Artículo breve sobre Trump
En estos dos o tres días en que Trump ha mostrado que puede hacer lo que quiere recibí tres artículos excelentes sobre el tema: uno que muestra la vigencia del pacto de los Estados Unidos con Arabia Saudita en el manejo del dólar y el petróleo; dos, la traición y la sucesión de Maduro y tres, el excelente de Jordi Garriga, Gracias Sr. Trump.
Y así afirma: “El Sr, Trump comete exactamente el mismo tipo de canalladas que uno puede esperar de la clase política: asalta, destruye, roba. Pero a todo eso no lo llama democracia o derechos humanos o solidaridad o intereses general, sino que simplemente dice que él es el amo, que puede tomar lo que le apetezca...y que si no plegamos a sus exigencias nos puede borrar del mapa”.
El artículo es de un realismo político pocas veces visto, pues muestra “la voluntad de poder de Trump” y la vincula a la voluntad de poder de Nietzsche para quien ésta es el corazón, el meollo que mueve y que anida en el mundo material, que es el único que existe para él. “El trumpismo es un nietzscheanismo para las masas”. Y así puede afirmar sin ponerse colorado que los Estados Unidos es el nuevo pueblo elegido, que son los más fuertes y que son los amos del mundo.
Trump ha adoptado la estrategia de knockout del boxeo a diferencia de las democracias discursivas y progresistas que nos vendió la Escuela de Frankfurt.
Ni una palabra sobre el miserable, drogón y dictador de Maduro que expulsó un tercio de la población de Venezuela (9 millones) y sometió a otro tercio a condiciones de pobreza extrema. Quien tendrá que rendir cuentas por la enormidad de sus crímenes ante un juez norteamericano, porque en Hispanoamérica no hay ni un puto juez ni un puto gobierno que lo pueda hacer.
Mientras que los imbéciles de siempre nos piden declaraciones en contra del imperialismo y la intervención de Trump en Venezuela. El progresismo y el kirchnerismo siempre rascando donde no pica.
Trump mostró que se puede cambiar el eje de la geopolítica mundial. Le mostró a China que Taiwan no se conquista con palabras. A Rusia que Ucrania no se vence con cuetes y drones a distancia, ni con mesas de negociación.
Trump encarna la voluntad de poder en el mundo material, solo le resta que el Papa lo invista como príncipe. Hablan la misma lengua, son del mismo país, a lo mejor León XIV se da cuenta del beneficio que eso le reportaría a la Iglesia.
En estos dos o tres días en que Trump ha mostrado que puede hacer lo que quiere recibí tres artículos excelentes sobre el tema: uno que muestra la vigencia del pacto de los Estados Unidos con Arabia Saudita en el manejo del dólar y el petróleo; dos, la traición y la sucesión de Maduro y tres, el excelente de Jordi Garriga, Gracias Sr. Trump.
Y así afirma: “El Sr, Trump comete exactamente el mismo tipo de canalladas que uno puede esperar de la clase política: asalta, destruye, roba. Pero a todo eso no lo llama democracia o derechos humanos o solidaridad o intereses general, sino que simplemente dice que él es el amo, que puede tomar lo que le apetezca...y que si no plegamos a sus exigencias nos puede borrar del mapa”.
El artículo es de un realismo político pocas veces visto, pues muestra “la voluntad de poder de Trump” y la vincula a la voluntad de poder de Nietzsche para quien ésta es el corazón, el meollo que mueve y que anida en el mundo material, que es el único que existe para él. “El trumpismo es un nietzscheanismo para las masas”. Y así puede afirmar sin ponerse colorado que los Estados Unidos es el nuevo pueblo elegido, que son los más fuertes y que son los amos del mundo.
Trump ha adoptado la estrategia de knockout del boxeo a diferencia de las democracias discursivas y progresistas que nos vendió la Escuela de Frankfurt.
Ni una palabra sobre el miserable, drogón y dictador de Maduro que expulsó un tercio de la población de Venezuela (9 millones) y sometió a otro tercio a condiciones de pobreza extrema. Quien tendrá que rendir cuentas por la enormidad de sus crímenes ante un juez norteamericano, porque en Hispanoamérica no hay ni un puto juez ni un puto gobierno que lo pueda hacer.
Mientras que los imbéciles de siempre nos piden declaraciones en contra del imperialismo y la intervención de Trump en Venezuela. El progresismo y el kirchnerismo siempre rascando donde no pica.
Trump mostró que se puede cambiar el eje de la geopolítica mundial. Le mostró a China que Taiwan no se conquista con palabras. A Rusia que Ucrania no se vence con cuetes y drones a distancia, ni con mesas de negociación.
Trump encarna la voluntad de poder en el mundo material, solo le resta que el Papa lo invista como príncipe. Hablan la misma lengua, son del mismo país, a lo mejor León XIV se da cuenta del beneficio que eso le reportaría a la Iglesia.











