Cómo el islamismo iraní asesina a su pueblo en la oscuridad decretada por las élites globalsocialistas occidentales
Irán: La masacre invisible
544 muertos confirmados. Quizá 1.000. Tal vez 2.000. En la oscuridad del apagón informático más brutal del siglo XXI, nadie sabe con certeza cuántos cadáveres se acumulan en las morgues de Teherán.
![[Img #29559]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/01_2026/4847_screenshot-2026-01-12-at-09-20-29-iran-buscar-con-google.png)
A las 22:00 horas del jueves 8 de enero, Irán desapareció.
No físicamente, claro. Sus 85 millones de habitantes siguen ahí, respirando, sangrando, muriendo. Pero para el resto del mundo el país se convirtió en un agujero negro. Los teléfonos móviles muestran "Conectar - SIN internet". Las VPN no funcionan. WhatsApp, silencio. Telegram, muerto. Ni siquiera los SMS. Solo las llamadas de voz, saturadas hasta el colapso. Y la televisión por satélite para quien tenga una antena parabólica y sepa dónde apuntarla.
Llevamos más de 96 horas —cuatro días completos— en los que un país entero ha sido desconectado del planeta. Y bajo ese manto de oscuridad digital, la teocracia islamista que gobierna el país está perpetrando lo que organizaciones internacionales ya no dudan en llamar por su nombre: una masacre.
La ONG HRANA, con sede en Estados Unidos, publicó el domingo un balance que helará la sangre de cualquiera con un mínimo de humanidad: 544 personas han muerto en 15 días de protestas. Más de 10.681 han sido enviadas a prisión.
Pero eso no es todo. HRANA advierte que hay 579 casos adicionales de muertes que están siendo investigados, por lo que la cifra total de fallecidos podría superar fácilmente el millar.
Y aún hay más. Narges Mohammadi, activista iraní y Premio Nobel de la Paz, denuncia que al menos 2.000 manifestantes han perdido la vida por disparos de las fuerzas de seguridad, aunque advierte que el número real podría ser aún mayor.
Dos mil. Dos mil seres humanos. En quince días.
Para poner esto en perspectiva: en la masacre de Tiananmén de 1989, las estimaciones más altas hablan de entre 2.600 y 10.000 muertos. En Irán, podríamos estar acercándonos a esas cifras en apenas dos semanas.
Cuerpos apilados
Manifestantes que lograron comunicarse con la CNN hablaron de "cuerpos apilados" en los hospitales de Teherán. Fotografías verificadas por Reuters muestran a personas congregadas junto a cuerpos en bolsas mortuorias en el Centro Médico Forense Kahrizak, en la capital iraní.
Las imágenes que se filtraron durante el fin de semana —antes de que el régimen ajustara aún más el cerco— muestran escenas que parecen sacadas de una zona de guerra. Decenas, quizá centenares de bolsas negras con cadáveres. Familias desesperadas tratando de identificar a sus muertos. Pasillos de hospitales convertidos en morgues improvisadas.
El Centro para los Derechos Humanos en Irán afirma haber recibido relatos de testigos presenciales que indican que los hospitales están "abrumados", las reservas de sangre se agotan y muchos manifestantes han recibido disparos en los ojos. Disparos en los ojos. Es la firma del régimen. Ciega a quienes se atreven a ver un futuro diferente.
El sábado, la Fiscalía General de Irán cruzó una línea que incluso para sus estándares es monstruosa. Declaró que considera a todos los manifestantes como "mohareb", enemigos de Alá, un delito tipificado que prevé la pena de muerte como castigo.
Léalo de nuevo. TODOS los manifestantes. No los violentos. No los que atacaron comisarías. Todos. Los que salieron a pedir pan. Los estudiantes que corearon consignas. Los comerciantes que cerraron sus tiendas. Todos son ahora, oficialmente, enemigos de Dios. Y los enemigos de Dios se ejecutan.
La ONG denuncia que ha contabilizado 96 casos de "confesiones forzadas" de detenidos, emitidas en medios de comunicación públicos. Es el preludio de los juicios sumarios. Es el preludio de las horcas.
