección brutal. Entrenamiento exhaustivo. Autonomía total en combate.
Beckwith regresó a Estados Unidos obsesionado con una idea: su país necesitaba una unidad similar.
Durante 15 años —quince largos años— fue rechazado, ridiculizado, ignorado por la burocracia militar. Sus superiores consideraban la propuesta innecesaria, cara, elitista. Estados Unidos ya tenía los Boinas Verdes, los Rangers, los SEAL. ¿Para qué otra unidad más?
Entonces llegó Irán. Y de repente, Charlie Beckwith ya no parecía un lunático.
Nacimiento en las sombras (1977-1980)
El 19 de noviembre de 1977, mientras el país seguía enfrascado en el trauma de Vietnam, el Pentágono autorizó silenciosamente la creación de la unidad con nombre en clave "Blue Light". Su misión: contraterrorismo. Su modelo: el SAS británico y el GSG-9 alemán.
Beckwith, ahora coronel, tendría carta blanca para actualizarla. Pero con una condición: el secreto más absoluto.
La selección fue despiadada. De los primeros 163 candidatos —todos ya operadores de fuerzas especiales—, solo 13 pasaron. Los entrenamientos duraban meses. Simulaciones de rescate de rehenes una y otra vez. Tiro de precisión hasta la perfección absoluta. Capacidad de tomar decisiones letales en milisegundos.
Para cuando llegó Eagle Claw en 1980, Delta llevaba apenas tres años de existencia. Beckwith advirtió que no estaban listos. Que la misión era demasiado compleja, con demasiadas piezas móviles. Fue ignorado.
El fracaso en el desierto iraní no fue culpa de Delta. Pero la unidad cargó con la humillación. Y prometió que nunca, jamás, volvería a suceder.
La edad de oro (1983-2001)
Granada, 1983. Primera operación de combate real de Delta. Bajo el nombre en clave "Urgent Fury", operadores Delta rescataron al gobernador general y aseguraron el aeropuerto. Fue rápido, preciso, letal. El mundo apenas se enteró de que habían estado allí.
Panamá, 1989. En la Operación Just Cause, Delta capturó la residencia de Manuel Noriega y aseguró el aeropuerto de Paitilla. Noriega escapó inicialmente, pero la operación demostró la capacidad de Delta para proyectar poder en territorio hostil.
Somalia, 1993. La Batalla de Mogadiscio —inmortalizada en Black Hawk Down— fue el bautismo de fuego más brutal de Delta. Durante 18 horas, un puñado de operadores Delta y Rangers resistieron contra miles de milicianos. Dos francotiradores Delta, Gary Gordon y Randy Shughart, murieron defendiendo la tripulación de un helicóptero caído. Ambos recibieron la Medalla de Honor póstumamente. Fue una victoria táctica pero un desastre estratégico que cambió la política exterior estadounidense durante años.
Pero fue tras el 11 de septiembre de 2001 cuando Delta entró en su era más intensa.
La guerra contra el terror (2001-presente)
Afganistán, diciembre de 2001. Tora Bora. Operadores Delta cazaban a Osama bin Laden a través de las montañas heladas de la frontera afgano-paquistaní. Estuvieron a kilómetros de alcanzarlo. Pero la decisión de depender de señores de la guerra locales permitió su escape.
Irak, 2003-2011. Delta operó en las sombras de la guerra de Irak, cazando a líderes insurgentes noche tras noche. La captura de Saddam Hussein en diciembre de 2003 fue presentada como una operación conjunta, pero Delta estuvo en el centro de la misión que encontró al dictador escondido en un agujero cerca de Tikrit.
Durante años, la "máquina de asesinatos" —como la llamó el general Stanley McChrystal— realizaba hasta una docena de redadas por noche. Patadas en puertas. Captura o muerte de objetivos de alto valor. Una guerra industrial de operaciones especiales.
Siria, 2019. La misión que mató a Abu Bakr al-Baghdadi, líder del Estado Islámico, fue una obra maestra de Delta. Ocho helicópteros. Vuelo rasante de 70 minutos sobre territorio hostil. Asalto al complejo fortificado. Baghdadi se hizo explotar cuando se vio acorralado. Toda la operación duró dos horas. Ninguna baja estadounidense.
Fue esa operación la que consolidó a Delta como la fuerza de asalto quirúrgico más efectiva del mundo.
La anatomía del secreto
Hoy, nadie sabe exactamente cuántos operadores tiene Delta. Las estimaciones oscilan entre 250 y 1.000. Su cuartel general está en Fort Bragg (ahora Fort Liberty), Carolina del Norte, camuflado entre instalaciones militares ordinarias.
No existen fotografías oficiales de sus operadores en servicio activo. No hay parches identificativos. No hay uniformes distintivos. En misión, operan con barbas largas, ropa civil, vehículos sin marcas. Parecen cualquier cosa menos soldados estadounidenses.
El proceso de selección —conocido como "Selection"— es legendario por su brutalidad. Marchas forzadas de 65 kilómetros con 30 kilos de equipo. Privación de sueño. Evaluaciones psicológicas exhaustivas. Pruebas de navegación terrestre donde un error de 100 metros significa el fracaso.
Solo entre el 10% y el 20% de los candidatos completa la selección. Y esos son hombres que ya son Rangers, Boinas Verdes o paracaidistas. Los mejores de los mejores.
El entrenamiento posterior dura meses más. Tiro de precisión en 360 grados. Combate cuerpo a cuerpo letal. Manejo de explosivos. Conducción evasiva. Idiomas. Infiltración. Técnicas de interrogatorio.
Un operador Delta puede disparar con precisión milimétrica en total oscuridad. Puede hablar árabe, pastún o español. Puede hacer explotar una puerta sin herir a los rehenes al otro lado. Puede parecer un turista perdido mientras rastrea a un terrorista por las calles de Yakarta.
Venezuela: la evolución continúa
La captura de Nicolás Maduro representa una evolución en el empleo de Delta. No fue contraterrorismo en el sentido tradicional. Fue una operación de decapitación de régimen en territorio soberano de un estado reconocido internacionalmente.
La complejidad táctica es asombrosa: infiltración en una capital de tres millones de habitantes. Coordinación con ataques aéreos simultáneos. Localización y extracción de un objetivo de alto valor protegido por servicios de seguridad hostiles. Exfiltración exitosa sin bajas conocidas.
Es el tipo de misión para la cual Delta fue creada hace casi 50 años. Pero aplicada en un contexto que Charlie Beckwith jamás habría imaginado.
El legado del coronel Beckwith
Charlie Beckwith murió en 1994, a los 65 años, de complicaciones por un trasplante de corazón. Para entonces, Delta había evolucionado mucho más allá de su visión original.
Pero la esencia permanece: una unidad pequeña, silenciosa, letal. Capaz de hacer lo imposible. Diseñada para misiones donde el fracaso no es una opción y el éxito jamás será reconocido públicamente.
Hay un dicho entre los operadores de fuerzas especiales: "Los Rangers lideran el camino. Los SEAL buscan la gloria. Delta simplemente hace el trabajo."
Y en la madrugada del 3 de enero de 2026, en las calles de Caracas, ese trabajo cambió el curso de la historia de un continente.
Sin fanfarrias. Sin testigos. Como fantasmas en la noche.
Exactamente como Beckwith lo había soñado medio siglo atrás.
Nota: Debido a la naturaleza clasificada de la Fuerza Delta, gran parte de su historial operativo permanece secreto. Este reportaje se basa en información gubernamental desclasificada, relatos públicos de veteranos y análisis de fuentes abiertas.












