El misterio nunca resuelto
Hablar un idioma nunca aprendido: lo que revela la ciencia sobre la xenoglosia infantil
![[Img #29589]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/01_2026/2777_chatgpt-image-15-ene-2026-16_06_01.png)
Una investigación reciente realizada por científicos de la University of Virginia School of Medicine ha vuelto a poner sobre la mesa uno de los fenómenos más controvertidos y fascinantes del estudio de la conciencia: la xenoglosia, es decir, la supuesta capacidad de algunas personas —principalmente niños— para hablar o comprender idiomas que nunca han aprendido.
El estudio, publicado en 2025 en el Journal of Anomalous Experience and Cognition, analiza de forma sistemática más de 900 casos documentados de niños que afirman recordar una vida anterior. De ellos, 40 casos presentan indicios de xenoglosia y han sido examinados con especial detalle durante más de seis décadas de investigaciones acumuladas.
Nota: Los suscriptores de La Tribuna del País Vasco pueden solicitar una copia del estudio (en iglés) por los canales habituales: [email protected] o en el teléfono 650114502
¿Qué es exactamente la xenoglosia?
El término procede del griego xénos (extranjero) y glôssa (lengua). A diferencia de la glosolalia —el llamado “hablar en lenguas” sin estructura lingüística—, la xenoglosia se refiere al uso identificable de idiomas humanos reales, a veces con pronunciación correcta o incluso con capacidad de interacción básica.
Los investigadores distinguen entre:
-
Xenoglosia recitativa: palabras o frases sueltas.
-
Xenoglosia responsiva: capacidad de mantener intercambios comprensibles.
-
Formas pasivas: acentos, giros lingüísticos o aprendizaje anormalmente rápido.
Uno de los objetivos centrales del estudio fue descartar explicaciones convencionales. Los resultados son claros:
-
Los niños con xenoglosia no empezaron a hablar antes que otros niños.
-
El nivel educativo de los padres no es superior al promedio.
-
No hay relación con hogares culturalmente más estimulantes.
Es decir, el fenómeno no se explica por inteligencia precoz, bilingüismo oculto ni aprendizaje inadvertido, al menos según los datos disponibles.
El vínculo inesperado: emoción, trauma y violencia
Donde sí aparece una relación estadísticamente significativa es en el terreno emocional. Los casos con xenoglosia muestran con mucha mayor frecuencia:
-
Alta carga emocional al recordar supuestas vidas anteriores.
-
Relatos de muertes violentas o traumáticas (asesinatos, suicidios, guerras).
-
Deseo intenso de volver a una “familia anterior”.
-
Mayor “fuerza del caso”, un índice que combina verificación de datos, coherencia narrativa y ausencia de contacto previo entre familias.
Cuando se analizan todas las variables juntas, dos factores destacan con especial fuerza: la intensidad emocional del recuerdo y el haber muerto de forma violenta en la vida recordada.
¿Qué interpretación proponen los autores?
Los investigadores no afirman que la xenoglosia pruebe la reencarnación. Su postura es deliberadamente prudente. Sin embargo, sí sostienen que el fenómeno no aparece al azar y que parece integrarse en un patrón más amplio observado en estos casos: marcas de nacimiento asociadas a heridas mortales, fobias inexplicables, conductas traumáticas persistentes.
Proponen una hipótesis sugerente: que los recuerdos más ligados a trauma y emoción intensa podrían “emerger” con mayor fuerza, incluyendo elementos culturales profundos como el idioma.
Curiosamente, esta idea conecta con estudios neurolingüísticos sobre bilingüismo, que muestran que las lenguas están estrechamente vinculadas a la emoción, y que las personas tienden a cambiar de idioma en momentos de fuerte impacto emocional.
Límites del estudio
Los propios autores subrayan varias cautelas importantes:
-
Los casos son retrospectivos: no se pudo grabar ni verificar lingüísticamente cada episodio.
-
Algunos testimonios dependen de familiares o testigos.
-
La xenoglosia es extremadamente rara incluso dentro de estos casos.
Aun así, los investigadores destacan un dato difícil de ignorar: existen 40 casos documentados, investigados con protocolos estrictos durante décadas, que muestran patrones coherentes.
Una pregunta abierta sobre la conciencia
Lejos de cerrar el debate, el estudio lo amplía. La xenoglosia aparece aquí no como una curiosidad aislada, sino como una posible manifestación extrema de memoria, identidad y trauma, en los límites de lo que la ciencia actual puede explicar.
La conclusión es prudente pero inquietante: cuando un niño habla —aunque sea brevemente— en una lengua que no ha aprendido, no estamos necesariamente ante un fraude o una fantasía, sino ante un fenómeno raro, profundamente emocional y todavía no comprendido.