La vida bajo el apagón
Un hombre de 47 años de Teherán, que habló con CNN bajo condición de anonimato, describió la nueva realidad: "La gente no tiene una forma confiable de consultar noticias extranjeras, información financiera u opciones de viaje. Los bancos están en gran medida inoperantes".
Los datos móviles muestran "Conectar - SIN internet". Las tarjetas SIM no tienen señal. El acceso a sitios internacionales como Google ha sido bloqueado, incluso mediante el uso de VPN o proxies.
Solo las llamadas de voz siguen funcionando, generando un tráfico abrumador. Plataformas locales como Rubika y Eitaa, fuertemente vigiladas por el gobierno, cerraron posteriormente. Para el viernes, la intranet nacional se restableció parcialmente, permitiendo el acceso únicamente a dominios iraníes.
Es decir: el régimen creó una internet paralela donde solo existe lo que ellos quieren que exista. Un ecosistema digital carcelario.
Pero "el bloqueo de Internet parece haber sido contraproducente, ya que el aburrimiento y la frustración llevaron a más gente a las calles", declaró el residente de Teherán. Cuando no puedes ver las noticias, cuando no puedes consultar tu banco, cuando no puedes trabajar ni estudiar, ¿qué te queda? Salir a la calle.
Las protestas, que comenzaron el 28 de diciembre en los bazares de Teherán por la inflación desenfrenada, se han extendido a más de 100 ciudades. Según HRANA, se han registrado protestas en 512 lugares en 180 ciudades.
A pesar del apagón. A pesar de los muertos. A pesar de que salir a la calle es literalmente jugarse la vida.
Reza Pahlavi, el hijo exiliado del último Sha, llamó el sábado a una huelga general de dos días. Este domingo, Pahlavi afirmó que "informes confiables" indican que la República Islámica "enfrenta una grave escasez de mercenarios para enfrentar a los millones de personas en las calles". ¿Millones? Es imposible verificarlo. Pero si es cierto, estaríamos ante el mayor levantamiento popular en los 47 años de historia de la República Islámica.
El domingo, el régimen hizo algo obsceno. El gobierno iraní anunció tres días de luto nacional por los fallecidos durante las protestas. Pero el comunicado se refirió a los fallecidos como "mártires de la resistencia nacional iraní frente a los regímenes de Estados Unidos y sionista", víctimas de los "terroristas urbanos criminales".
Es decir: el régimen declara luto por las personas que él mismo asesinó, pero culpa de sus muertes a "terroristas" y potencias extranjeras. "Tal violencia no tiene parangón hasta hoy, excepto en el comportamiento del Estado Islámico entrenado por Estados Unidos", denunció el comunicado oficial.
Están de luto por sus propias víctimas. Y las llaman mártires de su causa. Es una perversión del lenguaje que roza lo kafkiano.
Mientras Irán sangra en la oscuridad, Donald Trump evalúa opciones militares para ayudar a la resistencia. Según medios estadounidenses, el presidente ha sostenido conversaciones preliminares sobre acciones militares en Irán, pero aún no ha decidido nada definitivo. "Todas las opciones están sobre la mesa para el presidente Trump, pero ninguna decisión se ha hecho", indicó un funcionario.
De hechoi, el mismo Donald Trump acaba de asegurar que los líderes de Irán le «llamaron» ayer y «quieren negociar» tras amenazar con posibles acciones militares en represalia por la violencia en las protestas que tienen lugar en el país. «Se está preparando una reunión. Irán llamó. Quieren negociar», dijo Trump dijo a un grupo de periodistas a bordo del avión presidencial, tras señalar que está recibiendo información cada hora sobre la evolución de las protestas y su Gobierno «va a hacer una determinación».«Quizás tengamos que actuar antes de una reunión», agregó.
El mandatario norteamericano consideró que el Gobierno iraní «está empezando» a cruzar una línea porque «ha muerto gente que no tenía que morir», algo que atribuyó al imperio de la «violencia» por parte de sus líderes.
«Algunos de los manifestantes murieron por estampida, había muchos. Y a algunos les dispararon», declaró.
