Autor de más de 40 libros
Fallece Erich von Däniken, polémico escritor ufológico y padre de la arqueología alienígena
![[Img #29557]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/01_2026/1449_screenshot-2026-01-11-at-18-18-03-erich-von-daniken-youtube-buscar-con-google.png)
El escritor suizo Erich von Däniken, una de las figuras más influyentes —y controvertidas— de la ufología contemporánea, falleció ayer 10 de enero de 2026 a los 90 años, dejando tras de sí una obra que marcó a varias generaciones y transformó para siempre la relación entre la cultura popular, la arqueología alternativa y la pregunta por la vida extraterrestre.
Nacido el 14 de abril de 1935 en Zofingen, Suiza, Von Däniken creció en un entorno profundamente católico que, paradójicamente, alimentó su fascinación por los grandes misterios de la creación, los dioses antiguos y el origen último del ser humano. Sin formación académica en historia o arqueología, trabajó durante años en el sector hotelero, una vida aparentemente alejada de la especulación cósmica que, sin embargo, le permitió viajar, leer obsesivamente y elaborar una cosmovisión propia, ajena a los límites de la academia. Esa condición de outsider sería una constante en su trayectoria: Von Däniken nunca pidió permiso para formular sus preguntas, ni aceptó someterlas por completo a los criterios del saber establecido.
Su irrupción en el panorama internacional se produjo en 1968 con la publicación de Recuerdos del futuro (Chariots of the Gods?), un libro que se convirtió en un fenómeno editorial sin precedentes. En él planteaba una hipótesis tan audaz como seductora: que civilizaciones extraterrestres habían visitado la Tierra en la antigüedad y habían sido interpretadas por los humanos primitivos como dioses. Pirámides, megalitos, líneas de Nazca, textos sagrados y mitologías ancestrales eran releídos bajo una misma clave: la de los antiguos astronautas. La humanidad, sugería Von Däniken, no había estado sola en su infancia.
El impacto del libro fue inmediato y global. Traducido a decenas de idiomas y con millones de ejemplares vendidos, abrió una grieta duradera entre el entusiasmo popular y el rechazo académico. Para los arqueólogos, historiadores y científicos, sus métodos carecían de rigor, mezclaban con ligereza hechos comprobados con especulación y, en ocasiones, incurrían en errores graves o interpretaciones forzadas. Para el gran público, en cambio, Von Däniken había puesto palabras a una intuición poderosa: que el pasado podía ser mucho más extraño —y más vasto— de lo que los manuales académicos admitían.
Lejos de moderar su discurso ante las críticas, Von Däniken perseveró. Publicó más de cuarenta libros, concedió innumerables entrevistas, recorrió el mundo con conferencias multitudinarias y se convirtió en un referente inevitable del pensamiento alternativo sobre los orígenes humanos. Su influencia se extendió al cine, a la televisión y a formatos divulgativos de enorme éxito, contribuyendo decisivamente a normalizar en la cultura popular la idea de contactos extraterrestres en la antigüedad. Para bien o para mal, abrió un territorio narrativo del que ya no se podría regresar.
Su vida personal estuvo marcada también por la polémica. En su juventud fue condenado por delitos financieros, episodios que sus detractores utilizaron para cuestionar su credibilidad y que él nunca negó, integrándolos en el relato de una biografía irregular, atravesada por errores, caídas y redenciones. Empresario incansable, llegó incluso a fundar un parque temático —el Mystery Park— dedicado a sus teorías, un proyecto tan ambicioso como efímero, que terminó cerrando, símbolo quizá del contraste entre la potencia de sus ideas y la fragilidad de su materialización.
Erich von Däniken muere sin haber convencido a la ciencia, pero habiendo conquistado algo que pocos logran: el imaginario colectivo. Su legado no reside en la veracidad demostrada de sus hipótesis, sino en haber formulado preguntas incómodas, en haber desafiado el monopolio interpretativo del pasado y en haber recordado que la historia humana, antes que un inventario cerrado, es un campo de asombro. Para unos fue un divulgador irresponsable; para otros, un visionario incomprendido. En cualquier caso, su nombre quedará unido para siempre a esa pregunta que sigue flotando, intacta, sobre nuestras cabezas: si el universo es tan inmenso, ¿por qué íbamos a estar solos?
Con su muerte se cierra una etapa fundamental de la ufología moderna, pero no el debate que él ayudó a encender. Ese, probablemente, seguirá vivo mientras el ser humano siga mirando al cielo y preguntándose de dónde viene… y quién pudo haber estado aquí antes.