![[Img #29589]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/01_2026/2777_chatgpt-image-15-ene-2026-16_06_01.png)
Una investigación reciente realizada por científicos de la University of Virginia School of Medicine ha vuelto a poner sobre la mesa uno de los fenómenos más controvertidos y fascinantes del estudio de la conciencia: la xenoglosia, es decir, la supuesta capacidad de algunas personas —principalmente niños— para hablar o comprender idiomas que nunca han aprendido.
El estudio, publicado en 2025 en el Journal of Anomalous Experience and Cognition, analiza de forma sistemática más de 900 casos documentados de niños que afirman recordar una vida anterior. De ellos, 40 casos presentan indicios de xenoglosia y han sido examinados con especial detalle durante más de seis décadas de investigaciones acumuladas.
Nota: Los suscriptores de La Tribuna del País Vasco pueden solicitar una copia del estudio (en iglés) por los canales habituales: [email protected] o en el teléfono 650114502
¿Qué es exactamente la xenoglosia?
El término procede del griego xénos (extranjero) y glôssa (lengua). A diferencia de la glosolalia —el llamado “hablar en lenguas” sin estructura lingüística—, la xenoglosia se refiere al uso identificable de idiomas humanos reales, a veces con pronunciación correcta o incluso con capacidad de interacción básica.
Los investigadores distinguen entre:
-
Xenoglosia recitativa: palabras o frases sueltas.
-
Xenoglosia responsiva: capacidad de mantener intercambios comprensibles.
-
Formas pasivas: acentos, giros lingüísticos o aprendizaje anormalmente rápido.
Uno de los objetivos centrales del estudio fue descartar explicaciones convencionales. Los resultados son claros:
-
Los niños con xenoglosia no empezaron a hablar antes que otros niños.
-
El nivel educativo de los padres no es superior al promedio.
-
No hay relación con hogares culturalmente más estimulantes.
Es decir, el fenómeno no se explica por inteligencia precoz, bilingüismo oculto ni aprendizaje inadvertido, al menos según los datos disponibles.
El vínculo inesperado: emoción, trauma y violencia
Donde sí aparece una relación estadísticamente significativa es en el terreno emocional. Los casos con xenoglosia muestran con mucha mayor frecuencia:
-
Alta carga emocional al recordar supuestas vidas anteriores.
-
Relatos de muertes violentas o traumáticas (asesinatos, suicidios, guerras).
-
Deseo intenso de volver a una “familia anterior”.
-
Mayor “fuerza del caso”, un índice que combina verificación de datos, coherencia narrativa y ausencia de contacto previo entre familias.
Cuando se analizan todas las variables juntas, dos factores destacan con especial fuerza: la intensidad emocional del recuerdo y el haber muerto de forma violenta en la vida recordada.
¿Qué interpretación proponen los autores?
Los investigadores no afirman que la xenoglosia pruebe la reencarnación. Su postura es deliberadamente prudente. Sin embargo, sí sostienen que el fenómeno no aparece al azar y que parece integrarse en un patrón más amplio observado en estos casos: marcas de nacimiento asociadas a heridas mortales, fobias inexplicables, conductas traumáticas persistentes.
Proponen una hipótesis sugerente: que los recuerdos más ligados a trauma y emoción intensa podrían “emerger” con mayor fuerza, incluyendo elementos culturales profundos como el idioma.
Curiosamente, esta idea conecta con estudios neurolingüísticos sobre bilingüismo, que muestran que las lenguas están estrechamente vinculadas a la emoción, y que las personas tienden a cambiar de idioma en momentos de fuerte impacto emocional.
Límites del estudio
Los propios autores subrayan varias cautelas importantes:
-
Los casos son retrospectivos: no se pudo grabar ni verificar lingüísticamente cada episodio.
-
Algunos testimonios dependen de familiares o testigos.
-
La xenoglosia es extremadamente rara incluso dentro de estos casos.
Aun así, los investigadores destacan un dato difícil de ignorar: existen 40 casos documentados, investigados con protocolos estrictos durante décadas, que muestran patrones coherentes.
Una pregunta abierta sobre la conciencia
Lejos de cerrar el debate, el estudio lo amplía. La xenoglosia aparece aquí no como una curiosidad aislada, sino como una posible manifestación extrema de memoria, identidad y trauma, en los límites de lo que la ciencia actual puede explicar.
La conclusión es prudente pero inquietante: cuando un niño habla —aunque sea brevemente— en una lengua que no ha aprendido, no estamos necesariamente ante un fraude o una fantasía, sino ante un fenómeno raro, profundamente emocional y todavía no comprendido.