Trump dijo que el Ejército de EE.UU. está «estudiando» el asunto y «hay un par de opciones» que describió con varias preguntas: «¿Me están preguntando qué haré, dónde atacaré, cuándo y desde qué ángulo atacaremos?».
El republicano, no obstante, dijo creer que Irán se toma sus amenazas en serio después de «años» tratando con él, y remitió a las muertes del general de la Guardia Revolucionaria Qasem Soleimani, el líder del Estado Islámico, Abu Baker al Baghdadi, o «la amenaza nuclear iraní que disminuyó».
Las discusiones incluyen ataques militares, pero la mayoría de las alternativas presentadas hasta ahora "no son cinéticas" —acciones que usan fuerza física sin necesidad de explosivos—, como ciberataques para restaurar el acceso a Internet.
Por su parte, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, advirtió: "En caso de un ataque militar estadounidense, tanto el territorio ocupado como los centros militares y navales de Estados Unidos serán nuestros objetivos legítimos".
Estamos al borde del abismo. Un pueblo que se levanta contra su dictadura. Una dictadura que responde con fuego y plomo. Y dos potencias nucleares midiendo fuerzas sobre los cadáveres de manifestantes iraníes.
En la cultura política actual, muchos activistas sostienen que el silencio no es neutral. A menudo se interpreta como una aceptación tácita del statu quo y, por extensión, de la represión.
Por las calles de las ciudades iraníes circula un mensaje escrito a mano: "Tu silencio significa apoyo a la opresión".
Los analistas señalan que momentos como este, en los que se corta la comunicación, han sido históricamente de los más peligrosos. Cuando desaparecen las imágenes, los testimonios en directo y la verificación independiente, las autoridades se enfrentan a un menor escrutinio público. La historia lo ha demostrado una y otra vez: las mayores atrocidades ocurren en la oscuridad.
Escribo estas líneas el domingo 12 de enero. Han pasado 15 días desde que los comerciantes del Gran Bazar bajaron sus persianas. Han pasado 4 días desde que Irán se desconectó del mundo.
Las cifras oficiales hablan de 544 muertos confirmados, con 579 casos más bajo investigación. Organizaciones serias como Iran Human Rights confirman al menos 192. La Premio Nobel Narges Mohammadi habla de 2.000.
La verdad es que nadie lo sabe. Y esa es precisamente la estrategia.
"Las muertes de manifestantes en los últimos días, en particular desde el corte nacional de internet, podrían ser incluso mayores de lo que imaginamos", denunció Mahmud Amiri-Moghaddam, director de Iran Human Rights. "La República Islámica está cometiendo un crimen internacional contra el pueblo de Irán, y la comunidad internacional está obligada, según el derecho internacional, a emplear todos los medios para detenerlo".
Pero ¿quién detendrá una masacre que nadie puede ver?
En algún lugar de Teherán, ahora mismo, hay un joven —quizá de 20 años, quizá de 17— que acaba de recibir un disparo de las fuerzas de seguridad. Está sangrando en una calle cuyo nombre el mundo nunca sabrá. Sus amigos intentan llevarlo a un hospital, sabiendo que si lo hacen, la policía puede estar esperando para arrestarlo.
Su madre, en casa, sin Internet ni noticias, reza a un Dios que el régimen dice representar pero que ha dejado de escuchar hace décadas. Sus últimas palabras no serán tuiteadas. No habrá video viral. No habrá hashtag. Morirá en la oscuridad digital más absoluta del siglo XXI.
Y cuando todo termine —si es que termina— alguien tendrá que contar su historia. Alguien tendrá que decir su nombre. Alguien tendrá que explicar cómo fue posible que en 2026, con toda la tecnología del mundo a nuestra disposición, dejamos que un régimen masacrara e hiciera desaparecir a un país entero.
Porque eso es lo que ha ocurrido. Irán no está en guerra contra una potencia extranjera. Está en guerra consigo mismo. Y el islamo-fascismo de los mulás ha decidido librar esa guerra en la oscuridad, donde los crímenes no tienen testigos y los muertos no tienen voz.
544 cadáveres confirmados. Quizá 1.000. Tal vez 2.000.