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El escritor suizo Erich von Däniken, una de las figuras más influyentes —y controvertidas— de la ufología contemporánea, falleció ayer 10 de enero de 2026 a los 90 años, dejando tras de sí una obra que marcó a varias generaciones y transformó para siempre la relación entre la cultura popular, la arqueología alternativa y la pregunta por la vida extraterrestre.
Nacido el 14 de abril de 1935 en Zofingen, Suiza, Von Däniken creció en un entorno profundamente católico que, paradójicamente, alimentó su fascinación por los grandes misterios de la creación, los dioses antiguos y el origen último del ser humano. Sin formación académica en historia o arqueología, trabajó durante años en el sector hotelero, una vida aparentemente alejada de la especulación cósmica que, sin embargo, le permitió viajar, leer obsesivamente y elaborar una cosmovisión propia, ajena a los límites de la academia. Esa condición de outsider sería una constante en su trayectoria: Von Däniken nunca pidió permiso para formular sus preguntas, ni aceptó someterlas por completo a los criterios del saber establecido.
Su irrupción en el panorama internacional se produjo en 1968 con la publicación de Recuerdos del futuro (Chariots of the Gods?), un libro que se convirtió en un fenómeno editorial sin precedentes. En él planteaba una hipótesis tan audaz como seductora: que civilizaciones extraterrestres habían visitado la Tierra en la antigüedad y habían sido interpretadas por los humanos primitivos como dioses. Pirámides, megalitos, líneas de Nazca, textos sagrados y mitologías ancestrales eran releídos bajo una misma clave: la de los antiguos astronautas. La humanidad, sugería Von Däniken, no había estado sola en su infancia.
El impacto del libro fue inmediato y global. Traducido a decenas de idiomas y con millones de ejemplares vendidos, abrió una grieta duradera entre el entusiasmo popular y el rechazo académico. Para los arqueólogos, historiadores y científicos, sus métodos carecían de rigor, mezclaban con ligereza hechos comprobados con especulación y, en ocasiones, incurrían en errores graves o interpretaciones forzadas. Para el gran público, en cambio, Von Däniken había puesto palabras a una intuición poderosa: que el pasado podía ser mucho más extraño —y más vasto— de lo que los manuales académicos admitían.
Lejos de moderar su discurso ante las críticas, Von Däniken perseveró. Publicó más de cuarenta libros, concedió innumerables entrevistas, recorrió el mundo con conferencias multitudinarias y se convirtió en un referente inevitable del pensamiento alternativo sobre los orígenes humanos. Su influencia se extendió al cine, a la televisión y a formatos divulgativos de enorme éxito, contribuyendo decisivamente a normalizar en la cultura popular la idea de contactos extraterrestres en la antigüedad. Para bien o para mal, abrió un territorio narrativo del que ya no se podría regresar.
Su vida personal estuvo marcada también por la polémica. En su juventud fue condenado por delitos financieros, episodios que sus detractores utilizaron para cuestionar su credibilidad y que él nunca negó, integrándolos en el relato de una biografía irregular, atravesada por errores, caídas y redenciones. Empresario incansable, llegó incluso a fundar un parque temático —el Mystery Park— dedicado a sus teorías, un proyecto tan ambicioso como efímero, que terminó cerrando, símbolo quizá del contraste entre la potencia de sus ideas y la fragilidad de su materialización.
Erich von Däniken muere sin haber convencido a la ciencia, pero habiendo conquistado algo que pocos logran: el imaginario colectivo. Su legado no reside en la veracidad demostrada de sus hipótesis, sino en haber formulado preguntas incómodas, en haber desafiado el monopolio interpretativo del pasado y en haber recordado que la historia humana, antes que un inventario cerrado, es un campo de asombro. Para unos fue un divulgador irresponsable; para otros, un visionario incomprendido. En cualquier caso, su nombre quedará unido para siempre a esa pregunta que sigue flotando, intacta, sobre nuestras cabezas: si el universo es tan inmenso, ¿por qué íbamos a estar solos?
Con su muerte se cierra una etapa fundamental de la ufología moderna, pero no el debate que él ayudó a encender. Ese, probablemente, seguirá vivo mientras el ser humano siga mirando al cielo y preguntándose de dónde viene… y quién pudo haber estado aquí antes.














