Las intenciones de Donald Trump
Nicolás Maduro ha sido detenido, pero en lo demás Venezuela no ha cambiado nada. Sigue el régimen chavista, con todos sus altos cargos en ejercicio y el ejército y las milicias populares controlando a la población. Ni siquiera los presos políticos han salido de momento de la cárcel.
Eso explica que tras la alegría inicial de la mayoría de los venezolanos, éstos hayan pasado a una expectante zozobra. Máxime cuando Donald Trump ha descalificado a la líder opositora, María Corina Machado, para encabezar una hipotética transición política.
Nos encontramos, pues, ante un escenario alejado de un clásico golpe de Estado, en el que los interlocutores de Washington son los mismos que sólo hace cuatro días estaban a las órdenes del dictador. Eso no es obstáculo para que la actual presidenta, Delcy Rodríguez, pueda permitir a los norteamericanos explotar su petróleo a cambio de mantener el régimen tal cual.
Y hemos llegado a la palabra mágica: petróleo. Está visto que a Donald Trump lo que le interesa de Venezuela no es tanto la restauración de la democracia como el acceso a sus recursos naturales, incluidos los restantes minerales estratégicos. Así que mientras las empresas norteamericanas puedan explotarlos, Delcy Rodríguez y sus secuaces no sufrirán mayor quebranto.
Esta realidad geopolítica choca, sigo, con las expectativas del sufrido pueblo venezolano y su voluntad expresada en las urnas, cuando ganó Edmundo González y su victoria fue apropiada con el mayor descaro por el régimen chavista. Así que la democracia deberá esperar hasta que Trump considere que sus intereses están suficientemente garantizados.
El modus operandi aquí descrito no es diferente del que el presidente estadounidense aplica en otros sitios, Ucrania y Gaza incluidos. Respecto al régimen de Kiev, el plan de paz de Trump no supone más que la rendición de Zelenski, con cesiones territoriales y desmilitarización del país y, eso sí, participación de las empresas norteamericanas en la explotación de los recursos del país. Algo parecido a lo propuesto para Gaza, con la intervención total de Estados Unidos en la reconstrucción del país.
Con estos precedentes está claras las intenciones de Trump. No digo que la democratización no esté también incluida como corolario a lo aquí expuesto, pero que de entrada su propósito es la explotación de los recursos y el enriquecimiento de sus empresas antes que los derechos humanos.
Nicolás Maduro ha sido detenido, pero en lo demás Venezuela no ha cambiado nada. Sigue el régimen chavista, con todos sus altos cargos en ejercicio y el ejército y las milicias populares controlando a la población. Ni siquiera los presos políticos han salido de momento de la cárcel.
Eso explica que tras la alegría inicial de la mayoría de los venezolanos, éstos hayan pasado a una expectante zozobra. Máxime cuando Donald Trump ha descalificado a la líder opositora, María Corina Machado, para encabezar una hipotética transición política.
Nos encontramos, pues, ante un escenario alejado de un clásico golpe de Estado, en el que los interlocutores de Washington son los mismos que sólo hace cuatro días estaban a las órdenes del dictador. Eso no es obstáculo para que la actual presidenta, Delcy Rodríguez, pueda permitir a los norteamericanos explotar su petróleo a cambio de mantener el régimen tal cual.
Y hemos llegado a la palabra mágica: petróleo. Está visto que a Donald Trump lo que le interesa de Venezuela no es tanto la restauración de la democracia como el acceso a sus recursos naturales, incluidos los restantes minerales estratégicos. Así que mientras las empresas norteamericanas puedan explotarlos, Delcy Rodríguez y sus secuaces no sufrirán mayor quebranto.
Esta realidad geopolítica choca, sigo, con las expectativas del sufrido pueblo venezolano y su voluntad expresada en las urnas, cuando ganó Edmundo González y su victoria fue apropiada con el mayor descaro por el régimen chavista. Así que la democracia deberá esperar hasta que Trump considere que sus intereses están suficientemente garantizados.
El modus operandi aquí descrito no es diferente del que el presidente estadounidense aplica en otros sitios, Ucrania y Gaza incluidos. Respecto al régimen de Kiev, el plan de paz de Trump no supone más que la rendición de Zelenski, con cesiones territoriales y desmilitarización del país y, eso sí, participación de las empresas norteamericanas en la explotación de los recursos del país. Algo parecido a lo propuesto para Gaza, con la intervención total de Estados Unidos en la reconstrucción del país.
Con estos precedentes está claras las intenciones de Trump. No digo que la democratización no esté también incluida como corolario a lo aquí expuesto, pero que de entrada su propósito es la explotación de los recursos y el enriquecimiento de sus empresas antes que los derechos humanos.











