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Domingo, 04 de Enero de 2026 Tiempo de lectura:
Estudio del MIT

La ciencia capta el instante exacto en que comienza la vida: un estallido de luz microscópico, regido por leyes matemáticas universales, marca el paso del no-ser al ser

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Durante décadas, el origen exacto de la vida humana ha sido objeto de debates filosóficos, religiosos y éticos. Hoy, por primera vez, la ciencia ha logrado observarlo directamente. No como una metáfora, sino como un fenómeno físico real: un destello de luz. Breve. Preciso. Irrepetible.

 

Investigadores del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) han conseguido captar el momento exacto en el que un óvulo humano, hasta entonces inerte, se activa tras la fecundación. El instante en que la biología cruza una frontera irreversible. El punto cero.

 

Cuando el espermatozoide penetra el óvulo, se desencadena una reacción en cadena perfectamente orquestada. Una oleada de calcio recorre la célula y provoca la liberación masiva de iones de zinc. Miles de millones de ellos salen expulsados en una fracción de segundo.

 

Nota: Los suscriptores de La Tribuna del País Vasco pueden solicitar una copia del estudio por los canales habituales: [email protected] o en el teléfono 650114502

 

Ese estallido químico —conocido ya como el zinc spark— genera un flash microscópico de luz, visible únicamente mediante sensores fluorescentes de alta precisión. No es un subproducto: es el interruptor biológico que despierta al óvulo de su estado latente. Antes de ese destello, no hay desarrollo posible. Después, ya no hay vuelta atrás.

 

La investigación, difundida recientemente,  confirma algo fundamental: la vida no comienza de forma gradual ni difusa, sino mediante un evento físico identificable, medible y observable.

 

Una firma matemática en el origen del ser

 

Pero lo más perturbador no es el destello en sí, sino cómo ocurre.

 

Lejos de ser un proceso caótico, los científicos han observado que la activación del óvulo sigue patrones matemáticos extraordinariamente precisos. Ondas bioquímicas que se expanden con ritmos armónicos, geometrías recurrentes y proporciones que recuerdan a las grandes estructuras del cosmos.

 

Los mismos patrones que aparecen en:

 

  • la espiral de una galaxia,

  • la disposición de las semillas en un girasol,

  • la concha de un molusco,

  • o las proporciones clásicas de la serie de Fibonacci.

 

En el origen de cada ser humano no hay azar desordenado, sino una coreografía molecular regida por leyes universales.

 

El destello como indicador de vida (y de futuro)

 

La intensidad del zinc spark no es solo simbólica. Tiene consecuencias prácticas: cuanto más brillante es el destello, mayor es la probabilidad de que el embrión se desarrolle con éxito. La luz no solo marca el inicio, sino que revela la calidad biológica del proceso.

 

Este hallazgo abre nuevas vías en medicina reproductiva, fertilidad asistida y diagnóstico temprano, pero también plantea preguntas más profundas: ¿por qué la vida se activa con una señal luminosa?,
¿por qué obedece a una lógica matemática tan elegante desde su primer segundo?

 

La imagen es tan poderosa como incómoda: la vida humana comienza con un fogonazo de luz, obedeciendo patrones que parecen anteriores al propio ser humano.

 

La ciencia no responde aquí al “por qué último”, pero sí ha hecho algo histórico: ha capturado el instante exacto en que la materia deja de ser solo materia.

 

Un segundo. Un destello. Y todo comienza.

 

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