Maniobra sin precedentes en la historia espacial
La NASA evacúa a cuatro astronautas de la Estación Internacional ante un enigma médico en órbita
Un problema de salud sin nombre ni rostro ha trastocado el calendario espacial. En una maniobra sin precedentes, la agencia estadounidense adelanta el retorno de toda una tripulación desde la Estación Espacial Internacional
![[Img #29543]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/01_2026/3324_screenshot-2026-01-09-at-07-49-37-crew-11-nasa-buscar-con-google.png)
El miércoles por la tarde, a bordo del laboratorio orbital, algo salió mal. Un astronauta cuya identidad permanece sellada bajo las estrictas normas de privacidad médica de la NASA comenzó a experimentar un problema de salud que, aunque estable, fue suficiente para activar protocolos de emergencia y reescribir el calendario de las operaciones en el espacio.
La primera señal fue silenciosa pero contundente: la cancelación de la primera caminata espacial del año, programada para este jueves 8 de enero. Mike Fincke —un veterano con nueve paseos espaciales en su haber— y Zena Cardman iban a flotar durante seis horas y media en el vacío cósmico para instalar hardware crítico en el sistema eléctrico de la estación. Fincke estaba a punto de convertirse en el sexto estadounidense en alcanzar diez caminatas espaciales. Ahora, ese hito tendrá que esperar.
Lo que en principio pareció un mero aplazamiento se reveló como algo más serio el jueves, cuando Jared Isaacman, el recién nombrado administrador de la NASA, anunció que toda la Tripulación 11 regresará a la Tierra de manera anticipada. No solo el astronauta afectado. Los cuatro.
Una evacuación sin precedentes
"Es la primera vez que hacemos una evacuación médica controlada desde el vehículo. Así que eso es inusual", reconoció Amit Kshatriya, administrador asociado de la NASA, en una rueda de prensa tensa. La agencia se apresuró a aclarar que no se trata de una emergencia, pero sí de una decisión motivada por un "riesgo persistente" que las autoridades médicas no están dispuestas a tolerar.
James Polk, director médico de la NASA, explicó que la decisión se tomó ante "la pregunta persistente sobre cuál es el diagnóstico". Es decir: los médicos en tierra no logran determinar con certeza qué está ocurriendo exactamente, y esa incertidumbre es, en sí misma, un riesgo inaceptable. El astronauta, aseguran, estaría mejor evaluado en la Tierra, donde los recursos diagnósticos son incomparablemente superiores a los disponibles en órbita.
La tripulación de Crew 11 —formada por los estadounidenses Michael Fincke y Zena Cardman, el japonés Kimiya Yui y el cosmonauta ruso Oleg Platonov— arribó a la estación el pasado 1 de agosto. Su regreso estaba programado para finales de febrero. Ahora, partirán "en los próximos días", más de un mes antes de lo previsto.
El silencio institucional y sus precedentes
La NASA ha blindado la información. Ni siquiera ha confirmado si el afectado es estadounidense, japonés o ruso. "Debido a la privacidad médica, no es apropiado que la NASA comparta más detalles sobre el miembro de la tripulación", señaló la agencia en un comunicado tan lacónico como revelador de la gravedad del asunto.
Este hermetismo no es nuevo. En octubre de 2024, tras el regreso de la misión Crew-8, uno de los cuatro tripulantes fue trasladado de urgencia a un hospital en Florida por un "problema médico" que nunca se detalló. Tampoco se reveló quién fue. Y en una revista académica se documentó el caso de un astronauta que sufrió trombosis venosa yugular —un peligroso coágulo de sangre en el cuello— durante una misión, aunque su identidad sigue siendo un misterio.
Lo cierto es que el cuerpo humano no fue diseñado para el espacio. La microgravedad redistribuye los fluidos corporales hacia la cabeza, debilita los huesos, atrofia los músculos, altera la visión y puede generar problemas cardiovasculares. El propio organismo se convierte en un campo de batalla fisiológico.
Reordenando el tablero orbital
La decisión de Isaacman de acelerar el retorno no es puramente médica: también es logística. La misión Crew-12 estaba programada para despegar a mediados de febrero, pero ahora la NASA evalúa formas de adelantar ese lanzamiento para mantener el flujo de tripulantes en la estación. La EEI no puede permitirse quedarse sin personal suficiente; hay experimentos en curso, sistemas que requieren supervisión constante, y una agenda científica que no admite pausas.
Mientras tanto, también queda en suspenso la segunda caminata espacial prevista para el 15 de enero, en la que dos astronautas debían sustituir una cámara de alta definición e instalar ayudas de navegación para naves visitantes.
Un recordatorio de la fragilidad
Este episodio pone de manifiesto algo que la rutina de lanzamientos y la espectacularidad de las imágenes espaciales a veces nos hacen olvidar: la exploración espacial sigue siendo una actividad de riesgo extremo, donde un simple problema médico puede desencadenar una cadena de decisiones que afectan a misiones enteras.
La portavoz Cheryl Warner lo resumió con claridad: "Llevar a cabo nuestras misiones de forma segura es nuestra máxima prioridad". Y en esa prioridad, la incertidumbre diagnóstica no tiene cabida.
Ahora, cuatro astronautas que esperaban pasar al menos otro mes orbitando la Tierra a 28.000 kilómetros por hora están preparando sus pertenencias, cerrando experimentos y haciendo las maletas. En los próximos días, atravesarán la atmósfera en una cápsula SpaceX Dragon y aterrizarán en algún punto de la costa estadounidense.
Y aunque la NASA insiste en que todo está bajo control, la verdad es que nadie sabe exactamente qué está pasando a 400 kilómetros de altura. Solo que es lo suficientemente serio como para traerlos de vuelta.