En la oscuridad, todos los números son posibles. Y todos son insuficientes para medir el horror.
544 muertos confirmados. Quizá 1.000. Tal vez 2.000. En la oscuridad del apagón informático más brutal del siglo XXI, nadie sabe con certeza cuántos cadáveres se acumulan en las morgues de Teherán.
![[Img #29559]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/01_2026/4847_screenshot-2026-01-12-at-09-20-29-iran-buscar-con-google.png)
A las 22:00 horas del jueves 8 de enero, Irán desapareció.
No físicamente, claro. Sus 85 millones de habitantes siguen ahí, respirando, sangrando, muriendo. Pero para el resto del mundo el país se convirtió en un agujero negro. Los teléfonos móviles muestran "Conectar - SIN internet". Las VPN no funcionan. WhatsApp, silencio. Telegram, muerto. Ni siquiera los SMS. Solo las llamadas de voz, saturadas hasta el colapso. Y la televisión por satélite para quien tenga una antena parabólica y sepa dónde apuntarla.
Llevamos más de 96 horas —cuatro días completos— en los que un país entero ha sido desconectado del planeta. Y bajo ese manto de oscuridad digital, la teocracia islamista que gobierna el país está perpetrando lo que organizaciones internacionales ya no dudan en llamar por su nombre: una masacre.
La ONG HRANA, con sede en Estados Unidos, publicó el domingo un balance que helará la sangre de cualquiera con un mínimo de humanidad: 544 personas han muerto en 15 días de protestas. Más de 10.681 han sido enviadas a prisión.
Pero eso no es todo. HRANA advierte que hay 579 casos adicionales de muertes que están siendo investigados, por lo que la cifra total de fallecidos podría superar fácilmente el millar.
Y aún hay más. Narges Mohammadi, activista iraní y Premio Nobel de la Paz, denuncia que al menos 2.000 manifestantes han perdido la vida por disparos de las fuerzas de seguridad, aunque advierte que el número real podría ser aún mayor.
Dos mil. Dos mil seres humanos. En quince días.
Para poner esto en perspectiva: en la masacre de Tiananmén de 1989, las estimaciones más altas hablan de entre 2.600 y 10.000 muertos. En Irán, podríamos estar acercándonos a esas cifras en apenas dos semanas.
Cuerpos apilados
Manifestantes que lograron comunicarse con la CNN hablaron de "cuerpos apilados" en los hospitales de Teherán. Fotografías verificadas por Reuters muestran a personas congregadas junto a cuerpos en bolsas mortuorias en el Centro Médico Forense Kahrizak, en la capital iraní.
Las imágenes que se filtraron durante el fin de semana —antes de que el régimen ajustara aún más el cerco— muestran escenas que parecen sacadas de una zona de guerra. Decenas, quizá centenares de bolsas negras con cadáveres. Familias desesperadas tratando de identificar a sus muertos. Pasillos de hospitales convertidos en morgues improvisadas.
El Centro para los Derechos Humanos en Irán afirma haber recibido relatos de testigos presenciales que indican que los hospitales están "abrumados", las reservas de sangre se agotan y muchos manifestantes han recibido disparos en los ojos. Disparos en los ojos. Es la firma del régimen. Ciega a quienes se atreven a ver un futuro diferente.
El sábado, la Fiscalía General de Irán cruzó una línea que incluso para sus estándares es monstruosa. Declaró que considera a todos los manifestantes como "mohareb", enemigos de Alá, un delito tipificado que prevé la pena de muerte como castigo.
Léalo de nuevo. TODOS los manifestantes. No los violentos. No los que atacaron comisarías. Todos. Los que salieron a pedir pan. Los estudiantes que corearon consignas. Los comerciantes que cerraron sus tiendas. Todos son ahora, oficialmente, enemigos de Dios. Y los enemigos de Dios se ejecutan.
La ONG denuncia que ha contabilizado 96 casos de "confesiones forzadas" de detenidos, emitidas en medios de comunicación públicos. Es el preludio de los juicios sumarios. Es el preludio de las horcas.