Ahora.
Un problema de salud sin nombre ni rostro ha trastocado el calendario espacial. En una maniobra sin precedentes, la agencia estadounidense adelanta el retorno de toda una tripulación desde la Estación Espacial Internacional
![[Img #29543]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/01_2026/3324_screenshot-2026-01-09-at-07-49-37-crew-11-nasa-buscar-con-google.png)
El miércoles por la tarde, a bordo del laboratorio orbital, algo salió mal. Un astronauta cuya identidad permanece sellada bajo las estrictas normas de privacidad médica de la NASA comenzó a experimentar un problema de salud que, aunque estable, fue suficiente para activar protocolos de emergencia y reescribir el calendario de las operaciones en el espacio.
La primera señal fue silenciosa pero contundente: la cancelación de la primera caminata espacial del año, programada para este jueves 8 de enero. Mike Fincke —un veterano con nueve paseos espaciales en su haber— y Zena Cardman iban a flotar durante seis horas y media en el vacío cósmico para instalar hardware crítico en el sistema eléctrico de la estación. Fincke estaba a punto de convertirse en el sexto estadounidense en alcanzar diez caminatas espaciales. Ahora, ese hito tendrá que esperar.
Lo que en principio pareció un mero aplazamiento se reveló como algo más serio el jueves, cuando Jared Isaacman, el recién nombrado administrador de la NASA, anunció que toda la Tripulación 11 regresará a la Tierra de manera anticipada. No solo el astronauta afectado. Los cuatro.
Una evacuación sin precedentes
"Es la primera vez que hacemos una evacuación médica controlada desde el vehículo. Así que eso es inusual", reconoció Amit Kshatriya, administrador asociado de la NASA, en una rueda de prensa tensa. La agencia se apresuró a aclarar que no se trata de una emergencia, pero sí de una decisión motivada por un "riesgo persistente" que las autoridades médicas no están dispuestas a tolerar.
James Polk, director médico de la NASA, explicó que la decisión se tomó ante "la pregunta persistente sobre cuál es el diagnóstico". Es decir: los médicos en tierra no logran determinar con certeza qué está ocurriendo exactamente, y esa incertidumbre es, en sí misma, un riesgo inaceptable. El astronauta, aseguran, estaría mejor evaluado en la Tierra, donde los recursos diagnósticos son incomparablemente superiores a los disponibles en órbita.
La tripulación de Crew 11 —formada por los estadounidenses Michael Fincke y Zena Cardman, el japonés Kimiya Yui y el cosmonauta ruso Oleg Platonov— arribó a la estación el pasado 1 de agosto. Su regreso estaba programado para finales de febrero. Ahora, partirán "en los próximos días", más de un mes antes de lo previsto.
El silencio institucional y sus precedentes
La NASA ha blindado la información. Ni siquiera ha confirmado si el afectado es estadounidense, japonés o ruso. "Debido a la privacidad médica, no es apropiado que la NASA comparta más detalles sobre el miembro de la tripulación", señaló la agencia en un comunicado tan lacónico como revelador de la gravedad del asunto.
Este hermetismo no es nuevo. En octubre de 2024, tras el regreso de la misión Crew-8, uno de los cuatro tripulantes fue trasladado de urgencia a un hospital en Florida por un "problema médico" que nunca se detalló. Tampoco se reveló quién fue. Y en una revista académica se documentó el caso de un astronauta que sufrió trombosis venosa yugular —un peligroso coágulo de sangre en el cuello— durante una misión, aunque su identidad sigue siendo un misterio.
Lo cierto es que el cuerpo humano no fue diseñado para el espacio. La microgravedad redistribuye los fluidos corporales hacia la cabeza, debilita los huesos, atrofia los músculos, altera la visión y puede generar problemas cardiovasculares. El propio organismo se convierte en un campo de batalla fisiológico.
Reordenando el tablero orbital
La decisión de Isaacman de acelerar el retorno no es puramente médica: también es logística. La misión Crew-12 estaba programada para despegar a mediados de febrero, pero ahora la NASA evalúa formas de adelantar ese lanzamiento para mantener el flujo de tripulantes en la estación. La EEI no puede permitirse quedarse sin personal suficiente; hay experimentos en curso, sistemas que requieren supervisión constante, y una agenda científica que no admite pausas.
Mientras tanto, también queda en suspenso la segunda caminata espacial prevista para el 15 de enero, en la que dos astronautas debían sustituir una cámara de alta definición e instalar ayudas de navegación para naves visitantes.
Un recordatorio de la fragilidad
Este episodio pone de manifiesto algo que la rutina de lanzamientos y la espectacularidad de las imágenes espaciales a veces nos hacen olvidar: la exploración espacial sigue siendo una actividad de riesgo extremo, donde un simple problema médico puede desencadenar una cadena de decisiones que afectan a misiones enteras.
La portavoz Cheryl Warner lo resumió con claridad: "Llevar a cabo nuestras misiones de forma segura es nuestra máxima prioridad". Y en esa prioridad, la incertidumbre diagnóstica no tiene cabida.
Ahora, cuatro astronautas que esperaban pasar al menos otro mes orbitando la Tierra a 28.000 kilómetros por hora están preparando sus pertenencias, cerrando experimentos y haciendo las maletas. En los próximos días, atravesarán la atmósfera en una cápsula SpaceX Dragon y aterrizarán en algún punto de la costa estadounidense.
Y aunque la NASA insiste en que todo está bajo control, la verdad es que nadie sabe exactamente qué está pasando a 400 kilómetros de altura. Solo que es lo suficientemente serio como para traerlos de vuelta.
Ahora.