La vida bajo el apagón
Un hombre de 47 años de Teherán, que habló con CNN bajo condición de anonimato, describió la nueva realidad: "La gente no tiene una forma confiable de consultar noticias extranjeras, información financiera u opciones de viaje. Los bancos están en gran medida inoperantes".
Los datos móviles muestran "Conectar - SIN internet". Las tarjetas SIM no tienen señal. El acceso a sitios internacionales como Google ha sido bloqueado, incluso mediante el uso de VPN o proxies.
Solo las llamadas de voz siguen funcionando, generando un tráfico abrumador. Plataformas locales como Rubika y Eitaa, fuertemente vigiladas por el gobierno, cerraron posteriormente. Para el viernes, la intranet nacional se restableció parcialmente, permitiendo el acceso únicamente a dominios iraníes.
Es decir: el régimen creó una internet paralela donde solo existe lo que ellos quieren que exista. Un ecosistema digital carcelario.
Pero "el bloqueo de Internet parece haber sido contraproducente, ya que el aburrimiento y la frustración llevaron a más gente a las calles", declaró el residente de Teherán. Cuando no puedes ver las noticias, cuando no puedes consultar tu banco, cuando no puedes trabajar ni estudiar, ¿qué te queda? Salir a la calle.
Las protestas, que comenzaron el 28 de diciembre en los bazares de Teherán por la inflación desenfrenada, se han extendido a más de 100 ciudades. Según HRANA, se han registrado protestas en 512 lugares en 180 ciudades.
A pesar del apagón. A pesar de los muertos. A pesar de que salir a la calle es literalmente jugarse la vida.
Reza Pahlavi, el hijo exiliado del último Sha, llamó el sábado a una huelga general de dos días. Este domingo, Pahlavi afirmó que "informes confiables" indican que la República Islámica "enfrenta una grave escasez de mercenarios para enfrentar a los millones de personas en las calles". ¿Millones? Es imposible verificarlo. Pero si es cierto, estaríamos ante el mayor levantamiento popular en los 47 años de historia de la República Islámica.
El domingo, el régimen hizo algo obsceno. El gobierno iraní anunció tres días de luto nacional por los fallecidos durante las protestas. Pero el comunicado se refirió a los fallecidos como "mártires de la resistencia nacional iraní frente a los regímenes de Estados Unidos y sionista", víctimas de los "terroristas urbanos criminales".
Es decir: el régimen declara luto por las personas que él mismo asesinó, pero culpa de sus muertes a "terroristas" y potencias extranjeras. "Tal violencia no tiene parangón hasta hoy, excepto en el comportamiento del Estado Islámico entrenado por Estados Unidos", denunció el comunicado oficial.
Están de luto por sus propias víctimas. Y las llaman mártires de su causa. Es una perversión del lenguaje que roza lo kafkiano.
Mientras Irán sangra en la oscuridad, Donald Trump evalúa opciones militares para ayudar a la resistencia. Según medios estadounidenses, el presidente ha sostenido conversaciones preliminares sobre acciones militares en Irán, pero aún no ha decidido nada definitivo. "Todas las opciones están sobre la mesa para el presidente Trump, pero ninguna decisión se ha hecho", indicó un funcionario.
De hechoi, el mismo Donald Trump acaba de asegurar que los líderes de Irán le «llamaron» ayer y «quieren negociar» tras amenazar con posibles acciones militares en represalia por la violencia en las protestas que tienen lugar en el país. «Se está preparando una reunión. Irán llamó. Quieren negociar», dijo Trump dijo a un grupo de periodistas a bordo del avión presidencial, tras señalar que está recibiendo información cada hora sobre la evolución de las protestas y su Gobierno «va a hacer una determinación».«Quizás tengamos que actuar antes de una reunión», agregó.
El mandatario norteamericano consideró que el Gobierno iraní «está empezando» a cruzar una línea porque «ha muerto gente que no tenía que morir», algo que atribuyó al imperio de la «violencia» por parte de sus líderes.
«Algunos de los manifestantes murieron por estampida, había muchos. Y a algunos les dispararon», declaró.
Trump dijo que el Ejército de EE.UU. está «estudiando» el asunto y «hay un par de opciones» que describió con varias preguntas: «¿Me están preguntando qué haré, dónde atacaré, cuándo y desde qué ángulo atacaremos?».
El republicano, no obstante, dijo creer que Irán se toma sus amenazas en serio después de «años» tratando con él, y remitió a las muertes del general de la Guardia Revolucionaria Qasem Soleimani, el líder del Estado Islámico, Abu Baker al Baghdadi, o «la amenaza nuclear iraní que disminuyó».
Las discusiones incluyen ataques militares, pero la mayoría de las alternativas presentadas hasta ahora "no son cinéticas" —acciones que usan fuerza física sin necesidad de explosivos—, como ciberataques para restaurar el acceso a Internet.
Por su parte, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, advirtió: "En caso de un ataque militar estadounidense, tanto el territorio ocupado como los centros militares y navales de Estados Unidos serán nuestros objetivos legítimos".
Estamos al borde del abismo. Un pueblo que se levanta contra su dictadura. Una dictadura que responde con fuego y plomo. Y dos potencias nucleares midiendo fuerzas sobre los cadáveres de manifestantes iraníes.
En la cultura política actual, muchos activistas sostienen que el silencio no es neutral. A menudo se interpreta como una aceptación tácita del statu quo y, por extensión, de la represión.
Por las calles de las ciudades iraníes circula un mensaje escrito a mano: "Tu silencio significa apoyo a la opresión".
Los analistas señalan que momentos como este, en los que se corta la comunicación, han sido históricamente de los más peligrosos. Cuando desaparecen las imágenes, los testimonios en directo y la verificación independiente, las autoridades se enfrentan a un menor escrutinio público. La historia lo ha demostrado una y otra vez: las mayores atrocidades ocurren en la oscuridad.
Escribo estas líneas el domingo 12 de enero. Han pasado 15 días desde que los comerciantes del Gran Bazar bajaron sus persianas. Han pasado 4 días desde que Irán se desconectó del mundo.
Las cifras oficiales hablan de 544 muertos confirmados, con 579 casos más bajo investigación. Organizaciones serias como Iran Human Rights confirman al menos 192. La Premio Nobel Narges Mohammadi habla de 2.000.
La verdad es que nadie lo sabe. Y esa es precisamente la estrategia.
"Las muertes de manifestantes en los últimos días, en particular desde el corte nacional de internet, podrían ser incluso mayores de lo que imaginamos", denunció Mahmud Amiri-Moghaddam, director de Iran Human Rights. "La República Islámica está cometiendo un crimen internacional contra el pueblo de Irán, y la comunidad internacional está obligada, según el derecho internacional, a emplear todos los medios para detenerlo".
Pero ¿quién detendrá una masacre que nadie puede ver?
En algún lugar de Teherán, ahora mismo, hay un joven —quizá de 20 años, quizá de 17— que acaba de recibir un disparo de las fuerzas de seguridad. Está sangrando en una calle cuyo nombre el mundo nunca sabrá. Sus amigos intentan llevarlo a un hospital, sabiendo que si lo hacen, la policía puede estar esperando para arrestarlo.
Su madre, en casa, sin Internet ni noticias, reza a un Dios que el régimen dice representar pero que ha dejado de escuchar hace décadas. Sus últimas palabras no serán tuiteadas. No habrá video viral. No habrá hashtag. Morirá en la oscuridad digital más absoluta del siglo XXI.
Y cuando todo termine —si es que termina— alguien tendrá que contar su historia. Alguien tendrá que decir su nombre. Alguien tendrá que explicar cómo fue posible que en 2026, con toda la tecnología del mundo a nuestra disposición, dejamos que un régimen masacrara e hiciera desaparecir a un país entero.
Porque eso es lo que ha ocurrido. Irán no está en guerra contra una potencia extranjera. Está en guerra consigo mismo. Y el islamo-fascismo de los mulás ha decidido librar esa guerra en la oscuridad, donde los crímenes no tienen testigos y los muertos no tienen voz.
544 cadáveres confirmados. Quizá 1.000. Tal vez 2.000.
En la oscuridad, todos los números son posibles. Y todos son insuficientes para medir el horror.











